III

Adioses de mis amigos.--La bahía.--La estatua de la

Libertad.--Jersey.--Adios.--Fábrica de pianos de Stenway.--La

maquinaria.--Varias manipulaciones.--Reflexiones sobre el pueblo

americano.--La parte baja de la ciudad.--La Tesorería.--La

Aduana.--Observaciones sobre la tarifa americana.--Cifras de las

exportaciones é importaciones.--Otra vez el inglés.--El castellano

viejo.

Mis amigos Alfonso, Pablo y Manuel, partieron al fin para nuestra

patria: la noche precursora de su partida, entre los baúles, algunos

amigos que quedábamos en el destierro y los criados que en tragin

afanoso cruzaban de un cuarto á otro, se oian los encargos á las

personas amadas, las recomendaciones encarecidas y palabras que volaban

á morir en la sombra de los tristes recuerdos.

De repente, las explosiones del buen humor se disipaban y caia sobre

todos ese silencio que se acentúa tan hondamente en el prólogo de todas

las separaciones.

Alguno mandó traer Champaña; la presencia en frio de aquellos estímulos

del contento, no sé por qué convirtió en más sombrío el cuadro: chistes

que en otras circunstancias habrian hecho una revolucion de risas y de

bullicio; alusiones que se habrian propagado como llama, caian como á

plomo, sin efecto alguno, para dejar imperando un dolor que, á solas,

hubiera hecho derramar lágrimas á todos los circunstantes.

Alguno preludiaba una cancion, otro al empacar un retrato buscaba un

tema de contento con recuerdos felices.... y el silencio, esta tiniebla

del espíritu, avanzaba lento, envolviendo hasta los últimos destellos

de alegría.

Muy temprano, en la mañana, todos estábamos listos.

Acudimos á los vaporcitos de Jersey.

La mañana estaba nublada; á nuestra izquierda, multitud de buques de

todas las naciones hacian flotar al aire sus banderas; se veia la isla

del Gobernador, puesto militar de la federacion, en que existe un

destacamento de fuerzas permanentes, vestidas constantemente de lujo y

haciendo el servicio siempre con la mayor severidad.

Del lado opuesto está el islote de Bell, donde debe, como formando

pórtico en la bahía, colocarse la colosal estatua de la Libertad,

regalada por la Francia, y cuyo brazo con su antorcha, figura hoy como

un colosal monumento en la Plaza de Madisson.

La estatua, colocada sobre su pedestal, debe alcanzar una altura de

doscientos veinticinco piés; se distinguirá desde el mar, en el confin

del horizonte, como una aparicion humana entre las aguas y los cielos:

será magnífica.

Al frente de nuestro barco, en amplio semicírculo y sobre una loma que

domina la bahía, se ostenta la ciudad de Jersey como sobre una cortina

de árboles, con sus chimeneas, sus torres y sus cúpulas fantásticas.

Abajo del escalon del pedestal que forman árboles y verjeles á la

ciudad, hay una faja de muelles, como otras tantas puertas de salida

para todas las naciones del globo.

En el gran salon contiguo al paradero de los trenes del ferrocarril,

que conduce más directamente á Orleans por Filadelfia y Washington,

se hallaban el Sr. Iglesias, su hijo, Gomez del Palacio, Schleidem,

mexicano lleno de nobles cualidades, y yo.

Repicó la campana fatal: una voz anunció la hora suprema, y entre el

tropel que corria á tomar los carros como por asalto, se perdieron

nuestros adioses. A poco el resoplar del vapor, la esquila de la

máquina, el ruido de las ruedas y el humo, envolvieron el ruidoso tren,

huyendo un conjunto del que quedaban desgarrados girones de humo, que

disipó el viento....

Cuando recuerdo las atenciones que á esos generosos amigos (iba á decir

hijos) debí, su solicitud cariñosa, su chiqueo, siento duelo horrible

en mi alma.

Ellos calentaban con sus esperanzas y su contento mis viejos años;

ellos fortalecian mi ánimo cuando casi me vencia la mano de dolores

implacables; ellos me formaban una atmósfera de patria cuando la frente

pálida de la nostalgia venia á presentar á mi lado el esqueleto de mis

recuerdos, sobre la tumba de mis esperanzas.

Tan nobles, tan sufridos, adivinando mis deseos, convirtiendo en

motivos de contento la satisfaccion de mis caprichos, ¿cómo no

consagrarles en estas desordenadas memorias mi gratitud, aunque su

ternura y relaciones tengan interes tan solo para mí? ¿cómo no perdonar

quien esto leyere el extravío de mi corazon, mi complacencia con un

sentimiento que me aprieta el alma y me domina....?

