Muy magnífico Señor: Porque las cosas que yo particularmente escribo á

otros en otras cartas no son igualmente comunicables como las que en

esta escritura van, acordé de escribir distintamente las nuevas de acá y

las otras que á mi conviene suplicar á vuestra Señoría, é las nuevas son

las siguientes: Que la flota que los Reyes Católicos, nuestros Señores,

enviaron de España para las Indias é gobernacion del su Almirante del mar

Océano Cristóbal Colon por la divina permision, parte de Caliz á veinte y

cinco de Setiembre del año de [109] años con tiempo é viento convenible á

nuestro camino, é duró este tiempo dos dias, en los cuales pudimos andar

al pie de cincuenta leguas: y luego nos cambió el tiempo otros dos, en

los cuales anduvimos muy poco ó no nada; plogó á Dios que pasados los

dias nos tornó buen tiempo, en manera que en otros dos llegamos á la

Gran Canaria donde tomamos puerto, lo cual nos fue necesario por reparar

un navío que hacia mucha agua, y estovímos ende todo aquel dia, é luego

otra dia partimos é fizonos algunas calmerías, de manera que estovímos

en llegar al Gomero cuatro ó cinco dias, y en la Gomera fue necesario

estar algun dia por facer provisiones de carne, leña é agua la, que mas

pudiesen, por la larga jornada que se esperaba hacer sin ver mas tierra:

ansi que en la estada destos puertos y en un dia despues de partidos de

la Gomera, que nos fizo calma, que tardamos en llegar fasta la isla del

Fierro, estovimos diez y nueve ó veinte dias: desde aqui por la bondad

de Dios nos tornó buen tiempo, el mejor que nunca flota llevó tan largo

camino, tal que partidos del Fierro á trece de Octubre dentro de veinte

dias hobimos vista de tierra: y vieramosla á catorce ó quince si la noa

Capitana fuera tan buena velera comos los otros navíos, porque muchas

veces los otros navíos sacaban velas porque nos dejaban mucho atras. En

todo este tiempo hobimos mucha bonanza, que en él ni en todo el camino no

hobimos fortuna, salvo la víspera de S. Simon que nos vino una que por

cuatro horas nos puso en harto estrecho. El primero domingo despues de

Todos Santos, que fue á tres dias de Noviembre, cerca del alba, dijó un

piloto de la nao Capitana: albricias, que tenemos tierra. Fue el alegría

tan grande en la gente que era maravilla oir las gritas y placeres que

todos hacian, y con mucha razon, que la gente venian ya tan fatigados

de mala vida y de pasar agua, que con muchos deseos sospiraban todos

por tierra. Contaron aquel dia los pilotos del armada desde la isla de

Fierro hasta la primera tierra que vimos unas ochocientas leguas, otros

setecientas é ochenta, de manera que la diferencia no ere mucha, é mas

trescientas que ponen de la isla de Fierro fasta Caliz, que eran por

todos mil é ciento; ansí que no siento quien no fuese satisfecho de ver

agua. Vimos el Domingo de mañana sobredicho, por proa de los navíos, una

isla y luego á la man derecha parecio otra: la primera era la tierra alta

de sierras por aquella parte que vimos, la otra era tierra llana, tambien

muy llena de árboles muy espesos, y luego que fue mas de dia comenzó á

parecer á una parte é á otra islas; de manera que aquel dia eran seis

islas á diversas partes, y las mas harto grandes. Fuimos enderezados

para ver aquella que primero habiamos visto, é llegamos por la costa

andando mas de una lagua buscando puerto para sorgir, el cual todo aquel

espacio nunca se pudo hallar. Era en todo aquello que parecia desta isla

todo montaña muy hermosa y muy verde, fasta el agua que era alegria en

mirarla, porque en aquel tiempo no hay en nuestra tierra apenas cosa

verde. Despues que allí no hallamos puerto acordó el Almirante que nos

volviesemos á la otra isla que parescia á la mano derecha, que estaba

desta otra cuatro ó cinco leguas. Quedó por entonces un navío en esta

isla buscando puerto todo aquel dia para cuando fuese necesario venir

á ella, en la cual halló buen puerto é vido casas é gentes, é luego se

tornó aquella noche para donde estaba la flota que habia tomado puerto

en la otra isla, donde decendió el Almirante é mucha gente con él con

la bandera Real en las manos, adonde tomó posesion por sus Altezas en

forma de derecho. En esta isla habia tanta espesura de arboledas que

era maravilla, é tanta diferencia de árboles no conocidos á nadie que

era para espantar, dellos con fruto, dellos con flor, ansí que todo

era verde. Allí hallamos un arbol, cuya hoja tenia el mas fino olor de

clavos que nunca ví, y era como laurel, salvo que no era ansi grande;

yo ansí pienso que era laurel su especia. Allí habia frutas salvaginas

de diferentes maneras, de las quales algunos no muy sabios probaban,

y del gusto solamente tocándoles con las lenguas se les hinchaban las

caras, y les venia tan grande ardor y dolor que parecian que rabiaban,

los cuales se remediaban con cosas frias. En esta isla no hallamos gente

nin señal della, creimos que era despoblada, en la cual estovimos bien

dos horas, porque cuando allí llegamos era sobre tarde, é luego otro dia

de mañana partimos para otra isla que parescia en bajo desta que era muy

grande, fasta la cual desta que habria siete ú ocho leguas, llegamos á

ella hácia la parte de una gran montaña que parecia que queria llegar

al cielo, en medio de la cual montaña estaba un pico mas alto que toda

la otra montaña, del cual se vertian á diversas partes muchus aguas, en

especial hácia la parte donde ibamos: de tres leguas paresció un golpe

de agua tan gordo como un buey, que se despeñaba de tan alto como si

cayera del cielo: parescia de tan lejos, que hobo en los navíos muchas

apuestas, que unos decian que eran peñas blancas y otros que era agua.

