Ahora se denuncian por la opinión pública deficiencias higiénicas
incomparablemente menos peligrosas que antes, pero que no las miramos
de una manera relativa sino absoluta. Una condición anti-sanitaria se
denuncia en absoluto como un mal intolerable; relativamente hablando,
se calmaría el tono de nuestra censura si se tuviera en cuenta que
semejante mal viene de más lejos, lo sufríamos en silencio cuando
ignorábamos no su existencia, sino sus consecuencias sobre la salud,
de manera que para nosotros existía en estado latente y no la veíamos
por falta de preparación. Es idéntico a lo que ocurre cuando al pié
de un poste portador de corriente eléctrica se coloca este letrero:
"Peligro de muerte." Tal aviso deja perfectamente indiferente, y no
le sirve para su seguridad, al individuo que no sabe leer. Quien lo
pueda leer conoce el peligro; el que no sabe leer no se aprovecha
del valor higiénico del letrero.