Que vayan felices; que los vientos les halaguen apacibles y el mar sea

como persona amiga que les lleve á los brazos de la patria; que en el

seno de sus familias, en su hogar, cuando rodeados de los que les aman,

cuenten sus aventuras, vuelvan los ojos y en algun lugar vacío busquen

el semblante del viejo amigo que vivió léjos de la patria, con ellos,

la tierna vida de familia, y que les está recordando, sin ver lo que

escribe, porque están hechos lágrimas en mis ojos sus recuerdos.... La

Providencia los acompañe; ella los restituya sanos y contentos á sus

hogares!......

* * * * *

Vagando al acaso en la parte alta de la ciudad, donde están aún en

lucha hombres y rocas; lucha que como que brotan del suelo á presenciar

estupendos edificios; donde desemboca el túnel que ha venido como una

serpiente subterránea del seno de las calles populosas; donde empinados

puentes de distancia en distancia ven inclinar el plumero de llamas

de la locomotora, que parece un gigante fantástico que saca á flor de

tierra la cabeza; como una ballena de fierro que fué dotada de vida

para atravesar en alas del relámpago las entrañas de la tierra, vagaba,

digo, por esos lugares, cuando mi amigo Buzeti, un jóven mexicano

con quien haremos amplio conocimiento, me puso en la puerta de un

establecimiento grandiosísimo, y me dijo:

--Va vd. á conocer la fábrica de pianos de Stenway.

Ya recordará vd. los pianos de Stenway; son en México los de más alta

nombradía; sus vibraciones brillantísimas son pompa y vida de los más

opulentos salones. En Paris merecieron el primer premio.

El edificio que vamos á visitar, visto por la espalda, hace los tres

lados (tres cuadras) de un cuadrado perfecto.

En el centro hay varios edificios, y uno especialmente llama la

atencion; él encierra la gran rueda motriz y la maquinaria anexa, que

es como un edificio de acero con sus balaustradas y escaleras de fierro.

Era nuestro guía un jóven campechano, alegre, y tan simpático, que me

parecia castellano su inglés peliagudo, y digo peliagudo, porque se

trata de un aleman: el inglés completado con aleman, es como una copa

de _whiskey_ completada con espinas de pescado.

La fábrica tiene cinco pisos visibles, en los que trabajan quinientos

operarios como titanes, con su acompañamiento de escoplos, serruchos,

cepillos, martillos y otros ruidos de imposible clasificacion.

Como ya se supone el lector, cada operacion de las que requiere la

estructura de un piano, es una galera inmensa y un taller en que

giran en los techos esas arañas de acero, esas víboras de cuero que

se descuelgan y se enroscan, esas escuadras como duendes abiertos de

piernas, y esa poblacion de endriagos y visiones animadas del mundo de

las máquinas: brazos, dedos, codos, esófagos, cabellos, todo vive por

su cuenta y riesgo, sin cuidarse de todos los demás, como si viésemos á

nuestros brazos y á nuestras piernas proclamar su independencia, ó como

sí en un panteon armaran gresca los fragmentos humanos, tomando cada

cual su camino segun su capricho.

Asenté por primera partida en mis apuntaciones una máquina para

desbastar la tabla en bruto.

Es una rueda clavada en un eje perpendicular, con dos fajas de acero;

de la primera penden cuatro como ganchos, que desbastan la tabla; la

segunda faja es el cepillo. Con aquella primera sacudida queda la

tabla como seda, y entra como una hoja de papel á otra máquina como de

imprimir, de donde sale tersa por ambos lados.

Las maderas que se usan para los pianos, despues de dos años de

depósito y preparaciones, son: palo blanco, roble, pino, caoba, rosa y

ébano.

Las sierras que se emplean son como sogas ó rosarios, que caen sobre

una rueda y cuelgan haciendo destrozos.

Para que no quede ni resquicio de polvo de aserrín en la madera, usan

una especie de fuelle de palo; pero no propiamente fuelle, más bien

jeringa, que desempeña la funcion de la limpieza á las mil maravillas.

Desde esos primeros talleres comienza la obra laboriosísima de

ensamblar las hojas de madera con los hilos de ella, en distintos

sentidos, para evitar que se tuerza, poniendo en el centro de las

ensambladuras maderas durísimas que las ligan.

La cola de que se sirven es la famosa de Pilles Cuple; viene en

marquetas, y se amolda segun las necesidades de los talleres.