Desque llegamos mas á cerca vídose lo cierto, y era la mas hermosa cosa

del mundo de ver cuan alto se despeñaba é de tan poco logar nacia tan

gran golpe de agua. Luego que llegamos cerco mandó el Almirante á una

carbela ligera que fuese costeando á buscar puerto, la cual se adelantó

y llegando á la tierra vido unas casas, é con la barca saltó el Capitan

en tierra é llegó á las casas, en las cuales halló su gente, y luego

que los vieron fueron huyendo, é entró en ellas, donde halló las cosas

que ellos tienen, que no habian llevado nada, donde tomó dos papagayos

muy grandes y muy diferenciados de cuantos se habian visto. Halló mucho

algodon hilado é por hilar, é cosas de sus mantenimientos, é de todo

trajo un poco, en especial trajo cuatro ó cinco huesos de brazos é

piernas de hombres. Luego que aquello vimos sospechamos que aquellas

islas eran las de Caribe, que son habitadas de gente que comen carne

humana, porque el Almirante por las señas que le habian dado del sitio

destas islas, el otro camino, los indios de las islas que antes habian

descubierto, habia enderezado el camino por descubrirlas, porque estaban

mas cerca de España, y tambien porque por allí se hacia el camino derecho

para venir á la isla Española, donde antes habia dejado la gente, á los

cuales, por la bondad de Dios y por el buen saber del Almirante, venimos

tan derechos como si por camino sabido é seguido vinieramos. Esta isla

es muy grande, y por el lado nos pareció que habia de luengo de costa

veinta é cinco leguas: fuimos costeando por ella buscando puerto mas

de dos leguas; por la parte donde ibamos eran montañas muy altas, á la

parte que dejamos parecian grandes llanos, á la orilla de la mar habia

algunos poblados pequeños, é luego que veian las velas huian todos.

Andadas dos leguas hallamos puerto y bien tarde. Esa noche acordó el

Almirante que á la madrugada saliesen algunos para tomar lengua é saber

que gente era, no embargante la sospecha é los que ya habian visto ir

huyendo, que era gente desnuda como la otra que ya el Almirante habia

visto el otro viage. Salieron esa madrugada ciertos Capitanes; los unos

vinieron á hora de comer é trageron un mozo de fasta catorce años, á

lo que despues se sopo, é él dijo que era de los que esta gente tenian

cativos. Los otros se dividieron, los unos tomaron un mochacho pequeño,

al cual llevaba un hombre por la mano, é por huir lo desamparó. Este

enviaron luego con algunos dellos, otros quedaron, é destos unos tomaron

ciertas mugeres naturales de la isla, é otras que se vinieron de grado,

que eran de las cativas. Desta compañía se apartó un Capitan no sabiendo

que se habia habido lengua con seis hombres, el cual se perdió con los

que con él iban, que jamas sopieron tornar, fasta que á cabo de cuatro

dias toparon con la costa de la mar, é siguiendo por ella tornaron á

topar con la flota. Ya los teniamos por perdidos é comidos de aquellas

gentes que se dicen los Caribes, porque no bastaba razon para creer que

eran perdidos de otra manera, porque iban entre ellos pilotos, marineros

que por la estrella saben ir é venir hasta España, creiamos que en tan

pequeño espacio no se podian perder. Este dia primero que allí decendimos

andaban por la playa junto con el agua muchos hombres é mugeres mirando

la flota, é maravillándose de cosa tan nueva é llegándose alguna barca á

tierra á hablar con ellos, diciéndolos _tayno tayno_, que quiere decir

_bueno_, esperaban en tanto que no salian del agua, junto con él moran,

de manera que cuando ellos querian se podian salvar: en conclusion, que

de los hombres ninguno se pudo tomar por fuerza ni por grado, salvo dos

que se seguraron é despues los trajeron por fuerza allí. Se tomaron

mas de veinte mugeres de las cativas, y de su grado se venian otros

naturales de la isla, que fueron salteadas é tomadas por fuerza. Ciertos

mochachos cabtivos se vinieron á nosotros huyendo de los naturales de

la isla que los tenian cabtivos. En este puerto estovimos ocho dias á

causa de la perdida del sobredicho Capitan, donde muchas veces salimos

á tierra andando por sus moradas é pueblos, que estaban á la costa,

donde hallamos infinitos huesos de hombres, é los cascos de las cabezas

colgados por las casas á manera de vasijas para tener cosas. Aquí no

parescieron muchos hombres; la causa era, segun nos dijeron las mugeres,

que eran idas diez canoas con gentes á saltear á otras islas. Esta

gente nos pareció mas pulítica que la que habita en estas otras islas

que habemos visto, aunque todos tienen las moradas de paja; pero estos

las tienen de mucho mejor hechura, é mas proveidas de mantenimientos,

é parece en ellas mas industria ansi veril como femenil. Tenian mucho

algodon hilado y por hilar, y muchas mantas de algodon tan bien tejidas

que no deben nada á las de nuestra patria. Preguntamos á las mugeres,

que eran cativas en esta isla, que qué gente era esta; respondieron que

eran Caribes. Despues que entendieron que nosotros aborreciamos tal gente

por su mal uso de comer carne de hombres, holgaban mucho, y sí de nuevo

traian alguna muger ó hombre de los Caribes, secretamente decian que eran

Caribes, que allí donde estaban todos en nuestro poder mostraban temor

dellos como gente sojuzgada, y de allí conocimos cuáles eran Caribes de

las mugeres é cuáles nó, porque las Caribes traian en las piernas en

cada una dos argollas tejidas de algodon, la una junto con rodilla, la

otra junto con los tobillos; de manera que les hacen las pantorrillas

grandes, é de los sobredichos logares muy ceñidas, que esto me parece

que tienen ellos por cosa gentil, ansi que por esta diferencia conocemos

los unos de los otros. La costumbre desta gente de Caribes es bestial:

son tres islas, esta se llama Turuqueira, la otra que primero vimos se

llama Ceyre, la tercera se llama Ayay; estos todos son conformidad como

si fuesen de un linage, los cuales no se hacen mal: unos é otros hacen

guerra á todas las otras islas comarcanas, los cuales van por mar ciento

é cincuenta leguas á saltear con muchas canoas que tienen, que son unas

fustas pequeñas de un solo madero. Sus armas son frechas en lugar de

hierros; porque no poseen ningun hierro, ponen unas puntas fechas de

huesos de torgugas los unos, otros de otro isla ponen unas espinas de un

pez fechas dentadas, que ansi lo son naturalmente, á manera de sierras

bien recias, que para gente desarmada, como son todos, es cosa que les

puede matar é hacer harto daño; pero para gente de nuestra nacion no son

armas para mucho temer. Esta gente saltea en las otras islas, que traen

las mugeres que pueden haber, en especial mozas y hermosas, las cuales

tienen para su servicio, é para tener por mancebas, é traen tantas que

en cincuenta casas ellos no parecieron, y de las cativas se vinieron

mas de veinte mozas. Dicen tambien estas mugeres que estos usan de una

crueldad que parece cosa increible; que los hijos que en ellas han se

los comen, que solamente crian los que han en sus mugeres naturales. Los

hombres que pueden haber, los que son vivos llevánselos á sus casas para

hacer carnicería dellos, y los que han muertos luego se los comen. Dicen

que la carne del hombre es tan buena que no hay tal cosa en el mundo; y

bien parece porque los huesos que en estas casas hallamos todo lo que se

puede roer todo lo tenian roido, que no habia en ellos sino lo que por

su mucha dureza no se podia comer. Allí se halló en una casa cociendo en

una olla un pezcuezo de un hombre. Los mochachos que cativan cortanlos

el miembro, é sirvense de ellos fasta que son hombres, y despues cuando

quieren facer fiesta mátanlos é cómenselos, porque dicen que que la

carne de los mochachos é de las mogeres no es buena para comer. Destos

mochachos se vinieron para nosotros huyendo tres todos tres cortados sus

miembros. E á cabo de cuatro dias vino el Capitan que se habia perdido,

de cuya venida estabamos ya bien desesparados, porque ya los habian

ido á buscar otras cuadrillas por dos veces, é aquel dia vino la una

caudrilla sin saber dellos ciertamente. Holgamos con su venida como si

nuevamente se hobieran hallado: trajo este Capitan con los que fueron

con él diez cabezas entre mochachos y mugeres. Estos ni los otros que

los fueron á buscar, nunca hallaron hombres porque se habien huido, ó

por ventura que en aquella comarca habia pocos hombres, porque segun se

supo de las mugeres eran idas diez canoas con gentes á saltear á otras

islas. Vino él é los que fueron con él tan destrozados del monte, que

era lástima de los ver: decian, preguntándoles como se habien perdido,

dijeron que era la espesura de los arboles tanta que el cielo no podian

ver, é que algunos de ellos, que eran marineros, habian subido por los

árboles para mirar el estrella é que nunca la podieron ver, é que si no

toparan con el mar fuera imposible tornar á la flota. Partimos desta isla

ocho dias despues que allí llegamos. Luego otro dia á medio dia vimos

otra isla, no muy grande, que estaria desta otra doce leguas; porque el

primero dia que partimos lo mas del dia nos fizo calma, fuimos junto

con la costa desta isla, é dijeron las Indias que llevabamos que no era

habitada, que los Caribes la habian despoblado, é por esto no paramos

en ella. Luego esa tarde vimos otra: á esa noche, cerca desta isla,

fallamos unos bajos, por cuyo temor sorgimos, que no osamos andar fasta

que fuese de dia. Luego á la mañana paresció otra isla harto grande:

