dicho, vinieron à nosotros, como lo havian prometido, i nos traxeron
mucho Pescado, i de vnas Raìces, que ellos comen, i son como Nueces,
algunas maiores, ò menores, la maior parte de ellas se sacan debaxo del
Agua, i con mucho trabajo. A la tarde bolvieron, i nos traxeron mas
Pescado, i de las mismas Raìces, i hicieron venir sus Mugeres, i Hijos,
para que nos viesen; i ansi se bolvieron ricos de Cascaveles, i Cuentas,
que les dimos, i otros dias nos tornaron à visitar, con lo mismo que
estotras veces. Como nosotros viamos, que estabamos proveìdos de
Pescado, i de Raìces, i de Agua, i de las otras cosas que pedimos,
acordamos de tornarnos à embarcar, i seguir nuestro camino, i
desenterramos la Barca de la Arena, en que estaba metida, i fue
menester, que nos desnudasemos todos, i pasasemos gran trabajo para
echarla al Agua, porque nosotros estabamos tales, que otras cosas mui
mas livianas bastaban para ponernos en èl; i asi embarcados, à dos tiros
de Ballesta dentro en la Mar, nos diò tal golpe de Agua, que nos mojò à
todos: i como ibamos desnudos, i el frio que hacia era mui grande,
soltamos los Remos de las manos: i à otro golpe que la Mar nos diò,
trastornò la Barca: el Veedor, i otros dos se asieron de ella para
escaparse, mas suscediò mui al revès, que la Barca los tomò debaxo, i se
ahogaron. Como la Costa es mui braba, el Mar de vn tumbo echò à todos
los otros embueltos en las olas, i medio ahogados en la Costa de la
misma Isla, sin que faltasen mas de los tres, que la Barca havia tomado
debaxo. Los que quedamos escapados, desnudos como nascimos, i perdido
todo lo que traìamos: i aunque todo valia poco, para entonces valia
mucho. Y como entonces era por Noviembre, i el frio mui grande, i
nosotros tales, que con poca dificultad nos podian contar los huesos,
estabamos hechos propria figura de la Muerte. De mì sè decir, que desde
el mes de Maio pasado, Yo no havia comido otra cosa sino Maìz tostado, i
algunas veces me vì en necesidad de comerlo crudo; porque aunque se
mataron los Caballos, entretanto que las Barcas se hacian, Yo nunca pude
comer de ellos, i no fueron diez veces las que comì pescado. Esto digo,
por escusar raçones, porque pueda cada vno vèr, què tales estariamos. Y
sobre todo lo dicho, havia sobrevenido viento Norte, de suerte, que mas
estabamos cerca de la muerte, que de la vida: plugo à Nuestro Señor, que
buscando los tiçones del fuego, que alli haviamos hecho, hallamos lumbre
con que hicimos grandes fuegos: i ansi estuvimos pidiendo à Nuestro
Señor misericordia, i perdon de nuestros pecados, derramando muchas
lagrimas, haviendo cada vno lastima, no solo de sì, mas de todos los
otros, que en el mismo estado vian. Y à hora de puesto el Sol, los
Indios, creiendo que no nos haviamos ido, nos bolvieron à buscar, i à
traernos de comer: mas quando ellos nos vieron ansi en tan diferente
habito del primero, i en manera tan estraña, espantaronse tanto, que se
bolvieron atràs. Yo salì à ellos, i llamèlos, i vinieron mui espantados,
hicelos entender por señas, como se nos havia hundido vna Barca, i se
havian ahogado tres de nosotros: i alli en su presencia, ellos mismos,
vieron dos muertos, i los que quedabamos, ibamos aquel camino. Los
Indios de vèr el desastre que nos havia venido, y el desastre en que
estabamos, con tanta desventura, i miseria se sentaron entre nosotros: i
con el gran dolor, i lastima que ovieron de vernos en tanta fortuna,
començaron todos à llorar recio, i tan de verdad, que lexos de alli se
podia oìr, i esto les durò mas de media hora: i cierto, vèr que estos
Hombres, tan sin raçon, i tan crudos, à manera de Brutos, se dolian
tanto de nosotros, hiço que en mì, i en otros de la compañia cresciese
mas la pasion, i la consideracion de nuestra desdicha. Sosegado ià este
llanto, Yo preguntè à los Christianos, i dixe, que si à ellos parescia,
rogaria à aquellos Indios, que nos llevasen à sus Casas: i algunos de