Los preciosos calados de las tablas que sirven de respaldo al teclado

en la parte interior del piano, se delinean por hábiles dibujantes,

y con sierras como hilos se ejecutan esas maravillas de madera que

avergüenzan á la filigrana y al encaje.

Los martinetes se forran en una especie de fieltro sólido como piedra

y del grueso de tres dedos; forrado el palo de donde se sacan los

martinetes, entra en una prensa de presion tan poderosa, que sale el

conjunto como una hoja de espada.

En este departamento hay una máquina curiosísima, invencion de un hijo

del Sr. Stenway, así como otra delicadísima para las oquedades de los

tornillos de la guitarra del piano.

Toda esta gran seccion de la fábrica está destinada á la construccion

de esa multitud de articulaciones, músculos, nervios y tendones de esa

mano prodigiosa que produce las armonías en el interior del instrumento.

En estos gabinetes anatómicos, verdaderamente científicos, hay

compases, escuadras y todo lo concerniente á tan delicado trabajo.

Los cuartos en que se fabrican las cuerdas están aislados, y se

emplean en ellos, como en todas estas secciones, hombres de talentos

especiales, muy bien pagados.

En una ala entera de uno de los amplísimos pisos divididos por calles

de extensos salones, se verifica la animacion del piano.

Todos los tendones, la osamenta, los nervios y los cartígalos, están

amontonados: las teclas de marfil que se fabrican como quien hace

mosaico; las de ébano, que se pulen como joyas; el martinete y el

resorte, que podrian figurar como dijes en el tocador de una reina,

todos estos objetos se compaginan, se organizan, se concatenan,

adquieren forma, se estremecen y rompen en un canto cuando la mano del

hombre pasa sobre ellas, como el soplo de Dios sobre el barro cuando

crió al hombre.

El piano de que oimos los primeros vagidos, tenia el número 33,592.

--Vé, le dije, atraviesa los mares, lleva á otras regiones tus cantos

voluptuosos y tus himnos; vé, poeta, á perecer derramando tus armonías

y dando vida á las creaciones del talento. Sé la gala del salon, la

orquesta del hogar, el confidente de los ensueños....

La operacion del barniz consta de dos partes: en una se barniza la caja

dos veces y se raspa en seguida, para que los poros más invisibles

desaparezcan; la tercera mano de barniz es la que queda, presentando la

caoba ó la rosa como bajo de cristales.

Hay inteligentes que presentan como rivales de los pianos de Stenway

los de Weber; pero en México no se cree así, y lo comprueba el más alto

precio á que se venden los primeros y á la confesion universal de que

sus voces son muy brillantes.

Los pianos de Stenway tienen cinco patentes de honor y son celebrados

en todo el mundo musical.

El edificio en que se venden los pianos de Stenway está en la calle 14,

es de mármol blanco, contiene los almacenes de pianos y además la gran

sala música construida con todas las reglas de la acústica, y que se

considera con justicia como una de las primeras del mundo en su género.

En ella se han hecho las primeras exhibiciones del Teléfono.

Al salir de la fábrica tuve el gusto de ofrecer mis respetos á uno

de los hijos del Sr. Stenway, y dar las gracias á mi inteligente

_cicerone_, cuya finura me ha dejado los más agradables recuerdos.

* * * * *

Quiero darme cuenta á mí solo de las causas de la prosperidad de

este pueblo; quiero estudiar afanoso el secreto de su desarrollo

sorprendente, para formar conciencia, y despues de purificado mi

criterio, llevar á mi país la buena nueva de su propia regeneracion.

¡Mis esfuerzos son inútiles!

Cada vez que estoy á mis solas, entro en mí, sondeo las partes

componentes de este pueblo, se me figura á veces que una ciega

admiracion me arrastra, otras que un sentimiento injusto de repulsion

me domina, y termino por apartar el lienzo y arrojar de mi mano los

pinceles, corrido de pretender llamar retrato la monstruosa figura que

abortó mi mano.

Es cierto que los que tenemos la tradicion latina, es evidente que

los que nos hemos instruido con la educacion romana, y los que hemos

abierto los ojos de la razon bajo el influjo de la religion cristiana,

no nos es dado ser imparciales en nuestras apreciaciones.

Hemos tenido ensueños de libertad, tentativas de igualdad, teorías de

la intervencion del pueblo en sus negocios, y todos esos elementos han

constituido y constituyen en el crítico una segunda naturaleza.

Teorías incompletas, doctrinas leidas, sistemas con inconstancia

planteados, se ponen frente á frente de prácticas sostenidas, expeditas

y que producen sus efectos en medio de aparentes contradicciones.

