CONCLUSIÓN

Las vanidades del mundo

Renunció allí mismo Inés,

Y espantado de sí propio

Diego Martínez también.

Los escribanos temblando

Dieron de esta escena fe,

Firmando como testigos

Cuantos hubieron poder.

Fundose un aniversario

Y una capilla con él,

Y Don Pedro de Alarcón

El altar ordenó hacer,

Donde hasta el tiempo que corre,

Y en cada año una vez,

Con la mano desclavada

El crucifijo se ve.

Las cien mejores poesías (lí­ricas) de la lengua castellana · 第 68 / 133 题