á ninguna destas no llegamos por consolar los que habian dejado en la

Española, é no plogó á Dios segun que abajo paracerá. Otro dia á hora

de comer llegamos á una isla é pareciónos mucho bien, porque parecia

muy poblada, segun las muchas labranzas que en ella habia. Fuimos allá

é tomamos puerto en la costa: luego mandó el Almirante ir á tierra una

barca guarnecida de gente para si pudiese tomar lengua para saber que

gente era, é tambien porque habiamos menester informarnos del camino,

caso quel Almirante, aunque nunca habia fecho aquel camino, iba muy bien

encaminado segun en cabo pareció. Pero porque las cosas dubdosas se

deben siempre buscar con la mayor certinidad que haberse pueda, quiso

haber allí lengua, de la cual gente que iba en la barca ciertas personas

saltaron en tierra, llegaron en tierra á un poblado de donde la gente

ya se habia escondido. Tomaron allí cinco ó seis mugeres y ciertos

mochachos, de las cuales las mas eran tambien de las cativas como en la

otra isla, porque tambien estos eran de los Caribes, segun ya sabiamos

por la relacion de las mugeres que traiamos. Ya que esta barca se queria

tornar á los navíos con su presa que habia fecho por parte debajo; por

la costa venia una canoa en que venian cuatro hombres é dos mugeres

é un mochacho, é desque vieron la flota maravillados se embebecieron

tanto que por una grande hora estovieron que no se movieron de un lugar

casi dos tiros de lombarda de los navíos. En esto fueron vistos de los

que estaban en la barca é aun de toda la flota. Luego los de la barca

fueron para ellos tan junto con la tierra, que con el embebecimiento

que tenian, maravillándose é pensando que cosa seria, nunca los vieron

hasta que estovieron muy cerca dellos, que no les pudieron mucho huir

aunque harto trabajaron por ello; pero los nuestros aguijaron con tanta

priesa que no se les pudieron ir. Los Caribes desque vieron que el hoir

no les aprovechaba, con mucha osadia pusieron mano á los arcos, tambien

las mugeres como los hombres; é digo con mucha osadia porque ellos no

eran mas de cuatro hombres y dos mugeres, é los nuestros mas de veinte

é cinco, de los cuales firieron dos, al uno dieron dos frechadas en

los pechos é al otro una por el costado, é sino fuera porque llevaban

adargas é tablachutas, é porque los invistieron presto con la barca é

les trastornaron su canoa, asaetearan con sus frechas los mas dellos.

E despues de trastornada su canoa quedaron en el agua nadando, é á las

veces haciendo pie, que allí habia unos bajos, é tovieron harto que hacer

en tomarlos, que todavía cuanto podian tiraban, é con todo eso el uno

no lo pudieron tomar sino mal herido de una lanzada que murió, el cual

trajeron ansi herido fasta les navíos. La diferencia destos á los otros

indios en el hábito, es que los de Caribe tienen el cabello muy largo,

los otros son tresquilados é fechas cien mil diferencias en las cabezas

de cruces, é de otras pinturas en diversas maneras, cada uno como se le

antoja, lo cual se hacen con cañas agudas. Todos ansi los de Caribe como

los otros es gente sin barbas, que por maravilla hallarás hombre que las

tenga. Estos Caribes que allí tomaron venian tiznados los ojos é las

cejas, lo cual me parece que hacen por gala, é con aquello parescian mas

espantables; el uno destos dice que en una isla dellos, llamada Cayre,

que es la primera que vimos, á la cual no llegamos, hay mucho oro; que

vayan allá con clavos é contezuelas para hacer sus canoas, é que traerán

cuanto oro quisieren. Luego aquel dia partimos de esta isla, que no

estariamos allí mas de seis ó siete horas, fuemos para otra tierra que

pareció á ojo que estaba en el camino que habiamos de facer: llegamos

noche cerca della. Otro dia de mañana fuimos por la costa della: era

muy gran tierra, aunque no era muy continua, que eran mas de cuarenta y

tantos islones, tierra muy alta, é la mas della pelada, la cual no era

ninguna ni es de las que antes ni despues habemos visto. Parescia tierra

dispuesta para haber en ella metales: á esta no llegamos para saltar en

tierra, salvo una carabela latina llegó á un islon de estos, en el cual

hallaron ciertas casas de pescadores. Las Indias que traiamos dijeron

que no eran pobladas. Andovimos por esta costa lo mas deste dia, hasta

otro dia en la tarde que llegamos á vista de otra isla llamada Burenquen,

cuya costa corrimos todo un dia: juzgábase que ternia por aquella banda

treinta leguas. Esta isla es muy hermosa y muy fértil á parecer: á estu

vienon los de Caribe á conquistar, de la cual llevaban mucha gente; estos

no tienen fustas ningunas nin saben andar por mar; pero, segun dicen

estos Caribes que tomamos, usan arcos como ellos, é si por caso cuando

los vienen á saltear los pueden prender tambien se los comen como los de

Caribe á ellos. En un puerto desta isla estovimos dos dias, donde saltó

mucha gente en tierra; pero jamas podimos haber lengua, que todos se

fuyeron como gente temorizadas de los Caribes. Todas estas islas dichas

fueron descubiertas deste camino, que fasta aquí ninguna dellas habia

visto el Almirante el otro viage, todos son muy hermosas é de muy buena

tierra; pero esta paresció mejor á todos: aquí casi se acabaron las islas

que fácia la parte de España habia dejado de ver el Almirante, aunque

tenemos por cosa cierta que hay tierra mas de cuarenta leguas antes de

estas primeras hasta España, porque dos dias antes que viesemos tierra

vimos unas aves que llaman rabihorcados, que son aves de rapiña marinas

é ni sientan ni duermen sobre el agua, sobre tarde rodeando sobir en

alto, é despues tiran su via á buscar tierra para dormir, las cuales

no podrian ir á caer segun era tarde de doce ó quince leguas arriba, y

esto era á la man derecha donde veniamos hasta la parte de España; de

donde todos juzgaron allí quedar tierra, lo cual no se buscó porque se

nos hacia rodeo para la via que traiamos. Espero que á pocos viages se

hallará. Desta isla sobredicha partimos una madrugada, é aquel dia, antes

que fuese noche, hobimos vista de tierra, la cual tampoco era conocida de

ninguno de los qua habian venido el otro viage; pero por las nuevas de

las indias que traiamos sospechamos que era la Española, en la cual agora

estamos. Entre esta isla é la otra de Buriquen parecia de lejos otra,

aunque no era grande. Desque llegamos á esta Española, por el comienzo

de alla era tierra baja y muy llana, del conocimiento de la cual aun

estaban todos dubdosos si fuese la que es, porque aquella parte nin el

Almirante ni los otros que con él vinieron habian visto, é aquesta isla

como es grande es nombrada por provincias, e á esta parte que primero

llegamos llaman Hayti, y luego á la otra provincia junta con esta llaman

Xamaná, é á la otra Bohio; en la cual agora estamos; ansi hay en ellas

muchas provincias porque es gran cosa, porque segun afirman los que la

han visto por la costa de largo, dicen que habrá doscientas leguas: á

mi me parece que á lo menos habrá ciento é cincuenta; del ancho della

hasta agora no se sabe. Alla es ido cuarenta dias ha á rodearla una

carebela, la cual no es venida hasta hoy. Es tierra muy singular, donde

hay infinitos rios grandes é sierras grandes é valles grandes rasos,

grandes montañas: sospecho que nunca se secan las yerbas en todo el año.

