Pasados cinco dias, llegaron Andrès Dorantes, i Alonso del Castillo, con

los que havian ido por ellos, i traìan consigo mas de seiscientas

Personas, que eran de aquel Pueblo, que los Christianos havian hecho

subir al Monte, i andaban escondidos por la Tierra, i los que hasta alli

con nosotros havian venido, los havian sacado de los Montes, i entregado

à los Christianos, i ellos havian despedido todas las otras Gentes, que

hasta alli havian traìdo; i venidos adonde Yo estaba, Alcaràz me rogò,

que embiasemos à llamar la Gente de los Pueblos, que estàn à vera del

Rio, que andaban ascondidos por los Montes de la Tierra, i que les

mandasemos que truxesen de comer, aunque esto no era menester, porque

ellos siempre tenian cuidado de traernos todo lo que podian; i embiamos

luego nuestros Mensageros à que los llamasen, i vinieron seiscientas

Personas, que nos truxeron todo el Maìz que alcançaban, i traìanlo en

vnas ollas tapadas con barro, en que lo havian enterrado, i escondido, i

nos truxeron todo lo mas que tenian, mas nosotros no quisimos tomar de

todo ello, sino la comida, i dimos todo lo otro à los Christianos, para

que entre sì lo repartiesen; i despues de esto pasamos muchas, i grandes

pendencias con ellos, porque nos querian hacer los Indios que traìmos

Esclavos; i con este enojo, al partir dexamos muchos Arcos Turquescos,

que traìamos, i muchos Çurrones, i Flechas, i entre ellas las cinco de

las Esmeraldas, que no se nos acordò de ellas, i ansi las perdimos.

Dimos à los Christianos muchas Mantas de Vaca, i otras cosas que

traìamos: vimonos con los Indios en mucho trabajo, porque se bolviesen à

sus Casas, i se asegurasen, i sembrasen su Maìz. Ellos no querian sino

ir con nosotros, hasta dexarnos, como acostumbraban, con otros Indios;

porque si se bolviesen sin hacer esto, temian que se moririan, que para

ir con nosotros no temian à los Christianos, ni à sus Lanças. A los

Christianos les pesaba de esto, i hacian, que su Lengua les dixese, que

nosotros eramos de ellos mismos, i nos haviamos perdido muchos tiempos

havia, i que eramos Gente de poca suerte, i valor, i que ellos eran los

Señores de aquella Tierra, à quien havian de obedescer, i servir. Mas

todo esto los Indios tenian en mui poco, ò nonada de lo que les decian:

antes vnos con otros, entre sì platicaban, diciendo, que los Christianos

mentian, porque nosotros veniamos de donde salia el Sol, i ellos donde

se pone: i que nosotros sanabamos los enfermos, i ellos mataban los que

estaban sanos: i que nosotros veniamos desnudos, i descalços, i ellos

vestidos, i en Caballos, i con Lanças: i que nosotros no teniamos

cobdicia de ninguna cosa, antes todo quanto nos daban, tornabamos luego

à dàr, i con nada nos quedabamos, i los otros no tenian otro fin, sino

robar todo quanto hallaban, i nunca daban nada à nadie; i de esta manera

relataban todas nuestras cosas, i las encarescian por el contrario de

los otros; i asi les respondieron à la Lengua de los Christianos, i lo

mismo hicieron saber à los otros, por vna Lengua, que entre ellos havia,

con quien nos entendiamos, i aquellos que la vsan llamamos propriamente

Primahaitu (que es como decir Vascongados) la qual mas de quatrocientas

Leguas de las que anduvimos, hallamos vsada entre ellos, sin haver otra

por todas aquellas Tierras. Finalmente nunca pudo acabar con los Indios

creer, que eramos de los otros Christianos, i con mucho trabajo, i

importunacion los hecimos bolver à sus Casas, i les mandamos, que se

asegurasen, i asentasen sus Pueblos, i sembrasen, i labrasen la Tierra,

que de estàr despoblada estaba ià mui llena de Monte, la qual sin dubda

es la mejor de quantas en estas Indias ai, i mas fertil, i abundosa de

Mantenimientos, i siembran tres veces en el Año. Tiene muchas Frutas, i

mui hermosos Rios, i otras muchas Aguas mui buenas. Ai muestras grandes,

i señales de Minas de Oro, i Plata: la Gente de ella es mui bien

acondicionada: sirven à los Christianos (los que son Amigos) de mui

buena voluntad. Son mui dispuestos mucho mas que los de Mexico; i

finalmente, es Tierra, que ninguna cosa le falta; para ser mui buena.