ellos, que havian estado en la Nueva-España, respondieron, que no se
debia hablar en ello, porque si à sus Casas nos llevaban, nos
sacrificarian à sus Idolos: mas visto que otro remedio no havia, i que
por qualquier otro camino estaba mas cerca, i mas cierta la muerte, no
curè de lo que decian, antes roguè à los Indios, que nos llevasen à sus
Casas, i ellos mostraron que havian gran placer de ello, i que
esperasemos vn poco, que ellos harian lo que queriamos; i luego treinta
de ellos se cargaron de leña, i se fueron à sus Casas, que estaban lexos
de alli, i quedamos con los otros hasta cerca de la noche, que nos
tomaron; i llevandonos asidos, i con mucha priesa, fuimos à sus Casas, i
por el gran frio que hacia; i temiendo que en el camino alguno no
muriese, ò desmaiase, proveieron, que oviese quatro, ò cinco fuegos mui
grandes, puestos à trechos, i en cada vno de ellos nos escalentaban: i
desque vian que haviamos tomado alguna fuerça, i calor, nos llevaban
hasta el otro, tan apriesa, que casi los pies no nos dexaban poner en el
suelo: i de esta manera fuimos hasta sus Casas, donde hallamos que
tenian hecha vna Casa para nosotros, i muchos fuegos en ella: i desde à
vn hora que haviamos llegado, començaron à bailar, i hacer grande fiesta
(que durò toda la noche) aunque para nosotros no havia placer, siesta,
ni sueño, esperando quando nos havian de sacrificar, i la mañana nos
tornaron á dàr Pescado, i Raìces, i hacer tan buen tratamiento, que nos
aseguramos algo, i perdimos algo el miedo del sacrificio.
_CAP. XIII. Como supimos de otros Christianos._
Este mismo dia Yo vi à vn Indio de aquellos vn Rescate, i conoscì que no
era de los que nosotros les haviamos dado: i preguntando donde le havian
havido, ellos por señas me respondieron, que se lo havian dado otros
Hombres como nosotros, que estaban atràs. Yo viendo esto, embiè dos
Christianos, i dos Indios, que les mostrasen aquella Gente, i mui cerca
de alli toparon con ellos, que tambien venian à buscarnos, porque los
Indios que allà quedaban, los havian dicha de nosotros, i estos eran los
Capitanes Andrès Dorantes, y Alonso del Castillo, con toda la Gente de
su Barca. Y llegados à nosotros, se espantaron mucho de vernos de la
manera que estabamos, i rescibieron mui gran pena por no tener que
darnos, que ninguna otra cosa traìan, sino la que tenian vestida. Y
estuvieron alli con nosotros, i nos contaron, como à cinco de aquel
mismo Mes, su Barca havia dado al travès legua, i media de alli, i ellos
havian escapado, sin perderse ninguna cosa: i todos juntos acordamos de
adobar su Barca, i irnos en ella los que tuviesen fuerça, i disposicion
para ello; los otros quedarse alli hasta que convaleciesen, para irse,
como pudiesen, por luengo de Costa, i que esperasen alli, hasta que Dios
los llevase con nosotros à Tierra de Christianos; i como lo pensamos,
asi nos pusimos en ello; i antes que echasemos la Barca al Agua, Tavera,
vn Caballero de nuestra Compañia, muriò; i la Barca que nosotros
pensabamos llevar, hiço su fin, i no se pudo sostener à si misma, que
luego fue hundida; i como quedamos del arte que he dicho, i los mas
desnudos, i el tiempo tan recio para caminar, i pasar Rios, i Ancones à
nado, ni tener bastimento alguno, ni manera para llevarlo, determinamos
de hacer lo que la necesidad pedia, que era invernar alli; i acordamos
tambien, que quatro Hombres, que mas recios estaban, fuesen à Panuco,
creiendo que estabamos cerca de alli; i que si Dios Nuestro Señor fuese
servido de llevarnos allà, diesen aviso de como quedabamos en aquella
Isla, i de nuestra necesidad, i trabajo. Estos eran mui grandes
nadadores, i al vno llamaban Alvaro Fernandez, Portuguès, Carpintero, i
Marinero: el segundo se llamaba Mendez; i al tercero Figueroa, que era
natural de Toledo: el quarto, Astudillo, natural de Çafra, llevaban
consigo vn Indio, que era de la Isla.
