Mr. Shiels recibió con amabilidad suma mi extravagante presentacion, y
es uno de mis amigos más queridos y á quien debo más profunda gratitud
en la Ciudad Imperio.
En la casa de Mr. Shiels vivia su hermano, vecino de la Isla del
Cármen, que habia ido á Nueva-York á comprar un vapor, para establecer
una línea de comunicacion entre Yucatan y Nueva-York, que producirá los
mejores efectos.
De las conversaciones de este amigo, de las de Andrés Aznar, de las
de un americano hijo de Filadelfia, casado con una linda y espiritual
meridana, sacaba mis apuntaciones acerca de la exportacion de nuestro
país, rectificaba mis juicios, y todo se hacia, como me gusta,
mezclando á los cálculos la crónica, despolvoreando los chistes sobre
los números, y soltando los libros de caja para remojar la palabra con
las copas del _bar-room_ del vecino Hotel Continental, guiñando de paso
el ojo á la linda Galimbertti, si estaba en su ventana.
Volviendo á nuestro comercio, los artículos de exportacion para los
Estados-Unidos son más numerosos de lo que se cree generalmente;
pero no se desarrollan, ya por falta de agentes, ya por las exíguas
proporciones del cultivo, ya porque no hay constancia para vencer las
primeras resistencias, que tienen en un mercado extraño los frutos
extranjeros. Diré á vdes., así, al paso, y sin pretensiones, cuáles son
los artículos que pudieran tener salida en este mercado:
Palo de Campeche.
Henequen.
Ixtle.
Maderas de construccion.
Vainilla.
Miel de abejas.
Cerdas.
Cauchuc.
Cueros de chivo.
Zarzaparrilla.
Purga de Jalapa.
Café.
Azúcar.
Tabaco.
Frutas.
Amacas.
Sombreros de palma.
Petates.
Ajos.
Chitle.
Cacao, etc., etc.
--Ahora van mis observaciones, dijo el negociante de Filadelfia.
El modo de raspar el henequen debilita su fuerza, aplastándolo, y le
hace bajar de precio. Ahora se dice que se trata de remediar este mal.
Es mucho muy reducido el número de los que negocian en henequen, y más
que como corredores como comerciantes; así es que lo monopolizan, le
imponen precios, y se hacen dueños de esa rica industria.
El _ixtle_ es más resistente y flexible que el henequen; pero como la
hebra es corta, no puede dedicarse á los usos del henequen, se riza
y se emplea en cojines y colchones. Está tomando gran fuerza este
comercio. El mejor es del Estado de Tamaulipas.
Los cultivadores de la vainilla, que es riquísimo producto, no se han
fijado, en mi juicio, lo bastante, en lo que pierde secándose al fuego:
secándose al sol valdria mucho más.
Se me olvidaba decir á vdes. en cuanto al palo de Campeche, que la
inteligencia con los fabricantes de zarazas y estampados, le haria más
estimable.
En cuanto á maderas, además de la caoba, el cedro y el moral, de que
se hacen grandes ventas, se solicita una madera que vdes. llaman
_chechem_, semejante al box: son muy estimados el ébano, el ciricote,
el jovillo, y otras que no recuerdo y abundan en las costas mexicanas.
Respecto de miel, diré á vd. que la que aquí se expende viene de
Tampico, y se suele vender hasta á 80 centavos el galon; pero se conoce
que se descuida en México este cultivo: la miel es delgada: muchas
veces llega agria. Bien cultivada, produciria mucho dinero.
Otro ramo de exportacion seria la cerda: viene ahora de Mérida, Tampico
y Veracruz.
El _cauchuc_ viene ahora, decia Shiels, de Tabasco y Veracruz y un
poco de la Laguna; pero en muchos puntos de la República, como en la
Huasteca, podrian emprenderse grandes explotaciones: domina ahora en el
mercado el _cauchuc_ de Sur-América, compitiendo.
--Vean vdes., decia Andrés Aznar: Buenos Aires nos hace competencia
con los cueros de chivo, y los nuestros valen más; pero aquellos
comerciantes son más inteligentes y estudian más este mercado.