Despedidos los Indios, nos dixeron, que harian lo que mandabamos, i

asentarian sus Pueblos, si los Christianos los dexaban; i Yo asi lo

digo, i afirmo por mui cierto, que si no lo hicieren, serà por culpa de

los Christianos.

Despues que hovimos embiado à los Indios en paz, i regraciadoles el

trabajo, que con nosotros havian pasado, los Christianos nos embiaron

(debaxo de cautela) à vn Cebreros, Alcalde, i con èl otros dos. Los

quales nos llevaron por los Montes, i despoblados, por apartarnos de la

conversacion de los Indios, i porque no viesemos, ni entendiesemos lo

que de hecho hicieron: donde paresce quanto se engañan los pensamientos

de los Hombres, que nosotros andabamos à les buscar libertad, i quando

pensabamos que la teniamos, sucediò tan al contrario, porque tenian

acordado de ir à dàr en los Indios que embiabamos, asegurados, i de paz;

i ansi como lo pensaron, lo hicieron: llevaronnos por aquellos Montes

dos dias, sin Agua, perdidos, i sin camino, i todos pensamos perescer de

sed, i de ella se nos ahogaron siete Hombres, i muchos Amigos, que los

Christianos traìan consigo, no pudieron llegar hasta otro dia à medio

dia, adonde aquella noche hallamos nosotros el Agua: i caminamos con

ellos veinte i cinco Leguas, poco mas, ò menos; i al fin de ellas

llegamos à vn Pueblo de Indios de Paz; i el Alcalde que nos llevaba nos

dexò alli, i el pasò adelante otras tres Leguas à vn Pueblo, que se

llamaba Culiaçàn, adonde estaba Melchior Diaz, Alcalde Maior, i Capitan

de aquella Provincia.