Non creo que hay invierno ninguno en esta nin en las atras, porque por

Navidad se fallan muchos nidos de aves, dellas con pájaros, é dellas con

huevos. En ella ni en las otras nunca se ha visto animal de cuatro pies,

salvo algunos perros de todas colores como en nuestra patria, la hechura

como unos gosques grandes; de animales salvages no hay. Otrosí, hay un

animal de color de conejo é de su pelo, el grandor de un conejo nuevo,

el rabo largo, los pies é manos como de raton, suben por los árboles,

muchos los han comido, dicen que es muy bueno de comer: hay culebras

muchas no grandes; lagartos aunque no muchos, porque los indios hacen

tanta fiesta dellos como hariamos allá con faisanes, son del tamaño

de los de allá, salvo que en la hechura son diferentes, aunque en una

isleta pequeña, que está junto con un puerto que llaman Monte Christo,

donde estovimos muchos dias, vieron muchos dias un lagarto muy grande

que decian que seria de gordura de un becerro é atan complido como una

lanza, é muchas veces salieron por lo matar, é con la mucha espesura se

les metia en la mar, de manera que no se pudo haber dél derecho. Hay en

esta isla y en las otras infinitas aves de las de nuestra patria, é otras

muchas que allá nunca se vieron: de las aves domésticas nunca se ha visto

acá ninguna, salvo en la Zuruquia habia en las casas unas ánades, las

mas dellas blancas como la nieve é algunas dellas negras, muy lindas,

con crestas rasas, mayores que las de allá, menores que ánsares. Por

la costa desta isla corrimos al pie de cien leguas porque hasta donde

el Almirante habia dejado la gente, habria en este compás, que será en

comedio ó en medio de la isla. Andando por la provincia della llamada

Xamaná, en derecho echamos en tierra uno de los indios quel etro viage

habian llevado vestido, é con algunas cosillas quel Almirante le habia

mandado dar. Aquel dia se nos murió un marinero vizcaino que habia seido

herido de los Caribes, que ya dije que se tomaron, por su mala guarda,

ó porque ibamos por costa de tierra, dióse lugar que saliese una barca

á enterrarlo, é fueron en reguarda de la barca dos carabelas cerca con

tierra. Salieron á la barca en llegando en tierra muchos indios, de los

cuales algunos traian oro al cuello, é á las orejas; querian venir con

los cristianos á los navíos, é no los quisieron traer, porque no llevaban

licencia del Almirante; los cuales desque vieron que no los querian traer

se metieron dos dellos en una canoa pequeña, é se vinieron á una carabela

de las que se habian acercado á tierra, en la cual los recibieron con

su amor, é trajéronlos á la nao del Almirante, é dijeron, mediante un

interprete, que un Rey fulano les enviaba á saber que gente eramos, é

á rogar que quisiesemos llegar á tierra, porque tenian mucho oro é le

darian dello, é de lo que tenian de comer: el Almirante les mandó dar

sendas camisas é bonetes é otras cosillas, é les dijo que porque iba á

donde estaba Guacamarí non se podria detener, que otro tiempo habria que

le pudiese ver, é con esto se fueron. No cesamos de andar nuestro camino

fasta llegar á un puerto llamado Monte Cristi, donde estuvimos dos dias

para ver la disposicion de la tierra, porque no habia parecido bien

al Almirante el logar donde habia dejado la gente para hacer asiento.

Decendimos en tierra para ver la dispusicion: habia cerca de allí un gran

rio de muy buena agua; pero es toda tierra anegada é muy indispuesta

para habitar. Andando veyendo el rio é tierra hallaron algunos de los

nuestros en una parte dos hombres muertos junto con el rio, el uno con

un lazo al pescuezo y el otro con otro al pie, esto fue el primero dia.

Otro dia siguiente hallaron otros dos muertos mas adelante de aquellos,

el uno destos estaba en disposicion que se le pudo conocer tener muchas

barbas. Algunos de los nuestros sospecharon mas mal que bien, é con

razon, porque los indios son todos desbarbados, como dicho he. Este

puerto está del lugar donde estaba la gente cristiana doce leguas:

pasados dos dias alzamos velas para el lugar donde el Almirante habia

dejado la sobredicha gente, en compañía de un Rey destos indios, que se

llamaba Guacamarí, que pienso ser de los principales desta isla. Este

dia llegamos en derecho de aquel lugar; pero era ya tarde, é porque allí

habia unos bajos donde el otro dia se habia perdido la nao en que habia

ido el Almirante, no osamos tomar el puerto cerca de tierra fasta que

otro dia de mañana se desfondase é pudiesen entrar seguramente: quedamos

aquella noche no una legua de tierra. Esa tarde, viniendo para allí de

lejos, salió una canoa en que parescian cinco ó seis indios, los cuales

venian á prisa para nosotros. El Almirante creyendo que nos seguraba

hasta alzarnos, no quiso que los esperasemos, é porfiando llegaron hasta

un tiro de lombarda de nosotros, é parabanse á mirar, é desde allí desque

vieron que no los esperabamos dieron vuelta é tornaron su via. Despues

que surgimos en aquel lugar sobredicho tarde, el Almirante mandó tirar

dos lombardas á ver si respondian los cristianos que habian quedado con

el dicho Guacamarí, porque tambien tenian lombardas, los cuales nunca

respondieron ni menos parescian huegos ni señal de casas en aquel lugar,

de lo qual se desconsoló mucho la gente é tomaron la sospecha que de

tal caso se debia tomar. Estando ansi todos muy tristes, pasadas cuatro

ó cinco horas de la noche, vino la misma canoa que esa tarde habiamos

visto, é venia dando voces, preguntando por el Almirante un Capitan de

una carabela donde primero llegaron: trajéronlos á la nao del Almirante,

los cuales nunca quisieron entrar hasta que el Almirante los hablase;

demandaron lumbre para lo conocer, é despues que lo conocieron entraron.

Era uno dellos primo del Guacamarí, el cual los habia enviado otra vez.

Despues que se habian tornado aquella tarde traian caratulas de oro

que Guacamarí enviaba en presente; la una para el Almirante é la otra

para un Capitan quel otro viage habia ido con él. Estovieron en la nao

hablando con el Almirante en presencia de todos por tres horas mostrando

mucho placer, preguntándoles por los Cristianos que tales estaban: aquel

pariente dijo que estaban todos buenos, aunque entro ellos habia algunos

muertos de dolencia é otros de diferencia que habia contecido entre

ellos, é que Guacamarí estaba en otro lugar ferido en una pierna é por

eso no habia venido, pero que otro dia vernia; porque otros dos Reyes,

llamado el uno Caonabó y el otro Mayrení, habian venido á pelear con él

é que le habian quemado el logar; é luego esa noche se tornaron diciendo

que otra dia vernian con el dicho Guacamarí, é con esto nos dejaron por

esa noche consolados. Otro dia en la mañana estovimos esperando que

viniese el dicho Guacamarí, é entretanto saltaron en tierra algunos por

mandado del Almirante, é fueron al lugar donde solian estar, é halláronle

quemado un cortijo algo fuerte con una palizada, donde los Cristianos

habitaban, é tenian lo suyo quemado é derribado, é ciertas bernias é

ropas que los indios habian traido á echar en la casa. Los dichos indios

que por allí parecian andaban muy cahareños, que no se osaban allegar á

nosotros, antes huian; lo cual no nos pareció bien porque el Almirante

nos habia dicho que en llegando á quel lugar salian tantas canoas dellos

á bordo de los navíos á vernos que no nos podriamos defender dellos, é

que en el otro viage ansí lo facian; é como agora veiamos que estaban

sospechosos de nosotros no nos parecia bien, con todo halagándoles aquel

dia é arrojándolos algunas cosas, ansi como cascabeles é cuentas, hobo de

asegurarse un su pariente del dicho Guacamarí é otros tres, los cuales

entraron en la barca é trajéronlos á la nao. Despues que le preguntaron

por los Cristianos dijeron que todos eran muertos, aunque ya nos lo

habia dicho un indio de los que llevabamos de Castilla que lo habian

hablado los dos indios que antes habian venido á la nao, que se habian

quedado á bordo de la nao con su canao, pero lo ne habiamos creido. Fue

preguntado á este pariente do Guacamarí quien los habia muerto: dijo

que el Rey de Canoabó y el Rey Mayrení, é que le quemaron las cosas del

lugar, que estaban dellos muchos heridos, é tambien él dicho Guacamarí

estaba pasado un muslo, y él que estaba en otro lugar y que él queria ir

luego allá á lo llamar, al cual dieron algunas cosas, é luego se partió

para donde estaba Guacamarí. Todo aquel dia los estobimos esperando,

é desque vimos que no venian, muchos tenian sospecha que se habian

ahogado los indios que antenoche habian venido, porque los habian dado

á beber dos ó tres veces de vino, é venian en una canoa pequeña que se

los podria trastornar. Otro dia de mañana salió á tierra el Almirante é

algunos de nosotros, é fuemos donde solia estar la villa, la cual nos

vimos toda quemada é los vestidos de los cristianos se hallaban por

aquella yerba. Por aquella hora no vimos ningun muerto. Habia entre

nosotros muchas razones diferentes, unos sospechando que el mismo

Guacamarí fuese en la traicion ó muerte de los Cristianos, otros les

parecia que no, pues estaba quemada su villa, ansí que la cosa era mucho

para dudar. El Almirante mandó catar todo el sitio donde los Cristianos

estaban fortalecidos porquel los habia mandado que desque toviesen

alguna cantidad de oro que lo enterrasen. Entretanto que esto se hacia

quiso llegar á ver á cerca de una legua do nos parecia que podria haber

asiento para poder edificar una villa porque ya era tiempo, adonde fuimos

ciertos con él mirando la tierra por la costa, fasta que llegamos á un

poblado donde habia siete ú ocho casas; las quales habian desamparado

los indios luego que nos vieron ir, é llevaron lo que pudieron é lo otro

dejaron escondido entre yerbas junto con las casas, que es gente tan

bestial que no tienen discrecion para buscar lugar para habitar, que los

que viven á la marina es maravilla cuan bestialmente edifican, que las

casas enderedor tienen tan cubiertas de yerba ó de humidad, que estoy

espantado como viven. En aquellas casas hallamos muchas cosas de los

Cristianos, las cuales no se creian que ellos hobiesen rescatado, ansí

como una almalafa muy gentil, la cual no se habia descogido de como la

llevaron de Castilla, é calzas é pedazos de paños, é una ancla de la

nao quel Almirante habia allí perdido el otro viage, é otras cosas, de

las cuales mas se esforzó nuestra opinion; y de acá hallamos, buscando

las cosas que tenian guardadas en una esportilla mucho cosida é mucho á

recabdo, una cabeza de hombre mucho guardada. Allí juzgamos por entonces

que seria la cabeza de padre ó madre, ó de persona que mucho querian.

Despues he oido que hayan hallado muchas desta manera, por donde creo

ser verdad lo que allí juzgamos; desde allí nos tornamos. Aquel dia

venimos por donde estaba la villa, y cuando llegamos hallamos muchos

indios que se habian asegurado y estaban rescatando oro: tenian rescatado

fasta un marco: hallamos que habian mostrado donde estaban muertos once

cristianos, cubiertos ya de la yerba que habia crecido sobre ellos, é

todos hablaban por una boca que Caonabó é Mayreni les habian muerto; pero

con todo eso asomaban queja que los Cristianos uno tenia tres mugeres,

otro cuatro, doude creemos quel mal que les vino fue de zelos. Otro dia

de mañana, porque en todo aquello no habia logar dispuesto para nosotros

poder hacer asiento, acordó el Almirante fuese una carabela á una parte

para mirar lugar conveniente, é algunos que fuimos con él fuimos á otra

parte, á do hallamos un puerto muy seguro é muy gentil disposicion de

tierra para habitar, pero porque estaba lejos de donde nos deseabamos

que estaba la mina de oro, no acordó el Almirante de poblar sino en otra

parte que fuese mas cierta si se hallase conveniente disposicion. Cuando

venimos deste lugar hallamos venida la otra carabela que habia ido á la

otra parte á buscar el dicho lugar en la cual habio ido Melchior e otros

cuatro ó cinco hombres de pro. E yendo costeando por tierra salió á ellos

una canoa en que venian dos indios, el uno era hermano de Guacamarí, el

cual fue conocido por un piloto que iba en la dicha carabela, é preguntó

quien iba allí, al cual, dijeron los hombres principales, dijeron que

Guacamarí les rogaba que se llegasen á tierra, donde él tenia su asiento

con fasta cincuenta casas. Los dichos prencipales saltaron en tierra con

la barca é fueron donde él estaba, el cual fallaron en su cama echado

faciendo del doliente ferido. Fablaron con él preguntándole por los

Cristianos: respondió concertando con la mesma razon de los otros, que

era que Caonabó é Mayreni los habian muerto, é que á él habian ferido

en un muslo, el cual mostró ligado: los que entonces lo vieron ansí

les pareció que era verdad como él lo dijo: al tiempo del despedirse

dió á cada uno dellos una joya de oro, á cada uno como le pareció que

lo merescia. Este oro facian en fojas muy delgadas, porque lo quieren

para facer carátulas é para poderse asentar en betun que ellos facen,

si así no fuese no se asentaria. Otro facen para traer en la cabeza é

para colgar en las orejas é narices, ansí que todavía es menester que

sea delgado, pues que ellos nada desto hacen por riqueza salvo por buen

parecer. Dijo el dicho Guacamarí por señas e como mejor pudo, que porque

él estaba ansí herido que dijesen al Almirante que quisiese venir á

verlo. Luego quel Almirante llegó los sobredichos le contaron este caso.

Otro dia de mañana acordó partir para allá, al cual lugar llegariamos

dentro de tres horas, porque apenas habria dende donde estábamos allá

tres leguas; ansí que cuando allí llegamos era hora de comer; comimos

ante de salir en tierra. Luego que hobimos comido mandó el Almirante que

todos los Capitanes viniesen con sus barcas para ir en tierra, porque

ya esa mañana antes que partiesemos de donde estábamos habia venido el

sobredicho su hermano á hablar con el Almirante, é á darle priesa que

fuese al lugar donde estaba el dicho Guacamari. Allí fue el Almirante á

tierra é toda la gente de pro con él, tan ataviados que en una cibdad

prencipal parecieran bien: llevó algunas cosas para le presentar porque

ya habia recibido dél alguna cantidad de oro, é era razon le respondiese

con la obra é voluntad quel habia mostrado. El dicho Guacamarí ansí mismo

tenia aparejado para hacerle presente. Cuando llegamos hallámosle echado

en su cama, como ellos lo usan, colgado en el aire, fecha una cama de

algodon como de red; no se levantó, salvo dende la cama hizo el semblante

de cortesia como él mejor sopo, mostró mucho sentimiento con lágrimas

en los ojos por la muerte de los Cristianos, é comenzó á hablar en ello

mostrando, como mejor podia, como unos murieron de dolencia, é como otros

se habian ido á Caonabó á buscar la mina del oro é que allí los habian

muerto, é los otros que se los habian venido á matar allí en su villa. A

lo que parecian los cuerpos de los muertos no habia dos meses que habia

acaecido. Esa hora el presentó al Almirante ocho marcos y medio de oro, é

cinco ó seiscientos labrados de pedreria de diversos colores, é un bonete

de la misma pedrería, lo cual me parece deben tener ellos en mucho. En el

bonete estaba un joyel, lo cual le dió en mucha veneracion. Paraceme que

tienen en mas el cobre quel oro. Estábamos presentes yo y un zurugiano

de armada; entonces dijo el Almirante al dicho Guacamarí que nosotros

eramos sabios de las enfermedades de los hombres que nos quisiese mostrar

la herida: él respondió que le placia, para lo cual yo dije que seria

necesario, si pudiese, que saliese fuera de casa, porque con la mucha

gente estaba escura é no se podria ver bien; lo cual él fizo luego, creo

mas de empacho que de gana; arrimándose á el salió fuera. Despues de

asentado, llego el zurugiano á él é comenzó de desligarle: entonces dijo

al Almirante que era ferida fecha con ciba, que quiere decir con piedra.

