Es imposible que un corazon jóven deje de amar la libertad bajo todas
sus formas. Por eso amamos nosotros la causa santa de la independencia
de las repúblicas de América.
Pero debemos confesar, en obsequio de la verdad, que entre el pabellon
de las banderas americanas que simbolizan la libertad i la nacionalidad
de esas repúblicas, ninguna ha despertado mas nuestro interés, desde que
éramos niños, que la bandera cubana, por lo mismo que la hemos visto,
con tristeza, flamear en manos de una nacion cautiva, que lucha heróica
por romper sus cadenas.
Hé aquí por qué, en una ocasion solemne deciamos, entre otras cosas, lo
siguiente:
"Miembros de la misma familia que la nuestra, los bizarros hermanos de
Plácido, tienen las mismas propensiones i el mismo derecho al desarrollo
de la libertad; i si causas estrañas les han impedido asistir al
próspero festin del progreso político, la lójica de la fraternidad nos
obliga a reservarles su asiento, o mas bien, a contribuir para que
lleguen a él. La independencia i el dogma de la soberanía popular, bases
de la teoría social de todos los estados americanos, no puede
ursurpársele a la isla batalladora de Cuba, sin herir su conciencia
íntima i seguir un rumbo contrario a la corriente incontrastable del
progreso humano."
"Sin embargo, el atrasado espíritu del español moderno, que parece haber
heredado todos los vicios sin poseer las virtudes del antiguo i
caballeresco hidalgo, se empeña en consumar en aras de la civilizacion,
el menguado sacrificio de la perla de las Antillas, agraviando a la faz
de la América, la humanidad entera."
"La revolucion de Cuba es una sombria trajedia que se desenvuelve ante
la fria espectacion de un mundo estóico, i en la que, mientras el bravo
isleño cruza su espada con el enemigo i quema sus cartuchos en el mas
completo aislamiento, el gabinete de Washington, de lo alto de la
Casa-Blanca, i los pueblos vecinos desde el fondo del golfo de Méjico,
contemplan impasibles ese siniestro espectáculo, como si se tratase de
las cambiantes luces de los _fuegos de Bengala_, al mismo tiempo que las
diferentes secciones del continente de Bolívar i San Martin, miran a la
isla que está jugando sus destinos, con la serenidad del que divisa una
roca atlántica batida por la tempestad!.."
"Ahora bien, hubo en esa trajedia sombria, de que acabamos de hablar, un
personaje que descollaba, en la escena, llevando en su corazon el
ardiente sol los de trópicos; un personaje que hasta ahora se le
contempla aun al través de la distancia, i envuelto por las brumas del
tiempo que pasó. I se le contempla erguida la cabeza, de pié sobre
aquella roca batida por la tempestad, llevando en los piés las cadenas
del esclavo, en la mano la lira del poeta i en la frente la guirnalda
del héroe. Ese hombre, es _el mulato Plácido o el poeta mártir_!"
Su tipo, desde luego, es un tipo raro.--Su vida, de suyo, es una
romántica leyenda. Nosotros hemos rastreado la huella luminosa de esa
vida para hacer de Plácido el protagonista del romance que hoi ofrecemos
al público, no sin pedirle nuestros perdones, i reclamar su
induljencia.