_CAP. XXXV. De como el Alcalde Maior nos rescibiò bien la noche que

llegamos._

Como el Alcalde Maior fue avisado de nuestra salida, i venida, luego

aquella noche partiò, i vino adonde nosotros estabamos, i llorò mucho

con nosotros, dando loores à Dios Nuestro Señor, por haver vsado de

tanta misericordia con nosotros, i nos hablò, i tratò mui bien; i de

parte del Governador Nuño de Guzmàn, i suia, nos ofresciò todo lo que

tenia, i podia: i mostrò mucho sentimiento de la mala acogida, i

tratamiento, que en Alcaràz, i los otros haviamos hallado; i tuvimos por

cierto, que si èl se hallàra alli, se escusara lo que con nosotros, i

con los Indios se hiço; i pasada aquella noche, otro dia nos partimos, i

el Alcalde Maior nos rogò mucho, que nos detuviesemos alli, i que en

esto hariamos mui gran servicio à Dios, i á V. Mag. porque la Tierra

estaba despoblada, sin labrarse, i toda mui destruìda, i los Indios

andaban escondidos, i huìdos por los Montes, sin querer venir à hacer

asiento en sus Pueblos, i que los embiasemos à llamar, i les mandasemos,

de parte de Dios, i de V. Mag. que viniesen, i poblasen en lo llano, i

labrasen la Tierra. A nosotros nos paresciò esto mui dificultoso de

poner en efecto, porque no traìmos Indio ninguno de los nuestros, ni de

los que nos solian acompañar, i entender en estas cosas. En fin,

aventuramos à esto dos Indios de los que traìan alli captivos, que eran

de los mismos de la Tierra, i estos se havian hallado con los

Christianos, quando primero llegamos à ellos, i vieron la Gente que nos

acompañaba, i supieron de ellos la mucha autoridad, i dominio, que por

todas aquellas Tierras haviamos traìdo, i tenido, i las maravillas, que

haviamos hecho, i los enfermos que haviamos curado, i otras muchas

cosas; i con estos Indios mandamos à otros del Pueblo, que juntamente

fuesen, i llamasen los Indios, que estaban por las Sierras alçados, i

los del Rio de Petaan, donde haviamos hallado à los Christianos, i que

les dixesen, que viniesen à nosotros, porque les queriamos hablar; i

para que fuesen seguros, i los otros viniesen, les dimos vn Calabaçon de

los que nosotros traìamos en las manos (que era nuestra principal

insignia, i muestra de gran estado) i con este ellos fueron, i

anduvieron por alli siete dias, i al fin de ellos vinieron, i truxeron

consigo tres Señores de los que estaban alçados por las Sierras, que

traìan quince Hombres, i nos truxeron Cuentas, i Turquesas, i Plumas; i

los Mensageros nos dixeron, que no havian hallado à los Naturales del

Rio donde haviamos salido, porque los Christianos los havian hecho otra

vez huir à los Montes; i el Melchior Diaz dixo à la Lengua, que de

nuestra parte les hablase à aquellos Indios, i les dixese, como venia de

parte de Dios, que està en el Cielo, i que haviamos andado por el Mundo

muchos Años, diciendo à toda la Gente, que haviamos hallado, que

creiesen en Dios, i lo sirviesen, porque era Señor de todas quantas

cosas havia en el Mundo, i que èl daba galardon, i pagaba à los buenos,

i pena perpetua de fuego à los malos; i que quando los buenos morian,

los llevaba al Cielo, donde nunca nadie moria, ni tenian hambre, ni

frio, ni sed, ni otra necesidad ninguna, sino la maior gloria, que se

podria pensar; i que los que no le querian creer, ni obedescer sus

Mandamientos, los echaba debaxo la Tierra, en compañia de los Demonios,

i en gran fuego, el qual nunca se havia de acabar, sino atormentarlos

para siempre; i que allende de esto, si ellos quisiesen ser Christianos,

i servir à Dios, de la manera que les mandasemos, que los Christianos

les ternian por Hermanos, i los tratarian mui bien, i nosotros les

mandariamos, que no les hiciesen ningun enojo, ni los sacasen de sus

Tierras, sino que fuesen grandes Amigos suios: mas que si esto no

quisiesen hacer, los Christianos les tratarian mui mal, i se los

llevarian por Esclavos à otras Tierras. A esto respondieron à la Lengua,

que ellos serian mui buenos Christianos, i servirian à Dios; i

preguntados en què adoraban, i sacrificaban, i à quien pedian el Agua

para sus Maìçales, i la salud para ellos? Respondieron, que à vn Hombre

que estaba en el Cielo. Preguntamosles, como se llamaba? Y dixeron, que

Aguar, i que creìan, que èl havia criado todo el Mundo, i las cosas de

èl. Tornamosles à preguntar, como sabian esto? Y respondieron, que sus

Padres, i Abuelos se lo havian dicho, que de muchos tiempos tenian

noticia de esto, i sabian, que el Agua, i todas las buenas cosas las

embiaba aquel. Nosotros les diximos, que aquel que ellos decian,

nosotros lo llamabamos Dios, i que ansi lo llamasen ellos, i lo

sirviesen, i adorasen como mandabamos, i ellos se hallarian mui bien de

ello. Respondieron, que todo lo tenian mui bien entendido, i que asi lo

harian; i mandamosles, que baxasen de las Sierras, i viniesen seguros, i

en paz, i poblasen toda la Tierra, i hiciesen sus Casas, i que entre

ellas hiciesen vna para Dios, i pusiesen à la entrada vna Cruz, como la

que alli teniamos, i que quando viniesen alli los Christianos, los

saliesen à rescebir con las Cruces en las manos, sin los Arcos, i sin

Armas, i los llevasen à sus Casas, i les diesen de comer de lo que

tenian, i por esta manera no les harian mal, antes serian sus Amigos; i

ellos dixeron, que ansi lo harian como nosotros lo mandabamos: i el

Capitan les diò Mantas, i los tratò mui bien; i asi se bolvieron,

llevando los dos, que estaban captivos, i havian ido por Mensageros.