Aquí, esa falta de estudio nos ha hecho insistir en la venta de la
zarzaparrilla, dominándonos siempre la de Honduras. En Europa es donde
tiene grande aprecio esa planta preciosa.
--Por más que encarezcamos y pongamos el grito en el cielo ensalzando
nuestro café, dijo un desconocido que despues supe es un mexicano muy
inteligente en estas materias, en Orleans es donde se hace el tráfico:
aquí se conoce muy poco, produciria millones popularizarlo.
El café de Java, de Rio Janeiro, de Costa Rica, de Venezuela, de Puerto
Príncipe y hasta de Santo Domingo, proveen á este inmenso consumo; y
vd. no lo creerá: en los ensayos de introduccion del café mexicano
en este mercado, el que más se conoce es el de Oaxaca (Villalta),
disfrutando en México mayor concepto, Colima, Uruapam, Atlacomulco,
Córdova, y otros puntos desconocidos aquí totalmente.
De más importancia, relativamente hablando, es el consumo del azúcar:
la nuestra compite aquí sin esfuerzo alguno con la de Cuba; y aunque
por el momento hay en Nueva-York grandes existencias, me parece un
ramo de comercio de mucha espectativa. El azúcar moscabada es la que
se debe enviar, porque así paga menor derecho y la aprecian más las
refinadurías. El verdadero mercado de nuestra azúcar está en Europa.
Pero en todo se ve la mano de la desidia, y se hace sensible nuestro
abandono. El empaque de nuestras azúcares detestable: las hace
desmerecer muchísimo.
--En mi juicio, decia yo muy sério, á los cónsules se les deberia
caracterizar como agentes mercantiles, haciéndolos útiles, como lo han
prevenido la Francia y la Prusia, ordenándoles que suministren datos
estadísticos, favoreciendo á los comerciantes é informando sobre todo
lo conducente al comercio.
_Los Anales de comercio de la Francia_, se componen de Informes de los
cónsules en una gran parte, y muchas, muchas veces, he recurrido á
ellos para saber algo de mi país respecto de su comercio exterior.
En esos Informes sabriamos, por ejemplo, por qué siendo los derechos
tan altos sobre el tabaco y tan inferior el de Cayohueso al nuestro,
aquel tiene mayor consumo.
Apénas los Tuxtlas han logrado hacer introducciones ventajosas, cuando
podrian hacer remisiones, mayores Papantla, Misantla, Coyusquihuic, el
Jovo y otros muchos lugares cosecheros en que se ha mejorado mucho el
cultivo.
Tal vez nos instruirian esos Informes, por qué la California,
Sur-América, las Floridas, Italia, Sicilia y hasta Smirna, tienen
mercado para sus frutas, y nosotros no hacemos sino muy exíguas
introducciones.
Ya se ve, el simple empaque hace que se coman en Nueva-York uvas
frescas de Málaga, miéntras nuestras frutas más resistentes á la
corrupcion, llegan impasables y para tirarse á la basura.
--Ha hecho vd. un sacrificio, me dijo Andresito: ya sabemos que vd. se
calienta bastante la cabeza y estudia en su casa, razon por la cual
gusta fuera de ella de la charla insustancial y de las conversaciones
que no exijan atencion; pero nosotros deseábamos saber, ahora que ha
visto por acá los negocios, ¿qué inconvenientes encuentra vd. en las
formalidades de nuestros aranceles mexicanos?
--Varios he notado, respondí con condescendencia; pero no estoy cierto
de la exactitud de mis observaciones.
Las facturas consulares son gravosas y el certificado que vale cuatro
pesos y á veces más, importa un desembolso no justificado donde tiene
sueldo el cónsul.
En lo que se llama juego de facturas, que se tienen que poner marcas,
números y la complicadísima nomenclatura de nuestro arancel, la factura
que sirve de manifestacion al comerciante, que se haga en buena hora;
¿pero qué tiene que ver con la copia para la aduana, ni la que vaya
al Ministerio de Hacienda? Si esos son documentos ó comprobantes del
mecanismo de la oficina, ¿por qué no los hacen los empleados?
Por otra parte, la rigidez en la nomenclatura es motivo de extorsiones
al comercio. El dia que en vez de pasas se pone fruta seca, aunque
sea lo mismo, se expone al comiso el comerciante. Poner lienzos por
tejidos, ó vice versa, es blasfemia aduanal, lo mismo que poner
elástico por resorte.
La maicena paga derechos, y la harina de maíz que se hace de maicena es
libre.
En las drogas medicinales, cada vez que se pone la mano se echa á
perder más el arancel, al punto que siendo en cuanto á la cotizacion
uno de los ménos tiránicos, la nomenclatura, las fórmulas y su pésima
regularizacion, lo hacen odioso y brutal.
Vea vd. por encima, dije tomando el arancel mexicano y señalando al
vuelo algunos artículos.
Pianos.... regulados por el peso bruto....
--Por supuesto no fué mal bruto el que incurrió en la confusion.
--Soda cáustica para jabon, paga más de lo que vale.
Clavo de especia, canela.... En fin, chicos, doblemos la hoja, que
esos caballeros que están á la puerta me esperan para que vayamos á
comer.
Aquellos bienhechores mios, aquellos mis redentores del arancel de
aduanas, suelen llamarse Jacinto Gutierrez, Bonald y Luis F. Mantilla,
que llegaban asistidos de los dos grandes elementos que se necesitan
para toda comida: mucha hambre y muy buen humor.
--Chicos, á la disposicion de vdes., les dije, y salimos de la botica.
* * * * *
Nuestra comida fué en el Delmónico, en un saloncito de cristales
aislado, con todo lo constitutivo del lujo y del _confortable_, ó sea á
propósito para estar cómodo y contento.
La atmósfera de la charla se fué tendiendo vaporosa y como brotando sus
celajes de oro de las soperas, los platones y las copas.
Las bujías del alto candelabro irradiaban como un firmamento de llama,
y las palabras eran como enjambres de aves de canto delicioso que
vagaran al acaso en un verjel espléndido.
Bonald nos recitó algunas de sus deliciosas traducciones de Hein,
que le han dado merecida celebridad en el mundo de las letras.
Gutierrez declamó varias poesías suyas, que son como obras primorosas
de filigrana; que son como esas creaciones de espuma de encaje y de
niebla, escapadas del buril de Benvenuto Cellini ó del pincel soñador
del delicado Corregio.
Gutierrez, puede decirse que es el hombre de la alta sociedad,
parisiense: narra como Dumas, cria como Mery y forja el cuento
fantástico como Hoffman y como Richtter; argulle, disputa, hace
saltar la paradoja inverosímil y la sostiene en un cabello como un
equilibrista prodigioso.
Las risas, las emociones de ternura, la explosion del entusiasmo nos
hacian cortejo, y las horas pasaban desapercibidas y como ocultándose,
para no interrumpir nuestro contento.
Cuando pidió la palabra el corazon para que Gutierrez y Bonald hablasen
de su patria y de sus padres. Mantilla, que todo es bondad y ternura,
pidió que brindásemos por su negrita.
Entre bromas y alusiones cariñosas, pedimos al sacerdote de la niñez,
nos dijese algo de su negrita.
La negrita de Mantilla fué su nodriza, nodriza negra, de la servidumbre
de su casa: no solo le alimentó á sus pechos; no solo cuidó y dirigió
su primera educacion, sino que fué su guía, su amparo, su madre y el
ángel custodio de sus primeros años; y Mantilla no solo venera su
memoria; no solo ha levantado un monumento que guarda sus cenizas,
sino que sus recuerdos son poemas de arrullos, de ternura filial,
que simpatizan y dejan entrever la bondad infinita de esa alma niña
consagrada á los niños.
En efecto, Mantilla es uno de los hombres más respetables que yo haya
conocido: su vida es una consagracion sublime á la purificacion del
hombre por medio de la instruccion; su elevadísima inteligencia no
busca lauros, no aspira á honores; quiere y anhela por la instruccion,
y esa faz de lo bello y lo bueno, lo absorbe y lo embebe en su objeto
con fanatismo sublime.
