Comida en casa de Bachiller.--Noche.--Panadería de
Viena.--Romero Rubio.--Mariscal.--Juan José Baz.--Escuela de
Sordo-mudos.--Express.--Comercio.--Lluvia.--Salida de Nueva-York.
Circunstancias muy privadas y personales hacian dolorosa para mí
la separacion de Nueva-York, y por una fatalidad de mi destino,
los halagos de la vuelta á la patria mucho se enturbiaban por las
condiciones de la salud de mi hijo, y por motivos no para narrados en
estos tan accidentados como verídicos Viajes.
Ya he indicado en otro lugar que la familia del Sr. Lic. D. Antonio
Bachiller y Morales, á la que pertenecen los Sres. Dres. Landeta y
Castro, y el Sr. Lic. Néstor Ponce de Leon, se encargaron de aliviar
mis penas, me crearon familia y me llenaron de atenciones, que
recuerda con profundo reconocimiento mi corazon.
La familia inteligente y bien educada de mi país, se ofrecia allí á mis
ojos con todos sus encantos.
Pretextos para sabrosas comidas, discusiones al parecer tempestuosas
que se deshacian en lluvias de flores, interes por mi salud, alivio
á mis dolores, todo lo encontraba, pero tan sincero y espontáneo en
todos, que más parecia que las satisfacciones de que me rodeaban eran
más por el sentimiento egoista de procurarse mis amigos placer, que por
el designio de hacerme olvidar mis penas.
De ponerse tablados era cuando en competencia con las señoras y
acariciando mis más bellas memorias, exponia á la atencion curiosa
de mis oyentes nuestro popular Paseo de la Viga, nuestro Chapultepec
romancesco; y los cubanos, en revancha, me pintaban las risueñas
perspectivas de su Jesus del Monte y su Guanavacoa, su paseo de Isabel
II y su Jardin Botánico.
Entónces yo, á guisa de diestro luchador, hacia reminiscencias de
nuestros paseos en burro, nuestras temporadas de San Angel y otros
solaces cuya belleza no se percibe con los ojos pegados al cuadro, pero
que á cierta distancia tienen encantos indecibles.
Bachiller es un jurisconsulto eminente y un literato distinguido;
en la Habana, su patria, hizo sus estudios y desempeñó puestos
importantísimos; su erudicion es vastísima y su criterio luminoso y
seguro.
Pero aparte de sus clarísimos talentos y de sus obras científicas y
literarias de exquisito mérito, sobresalen en Antonio dos cualidades
que mis lectores me dirán si no son perlas y diamantes para los que
tenemos la fortuna de ser sus amigos.
Allá va la una. Es un amor á México que llega al fanatismo, como debe
ser el amor: mucho sentimiento y mucho anhelo por el bien de la persona
amada.
Antecedentes de familia, reminiscencias muy queridas para mi amigo,
fomentan y robustecen aquella pasion por México.
Posee en su archivo curiosidades de nuestra historia, anda
perpétuamente á caza de noticias y periódicos de México, y
constantemente se halla en correspondencia con personas notables de
nuestra patria, comunicándoles cuanto cree que puede contribuir á su
bienestar y adelantamiento.
Cuando en 1842 salió de México el eminente poeta Rodriguez Galvan
para no volver á su patria jamás, yo, que conocia de nombre al Sr.
Bachiller, por haber hablado de mis versos en _El Diario de la Marina_,
le recomendé á mi malogrado amigo, que debia pasar por la Habana: allí
cayó enfermo y murió Rodriguez.
Bachiller fué un amigo y un padre para Rodriguez, le abrió las puertas
de su casa, tratándole como de su familia, lo relacionó con los más
eminentes literatos, esencialmente con Milanés, quien le leyó su "Conde
de Alárcos," _y de quien son los lindísimos versos que yo atribuí
á Turla equivocadamente_, al tratar de mis impresiones de Orleans,
y cuando enfermo y en su muerte le llenó de cuidados, prodigándole
generoso toda clase de auxilios.
Mi gratitud á Bachiller por todos estos antecedentes, la hice sensible
en relaciones cariñosas y no interrumpidas, durante más de treinta años
en que yo no he dejado de recibir atenciones de tan cumplido caballero.
Ardia la casa de Bachiller en impaciencia por mi llegada; el finísimo
Dr. Landeta se preparaba á hacer los honores de la casa con la
exquisita elegancia que tiene de costumbre. Néstor Ponce tenia lista
cerveza suprema, y las señoras se disponian á celebrar mis sorpresas
por los guisos al estilo de mi tierra, y los dulces deliciosos que
recuerdan la especialidad que para postres y reposterías tienen
nuestras mexicanas.
Parece que veo el cuadro. Bachiller, sosegado y dulcísimo, con su
leviton de lienzo, rodeado de sus preciosos y juguetones nietecitos,
que me recordaban á los mios.
La esposa con sus hermosas hijas, agrupadas junto de una amplia ventana
en cuyo marco se divisaban flores y enredaderas, y la tropa masculina
charlando y fumando frente al bufete del sabio, convertido con desacato
en mostrador de cantina.
Dióse la voz salvadora de _la sopa está en la mesa_, y en tropel
risueño nos dirigimos al comedor, donde los chicos gritaban y repicaban
sus trinchis en copas y vasos, las señoras esperaban modestas y
nosotros los hombres nos arrellanábamos á gozar, _sin ser de nadie y
sin pensar en nada_ de los hechiceros encantos de la gula, cuando llega
á seducirnos acompañada del buen humor.
Despues de los primeros contentamientos á la tiranía animal,
contentamientos que, como se sabe, se hacen en medio del silencio, la
conversacion se hizo general y cada uno se esforzaba por acreditarse
de alegre convidado, sin cuidarse de sexo ni edad. Por supuesto que la
conversacion corrió, despues de culebrear un tanto, á los viajes, y á
lo mucho que me faltaba que decir.
[Ilustración: