Cómo vienen las parientas y les dice la Sevillana.
_Sev._ Norabuena vengais, ansí goce yo de todas que os asenteis, y
oiréis á esta señora que ayer vino y es de nuestra tierra.
_Beat._ Bien se le parece; que ansí son todas frescas, graciosas y
lindas como ella, y en su lozanía se ve que es de nuestra tierra.
¿Cuánto há, señora mia, que salistes de Córdoba?
_Loz._ Señora, de once años fuí con mi señora á Granada; que mi padre
nos dexó una casa en pleito, por ser él muy putañero y jugador, que
jugaba el sol en la pared.
_Sev._ ¿Y duelos le vinieron? ¿teniendo hijas doncellas jugaba?
_Loz._ ¿Y qué hijas? Tres éramos y traíamos zarcillos de plata. Y
yo era la mayor; fuí festejada de cuantos hijos de caballeros hubo
en Córdoba; que de aquello me holgaba yo, y esto puedo jurar, que
desde chica me comia lo mio, y en ver hombre se me desperezaba, y me
quisiera ir con alguno, sino que no me lo daba la edad; que un hijo
de un caballero nos dió unas arracadas muy lindas, y mi señora se
las escondió porque no se las jugase, y despues las vendió ella para
vezar á las otras á labrar, que yo ni sé labrar ni coser, y el filar
se me ha olvidado.
_Camisera._ Pues guayas de mi casa, ¿de qué viviréis?
_Loz._ ¿De qué, señora? Sé hacer alheña, y mudas, y tez de cara, que
deprendí en Levante, sin lo que mi madre me mostró.
_Cam._ ¿Qué sois estada en Levante? Por mi vida, yo pensé que
veníades de Génova.
_Loz._ ¡Ay señoras! contaros he maravillas, dexáme ir á verter aguas;
que como eché aquellas putas viejas alcoholadas por las escaleras
abaxo, no me paré á mis necesidades, y estaba allí una beata de Lora,
el coño puto y el ojo ladron, que creo hizo pasto á cuantos grumetes
van por el mar Océano.
_Cam._ ¿Y qué os hizo?
_Loz._ No me quirie que me lavase con el agua de su jarillo, y estaba
allí otra abacera, que de su tierra acá no vino mayor rabanera,
villana, traga-santos, que dice que viene aquí por una bulda para una
ermita, y traye consigo un hermano, fraire de la merced, que tiene
una nariz como asa de cántaro, y el pié como remo de galera, que
anoche la vino acompañar, ya tarde, y esta mañana, en siendo de dia,
la demandaba, y enviésela lo más presto que pude, rodando, y por el
Dios que me hizo, que si me hablára, que estaba determinada comerle
las sonaderas, porque me paresciera, y viniéndome para acá, estaban
cuatro españoles allí cabe una grande plaza y tienien munchos dineros
de plata en la mano, y díxome el uno: señora, ¿quiéresnos contentar á
todos, y toma? Yo presto les respondí, si me entendieron.
_Cam._ Por mi vida, ansí goceis.
_Loz._ Díxeles: Hermanos, no hay cebada para tantos asnos; y
perdonáme, que luégo torno, que me meo toda.
_Beat._ Hermana, ¿vistes tal hermosura de cara y tez? Si tuviese
asiento para los antojos; más creo que si se cura, que sanará.
_Teresa Hernandez._ Andá ya por vuestra vida, no digais, súbele más
de mitad de la frente quedará señalada para cuanto viviere; ¿sabeis
qué podia ella hacer? que aquí hay en Campo de Flor munchos daquellos
charlatanes, que sabrian medicarla por abaxo de la vanda izquierda.
_Cam._ Por vida de vuestros hijos, que bien decis; mas ¿quién se lo
osará decir?
_Ter._ ¿Eso de quién? yo hablando hablando se lo diré.
_Beat._ ¡Ay prima Hernandez, no lo hagais que nos deshonrará como
á mal pan! ¿No veis qué labia y qué osadía que tiene, y qué decir?
Ella se hará á la usanza de la tierra, que verá lo que le cumple; no
queria sino saber della si es confesa, porque hablaríamos sin miedo.
_Ter._ Y eso me decis aunque lo sea se hará cristiana linda.
_Beat._ Dexemos hablar á Teresa de Córdoba; que ella es burlona y se
lo sacará.
_Ter._ Mirá en que estáis; digamos que queremos torcer hormigos ó
hacer alcuzcuzu, y si los sabe torcer, ahí verémos si es de nobis y
si los tuerce con agua ó con aceite.
_Beat._ Vivais vos, que más sabeis que todas. No hay peor cosa que
confesa necia.
_Sev._ Los cabellos os sé decir que tiene buenos.
_Beat._ ¿Pues no veis que dice que habia doce años que jamas le
pusieron garvin ni albanega, sino una princeta labrada de seda verde
á usanza de Jaen?
_Ter._ Hermana, Dios me acuerde para bien, que por sus cabellos me he
acordado que cien veces os lo he querido decir: ¿acordaisos el otro
dia cuando fuimos á ver la parida, si vistes aquella que la servia,
que es madre de una que vos bien sabeis?
_Cam._ Ya os entiendo; mi hijo le dió una camisa de oro labrada, y
las bocas de las mangas con oro y azul. ¿Y es aquélla su madre? más
moza parece que la hija; y ¡qué cabellos rubios que tenía!
_Ter._ Hi, hi, por el paraíso de quien acá os dexó, que son alheñados
por cobrir la nieve de las navidades. Y las cejas se tiñe cada
mañana, y aquel lunar postizo es; porque si mirais en él, es negro,
y unos dias más grande que otros; y los pechos llenos de paños para
hacer tetas, y cuando sale lleva más dixes que una negra, y el
tocado muy plegado por henchir la cara, y piensa que todos la miran,
y á cada palabra su reverencia, y cuando se asienta no parece sino
depósito mal pintado, y siempre va con ella la otra Marirodriguez la
regatera, y la cabrera, que tiene aquella boca que no paresce sino
traga caramillos, que es más vieja que Satanas; y sálense de noche de
dos en dos, con sombreros, por ser festejadas, y no se osan descobrir
que no vean el ataute carcomido.
_Beat._ Decime, prima; ¡muncho sabeis vos! que yo soy una boba que
no paro mientes en nada de todo eso.
_Ter._ Dexáme decir; que ansí dicen ellas de nosotras cuando nos ven
que imos á la estufa ó veniamos; ¡veis las camiseras, son de Pozo
Blanco, y baticulo llevan! Aosadas que no van tan espeso á misa, y
no se miran á ellas, que son putas públicas; y cuando vieron ellas
confesas putas y devotas ciento entre una.
_Cam._ Dexá eso y notá que me dixo esta forastera que tenía un tio
que murió con los callos en las manos, de la vara de justicia, y
debia de ser que sería cortidor.
_Ter._ Callá, que viene, si no será peor que con las otras que echó á
rodar.