Esto pasò en presencia del Escrivano, que alli tenian, i otros muchos

Testigos.

_CAP. XXXVI. De como hecimos hacer Iglesias en aquella Tierra._

Como los Indios se bolvieron, todos los de aquella Provincia, que eran

Amigos de los Christianos, como tuvieron noticia de nosotros, nos

vinieron à vèr, i nos truxeron Cuentas, i Plumas; i nosotros les

mandamos, que hiciesen Iglesias, i pusiesen Cruces en ellas, porque

hasta entonces no las havian hecho; i hecimos traer los Hijos de los

Principales Señores, i baptiçarlos; i luego el Capitan hiço Pleito

omenage à Dios, de no hacer, ni consentir hacer entrada ninguna, ni

tomar Esclavo por la Tierra, i Gente, que nosotros haviamos asegurado; i

que esto guardaria, i cumpliria, hasta que su Magestad, i el Governador

Nuño de Guzmàn, ò el Visorrei en su nombre proveiesen en lo que mas

fuese servicio de Dios; i de su Mag. i despues de bautiçados los Niños,

nos partimos para la Villa de Sant Miguèl, donde como fuimos llegados

vinieron Indios, que nos dijeron, como mucha Gente bajaba de las

Sierras, i poblaban en lo llano, i hacian Iglesias, i Cruces, i todo lo

que les haviamos mandado: i cada Dia teniamos nuevas de como esto se iba

haciendo, i cumpliendo mas enteramente; i pasados quince Dias, que alli

aviamos estado, llegò Alcaraz con los Christianos que havian ido en

aquella entrada, i contaron al Capitan, como eran bajados de las Sierras

los Indios, i havian poblado en lo llano, i havian hallado Pueblos con

mucha Gente, que de primero estaban despoblados, i desiertos, i que los

Indios les salieron à recibir con Cruces en las manos, i los llevaron à

sus Casas, i les dieron de lo que tenian, i durmieron con ellos alli

aquella noche. Espantados de tal novedad, i de que los Indios les

dixeron, como estaban ià asegurados, mandò que no les hiciesen mal, i

ansi se despidieron. Dios Nuestro Señor por su infinita misericordia

quiera, que en los dias de V. Magestad, i debajo de vuestro Poder, i

Señorìo, estas Gentes vengan à ser verdaderamente, i con entera voluntad

sujetas al verdadero Señor que las criò, i redimiò. Lo qual tenemos por

cierto que asi serà, i que V. Magestad ha de Ser el que lo ha de poner

en efecto (que no serà tan dificil de hacer) porque dos mil Leguas que

anduvimos por Tierra, i por la Mar en las Barcas, i otros diez Meses que

despues de salidos de Captivos, sin parar anduvimos por la Tierra, no

hallamos Sacrificios, ni Idolatria. En este tiempo travesamos de vna Mar

à otra; i por la noticia que con mucha diligencia alcançamos à entender

de vna Costa à la otra, por lo mas ancho, puede haver docientas Leguas:

i alcançamos à entender, que en la Costa del Sur, ai Perlas, i mucha

riqueça, i que todo lo mejor, i mas rico està cerca della. En la Villa

de Sant Miguèl estuvimos hasta quince Dias del Mes de Maio; i la causa

de detenernos alli tanto, fue porque de alli hasta la Ciudad de

Compostela, donde el Governador Nuño de Guzman residia, ai cien Leguas,

i todas son despobladas, i de enemigos: i ovieron de ir con nosotros

Gente, con que iban veinte de Caballo, que nos acompañaron hasta

quarenta Leguas: i de alli adelante vinieron con nosotros seis

Christianos, que traìan quinientos Indios hechos Esclavos; i llegados en

Compostela, el Governador nos rescibiò mui bien, i de lo que tenia nos

diò de vestir: lo qual Yo por muchos Dias no pude traer, ni podiamos

dormir sino en el suelo: i pasados diez, ò doce Dias, partimos para

Mexico, i por todo el camino fuimos bien tratados de los Christianos, i

muchos nos salian à vèr por los Caminos, i daban gracias à Dios de

avernos librado de tantos peligros. Llegamos à Mexico Domingo, vn Dia

antes de la Vispera de Santiago, donde del Visorei, i del Marquès de el

Valle fuimos mui bien tratados, i con mucho placer rescibidos, i nos

dieron de vestir, i ofrescieron todo lo que tenian, i el Dia de Santiago

ovo Fiesta, i juego de Cañas, i Toros.