El protestantismo deja el campo abierto á las instituciones civiles,

no se mezcla para nada con los gobiernos, buscando los vínculos de

confraternidad en la moral universal; la religion protestante, por la

naturaleza de su sér y sean las que fueren sus aberraciones, no permite

esos conflictos entre los poderes temporal y eclesiástico, que tantas

rémoras oponen á la paz y al progreso de las naciones.

La libertad pone al individuo en posesion de su sér, reconoce sus

derechos como hombre y los proclama inviolables: íntegro el hombre,

funciona vigoroso; y como para que sean expeditas estas funciones,

tiene que respetar los fueros de otro hombre colocado en las propias

condiciones, se produce la igualdad y con ella las sublimes armonías

del progreso indefinido de los pueblos.

Las instituciones en ese conjunto están hechas, viven en observancia,

la ley es el yeso que se coloca sobre la fisonomía de ese pueblo, y ese

molde es tan propio, es tan suyo, que no le lastima ni importuna, ni le

impide su accion cuando se sirve de él.

En los gérmenes primitivos de este pueblo estaban encerrados sus

elementos todos de grandeza: la libertad religiosa; porque en pos de

ella habian atravesado los mares los primeros pobladores, y llegó

con ella á estas playas la libertad civil, porque al constituirse,

ejercieron sus derechos en la ancha base de las funciones municipales,

miniatura del gobierno y la igualdad; porque ni el sacerdocio reclamaba

fueros, ni la casta distinciones, ni habia mas que un punto único y una

mira única, que era el bien comun. No es, pues, la diferencia entre

los Estados-Unidos y nosotros, que á ellos los uniese y á nosotros nos

desuniese la federacion: la diferencia es, que ellos eran hombres y

conocian y sabian ejercer sus derechos, y nosotros éramos poco ménos

que esclavos, enervados por una tutela de trescientos años.

Cuando la aglomeracion de gente y la distancia hicieron necesarias

más complicadas relaciones, no tuvo que hacer nada; lo que en las

sociedades antiguas se llamó el poder público, ese poder existia en

todos y cada uno de los americanos, y existia en ejercicio constante;

la agregacion de pueblos fué, como la de las individualidades, desde el

hombre al municipio, al Estado; eran entidades perfectas, una sola era

hábil para fungir con la misma aptitud que el conjunto.

La grande obra de Washington y de los constituyentes americanos,

estuvo en reconocer con lisura esa verdad y hacer del gobierno general

el policía que cuidara del órden y el portero que diese aviso á las

naciones extranjeras de la voluntad de sus señores, sin entrometerse en

todo.

El señorío del individuo le dotó, es cierto, de preciosos derechos;

pero tambien le sujetó á grandes necesidades; valía por sí; era forzoso

que subsistiese por sí; el trabajo fué una de sus condiciones de vida,

y no el trabajo fincado en la ajena explotacion, porque se encontraria

con la misma repulsa, sino el trabajo como fondo comun de la sociedad.

El que labraba los campos, el que atravesaba los mares, el que pedia

á la ciencia sus revelaciones, vivian en el seno de una familia, en

que tenian todos la misma representacion, las mismas aspiraciones, el

propio grado de responsabilidad. Existia el pueblo: era una verdad

que los que lo componian lo sentian, y los que lo veian tuvieron que

admirarlo.

Cada cosa que pertenecia al individuo, tuvo que mirarse con

indiferencia casi, porque el individuo era responsable de sus acciones:

lo que tenia que ver con la sociedad, era notado por todos. La opinion

no fué solo un juicio, sino el anuncio de lo que se ejecutaria en un

caso dado.

Así nacido, creado y funcionando el pueblo, formando la caudalosa

corriente: sus aberraciones, sus enfermedades, no tienen influencia,

como no influye en el curso de las aguas la hoja que se desprende del

árbol, ni el fango que enturbia á veces su superficie.

La democracia se ha realizado, y esta realizacion la presenta con

caractéres distintos de todo punto de los caractéres con que conocemos

en la historia á los pueblos que no tienen de tales mas que el nombre.

Las clases, conforme á la tradicion en las sociedades antiguas,

sobresalen, son el todo; ellas engendran eminencias que proyectan su

sombra en las masas y las convierten en enfermizas y en viciosas.

La categoría del cielo consagrando la perversion del espíritu en

el secuestro de la conciencia; la categoría militar haciendo del

asesinato una profesion y un taller de violencias el cuartel, haciendo

la disciplina un instrumento de asfixia; la categoría de la sangre,

llevando á los destinos públicos la pereza, la ignorancia, la lujuria

y el robo; la categoría del saber haciendo de las aulas estancos de la

luz, cuando no oficinas de falsificadores de la verdad.