Despues que fue desatada llegamos á tentarle. Es cierto que no tenia mas

mal en aquella que en la otra, aunque él hacia del raposo que le dolia

mucho. Ciertamente no se podia bien determinar porque las razones eran

ignotas, que ciertamente muchas cosas habia que mostraban haber venido

á él gente contraria. Ansimesmo el Almirante no sabia que se hacer:

parescióle, é á otros muchos, que por entonces fasta bien saber la verdad

que se debia disimular, porque despues de sabida, cada que quisiesen,

se podia dél recibir enmienda. E aquella tarde se vino con el Almirante

á las naos, é mostráronle caballos é cuanto ahí habia, de lo cual quedó

muy maravillado como de cosa estraña á él; tomó colacion en la nao, é esa

tarde luego se tornó á su casa: el Almirante dijo que queria ir á habitar

allí con él é queria facer casas, y él respondió que le placia, pero que

el lugar era mal sano porque era muy humido, é tal era él por cierto.

Esto todo pasaba estando por intérpretes dos indios de los que el otro

viage habian ido á Castilla, los cuales habian quedado vivos de siete que

metimos en el puerto, que los cinco se murieron en el camino, los cuales

escaparon á uña de caballo. Otro dia estuvimos surtos en aquel puerto; é

quiso saber cuando se partiria el Almirante: le mandó decir que otro dia.

En aquel dia vinieron á la nao el sobredicho hermano suyo é otros con él,

é trajeron algun oro para rescatar. Ansí mesmo el dia que allá salimos se

rescató buena cantidad de oro. En la nao habia diez mugeres de las que se

habian tomado en las islas de Cariby; eran las mas dellas de Boriquen.

Aquel hermano de Guacamarí habló con ellas: creemos que les dijo lo que

luego esa noche pusieron por obra y es que al primer sueño muy mansamente

se echaron al agua é se fueron á tierra, de manera que cuando fueron

falladas menos iban tanto trecho que con las barcas no pudieron tomar

mas de las cuatro, las cuales tomaron al salir del agua; fueron nadando

mas de una gran media legua. Otro dia de mañana envió el Almirante á

decir á Guacamarí que le enviase aquellas mugeres que la noche antes se

habian huido, é que luego las mandase buscar. Cuando fueren hallaron

el lugar despoblado, que no estaba persona en el: ahí tornaron muchos

fuerte á afirmar su sospecha, otros decian que se habria mudado á otra

poblacion quellos ansí lo suelen hacer. Aquel dia estovimos allí quedos

por que el tiempo era contrario para salir: otro dia de mañana acordó

el Almirante, pues que el tiempo era contrario, que seria bien ir con

las barcas á ver un puerto la costa arriba, fasta el cual habria dos

leguas, para ver si habria dispusicion de tierra para hacer habitacion;

donde fuemos con todas las barcas de los navíos dejando los navíos en el

puerto. Fuimos corriendo toda la costa, é tambien estos no se seguraban

bien de nosotros; llegamos á un lugar de donde todos eran huidos. Andando

por él fallamos junto con las casas, metido en el monte, un indio ferido

de una vara, de una ferida que resollaba por las espaldas, que no habia

podido huir mas lejos. Los desta isla pelean con unas varas agudas, las

cuales tiran con unas tiranderas como las que tiran los mochachos las

varillas en Castilla, con las cuales tiran muy lejos asaz certero. Es

cierto que para gente desarmada que pueden hacer harto daño. Este nos

dijo que Caonabó é los suyos lo habian ferido, é habian quemado las casas

á Guacamarí. Ansí quel poco entender que los entendemos é las razones

equívocas nos han traido á todos tan afuscados que fasta agora no se

ha podido saber la verdad de la muerte de nuestra gente, é no hallamos

en aquel puerto dispusicion saludable parer hacer habitacion. Acordó

el Almirante nos tornásemos por la costa arriba por do habiámos venido

de Castilla, porque la nueva del oro era fasta allá. Fuenos el tiempo

contrario, que mayor pena nos fue tornar treinta leguas atrás que venir

desde Castilla, que con el tiempo contrario é la largueza del camino ya

eran tres meses pasados cuando decendimos en tierra. Plugó á nuestro

Señor que por la contrariedad del tiempo que no nos dejó ir mas adelante,

hobimos de tomar tierra en el mejor sitio y dispusicion que pudieramos

escoger, donde hay mucho buen puerto é grrn pesquería, de la cual tenemos

mucha necesidad por el carecimiento de las carnes. Hay en esta tierra muy

singular pescado mas sano quel de España. Verdad sea que la tierra no

consiente que se guarde de un dia para otro porque es caliente é humida,

é por ende luego las cosas introfatibles ligeramente se corrompen. La

tierra es muy gruesa para todas cosas; tiene junto un rio prencipal é

otro razonable, asaz cerca de muy singular agua: edificase sobre la

ribera dél una cibdad Marta, junto quel lugar se deslinda con el agua, de

manera que la metad de la cibdad queda cercada de agua con una barranca

de peña tajada, tal que por allí no ha menester defensa ninguna; la otra

metad está cercada de una arboleda espesa que apenas podrá un conejo

andar por ella; es tan verde que en ningun tiempo del mundo fuego la

podrá quemar: hase comenzado á traer un brazo del rio, el cual dicen los

maestros que trairán por medio del lugar, é asentarán en él moliendas é

sierras de agua, é cuanto se pudiere hacer con agua. Han sembrado mucha

hortaliza, la cual es cierto que crece mas en ocho dias que en España en

veinte. Vienen aquí continuamente muchos indios é caciques con ellos,

que son como capitanes dellos, é muchas indias: todos vienen cargados de

_ages_, que son como nabos, muy excelente manjar, de los cuales facemos

acá muchas maneras de manjares en cualquier manera; es tanto cordial

Select letters of Christopher Columbus · 第 14 / 31 段