Cómo va la Lozana en casa de la Garza Montesina, y encuentra con dos
rufianes napolitanos, y lo que le dicen.
_Rufian._ Pese al diablo con tanta justicia como se hace de los que
poco pueden, que vos ni habíades de ser para ganarme de comer, mas
como va el mundo al reves, no se osa el hombre alargar, sino quitaros
el bonete, y con gran reverencia poneros sobre mi cabeza.
_Loz._ Quitaos allá, hermanos, ¿qué cosas son ésas? ya soy casada, no
os cale burlar, que castigan á los locos.
_Ruf._ Señora, perdoná, que razon teneis, mas en el bosque de Belitre
os quisiera hacer un convite.
_Loz._ Mirá si quereis algo de mí, que voy de priesa.
_Ruf._ Señora, somos todos vuestros servidores, y máxime si nos dais
remedio á un accidente que tenemos, que toda la noche no desarmamos.
_Loz._ Cortados y puestos al pescuezo por lomina, que ésa es sobra de
sanidad; á Puente Sisto te he visto.
_Ruf._ Ahí os querria tener para mi servicio por ganar la romana
perdonanza; decínos, señora Lozana, quién son agora las más altas y
más grandes señoras entre todas las cortesanas, y luégo os iréis.
_Loz._ Mirá qué pregunta tan necia, quien más puede y más gana.
_Ruf._ Pues eso queremos saber, si es la Xerezana como más galana.
_Loz._ Si miramos en galanerías y hermosura, ésa y la Garza Montesina
pujan á las otras, mas decíme, de favor ó pompa, y fausto y riquezas,
callen todas con madona Clarina, la favorida, y con madona Aviñonesa,
que es rica y poderosa, y vosotros, ladrones, cortados tengais los
compañones, y quedáos aquí.
_Ruf._ Válala el que lleva los pollos, y qué preciosa que es, allá va
á casa de la Garza Montesina.
_Montesina._ Señora Lozana, sobí, que á vos espero, ya os pasábades,
¿no sabeis que hoy es mio? ¿dónde íbades?
_Loz._ Señora, luégo tornára, que iba á dar una cosa aquí á una mi
amiga.
_Mont._ ¿Qué cosa, y á quién por mi vida, si me quereis bien?
_Loz._ No se puede saber, asiéntese vuestra merced más acá á la
lumbre, que me da el sol en los ojos.
_Mont._ Por mi vida, Lozana, que no lleveis de aquí el canestico si
no me lo decís.
_Loz._ Paso, señora, no me derrame lo que está dentro, que yo se lo
diré.
_Mont._ Pues decímelo luégo, que estó preñada, ¿qué es esto que está
aquí dentro en este botecico de cristal?
_Loz._ Paso, señora, que no es cosa para vuestra merced, que ya sois
vos harto garrida.
_Mont._ Mirá, Lozana, catá que lo quebraré si no me lo decís.
_Loz._ Pardios, más niña es vuestra merced que su ñetecica, dexe
estar lo que no es para ella.
_Mont._ Agora lo verés, sacaldo de mi cofre, y séase vuestro.
_Loz._ Sáquelo vuestra merced, que quiero ir á llevallo á su dueño,
que es un licor para la cara, que quien se lo pone no envejece jamas,
y madona Clarina, la favorida, há más de cuatro meses que lo espera y
agora se acabó de estilar, y se lo quiero llevar por no perder lo que
me prometió por mi fatiga, que ayer me envió dos ducados para que lo
acabase más presto.
_Mont._ Y ¿cómo, Lozana, soy yo ménos, ó puede pagallo ella mejor que
yo? ¿quédaos algo en vuestra casa de este licor?
_Loz._ Señora, no, que no se puede hacer si las culebras que se
estilan no son del mes de Mayo, y soy perdida, porque como es tan
favorida, si sabe que di á otrie este licor habiendo ella hecho traer
las culebras cerbunas, y gobernádolas del Mayo acá, y más el carbon
que me ha enviado, y todo lo vendí cuando estuve mala, que si lo
tuviera dixera que las culebras se me habian huido, y como viera el
carbon me creyera.
_Mont._ Dexá hacer á mí, que yo sabré remediar á todo. Vén aquí,
Gasparejo, va, dí á tu señor que luégo me envie diez cargas de carbon
muy bueno del salvático, y mira, ve tú con el que lo truxere, y
hazlo descargar á la puerta de la Lozana. Esperá, Lozana, que otra
paga será ésta que no la suya, veis ahí seis ducados, y llamá dos
mozos que os lleven estos cuatro barriles ó toneles á vuestra casa,
éste es semulela, y éste de fideos cecilianos, y éste de alcaparras
alejandrinas, y éste de almendras ambrosinas, y tomá, veis ahí dos
cofines de pasas de Almuñécar que me dió el provisor de Guadix; vén
aquí, Margarita, va, descuelga dos presutos y dos somados, y de
la guardarropa dos quesos mallorquinos y dos parmesanos, y presto
vosotras lleváselo á su casa.
_Loz._ Señora, ¿quién osará ir á mi casa, que luégo me matará mi
criado, que le prometió ella misma una capa?
_Mont._ Capa no la hay en casa que se le pueda dar, mas mirá si le
verná bueno este sayo, que fué del protonotario.
_Loz._ Señora, llévemela el mozo, porque no vaya yo cargada, no se me
ensuelva el sueño en todo, que esta noche soñaba que caia en manos
de ladrones.
_Mont._ Andá, no mireis en sueños, que cuando veníades acá os vi yo
hablar con cuatro.
_Loz._ Buen paraíso haya quien acá os dexó, que verdad es, esclava
soy á vuestra merced, porque no basta ser hermosa y linda, mas cuanto
dice hermosea y adorna con su saber. Quien supiera hoy hacerme
callar, y amansar mi deseo que tenía de ver qué me habia de dar
madona Clarina, la favorida, por mi trabajo y fatiga, la cual vuestra
merced ha satisfecho en parte, y como dicen, la buena voluntad con
que vuestra merced me lo ha dado vale más que lo muncho más que ella
me diera, y sobre todo sé yo que vuestra merced no me será ingrata,
y bésole las manos, que es tarde: mírese vuestra merced al espejo y
verá que no só pagada segun lo que merezco.