Aquéllos, en gran parte culpables ante su nación de las desdichas que
amagaban al pueblo filipino que recurrió a la revolución y la rebelión
para librarse de un régimen opuesto a su progreso y su felicidad,
olvidando su incapacidad de llenar los compromisos que en nombre de su
patria tenían contraídos aquí y que fueron causa del fracaso político
de la colonización pasada, quieren ahora defender sus intereses en
nuestro país labrando con su política lo que únicamente produciría
disensiones entre los filipinos. ¡Bajo pretexto de interesarse más
que nosotros mismos en nuestro propio bienestar, suponiéndonos ciegos
e incapaces de conocer y discernir el bien del mal, mirándonos como
eternos indios de mentalidad inferior, tratan de llevarnos por donde
quieran, por donde les conviene, por el camino oscuro en donde no
ven más que ellos, los que conducen o quieren conducir al indio,
siempre niño, que debe dejarse llevar...!
En un semanario extranjero publicado en Manila se lee lo siguiente:
"Puestos a buscar enemigos del progreso de los filipinos, los
encontramos en cada timba, en cada cabaret; en la invasión pacífica de
Japoneses en Filipinas; en el panguingue, en los juegos de billar, en
la inmoralidad reinante en el teatro, en la novela, en el cinematógrafo
y en la tarjeta postal; y sobre todo, en la escuela laica." Quien así
se expresa tratando de excitar el odio filipino contra los japoneses,
para crearnos primero desconfianza, luego conflictos, es un extranjero,
y en la lengua en que él mismo escribe están escritas las obras de
teatro y las novelas inmorales que vienen a Filipinas; [2] en su
lengua también se promulgaron en nuestro país las leyes y reglamentos
instituyendo las galleras, la lotería, los juegos de billar, creados
como recursos del Estado, como cosa que los filipinos no podíamos
combatir en nuestro antiguo régimen político, sin combatir al mismo
tiempo al propio gobierno que hacía del vicio una fuente contributiva
y que, para aumentar su ingreso en este sentido, tenía que fomentar
esos vicios, lo mismo que el del opio en los fumaderos oficiales. De
la escuela laica hablaremos en seguida.