Y para sostener á estos enjambres de farsantes y verdugos, el pueblo,

á su vez ignorante, rencoroso, paga, pero se hace incompatible con las

otras fracciones sociales, con intereses opuestos al suyo.

En esta democracia militante, las religiones en su concurrencia,

compiten por beneficios reales; la escuela, el hospital, el taller, son

objeto de su cuidado; y cuando pretende entrar, como el cristianismo,

en terreno vedado, entónces la opinion lo contiene y la indiferencia lo

restituye á sus rieles pacíficamente.

El elemento militar perturba y amenaza, pero tambien sin consecuencia:

todo se reduce á pérdidas del tesoro, á disimulos en el presupuesto;

pero el país es tan rico, que el propio despilfarro no importa un

menoscabo.

¿Y las clases? ¿y la nobleza? ¿y toda la nomenclatura de saltimbanquis

que son el azote de los pueblos? Esos no existen; y los vagos y los

arbitristas pasan cayendo, fatigados en su camino, en medio de la

rechifla universal.

Pero adviértase que esos caballeros de industria de las compañías

fantásticas, de las empresas temerarias, esos alquiladores del viento,

esos consocios del sol y del mar, son individuales, es decir, la

espina, el grano, la verruga, no la sociedad americana.

Esas individualidades efímeras son las que extravían á los viajeros,

con mucha especialidad á los de la raza latina, y es porque existe lo

que se ve y lo que no se ve, como en uno de los preciosos sofismas de

Bastial: se ve á la mujer pública en toda su desvergüenza, invadiendo

las calles, asaltando los paseos, reclamando fueros y consideraciones;

no se ven cientos de maestras en las escuelas públicas, modelos de

saber, de recogimiento y de virtud; no se fija la atencion en las

obreras de Haster; no se ven salir en las noches de la casa de Stuart,

por cientos, las que fungen de dependientes y se concilian el respeto

universal por su dignidad y compostura.

Se ve á los mil petardistas que explotan el _humbug_, y no los grandes

inventos que honran á la humanidad.

Se ve al banquero que despide al mendigo de su puerta, y no al que

envía cientos de miles para las bibliotecas, para las escuelas y casas

de beneficencia.

En este particular es tan falible el juicio, que á primera vista, en

un teatro, en un paseo, hay un personaje que comete inconveniencias de

educacion impasables; muchas veces se indaga, y es porque el personaje

de bejuquillo de oro y anillo de diamantes, es el carnicero, el

herrero, el zapatero; y la gran señora á quien acaba vd. de ceder el

asiento en un wagon, al siguiente dia la encuentra vd. barriendo los

corredores de su hotel, ó va entrando en nuestro cuarto en demanda de

nuestra ropa sucia para lavarla.

Como el trabajo y las empresas son más lucrativos que los empleos; como

éstos no reconocen propiedad; como las consideraciones sociales están

en razon de la independencia del individuo, éste tiene un modo de vivir

ó lo busca, sin que se finque el modo de ser de una clase determinada

de los empleos, y este es un elemento trascendental de paz.

El juez, el general, el presidente el dia que termina su encargo,

vuelven á su taller en medio de la consideracion universal; el capitan

que atraia las miradas en la mañana, va en la tarde con un tablon al

hombro, sin esfuerzo y sin que nadie se fije en él.

En una palabra; nosotros, es decir, los pueblos hispano-americanos,

como me hacia observar hablando de esto mi amigo Jacinto Gutierrez,

venezolano ilustre, por nuestra tradicion y á causa de nuestra propia

independencia, presentamos constantemente el espectáculo del pueblo en

su tendencia á elevarse, y las clases en su afan de deprimirlo: el

pueblo, un instante levantado, pero sin cimientos, sin bases sólidas,

sucumbiendo para volverse á levantar de nuevo; y en este vaiven, un

corto número de hombres de ideas verdaderamente liberales, segun la

feliz expresion de Gomez del Palacio, luchando por hacer entrar en el

carril del progreso social á los millones que tienen fuera de él los

vicios de la educacion, la abyeccion y la barbarie.

* * * * *

Por fortuna del lector, y tambien mia, han tocado á mi puerta: digo

por fortuna, porque terminan las soporíferas observaciones que me

preocupaban y que continuaré cuando tema ménos que ahora aburrir á mis

lectores.

Me proponia visitar la Aduana y estudiarla con el detenimiento posible.

Las cuestiones económicas en este, como en todos los pueblos, son

tan importantes, que bien merecian dedicarles algunos ratos de

disertaciones que son de otro lugar; y no tenga esto como una amenaza

el lector, sino como motivo de expediciones á que me llevaba el deseo

de hacer algo útil. Por otra parte, mi manía han sido esta especie

de trabajos, y nadie tiene el corazon tan duro que no disimule las

flaquezas de su prójimo de vez en cuando.

Me conducia en mi excursion el Sr. Macías, redactor del _Comercio_,

persona en quien compiten el talento con la esmerada educacion.

La Aduana está situada en la parte baja de la ciudad, al Este, es

decir, allí donde á sus anchas retozó el desórden cuando los primeros

pobladores de esta isla se instalaron en ella, echando, como quien

dice, por el atajo.

Hace poco, la parte que ahora recorriamos era _la corte de los

milagros_ de la ciudad.

Por aquellas vecindades está la calle, de la que hacia, en 1869, la

siguiente pintura la Guía de Nueva-York:

"Los cristales de las ventanas que no están rotos, se han vuelto

opacos con la porquería que los cubre, reemplazando con frecuencia el

vidrio que desapareció, algun sombrero viejo ó algun hediondo trapo,

que impide á un tiempo la entrada del aire y de la luz. De vez en

cuando alguna mujer desaseada y á medio vestir, asoma la cabeza por

una de aquellas ventanas, para mirar vagamente y con aire perezoso,

la desapacible perspectiva que desde allí se ofrece, ó para reprender

agriamente, con abundancia de juramentos, á algun chiquillo de los de

la calle que ha quebrantado los preceptos paternales.

"Cruzan del uno al otro lado de la callejuela, un sinnúmero de cuerdas

cubiertas de harapos, que se supone haber sido lavados y que cuelgan

allí para secarse y para mantener en estado contínuo de humedad el

piso de la calle, saturando con sus líquidos desprendimientos, tan

desagradables al olfato como perjudiciales á los sombreros y á los

trages, á los muchachos que juegan debajo, ó á algun desgraciado

transeunte que se ve en la precision de arrostrar aquella lluvia

grasienta y hedionda. En la parte ancha de la calle hay siempre una

muchedumbre que pudiera proporcionar materia al génio especial de un

Hogart ó de un Dickens.

"Vense allí carretones que sirven de pescadería ambulante, desde

donde se venden peces cuyo olor indica la larga fecha que hace han

abandonado su elemento, y otros vendedores que llevan sus mercaderías

en otros carretones semejantes, con verduras que de todo tienen ménos

de verde; que ó son lo que debieran ser las legumbres, ó están tan

sazonadas, que han llegado al estado de fermentacion. Operarios sin

trabajo, ladrones sin ocupacion, individuos ébrios de ambos sexos

que se dirigen dando traspiés á sus habitaciones, ó más bien cuevas

respectivas, abrazando cariñosamente frascos ó botellas de veneno,

con el título de _whiskey_; criaturas prematuramente desarrolladas y

arrugadas que ofrecen el doloroso aspecto de séres enanos y raquíticos:

tales son los humanos elementos de aquel repulsivo vecindario."

Como he dicho, estas son las vecindades del rumbo que atravesamos;

vecindades muy mejoradas, y en las que seria hoy pálido y sin verdad el

cuadro que acabamos de copiar.

Trátase del laberinto de los bancos, de los tesoros de la gran ciudad y

de las oficinas más importantes: la Tesorería y la Aduana.

En calles desiguales que se abren y se cierran por sus esquinas, entre

alturas y depresiones de terreno, se va á ese asombroso manantial de

dinero que se llama la Aduana de Nueva-York.

Es un edificio de granito de aspecto sombrío en su entrada, como si

hubiera comprendido el arquitecto que se trataba de la inquisicion del

comercio.

Las robustas columnas que forman el pórtico son estrechas, y en el

mismo pórtico, entre las columnas del centro, está incrustada en

fracciones la escalera que conduce al primer cuerpo del edificio,

porque su _bassement_ ó piso subterráneo es altísimo.

El salon del despacho es de forma circular, de mucha elevacion, y tiene

de trecho en trecho columnas que dan á amplísimos salones.

En el piso del despacho, en círculo corrido, hay grandes bufetes de

caoba con sus frentes cerrados y sus puertecillas en forma de arco, por

donde solo puede asomar una persona á hablar con el empleado. Me parece

inútil decir que el gentío era inmenso: estaban agolpados los hombres

frente á las mesas, con sus sombreros puestos y sus papeles en las

manos, en número como de mil personas, y eran las doce de la mañana,

hora que menciono por ser de un calor insoportable, y por lo mismo,

menor que á otras horas la concurrencia.

Sin trabajo alguno preguntamos por el jefe, para quien llevábamos

recomendacion, y nos dirigieron al segundo piso del edificio, despues

de atravesar un patio estrecho con fajas de tránsitos, que no me atrevo

á llamar corredores.

La seccion del edificio por donde transitamos, está destinada á la

contabilidad y al asesor ó fiscal que ordena la cuenta.

El jefe á quien fuimos presentados, es aleman de nacimiento, regordete,

moreno, un tanto calvo, de ojos negros y de fisonomía abierta y marcial.

Se dice que este personaje, que á las primeras palabras se comprende

que es un hombre lleno é inteligente, es notable economista y persona

muy despierta en toda clase de negocios.

El Sr. Macías tuvo la dignacion de llevar la palabra: le expuso el

objeto de mi visita, que no era otro sino ver las oficinas de la Aduana

y adquirir datos para juzgar con fundamento de nuestras relaciones

mercantiles, cultivando estudios á que soy aficionado.

Con este motivo, entró en explicaciones el jefe que me pareció al

frente de la oficina de contabilidad, y trayendo el Informe estadístico

de comercio y navegacion que comenzó en 30 de Junio del año pasado y

debe terminar en 1.º de Julio como nuestros años fiscales, me hizo

notar algunos artículos de comercio activo de México, como café, cueros

de res, caballos, henequen y palo de tinte, que representaban, con

otros artículos que no menciono, la suma de diez millones de pesos poco

más ó ménos.

En cambio, yo le recordé cifras en que convino, de las que resulta que

los americanos no importan á nuestro suelo ni dos millones de pesos,

y si se pusiera millon y medio, andaria mucho más acertado. Este

resultado le hizo sonreir y yo le hice notar que las cifras citadas

ponian de manifiesto los absurdos económicos de su tarifa.

--Se ha nombrado, me dijo, una comision _ad hoc_ para que emita su

juicio sobre nuestro arancel; tiene concluidos sus trabajos, y la

próxima legislatura hará rebajas muy notables.

La tendencia de este gobierno, como la de todo gobierno bien

intencionado, debe ser, me dijo, estrechar los vínculos por medio de

relaciones de igualdad, y eso deberá hacerse con México por medio de un

tratado en que se concilien todas las ventajas, de una manera amiga: un

sistema como el del Zollwerein, haria efectivas todas las libertades....

Yo no repliqué, porque sentia que mi asiento se hundia y que me faltaba

la razon.

Un sistema en que gozáramos todas las libertades por medio de un

tratado como el del Zollwerein, es nada ménos que la pérdida de

nuestra independencia; ó así fué, ó así lo comprendí: el caso es que

abrevié mi visita y me propuse imponerme con alguna otra persona de

la cuestion de aduanas, ó no imponerme, que de cóleras estoy harto,

y masco la bílis por estas calles de Dios. ¿Querer que México sea la

India de esta Nueva Inglaterra? ¡Un demonio!

El jefe á quien fuimos recomendados, me hizo instancia para que

repitiese mi visita; me obsequió con algunos documentos importantes, y

yo salí ardiendo mi alma de aquel magnífico edificio.

La Zona, un mercado en que no se tenga concurrencia para dar salida

á los artículos que produce este suelo; el proteccionismo que unos

cuantos propagan en mi país, ciegos y obstinados, este será el cáncer

que devore á México.

¡Mantengamos nuestras prohibiciones, alcemos nuestras tarifas de

modo que se repudie toda concurrencia hasta buscar el nivel de los

Estados-Unidos, y entónces seremos la India de esta Nueva Inglaterra!

¡Qué distinto rumbo nos marca el dedo certero de la libertad! Abatidas

nuestras tarifas hasta donde más fuese posible, con puertos de

depósito en todo el golfo y franquicias las más amplias en toda la

frontera, el comercio para los Estados-Unidos tomaria el rumbo de

México, y se verificaria una revolucion grandiosa en todos los pueblos

hispano-americanos; por sí mismas se efectuarian entónces mejoras que

abortan en especulaciones desastradas; se protegerian naturalmente

industrias naturales que no necesitan fomento alguno; la alza del

salario seria la regeneracion eficaz de nuestro pueblo, y el roce con

las otras naciones, el elemento más poderoso de fuerza y de progreso.

A los artesanos politicastros, á los periodistas que por la curva de

las juntas buscan las curules, á la masonería electoral, han de parecer

muy amargas mis verdades y me producirán injurias; pero la evidencia

de mis raciocinios tendrá apoyo un dia en todos los hombres rectos é

ilustrados de mi patria.

Durante los once meses corridos del presente año fiscal, el valor de

las exportaciones ha ascendido á 560.000,000 de pesos, ó sea un aumento

de 165.000,000 comparado con el de igual época del año anterior. El

de las importaciones ha sido de 430.000,000 ó sea una diminucion de

24.000,000. La exportacion del oro subió á 49.000,000 y la importacion

á 39.000,000.

La parte digna de recorrerse como dependencia de la Aduana, son los

almacenes en que se hace el despacho, y de ellos haré otro dia una

descripcion á mis lectores.

* * * * *

Al regresar de mi excursion, me guarecí del sol infernal que derretia

los sesos, en la oficina consular.

Juan Navarro, aparte de ser un sabio, es un hombre de muy buena

sociedad y el platicador más divertido y más sazonado que vdes. pueden

imaginar: conversaba con Mariscal y con Francisco Gomez del Palacio,

diestros como ellos solos para esgrimirla sin hueso y dar riquísimas

tintas á la caricatura de la palabra, cuando se trata del _humbug_ y

del escabroso idioma de Washington Irving.

Conmigo es el tema eterno de conversacion el inglés, porque saben y

palpan mi dificultad infinita para pronunciarlo.

Pero les replicaba yo:

--Cuando una palabra tiene el hilo y el chisgo de nuestro idioma, pase,

se da uno sus trazas para comprenderla; cuando la palabra es de todo

punto diferente, entónces se da uno sus mañas para buscarle punta; pero

yo no me puedo conformar con que _comencemente_ de un colegio, sea fin

de su año escolar y no principio: _claim_, reclamo y no clamor, y que

cuando me digan _cinic_, me quede como una lechuga, porque me quieran

decir hombre de experiencia y desengañado. ¿Cómo me puede entrar en la

cabeza que _descriminate_ sea distinguir y separar, sin tener nada que

ver con la criminalidad?

--Más te escuecerá, me decia Francisco, que te llamen á tí Mr. Praits,

á Negrete Negrito, á Iglesias Aiglisaias, á mí Pelesaio y á Diaz Daiaz.

--Para eso de entenderse con americanos, no hay como el castellano

viejo, dijo Navarro, y si no me creen, díganme lo que opinan de la

historia que voy á referir.

--Historia de españoles de fé son la materia inagotable de tus cuentos,

como de Fernando Calderon los legos.

--Escuchen vdes:

Recien llegado, hace años, á esta ciudad, un dia estaba muy reposado y

silencioso en un baño público, cuando de repente oí recias pisadas que

revelaban largo y holgado calzado, y oí que sonaban las palmas de la

mano como llamando.

--¡Ah de casa! dijo una voz acentuadísima de la Península Ibérica.

--Santos y buenos dias.

Se oyó salir á la irlandesa de servicio.

--Hijita, le dijo mi español, póngame vd. un baño con el agua

tibiecita, al calor del cuerpo.... por allí, por aquel rinconcillo.

La irlandesa, en el asendereado inglés que les es natural á los de

su raza, le decia que si queria solo agua fria, para abrir, segun su

voluntad, las llaves....

--Eso es, todo lo alistas.... que sea de lino la sábana.... ¿de la

sábana me hablabas?

Emprendióse un altercado en que cada cual hablaba lo que le parecia....

yo, á medio vestir, saqué la cabeza fuera de la puerta.

Encontréme con un hombre con un sombrero á la Pipelet, panzon,

mofletudo, con su vestido de rayadillo, su amplia alpargata y su

paraguas encarnado bajo el brazo.

--Caballero, me dijo, ¿vd. quiere hacer el favor de decir por qué no me

hace caso este pedazo de canto?

--Porque no se entienden, le dije, porque vd. le habla de la sábana y

ella de la agua fria. Ya está el baño, vaya vd. por allí.

--¡Bendito sea Dios, hombre! ¡bendito sea! porque encontré persona de

chirúmen; pues vea vd., en mi tierra, por negada que sea la persona,

cuando uno pide agua, aquel á quien se dirige la palabra sabe á poco

más ó ménos que de agua se trata; pero aquí todo anda al revés....

--Consuélate con las observaciones del español.

Así concluyó Navarro.

[Ilustración:

Viaje a los Estados Unidos, Tomo III · 第 10 / 153 题