_CAP. XXXVII. De lo que acontesciò quando me quise venir._

Despues que descansamos en Mexico dos Meses, Yo me quise venir en estos

Reinos: i iendo à embarcar en el Mes de Octubre, vino vna tormenta que

diò con el Navio al travès, i se perdiò: i visto esto, acorde de dejar

pasar el Invierno, porque en aquellas partes es mui recio tiempo para

navegar en èl: i despues de pasado el Invierno por Quaresma, nos

partimos de Mexico Andrès Dorantes, i Yo para la Vera-Cruz para nos

embarcar, i alli estuvimos esperando tiempo hasta Domingo de Ramos que

nos embarcamos, i estuvimos embarcados mas de quince Dias por falta de

tiempo; i el Navio en que estabamos, hacia mucha Agua. Yo me sali de èl,

i me pasè à otros de los que estaban para venir, i Dorantes se quedò en

aquel: i à diez Dias de el Mes de Abril partimos del Puerto tres Navios,

i navegamos juntos ciento i cinquenta Leguas: i por el camino los dos

Navios hacian mucha Agua, i vna noche nos perdimos de su conserva;

porque los Pilotos, i Maestros, segun despues paresciò, no osaron pasar

adelante con sus Navios, i bolvieron otra vez al Puerto do havian

partido, sin darnos cuenta de ello, ni saber mas de ellos, i nosotros

seguimos nuestro viage; i à quatro Dias de Maio llegamos al Puerto de la

Havana, que es en la Isla de Cuba, adonde estuvimos esperando los otros

dos Navios, creiendo que vernian hasta dos Dias de Junio, que partimos

de alli con mucho temor de topar con Franceses, que havia pocos Dias que

havian tomado alli tres Navios nuestros: i llegados sobre la Isla de la

Belmuda, nos tomò vna tormenta, que suele tomar à todos los que por alli

pasan, la qual es conforme à la Gente, que dicen que en ella anda, i

toda vna noche nos tuvimos por perdidos, i plugò à Dios, que venida la

mañana cesó la tormenta, i seguimos nuestro camino. A cabo de veinte i

nueve Dias que partimos de la Habana, haviamos andado mil i cien Leguas,

que dicen que ai de alli hasta el Pueblo de los Açores: i pasando otro

Dia por la Isla, que dicen del Cuervo, dimos con vn Navio de Franceses,

à hora de medio dia nos començò à seguir, con vna Carabela que traìa,

tomada de Portugueses, i nos dieron caça, i aquella tarde vimos otras

nueve Velas, i estaban tan lejos, que no podimos conocer si eran

Portugueses, ò de aquellos mismos que nos seguian: i quando anocheciò,

estaba el Francès à tiro de Lombarda de nuestro Navio; i desque fue

obscuro, hurtamos la derrota, por desviarnos de èl; i como iba tan junto

de nosotros, nos viò, i tirò la via de nosotros, i esto hecimos tres, ò

quatro veces: i èl nos pudiera tomar si quisiera, sino que lo dejaba

para la mañana. Plugò à Dios, que quando amaneciò, nos hallamos el

Franceses, i nosotros juntos, i cercados de las nueve Velas que he

dicho, que à la tarde antes aviamos visto, las quales conosciamos ser de

la Armada de Portugal, i dì gracias à Nuestro Señor, por averme escapado

de los trabajos de la Tierra, i peligros de la Mar: i el Francès como