El Japon, la China, las Américas, los lugares más salvajes resuenan
con su nombre: los libros de Mantilla son la gran Cruzada de la
civilizacion en todo el mundo; él es el único que ignora su mérito;
es sencillo hasta la humildad, y pone su persona al servicio de los
desvalidos, con placer y como si en ello recibiera favor.
Allí, á su celdita de monje, á su vivienda oscura, van estos recuerdos,
recuerdos de gratitud, porque Mantilla honra cuando estrecha la mano de
un hombre llamándole su amigo.
La conversacion, que solia adquirir esos matices de gravedad y
conmocion, se rompia alegre al tocar en la frente de Gutierrez, y
entónces, como de una cajita de chucherías y joyas, saltaban las
_ladies_, los teatros, los paseos, las bellas artes, los poetas y las
bacantes de la crónica escandalosa de la Ciudad Imperio.
Respecto de bellas artes, me hice eco de la opinion vulgar de que
los americanos las descuidan, de que falta al pueblo de fogoneros y
postillones el soplo divino que engendró los Rafaeles y Murillos; pero
fácilmente corrigieron mis errores, con solo citarme las numerosas y
bien dotadas academias de dibujo y la aplicacion de él á las artes
útiles.
Yo replicaba:
--No me podrán vdes. negar que muy frecuentemente se confunde el
mérito de las obras de arte; que el vulgo prefiere una muñeca medio
desnuda y con pedazos de esmalte por soguillas y pulseras, á creaciones
delicadas; que hay estatuas aun frente al Capitolio, que son blasfemias.
--Puede ser que en algo de lo que vd. dice tenga razon; pero es
necesario para entendernos, me dijo uno de los circunstantes, que nos
pongamos de acuerdo en el punto de partida de la crítica. Fíjese vd.,
continuó, en que la práctica de la igualdad es cosa que repugna al
europeo, y más al europeo bien educado; de ahí las amargas censuras
á las faltas del bien parecer y de cultura á la europea. Como de esa
crítica se apoderaron personas inteligentes, por otra parte poco
capaces de analizar las instituciones y los elementos constitutivos de
esta sociedad, cobraron boga las censuras al yankee, que enarbolaba
sus piés sentándose en la espalda; del que escupe; del que forma un
polvero de tenacilla con el índice y el pulgar; del que bebe con su
criado, y del mozo de café que habla en un _meetting_ con el desplante
de Mirabeau. Lo mismo son las críticas de las bellas artes y de todo.
Pero hoy es distinto: los hijos de ricos comerciantes, capitalistas
y banqueros, se educan en gran número en Europa: es muy comun en las
personas de buen tono la posesion de tres y cuatro idiomas; la buena
sociedad americana tiene mucho de la buena sociedad inglesa, sin
su etiqueta tirante y sin las ceremonias, empalagosas á veces, del
afiligranamiento frances.
Le prueba á vd, ese refinamiento, la boga de la Ristori y de actores
de su mérito. La Aimée ha hecho en los Estados-Unidos una cuantiosa
fortuna.
Las ediciones americanas pueden competir con las primeras del mundo, y
sus delicadísimos grabados suponen artistas de primer órden.
Hay multitud de particulares que tienen galerías espléndidas en que se
pueden seguir los progresos del arte moderno.
--Yo daré á vd., dijo otro de los amigos, algunas apuntaciones sobre
bellas artes, y por ahora me reduciré á hacerle notar que algunos
viajeros especuladores pintan al yankee, como lo hacen, por la misma
razon que nos pintan á los mexicanos bailando con sombrero jarano y
espuelas, y á las damas con su rebozo terciado y su cigarrillo en la
boca. Si nos pintaran de una manera comun, nadie compraria sus obras.
El Sr. Gutierrez, que es muy diestro y caballeroso para hacer los
honores de anfitrion, dió otro giro á la conversacion, y abriéndose
nuevos horizontes, volaron á ellos como parvadas de aves regocijadas
nuestros pensamientos.
Como memoria de aquel delicioso convite, dejé á Jacinto Gutierrez el
siguiente recuerdo de mi gratitud: