Cómo comenzó á conversar con todos, y como el auctor la conoció
por intercesion de un su compañero, que era criado de un embaxador
milanés, al cual ella sirvió la primera vez con una moza no vírgen,
sino apretada. Aquí comienza la parte segunda.
_Silvio._ Quien me tuviera agora que aquella mujer que va muy
cubierta no le dijera cualque remoquete por ver qué me respondiera,
y supiera quién es, ¡voto á mí que es andaluza! en el andar y meneo
se conoce; ¡oh qué pierna! en vella se me desperezó la complision,
por vida del Rey, que no está vírgen; ¡ay qué meneos que tiene! ¡qué
voltar acá! siempre que me vienen estos lances vengo solo, ella se
pára allí con aquella pastelera, quiero ir á ver cómo habla y qué
compra.
_Auctor._ ¡Hola! ¿acá? ¿acá? ¿qué haceis? ¿dó is?
_Silv._ Quiero ir allí á ver quién es aquella que entró allí, que
tiene buen aire de mujer.
_Auctor._ ¡Oh qué reñegar tan donoso! ¡por vida de tu amo, di la
verdad!
_Compañero._ Hi, hi, diré yo como de la otra, que las piedras la
conocian.
_Auctor._ ¿Dónde está? ¿qué trato tiene? ¿es casada ó soltera? pues á
vos quiero yo para que me lo digais.
_Comp._ Pese al mundo con estos santos, sin aviso pasa cada dia por
casa de su amo, y mirá qué regatear que tiene, y porfia que no la
conoce. Miralda bien, que á todos da remedio de cualquier enfermedad
que sea.
_Auctor._ Eso es bueno, decíme quién es y no me hableis por
circunloquios, sino decíme una palabra redonda, como razon de
malcochero; dímelo, por vida de la Corceta.
_Comp._ Só contento, ésta es la Lozana, que está preñada de aquel
canónigo que ella sanó de lo suyo.
_Auctor._ ¿Sanólo para que la empreñase? tuvo razon; decíme, ¿es
cortesana?
_Comp._ No; sino que tiene ésta la mejor vida de mujer que sea en
Roma. Esta Lozana es sagaz, y bien mira todo lo que pasan las mujeres
en esta tierra, que son sujetas á tres cosas, á la pinsion de la
casa, y á la gola, y al mal que despues les viene de Nápoles, por
tanto se ayudan cuando pueden con ingenio, y por esto quiere ésta
ser libre, y no era venida cuando sabía toda Roma y cada cosa por
extenso, sacaba dechados de cada mujer y hombre, y queria saber su
vivir, y cómo y en qué manera. De modo que agora se va por casas de
cortesanas, y tiene tal labia, que sabe quién es el tal que viene
allí, y cada uno nombra por su nombre, y no hay señor que no desee
echarse con ella por una vez, y ella tiene su casa por sí, y cuanto
le dan lo envia á su casa con un mozo que tiene, y siempre se le
pega á él y á ella lo mal alzado, de modo que se saben remediar, y
ésta hace embaxadas, y mete de su casa muncho almacen, y sábele dar
la maña, y siempre es llamada señora Lozana, y á todos responde, y
á todos promete y certifica, y hace que tengan esperanza aunque no
la haya. Pero tiene esto que quiere ser ella primero referendada, y
no perdona su interes á ninguno, y si no queda contenta, luégo los
moteja de míseros y bien criados, y todo lo echa en burlas; desta
manera saca ella más tributo que el capitan de la Torre Sabela.
Veisla allí que parece que le hacen mal los asentaderos, que toda se
está meneando, y el ojo acá, y si me ve luégo me conocerá, porque
sabe que sé yo lo que pasó con mi amo el otro dia, que una mochacha
le llevó, cinco ducados se ganó ésta, y más le dió la mochacha de
otros seis, porque veinte le dió mi amo, y como no tiene madre, que
es novicia, ella le sacaria las coradas, quelo sabe hacer, y no
perdona servicio que haga, y no le queda por corta ni por mal echada,
y guay de la puta que le cae en desgracia, que más le valdria no
ser nacida, porque dexó el frenillo de la lengua en el vientre de
su madre, y si no la contentasen diria peor dellas que de carne de
puerco, y si la toman por bien, beata la que la sabe contentar, va
diciendo á todos qué ropa es de baxo paños salvo que es boba, y no
sabe. Condicion tiene de ángel, y el tal señor la tuvo dos meses en
una cámara, y dice, por más encarecer, señor, sobre mí si ella lo
quiere hacer, que apretés con ella, y á mí tambien lo habeis de
hacer, que de tal encarnadura so, que si no me lo hacen muerta so,
que há tres meses que no sé qué cosa es, mas con vos quiero romper la
jura, y con estas chufletas gana; la mayor embaidera es que nació,
pues pensaréis que come mal, siempre come asturion ó cualque cosa,
come lo mejor, mas tambien llama quien ella sabe que lo pagará más
de lo que vale, llegaos á ella, y yo haré que no la conozco, y ella
veréis que conocerá á vos y á mí, y veréis cómo no miento en lo que
digo.
_Auctor._ De vuestras camisas ó pasteles nos mostrá, señora, y máxime
si son de mano desa hermosa.
_Loz._ Por mi vida, que tiene vuestra merced lindos ojos, y esotro
señor me parece conocer, y no sé dó lo vi; ya, ya, por mi vida, que
lo conozco, ¡ay señora Silvana! por vida de vuestros hijos que lo
conozco, está con un mi señor milanés; pues decí á vuestro amo que me
ha de ser compadre cuando me empreñe.
_Auctor._ Cuanto más si lo estáis, señora.
_Loz._ ¡Ay, señor! no lo digais, que soy más casta que es menester.
_Auctor._ Andá, señora, crecé y multiplicá, que lleveis algo del
mundo.
_Loz._ Señor, no hallo quien diga, ¿qué tienes ahí?
_Auctor._ Pues, voto á mí, que no se os parece.
_Loz._ Mas ántes sí, que ansí goceis de vos, qué engordo sin verde.
_Auctor._ Cada dia sería verde si por ahí tirais; señora, suplícole
me diga si es ésta su posada.
_Loz._ Señor, no, sino que soy venida aquí, que su nuera desta señora
está de parto, y querria hacer que como eche las pares me las vendan,
para poner aquí á la vellutera y dalle ha cualque cosa para ayuda á
criar la criatura, y la otra tiene una niña del hospital, y darémosle
á ganar de su amigo cien ducados, y por otra parte ganará más de
trescientos, porque ha de decir que es de un gran señor que no desea
otro sino hijos, y á esta señora le parece cosa extraña y no lo es;
dígaselo vuestra merced por amor de mí, y rueguéselo, que yo voy
arriba.
_Auctor._ Señora, en vuestra casa podeis hacer lo que mandáredes,
mas á mí mal me parece, y mirá lo que haceis, que esta mujer no os
engañe á vos y á vuestra nuera, porque, ni de puta buena amiga, ni de
estopa buena camisa, notad la puta cómo es criada y la estopa cómo es
hilada. Digo esto porque como me lo ha dicho á mí lo dirá á otrie.
_Pastelera._ Señor, miráme por la botica, que luégo abaxo.
_Compañero._ ¿Qué te parece? ¿mentia yo? por el cuerpo de sant que
no es ésta la primera que ella hace, válgala y qué trato trae con
las manos, paresce que cuanto dice es ansí como ella lo dice, en mi
vida espero ver otra símile, mirá, ¿qué hará de sus pares ella cuándo
parirá? Ésta es la que dió la posta á los otros que tomasen al puente
á la Bonica, y mirá qué treinton le dieron porque no quiso abrir
á quien se lo dió, y fué que cuando se lo dieron, el postrero fué
negro, y dos ducados le dieron para que se medicase, y á ésta más de
diez.