_CAP. XIV. Como se partieron los quatro Christianos._
Partidos estos quatro Christianos, dende à pocos dias suscediò tal
tiempo de frios, i tempestades, que los Indios no podian arrancar las
Raìces: i de los Cañales en que pescaban ià no havia provecho ninguno; i
como las Casas eran tan desabrigadas, començòse à morir la Gente; i
cinco Christianos, que estaban en rancho en la Costa, llegaron à tal
estremo, que se comieron los vnos à los otros, hasta que quedò vno solo,
que por ser solo no huvo quien lo comiese. Los nombres de ellos son
estos: Sierra, Diego Lopez, Corral, Palacios, Gonçalo Ruiz. De este caso
se alteraron tanto los Indios, i hovo entre ellos tan gran escandalo,
que sin duda, si al principio ellos lo vieran, los matàran, i todos nos
vieramos en grande trabajo. Finalmente, en mui poco tiempo, de ochenta
Hombres, que de ambas partes alli llegamos, quedaron vivos solos quince:
i despues de muertos estos; diò à los Indios de la Tierra vna enfermedad
de estomago, de que muriò la mitad de la Gente de ellos: i creieron, que
nosotros eramos los que los matabamos; i teniendolo por mui cierto,
concertaron entre sì de matar à los que haviamos quedado. Yà que lo
venian à poner en efecto, vn Indio, que à mi me tenia, les dixo, que no
creiesen, que nosotros eramos los que los matabamos, porque si nosotros
tal poder tuvieramos, escusàramos que no murieran tantos de nosotros,
como ellos vian que havian muerto, sin que les pudieramos poner remedio,
i que ià no quedabamos sino mui pocos, i que ninguno hacia daño, ni
perjuicio, que lo mejor era, que nos dexasen. Y quiso Nuestro Señor, que
los otros siguieron este consejo, i pareicer, i ansi se estorvò su
proposito. A esta Isla pusimos por nombre, Isla de Malhado. La Gente que
alli hallamos son grandes, i bien dispuestos: no tienen otras Armas sino
Flechas, i Arcos, en que son por estremo diestros. Tienen los Hombres la
vna Teta horadada de vna parte à otra, i algunos ai que las tienen
ambas; i por el agujero que hacen, traen vna Caña atravesada, tan larga,
como dos palmos i medio, i tan gruesa, como dos dedos: traen tambien
horadado el Labio de abaxo, i puesto en èl vn pedaço de la Caña, delgada
como medio dedo. Las Mugeres son para mucho trabajo. La habitacion que
en esta Isla hacen, es desde Octubre, hasta en fin de Hebrero. El su
mantenimiento es las Raìces que he dicho, sacadas debaxo el Agua por
Noviembre, i Diciembre. Tienen Cañales, i no tienen mas Peces de para
este tiempo: de aì adelante comen las Raìces. En fin de Hebrero vàn à
otras partes à buscar con que mantenerse, porque entonces las Raìces
comiençan à nascer, i no son buenas. Es la Gente del Mundo, que mas aman
à sus Hijos, i mejor tratamiento les hacen: i quando acaesce que à
alguno se le muere el Hijo, lloranle los Padres, i los Parientes, i todo
el Pueblo, i el llanto dura vn Año cumplido, que cada dia por la mañana,
antes que amanezca, comiençan primero à llorar los Padres, i tras esto
todo el Pueblo: i esto mismo hacen al medio dia, i quando amanesce: i
pasado un Año que los han llorado, hacenle las Honras del muerto, i
lavanse, i limpianse del tizne que traen. A todos los Defuntos lloran de
esta manera, salvo à los viejos, de quien no hacen caso, porque dicen,
que ià han pasado su tiempo, i de ellos ningun provecho ai, antes ocupan
la Tierra, i quitan el mantenimiento à los niños. Tienen por costumbre
de enterrar los Muertos, sino son los que entre ellos son Fisicos, que à
estos quemanlos; i mientras el fuego arde, todos estàn bailando, i
haciendo mui gran fiesta, i hacen polvos los huesos: i pasado vn Año,
quando se hacen sus Honras, todos se jasan en ellas, i à los Parientes
dàn aquellos polvos à beber de los huesos en Agua. Cada vna tiene vna
Muger conoscida. Los Fisicos son los Hombres mas libertados; pueden
tener dos, i tres, i entre estas ai mui gran amistad, i conformidad.
Quando viene que alguno casa su Hija, el que la toma por Muger, dende el
dia que con ella se casa, todo lo que matare caçando, ò pescando, todo
lo trae la Muger à la casa de su Padre, sin osar tomar, ni comer alguna
cosa de ello, i de casa de el Suegro le llevan à èl de comer: i en todo
este tiempo el Suegro, ni la Suegra no entran en su casa, ni èl ha de
entrar en casa de los Suegros, ni Cuñados: i si acaso se toparen por
alguna parte, se desvian vn tiro de Ballesta el vno del otro; i
entretanto que asi vàn apartandose, llevan la cabeça baxa, i los ojos en
tierra puestos; porque tienen por cosa mala verse, ni hablarse. Las
Mugeres tienen libertad para comunicar, i conversar con los Suegros, i
Parientes; i esta costumbre se tiene desde la Isla, hasta mas de
cinquenta leguas por la Tierra adentro.
Otra costumbre ai, i es, que quando algun Hijo, ò Hermano muere, en la
casa donde muriere, tres meses no buscan de comer, antes se dexan morir
de hambre, i los Parientes, i los Vecinos les proveen de lo que han de
comer. Y como en el tiempo que aqui estuvimos muriò tanta Gente de
ellos, en las mas Casas havia mui gran hambre, por guardar tambien su
costumbre, i cerimonia; i los que lo buscaban, por mucho que trabajaban,
por ser el tiempo tan recio, no podian hacer sino mui poco; i por esta
causa los Indios que à mi me tenian, se salieron de la Isla, i en vnas
Canoas se pasaron à Tierra-firme à vnas Baìas, adonde tenian muchos
Hostiones, i tres meses del Año no comen otra cosa, i beben mui mala
Agua. Tienen gran falta de Leña, i de Mosquitos mui grande abundancia.
Sus Casas son edificadas de Esteras, sobre muchas Cascaras de Hostiones,
i sobre ellos duermen encueros, i no los tienen sino es acaso; i asi
estuvimos hasta en fin de Abril, que fuimos à la Costa de la Mar, à do
comimos Moras de Çarças todo el Mes, en el qual no cesan de hacer sus
Areitos, i fiestas.
_CAP. XV. De lo que nos acaesciò en Isla la de Malhado._
En aquella Isla, que he contado, nos quisieron hacer Fisicos, sin
examinarnos, ni pedirnos los Titulos, porque ellos curan las
enfermedades soplando al enfermo, i con aquel soplo, i las manos, echan
de èl la enfermedad, i mandaron nos que hiciesemos lo mismo, i
sirviesemos en algo: nosotros nos reìamos de ello, diciendo, que era
burla, i que no sabiamos curar, i por esto nos quitaban la comida, hasta
que hiciesemos lo que nos decian. Y viendo nuestra porfia, vn Indio me
dixo à mì, que Yo no sabia lo que decia en decir, que no aprovecharia
nada aquello que èl sabia, ca las Piedras, i otras cosas que se crian
por los Campos, tienen virtud; i que èl con vna Piedra caliente,
traiendola por el estomago, sanaba, i quitaba el dolor, i que nosotros
que eramos hombres, cierto era que teniamos maior virtud, i poder. En
fin, nos vimos en tanta necesidad, que lo hovimos de hacer, sin temer
que nadie nos llevase por ello la pena. La manera que ellos tienen en
curarse es esta: que en viendose enfermos, llaman vn Medico, i despues
de curado, no solo le dàn todo lo que poseen, mas entre sus parientes
buscan cosas para darle. Lo que el Medico hace, es dalle vnas fajas
adonde tiene el dolor, i chupanles al derredor de ellas. Dàn cauterios
de fuego, que es cosa entre ellos tenida por mui provechosa, i Yo lo he
experimentado, i me suscediò bien de ello; i despues de esto, soplan
aquel lugar que les duele, i con esto creen ellos, que se les quita el
mal. La manera con que nosotros curamos, era santiguandolos, i
soplarlos, i reçar vn _Pater noster_, i vn _Ave Maria_, i rogar lo mejor
que podiamos à Dios Nuestro Señor, que les diese salud, i espirase en
ellos, que nos hiciesen algun buen tratamiento. Quiso Dios Nuestro
Señor, i su misericordia, que todos quellos por quien suplicamos, luego
que los santiguamos, decian à los otros, que estaban sanos, i buenos; i
por este respecto nos hacian buen tratamiento, i dexaban ellos de comer
por darnoslo à nosotros, i nos daban Cueros, i otras cosillas. Fue tan
estremada la hambre que alli se pasò, que muchas veces estuve tres dias
sin comer ninguna cosa, i ellos tambien lo estaban, i paresciame ser
cosa imposible durar la vida, aunque en otras maiores hambres, i
necesidades me vi despues, como adelante dirè. Los Indios que tenian à
Alonso del Castillo, i Andrès Dorantes, i à los demàs que havian quedado
vivos, como eran de otra Lengua, i de otra Parentela, se pasaron à otra
parte de la Tierra-firme à comer Hostiones, i alli estuvieron hasta el
primero dia del Mes de Abril, i luego bolvieron à la Isla, que estaba de
alli hasta dos leguas, por lo mas ancho del Agua, i la Isla tiene media
legua de travès, i cinco en largo.
Toda la Gente de esta Tierra anda desnuda, solas las Mugeres traen de
sus cuerpos algo cubierto con vna Lana que en los Arboles se cria. Las
Moças se cubren con vnos Cueros de Venados. Es Gente mui partida de lo
que tienen vnos con otros. No ai entre ellos Señor. Todos los que son de
vn Linage andan juntos. Habitan en ella dos maneras de Lenguas, à los
vnos llaman de Capoques, i à los otros de Han: tienen por costumbre,
quando se conoscen, i de tiempo à tiempo se vèn, primero que se hablen,
estàr media hora llorando; i acabado esto, aquel que es visitado, se
levanta primero, i dà al otro todo quanto posee, i el otro lo rescibe: i
de aì à vn poco se và con ello, i aun algunas veces, despues de
rescebido, se vàn sin que hablen palabra. Otras estrañas costumbres
tienen, mas Yo he contado las mas principales, i mas señaladas por pasar
adelante, i contar lo que mas nos suscedio.
_CAP. XVI. Como se partieron los Christianos de la Isla de Malhado._
Despues que Dorantes, i Castillo bolvieron à la Isla, recogieron consigo
todos los Christianos, que estaban algo esparcidos, i hallaronse por
todos catorce. Yo, como he dicho, estaba en la otra parte en
Tierra-firme, donde mis Indios me havian llevado, i donde me havia dado
tan gran enfermedad, que ià que alguna otra cosa me diera esperança de
vida, aquella bastaba para del todo quitarmela. Y como los Christianos
esto supieron, dieron à vn Indio la Manta de Martas, que del Cacique
haviamos tomado, como arriba diximos, porque los pasase donde Yo estaba
para verme; i asi, vinieron doce, porque los dos quedaron tan flacos,
que no se atrevieron à traerlos consigo: los nombres de los que entonces
vinieron, son: Alonso del Castillo, Andrès Dorantes, i Diego Dorantes,
Valdivieso, Estrada, Tostado, Chaves, Gutierrez, Asturiano Clerigo,
Diego de Huelva, Estevanico el Negro, Benitez: i como fueron venidos à
Tierra-firme, hallaron otro, que era de los nuestros, que se llamaba
Francisco de Leon; i todos trece por luengo de Costa. Y luego que fueron
pasados los Indios, que me tenian, me avisaron de ello, i como quedaban
en la Isla Hieronimo de Alaniz, i Lope de Oviedo. Mi enfermedad estorvò
que no les pude seguir, ni los vì. Yo huve de quedar con estos mismos
Indios de la Isla mas de vn Año, i por el mucho trabajo que me daban, i
mal tratamiento que me hacian, determinè de huir de ellos, i irme à los
que moran en los Montes, i Tierra-firme, que se llaman los de Charruco,
porque Yo no podia sufrir la vida, que con estos otros tenia; porque
entre otros trabajos muchos, havia de sacar las Raìces para comer debaxo
del Agua, i entre las Cañas, donde estaban metidas en la Tierra; i de
esto traìa Yo los dedos tan gastados, que vna Paja que me tocase, me
hacia sangre de ellos, i las Cañas me rompian por muchas partes, porque
muchas de ellas estaban quebradas, i havia de entrar por medio de ellas,
con la Ropa que he dicho que traìa. Y por esto Yo puse en obra de
pasarme à los otros, i con ellos me suscediò algo mejor: i porque Yo me
hice Mercader, procurè de vsar el Oficio lo mejor que supe; i por esto
ellos me daban de comer, i me hacian buen tratamiento, i rogabanme, que
me fuese de vnas partes à otras, por cosas que ellos havian menester;
porque por raçon de la Guerra, que contino traen, la Tierra no se anda,
ni se contrata tanto. E ià con mis Tratos, i Mercaderias entraba la
Tierra adentro todo lo que queria, i por luengo de Costa me alargaba
quarenta, ò cinquenta leguas. Lo principal de mi trato, era pedaços de
Caracoles de la Mar, i Coraçones de ellos, i Conchas, con que ellos
cortan vna fruta, que es como Frisoles, con que se curan, i hacen sus
Bailes, i Fiestas; i esta es la cosa de maior prescio que entre ellos
ai, i Cuentas de la Mar, i otras cosas. Asi esto era lo que io llevaba
la Tierra adentro; i en cambio, i trueco de ello traìa Cueros, i Almagra
con que ellos se vntan, i tiñen las Caras, i Cabellos; Pedernales para
puntas de Flechas, Engrudo, i Cañas duras para hacerlas, i vnas Borlas,
que se hacen de Pelos de Venados, que las tiñen, i paran coloradas: i
este Oficio me estaba à mi bien, porque andando en èl tenia libertad
para ir donde queria, i no era obligado à cosa alguna, i no era Esclavo,
i donde quiera que iba me hacian buen tratamiento, i me daban de comer
por respeto de mis Mercaderias; i lo mas principal, porque andando en
ello, Yo buscaba por donde me havia de ir adelante, i entre ellos era
mui conoscido: holgaban mucho quando me vian, i les traìa lo que havian
menester; i los que no me conoscian, me procuraban, i deseaban vèr por
mi fama. Los trabajos que en esto pasè, serìa largo contarlos, asi de
peligros, i hambres, como de tempestades, i frios, que muchos de ellos
me tomaron en el Campo. i solo, donde por gran misericordia de Dios
Nuestro Señor escapè; i por esta causa Yo no trataba el Oficio en
Invierno, por ser tiempo, que ellos mismos en sus Choças, i Ranchos
metidos, no podian valerse, ni ampararse. Fueron casi seis Años el
tiempo que Yo estuve en esta Tierra solo entre ellos, i desnudo, como
todos andaban. La raçon por què tanto me detuve, fue por llevar conmigo
vn Christiano, que estaba en la Isla, llamado Lope de Oviedo. El otro
Compañero de Alaniz, que con èl havia quedado, quando Alonso del
Castillo, i Andrès Dorantes, con todos los otros, se fueron, muriò
luego; i por sacarlo de alli, Yo pasaba à la Isla cada Año, i le rogaba,
que nos fuesemos à la mejor maña que pudiesemos en busca de Christianos,
i cada Año me detenia, diciendo, que el otro siguiente nos iriamos. En
fin, al cabo lo saquè, i le pasè el Ancon, i quatro Rios, que ai por la
Costa, porque èl no sabia nadar, i ansi fuimos con algunos Indios
adelante, hasta que llegamos à vn Ancon, que tiene vna legua de travès,
i es por todas partes hondo: i por lo que de èl nos paresciò, i vimos,
es, el que llaman del Espiritu Santo, i de la otra parte dèl vimos vnos
Indios, que vinieron à vèr los nuestros, i nos dixeron, como mas
adelante havia tres Hombres como nosotros, i nos dixeron los nombres de
ellos; i preguntandoles por los demàs, nos respondieron, que todos eran
muertos de frio, i de hambre: i que aquellos Indios de adelante, ellos
mismos por su pasatiempo havian muerto à Diego Dorantes, i à Valdivieso,
i à Diego de Huelva, porque se havian pasado de vna casa à otra; i, que
los otros Indios sus vecinos, con quien agora estaba el Capitan
Dorantes, por raçon de vn sueño que havian soñado, havian muerto à
Esquivèl, i à Mendez. Preguntamosles, què tales estaban los vivos?
dixeron nos, que mui maltratados, porque los Mochachos, i otros Indios,
que entre ellos son mui holgaçanes, i de mal trato, les daban muchas
coces, i bofetones, i palos, i que esta era la vida que con ellos
tenian. Quesimonos informar de la Tierra adelante, i de los
mantenimientos que en ella havia, respondieron, que era mui pobre de
Gente, i que en ella no havia que comer, i que morian de frio, porque no
tenian Cueros, ni con que cubrirse. Dixeron nos tambien, si queriamos
vèr aquellos tres Christianos, que de aì à dos dias los Indios que los
tenian venian à comer Nueces vna legua de alli à la Vera de aquel Rio: i
porque viesemos, que lo que nos havian dicho del mal tratamiento de los
otros era verdad, estando con ellos dieron al Compañero mio de
bofetones, i palos, i Yo no quedè sin mi parte, i de muchos pellaços de
lodo que nos tiraban, i nos ponian cada dia las Flechas al coraçon,
diciendo, que nos querian matar como à los otros nuestros Compañeros. Y
temiendo esto Lope de Oviedo, mi Compañero, dixo, que queria bolverse
con vnas Mugeres de aquellos Indios, con quien haviamos pasado el Ancon,
que quedaban algo atràs. Yo porfiè mucho con èl que no lo hiciese, i
pasè muchas cosas, i por ninguna via lo pude detener; i asi se bolviò, i
Yo quedè solo con aquellos Indios, los quales se llamaban Quevenes, i
los otros con quien èl se fue, llaman Deaguanes.
_CAP. XVII. Como vinieron los Indios i truxeron à Andrès Dorantes, i à
Castillo, i à Estevanico._