A MI AMIGO PEDRO SANTACILIA.

(Mariscal.)

Reina la media noche: calma fúnebre

Se tiende en pos del recio temporal:

Cansado al fin de recorrer volúmenes

De mi estancia en la triste soledad,

Al sueño me rendia, cuando súbito

Un sonido me viene á despertar.

"Alguien está llamando en el vestíbulo:

¡Importuna visita!" exclamo. "¡Bah!

Será un nécio que venga con farándulas,

Un nécio y nada más!"

Pasado ya el turbion, en ayes lúgubres

De léjos se oye al viento suspirar:

Sobre el tapiz imágenes fantásticas

Arroja la luz trémula del gas:

Vanamente en los libros un narcótico

A mi acerbo dolor pensé encontrar,

Que hasta mi sueño acibaró la pérdida

De esa adorada, angélica beldad,

Que al cielo para siempre huyó, dejándome

Tormento y nada más.

Meditando seguí: el rumor del céfiro

Las cortinas de seda al agitar

Me hacia estremecer, y un terror pánico

Me tenia clavado en mi sitial,

Repitiendo con aire incierto, estúpido,

Sin dominar por ello mi ansiedad,

Sin dar yo mismo á mis palabras crédito:

"Es álguien que me viene á visitar

Y tocó suavemente en el vestíbulo:

Eso es, eso es no más."

De repente sentí llenarme de ánimo,

Y esforzando el acento más y más,

"Caballero ó señora," grité impávido,

"Allá voy: usted ha de dispensar:

Es el caso que estaba ya durmiéndome

Cuando de su venida la señal

Confusa y débil resonó en mi tímpano:

Fué tan suave que vd. comprenderá....

Allá voy." Y la puerta abrí con ímpetu:

¡Tinieblas, nada más!

Largo tiempo miré el espacio lóbrego,

Receloso, temblando al comenzar,

Absorto al fin en sueño atrevidísimo,

Cual nunca lo soñara otro mortal.

Reinaba hondo silencio por los ámbitos

Del universo en calma sepulcral:

Solo mi voz lo interrumpió, ¡Felícitas!

Gritando en la vacía inmensidad,

Do un eco flébil repitió ¡Felícitas!

Un eco y nada más.

A mi estancia volví cual ciego autómata,

Con solo un movimiento maquinal,

Y al punto á sonar vuelve toque ríspido

Que su orígen trazó con claridad.

"Vaya, vaya," exclamé, "no en el vestíbulo;

Por la ventana alguno quiere entrar.

Veamos, que no tocan los espíritus

De ese modo: el misterio penetrar

Es preciso; de espantos ya dejémonos;

Será el viento no más."

En esto á la ventana llego rápido,

Y de golpe la abrí de par en par.

A poco revolando entró en mí cámara

Negro cuervo de aspecto funeral,

Y sin más ceremonia ni preámbulo

Que un vuelo silencioso, circular,

Sobre un busto de Pálas, grave, tétrico,

Paróse en filosófico ademan:

Posado allí quedó con aire estólido,

Posado y nada más.

Tan sério continente en aquel pájaro

Parecióme fingida gravedad,

Y su actitud á risa provocándome,

Así con desenfado empezé á hablar:

"Por tu calva y tu gusto mitológico

Te reconozco al fin, ave infernal:

Cuervo más viejo que Saturno, prófugo

Del reino de la noche, dime ya

¿Cuál es tu nombre en la region Plutónica?"

Y él respondió "Jamás."

A tan clara respuesta quedé atónito

De un cuervo no pudiéndola esperar,

Si bien al pronto parecióme bárbara,

Sin sentido ó sin mucha urbanidad;

Pues en verdad no pudo figurárseme

Que un adverbio de tiempo y nada más

Bastara á contestarme, ó que el ridículo

Avechucho que hiciera pedestal

Del sacro busto de una diosa olímpica,

Se nombrara _Jamás_.