_Auctor._ ¡Oh gran mala mujer! ¿cómo no la azotan?
_Comp._ Callá, que deciende; señora, ¿pues qué llevais?
_Loz._ Señor, que quiero ir á aquella señora para que esté todo en
órden, que la misma partera me las traerá.
_Auctor._ A ella y á vos habian de encorozar; señora, ¿qué haré para
que mi amiga me quiera bien?
_Loz._ Señor, comed de la salvia con vuestra amiga.
_Comp._ Señora, ¿y yo que muero por vos?
_Loz._ Eso sin salvia se puede hacer, no me den vuestras mercedes
empacho agora, que para eso tiempo hay, y casa tengo, que no lo tengo
de hacer aquí en la calle.
_Comp._ Señora, no; mire vuestra merced qué se le cae.
_Loz._ Ya, ya, faxadores son para xabonar.
_Auctor._ Voto á Dios, que son de man llena para xabonar; no es
nacida su par, mal año para caballo ligero, que tal sacomano sea;
ésta comprará oficio en Roma, que beneficio ya me parece que lo tiene
curado, pues no tiene chimenea, ni tiene de poner antojos.
_Comp._ Cómo va hacendosa, lo que saca ella deste engaño le sacaria
yo si la pudiese conducir á que se echase comigo, que ésta dará lo
que tiene á un buen rufian, que fuese cordobés taimado.
_Auctor._ Callemos, que torna á salir, ¿qué mejor rufian que ella si
por cordobés lo haceis? Por vida suya, que tambien se dixo ese refran
por ellas como por ellos, sino miraldo si se sabe dar la manera en
Alcalá ó en Guete; ¿qué es aquello que trae? demandémoselo, ¿qué
priesa es ésa, señora?
_Loz._ Señores, como no saben en esta tierra no proveen en lo
necesario, y quieren hacer la cosa y no le saben dar la maña, la
parida no tiene pezones, como no parió jamas, y es menester ponelle,
para que le salgan, este perrico, y negociar por amor del padre, y
despues, como no tiene pezones, le pagarémos.
_Auctor._ Vuestra merced es el todo, á lo que vemos; mirá, señora,
que esta tierra prueba los recien venidos, no os amaleis, que os
cerrarán cuarenta dias.
_Loz._ Señor, de lo que no habeis de comer dexaldo cocer.
_Auctor._ Y áun quemar.
_Silv._ ¿Eso me decis? con poco más me moriré, mas vuestra merced no
será de aquellas que prometen y no atienden.
_Loz._ Dexáme pasar, por mi vida, que tengo que hacer, porque es
menester que sea yo la madre de la parida, y la botillera y lo demas,
porque viene la más linda y favorecida cortesana que hay en Roma por
madrina, y más viene por contentarme á mí que por otra cosa, que soy
yo la caxa de sus secretos; y vienen dos banqueros por padrinos, y
sólo por vella no os partais, que ya vienen, veisla; pues, ¿de la
fruta no tenemos? una mesa con presutos cochos y sobreasadas, con
capones y dos pavones y un faisan, y asarnas y mil cosas; mirad si
viesedes á mi criado, que es ido á casa y díxele que truxese dos
coxines vacíos para llevar faxadores, y paños para dar á lavar, por
meter entre medias de lo mejor, y no viene.
_Auctor._ ¿Es aquel que viene con el otro Sietecoñicos?
_Loz._ Sí, por mi vida, y su pandero trae. Mill cantares nos dirá el
bellaco, y ¿no mirais? anillos y todo ¡muéranse los barberos!
_Sietecoñicos._ Mueran por cierto, que muy quexoso vengo de vuestro
criado, que no me quiso dar tanticas de blanduras.
_Loz._ Anda, que bueno vienes, borracho, alcohol y todo, no te lo
sopiste poner, calla que yo te lo adobaré, si te miras á un espejo,
verás la una ceja más ancha que la otra.
_Sietec._ Mira qué norabuena, algun ciego me querria ver.
_Loz._ Anda, que pareces á Francisca la Fajarda, entra, que has de
cantar aquel cantar que dixiste cuando fuimos á la viña á cenar, la
noche de marras.
_Sietec._ ¿Cuál? ¿Vayondina?
_Loz._ Sí, y el otro.
_Sietec._ ¿Cuál? ¿Bartolomé del Puerto?
_Loz._ Sí, y el otro.
_Sietec._ Ya, ya, ¿Ferreruelo?
_Loz._ Ese mismo.
_Sietec._ ¿Quién está arriba? ¿hay putas?
_Loz._ Sí, mas mira que está allí una que presume.
_Sietec._ ¿Quién es? ¿la de Toro? pues razon tiene; puta de Toro y
trucha de Duero.
_Loz._ Y la sevillana.
_Sietec._ La seis veces villana, señores, con perdon.
_Auctor._ Señora, no hay error; subí vos, alcuza de santero.
_Loz._ Señores, no se partan, que quiero mirar qué es lo que le dan
los padrinos, que me va algo en ello.
_Auctor._ Decíme, ¿qué dan los padrinos?
_Comp._ Es una usanza en esta tierra que cada uno da á la madre segun
puede, y hacen veinte padrinos, y cada uno le da.
_Auctor._ Pues no ivan allí más de dos con la criatura. ¿Cómo hacen
tantos?
_Silv._ Mirar, aquella garrafa que traen de agua es la que sobró en
el bacin cuando se lavaron los que tienen la criatura, y tráenla á
casa, y de allí envíanla al tal y á la tal, y ansí á cuantos quieren,
y dicen que por haberse lavado con aquel agua son compadres, y así
envian, quién una cana de raso, quién una de paño, quién una de
damasco, quién un ducado ó más, y desta manera es como cabeza de
lobo para criar la criatura hasta que se case ó se venda si es hija;
pues notá otra cláusula que hacen aquí las cortesanas, prometen de
se vestir de blanco ó pardillo, y dicen que lo han de comprar de
limosnas, y ansí van vestidas á expesas del compaño; y esto de los
compadres es así.
_Auctor._ No se lo consentirian esto, y otras mil supersticiones que
hacen, en España.
_Silv._ Pues por eso es libre Roma, que cada uno hace lo que se le
antoja, agora será bueno ó malo, y mirá cuanto, que si uno quiere
ir vestido de oro ó de seda, ó desnudo ó calzado, ó comiendo ó
riendo, ó cantando, siempre vale por testigo, y no hay quien os
diga, mal haceis ni bien haceis, y esta libertad encubre munchos
males; ¿pensais vos que se dice en balde por Roma Babilon, sino por
la muncha confusion que causa la libertad? ¿no mirais qué se dice,
Roma meretrice, siendo capa de pecadores? aquí, á decir la verdad,
los forasteros son muncha causa, y los naturales tienen poco del
antiguo natural, y de aquí nace que Roma sea meretrice y concubina de
forasteros, y si se dice guay, bien lo dice, haz tu y haré yo, y mal
para quien lo descubrió; hermano, ya es tarde, vámonos, y haga y diga
cada uno lo que quisiere.
_Auctor._ Pues año de veinte é siete dexa á Roma y véte.
_Comp._ ¿Por qué?
_Auctor._ Porque será confusion y castigo de lo pasado.
_Comp._ A huir quien más pudiere.
_Auctor._ Pensá que llorarán los barbudos, y mendicarán los ricos,
y padescerán los susurones, y quemarán los públicos y aprobados ó
canonizados ladrones.
_Comp._ ¿Cuáles son?
_Auctor._ Los registros del Jure Cevil.