conosció ser el Armada de Portugal, soltò la Caravela que traìa tomada,

que venia cargada de Negros, la qual traìan consigo, para que creiesemos

que eran Portugueses, i la esperasemos; i quando la soltò, dijo al

Maestre, i Piloto de ella, que nosotros eramos Franceses, i de su

conserva: i como dijo esto, metió sesenta remos en su Navio, i ansi à

remo, i à vela se començò à ir; i andaba tanto, que no se puede creer; i

la Caravela que soltò, se fue al Galeon, i dijo al Capitan, que el

nuestro Navio, i el otro eran de Franceses: i como nuestro Navio arribó

al Galeon, i como toda la Armada via que ibamos sobre ellos, teniendo

por cierto que eramos Franceses, se pusieron à punto de Guerra, i

vinieron sobre nosotros: i llegados cerca les salvamos. Conosciò que

eramos Amigos, se hallaron burlados por averseles escapado aquel

Cosario, con aver dicho que eramos Franceses, i de su compañia, i asi

fueron quatro Caravelas tras èl: i llegado à nosotros el Galeon despues

de averles saludado, nos preguntò el Capitan Diego de Silveira, que de

donde veniamos, i que Mercaderia traìamos: i le respondimos, que

veniamos de la Nueva-España, i que traìamos Plata, i Oro: i preguntónos

que tanto seria, el Maestro le dixo que traeria trecientos mil

Castellanos. Respondió el Capitan: _Boa fee, que venis muito ricos, pero

tracedes mui ruin Navio, i muito ruin Artilleria, ò fide puta can à

renegado Frances, i que bon bocado perdeo, vota Deus. Ora sus pois vos

avedes escapado, seguime, i non vos apartedes de mi, que con aiuda de

Deus eu vos porne en Castela._ Y dende à poco bolvieron las Caravelas

que havian seguido tras el Francès, porque les paresció que andaba

mucho, i por no dejar el Armada que iba en guarda de tres Naos que

venian cargadas de Especeria; i asi llegamos à la Isla Tercera, donde

estuvimos reposando quince Dias tomando refresco, i esperando otra Nao,

que venia cargada de la India, que era de la conserva de las tres Naos

que traìa el Armada: i pasados los quince Dias nos partimos de alli con

el Armada, i llegamos al Puerto de Lisbona à nueve de Agosto, Vispera de

Señor Sant Laurencio, Año de mil i quinientos i treinta i siete Años. Y

porque es asi la verdad, como arriba en esta Relacion digo, lo firmè de

mi nombre. _Cabeça de Vaca._ Estaba firmado de su nombre, i con el

Escudo de sus Armas, la _Relacion_ donde este se sacò.

_CAP. XXXVIII. De lo que suscediò à los demàs que entraron en las

Indias._

Pues he hecho relacion de todo lo susodicho en el viage, i entrada, i

salida de la Tierra hasta bolver à estos Reinos, quiero asimismo hacer

memoria, i Relacion de lo que hicieron los Navios, i la Gente que en

ellos quedò, de lo qual no he hecho memoria en lo dicho atras; porque

nunca tuvimos noticia de ellos hasta despues de salidos, que hallamos

mucha Gente de ellos en la Nueva-España, i otros acà en Castilla, de

quien supimos el suceso, i todo el fin de ello de que manera pasò.

Despues que dejamos los tres Navios, porque el otro era ià perdido en la

Costa Braba, los quales quedaban à mucho peligro, i quedaban en ellos

hasta cien personas con pocos mantenimientos, entre los quales quedaban

diez Mugeres casadas, i vna de ellas havia dicho al Governador muchas

cosas que le acaecieron en el viage antes que le suscediesen: i esta le

dijo, quando entraba por la Tierra, que no entrase, porque ella creìa,

que èl, ni ninguno de los que con èl iban, no saldrian de la Tierra: i

que si alguno saliese, que haria Dios por èl mui grandes milagros; pero

creìa, que fuesen pocos los que escapasen, ò no ningunos; i el

Governador entonces le respondiò, que èl, i todos los que con èl

entraban iban à pelear, i conquistar muchas, i mui estrañas Gentes, i

Tierras: i que tenia por mui cierto, que conquistandolas havian de morir

muchos; pero aquellos que quedasen, serian de buena ventura, i quedarian

mui ricos, por la noticia que èl tenia de la riqueça que en aquella

Tierra havia: i dijole mas, que le rogaba que ella le dijese las cosas

que havia dicho pasadas, i presentes, quien se las havia dicho. Ella le

respondiò, i dijo, que en Castilla, vna Mora de Hornachos se lo havia

dicho, lo qual antes que partiesemos de Castilla, nos lo havia à

nosotros dicho, i nos havia suscedido todo el viage de la misma manera

que ella nos havia dicho. Y despues de aver dejado el Governador por su

Teniente, i Capitan de todos los Navios, i Gente, que alli dejaba à

Carvallo, natural de Cuenca de Huete, nosotros nos partimos de ellos,

dejandoles el Governador mandado, que luego en todas maneras se

recogiesen todos à los Navios, i siguiesen su viage derecho la via del

Panuco, i iendo siempre costeando la Costa, i buscando lo mejor que

ellos pudiesen el Puerto, para que en hallandolo parasen en èl, i nos

esperasen. En aquel tiempo que ellos se recogian en los Navios, dicen

que aquellas personas que alli estaban, vieron, i oieron todos mui

claramente, como aquella Muger dijo à las otras, que pues sus Maridos

entraban por la Tierra adentro, i ponian sus personas en tan gran

peligro, no hiciesen en ninguna manera cuenta de ellos: i que luego

mirasen con quien se havian de casar, porque ella asi lo havia de hacer,

i asi lo hiço, que ella, i las demàs se casaron, i amancebaron con los

que quedaron en los Navios; i despues de partidos de alli los Navios

hicieron vela, i siguieron su viage, i no hallaron el Puerto adelante, i

bolvieron atras: i cinco Leguas mas abajo de donde aviamos desembarcado,

hallaron el Puerto, que entraba siete, ó ocho Leguas la Tierra adentro,

i era el mismo que nosotros aviamos descubierto, adonde hallamos las

Cajas de Castilla, que atras se ha dicho, à do estaban los cuerpos de

los Hombres muertos, los quales eran Christianos: i en este Puerto, i

esta Costa anduvieron los tres Navios, i el otro que vino de la Habana,

i el Vergantin buscandonos cerca de vn Año, i como no nos hallaron

fueronse à la Nueva-España. Este Puerto que decimos, es el mejor de el

Mundo, i entra la Tierra adentro siete, ò ocho Leguas, i tiene seis

braças à la entrada, i cerca de Tierra tiene cinco, i es Lama el suelo

de èl, i no ai Mar dentro, ni tormenta brava, que como los Navios que

cabràn en èl son muchos, tiene mui gran cantidad de Pescado. Està cien

Leguas de la Habana, que es vn Pueblo de Christianos en Cuba, i està à

Norte Sùr, con este Pueblo, i aqui reinan las Brisas siempre, i vàn, i

vienen de vna parte à otra en quatro Dias, porque los Navios van, i

vienen à Quartèl.

Y pues he dado relacion de los Navios, serà bien que diga quien son, i

de que Lugar de estos Reinos, los que Nuestro Señor fue servido de

escapar de estos trabajos. El primero, es Alonso del Castillo Maldonado,

natural de Salamanca, hijo del Doctor Castillo, i de Doña Aldonça

Maldonado. El segundo, es Andrès Dorantes, hijo de Pablo Dorantes,

natural de Bejar, i Vecino de Gibraleon. El tercero, es Alvar Nuñez

Cabeça de Vaca, hijo de Francisco de Vera, i nieto de Pedro de Vera el

que ganò à Canaria, i su Madre se llamaba Doña Teresa Cabeça de Vaca,

natural de Xerez de la Frontera. El quarto, se llama Estevanicò, es

Negro Alarabe, natural de Açamor.

TABLA

DE LO MAS ESPECIAL CONTENIDO EN LOS

_Naufragios, y Relacion de la Florida de Alvar Nuñez Cabeça de Vaca._

[Nota del transcriptor: Esta Tabla no se incluye en esta edición

digital.]

Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca · 第 16 / 16 段