En tanto el cuervo, taciturno, tétrico,

Quedó sin otro acento articular,

Cual si el que lo animaba negro espíritu

En un vocablo comprendiera ya.

Ni un movimiento en su plumaje de ébano,

Ni un rumor descubria al animal;

Hasta que dije con acento lánguido:

"Lo haré mi amigo y pronto volará;

Me dejará cual me dejaron pérfidos...."

El prorrumpió: "Jamás."

Asustado al oir tan pronta réplica,

Que ya no pareció casualidad,

"Tal vez (dije) la ciencia de este pájaro

Tiene esa voz por único caudal,

Y la aprendió de un loco ó de una víctima

Del infortunio.... ¡Mísero! trovar

Quizá no pudo su cancion monótona

Sin esa muletilla, y por final

De cada estrofa recalcó fatídico

Ese _jamás, jamás_."

Así pensé, y el misterioso cárabo

Volvió mi fantasía á recrear,

Y á contemplar me puse busto y pájaro,

Tendido muellemente en un divan,

Imaginando en posicion tan cómoda

Cuanto pudo la mente cavilar,

Sin penetrar en el sentido místico

(Ni siquiera entendí el gramatical)

Que daba á su graznido el ave exótica

Al repetir _jamás_.

En medio aquel delirio ni una sílaba

Dejaba yo á mis labios escapar;

Miraba al cuervo y su mirar flamígero

Convertia mi mente en un volcan.

Débil, exhausto, mi cabeza lánguida

Reclinaba en la pluma del sofá,

Y á su contacto mi cerebro mórbido

Evocaba una imágen celestial.--

En vano; ya el divan su forma angélica

No ha de oprimir jamás.

Mas al punto un aroma preciosísimo

De incienso, comenzóme á circundar,

Y el eco me arrulló de blanda música

Que ahuyentaba del seno todo afan.

"Desdichado," clamé, "el Señor benéfico

Te envía con sus ángeles la paz:

Apura, apura el delicioso bálsamo,

Y cese tan contínuo lamentar;

Olvida para siempre á tu Felícitas...."

Gritó el cuervo: "Jamás."

"Profeta de dolor, inmundo oráculo,

Ministro aterrador de Satanás,

Ora te envíe Belcebú del Tártaro

Y te arrojara aquí la tempestad

Para engañarme con falaz pronóstico,

O el destino infalible revelar,

"Dime," exclamé, "por compasion á un mísero

Responde: ¿tendrá término mi mal?

Yo te conjuro por tu dios: respóndeme,"

Y él contestó "Jamás."

"Profeta de dolor, inmundo oráculo,

Ministro aterrador de Satanás,

Por ese cielo de esplendor magnífico,

Por su Dios que obedecen tierra y mar,

Dime si de la tumba tras el límite,

En la region de inmensa claridad,

Podré ver algun dia á mi Felícitas

Y absorto en su belleza virginal,

A par de los querubes darle un ósculo...."

El respondió: "Jamás."

"Esta sea," grité, "la prenda única

De nuestra despedida, ave infernal:

Húndete pronto en el profundo báratro,

Tumbos dando al furor del huracan.

No dejes ni una pluma que en mi cámara

Me recuerde tu horóscopo fatal.

Vuela ya de ese busto y del vestíbulo;

Suelta, suelta; tu garra pertinaz

Mi alma rompe: retírate, retírate...."

Y él contestó: "Jamás."

Y desde aquella noche el cuervo lóbrego

Posado allí, clavado siempre está

Sobre ese busto de la diosa pálido,

Que le sirve de eterno pedestal.

Fiero demonio vigilando al réprobo,

No aparta de mí un punto su mirar,

Larga sombra arrojando, negra, fúnebre,

Do muere el sol y el luminoso gas....

Ay! de esta sombra que enlutó mi espíritu

¿No he de salir?--¡Jamás!

Viaje a los Estados Unidos, Tomo III · 第 59 / 153 题