--Lo conozco, señores, repetia yo; pero vdes. convendrán en que un
viaje al vapor no es un inventario.
--Es permitida la ligereza, decia Néstor con ironía.
--Si se trata de ligereza en el sentido de no profundizar, como en
tratados especiales, todas las materias, convengo, decia Bachiller;
pero ligereza en cuanto importe inexactitud de datos estadísticos,
observaciones políticas y mercantiles, no convengo, porque muchos
de esos datos los han suministrado oficinas públicas y documentos
oficiales, y nos tiene asoleados Guillermo, aclarando fechas, haciendo
rectificaciones y estudios detenidos, á Néstor, á M. Bryant, á
Mantilla, á mí y á cuantos conoce.
--No, repetia mi contrario, yo lo digo por los cuentecillos y cosas
fantásticas.
--Eso es otra cosa, ese es mi plan: yo he buscado una forma para
popularizar mi libro entre gente que se moriria de fastidio con los
números y las disertaciones gravedosas; yo quiero que el mandadero y
el carnicero, la polluela parlanchina y el vejete recalcitrante, lean
mis Viajes, y al fin adquieran ideas exactas de este pueblo, de que se
suele hablar en mi país como de los habitantes de la luna.
--Yo lo que deseo es que hable vd. fuerte, muy fuerte, á estos patanes,
sobre su codicia, porque para ellos no hay más Dios que el dinero.
--En efecto, decia Néstor, ya el señor ha hablado bastante de la
omnipotencia del _dollar_; pero lo que le falta que agregar es que si
el yankee es ávido para adquirir y no se para en medios, tambien gasta
con suma liberalidad; aquí no se ve, como en la tierra de vd., ó si
se ve es con ménos frecuencia, hombres acaudalados, tratándose con
verdadera miseria, peor que los obreros de estas fábricas.
--¿Ya ve vd. cómo se desarrolla aquí la fiebre del oro? Pues la dote en
la mujer es desconocida, y esos pescadores de fortunas con el anzuelo
del amor, ni se mientan.
--Eso sí es cierto, replicó una de las señoras; aquí ni se habla
de esos gansos del amor conyugal, muertos de hambre, calculistas,
esperanzados, para salir de penas, en triunfar del corazon de una
polla trasañeja, epiléptica y contrahecha, ó de una vieja, aunque
impertinente y llena de achaques, poderosa.
--Por otra parte, decia otra señora, sesuda y de claro ingenio, por
regla general, cuando el marido yankee no es borracho, es un excelente
marido; acaso los negocios y la frialdad de carácter le hacen fiel y
dedicado á su familia, es pacientísimo con sus hijos; acaso su defecto
capital sea que muchas veces se deja dominar de la mujer, que es
enfermiza y poco hacendosa, aunque esto admite sus excepciones.
--¿Qué me está vd. diciendo?
--La verdad, dijo Bachiller; esas hermosuras deslumbradoras caducan
mucho más pronto que en Europa; son bellezas de un dia, y vd., al
apreciarlas de otra manera, ha incurrido en una equivocacion.
--Eso depende, dijo una viejecita, muy viejecita, con su dentadura
muy blanca y su cabeza como unos algodones, de que esas niñas no
comen: cuando diga vd. mantenerse de golosinas, las _yankas_: por
aquí las fresas; por allá la nieve; por acullá los candís, si tienen
proporciones; y si no, todo se lo echan encima, es decir, todo lo
gastan en vestirse: para algunas no importa que la casa esté como nido
de aviones; pero el gorrito listo, nuevo el velo de gasa, ajustados
los guantes y el calzado como de reinas.
--Eso tambien debe atribuirse á que no conoce vd. mujeres más
callejeras que estas americanas.
A título de libertad, se van llevando á la casa al novio, sin que nadie
les diga: "esta boca es mia," platican con él, salen y entran con él,
sin que nadie se fije en el aparecido; de suerte que á veces, á los
tres ó cuatro meses, va sabiendo el papá que aquel señorito que entra y
sale y se aisla con la mayor desfachatez á platicar á solas con su hija
en el salon, es nada ménos que su futuro hijo político.
--Es la verdad, decia Néstor; los vínculos de familia están bastante
relajados en el Norte; pero es necesario fijarnos en el punto de
partida de nuestro juicio: aquí no hay herencias forzosas, y esto,
aunque sea por la conveniencia, mantiene el respeto en las familias;
de suerte que no se da caso que un muchacho haragan y con las manos
lavadas, finque las esperanzas de mejora de fortuna en que espichen
los autores de sus dias, ni hay esos pleitos en que hijos y padres
son desvergonzados difamadores, ni esas bandadas de buitres que con
el nombre de herederos forzosos acibaran los últimos momentos de un
infeliz que cometió el delito de formar un capital con su trabajo.
--¿Ve vd. este pueblo? me decia un hermano del Dr. Landeta, que estudia
á los yankees sin cesar.... ¿Ve cuántos rasgos de inmoralidad y
disolucion?
Pues advierta vd.: al marido honrado que ha sido objeto de las
traiciones y víctima de la mala conducta de una mujer frívola que
desconoce sus deberes, á ese marido jamás se le burla, no se permite ni
al ridículo ni á la maledicencia poner en evidencia su infortunio y la
deshonra de los hijos; y esas sátiras al marido manso, al predestinado,
al sufrido, se rechazan de la buena sociedad, no las explota la
caricatura, y aun en el teatro, se mutilan las obras francesas para
desviarlas de nuestra manía latina de hacer recaer sobre el marido,
censuras que solo merece la mujer....
--Señores, todo está muy bueno; pero nos estamos quedando sin comer:
ese asado es excelente, aquí se tiene especial cuidado con las carnes.
--Eso merece un trago de este añejísimo Borgoña....
--No, yo no me puedo conformar, decia la bondadosa señora de Bachiller,
con que no nos acompañe vd. á Saratoga.
--Al anuncio de los baños ó de las aguas de Saratoga, dijo un jóven
elegante que estaba á mi izquierda, las casas se ponen en movimiento,
los maridos aprestan los bolsillos.
Hay familias de _ladies_ de tres á cuatro personas, que llevan quince ó
veinte baúles, de esos baúles monstruosos que con cuatro ruedas y sus
asientos, pudieran suplir á cualquier wagon.
Las familias, excepcionales por su riqueza y circunstancias, tienen
sus casas ó residencias en Saratoga, muy elegantes y apartadas del
bullicio; pero lo característico es la vida del hotel, y hay muchos y
magníficos hoteles en Saratoga.
Los hoteles, como vd. sabe, son grandes edificios formados de dobles
hileras de cuartos, que unos dan al exterior y los otros al interior
del hotel: las familias toman cuartos dobles para mayor comodidad, no
obstante que los paseantes de los corredores suelen hacer infernal
ruido.
A poca distancia de los hoteles está el pintoresco edificio de
_Congress hall_, en el centro de un parque cultivado con esmero. En el
parque está el afamado pozo de las aguas medicinales.
En el brocal del pozo se hallan constantemente unos niños perfectamente
vestidos, con unos palos que tienen sus vasos en el extremo para
extraer el precioso líquido, que dizque cura las enfermedades del
estómago; y no dije siquiera vientre, porque esas palabras se reciben
como obscenas y están relegadas á la gente ordinaria, como camisas,
piernas, etc.....
A primera hora se sirve el almuerzo con abundancia y variedad notables,
y en el terraplen cercano se instala la música militar, á alentar, con
sus marchas y canciones, la conversacion de las damas, los paseos de
los viejos y los juegos de los niños.
Empréndense con suma frecuencia excursiones á un lago inmediato,
delicioso por el paisaje que le rodea y por sus cristalinas aguas. Por
supuesto que los paseos acuáticos son encantadores.
Verifícanse las comidas en el hotel, entre dos y tres de la tarde:
terminada la comida, llegan por la concurrencia elegantísimos carruajes
de todas formas, tirados por arrogantes frisones, y se forma el paseo
del Parque, ostentacion de lujo y hermosura, más para vista que para
descrita.
A las siete de la noche se sirve el _thé_.
Es de advertir que por costumbre los dueños de todos los hoteles se
hacen la obligacion de dar un baile por turno cada noche (hop), baile
de confianza, sin lujo, pero en que se pasan ratos muy agradables.
Dura la diversion hasta las doce de la noche.
Es costumbre que los huéspedes de unos hoteles conviden á los de los
otros, y de esa manera se generaliza el contento y se fomenta una
benéfica competencia para atraer cada dueño de hotel mayor número de
parroquianos.
Hay otros bailes de mayor rumbo y trueno, en que se sirven cenas
_grátis_ á los convidados y desplegan mucho lujo las americanas. Duran
hasta las dos de la mañana.
El Dr. Landeta, persona educada en la selecta sociedad de Paris, donde
hizo su carrera, añadió, dirigiéndose al jóven que hablaba:
--Ha hablado vd. de las aguas medicinales; los lugares destinados á
baños están rodeados del mismo ó semejante aparato de distracciones.
Mañana y tarde se anuncian los baños, suspendiéndose en cada baño una
gran bandera á un alto mástil. Enarbolada la bandera, se da á entender
que los baños están listos, porque su buen estado depende de la
marea. Por lo demás, continuó el doctor riendo, ya vd. nos ha hablado
bastante, describiendo á _Rokway_, de ciertas exhibiciones; pero lo
que no llamó á vd. la atencion y lo extrañé, es que esas exhibiciones,
para vd. y para nosotros alarmantes, los yankees las ven con profunda
indiferencia, nadie se permite un espionaje ofensivo, nadie excita á
un compañero á una contemplacion irregular, nadie deja su copa, ni
su baile, ni su conversacion, por el cultivo de las escenas de la
escuela realista, y eso le quita mucho al espectáculo, del carácter de
inconveniencia que pudiera tener entre nosotros.
Los postres estaban en la mesa, se entraba por las puertas del comedor
una tortilla de huevos flamante, y al través del azulado incendio,
sonreia la costra azucarada del manjar aleman.
Era la hora de las tiernas expansiones: mis amigos me dieron la
dulcísima sorpresa de que una lindísima niña, por quien conservo
recuerdos muy cariñosos, me recitara un bello romance de mi querido
amigo Pedro Santacilia, que coloco aquí como una joya literaria, y que
se ha convertido en la fórmula expresiva de los hijos de Cuba, que
lloran á la patria ausente á las orillas del magnífico rio Hudson.
Habla María, que María habia de ser para que yo la amase con tanta
ternura: