José Martí

1889

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A los niños que lean «La Edad de Oro».

Tres héroes

Dos milagros

Meñique

Cada uno a su oficio

La Ilíada, de Homero

Un juego nuevo y otros viejos

Bebé y el señor don Pomposo

La última página

La historia del hombre, contada por sus casas

Los dos príncipes.

Nené traviesa.

La perla de la mora

Las ruinas indias.

Músicos, poetas y pintores.

La última página

La exposición de París.

El camarón encantado

El Padre las Casas.

Los zapaticos de rosa

La última página

Un paseo por la tierra de los anamitas

Historia de la cuchara y el tenedor

La muñeca negra

Cuentos de elefantes

Los dos ruiseñores

La galería de las máquinas

La última página

* * * * *

A los niños que lean «La Edad de Oro».

Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto. Sin

las niñas no se puede vivir, como no puede vivir la tierra sin luz. El

niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser

hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno,

inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero nunca es un niño más bello

que cuando trae en sus manecitas de hombre fuerte una flor para su

amiga, o cuando lleva del brazo a su hermana, para que nadie se la

ofenda: el niño crece entonces, y parece un gigante: el niño nace para

caballero, y la niña nace para madre. Este periódico se publica para

conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de

mañana, y con las madres de mañana; para contarles a las niñas cuentos

lindos con que entretener a sus visitas y jugar con sus muñecas; y para

decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres. Todo

lo que quieran saber les vamos a decir, y de modo que lo entiendan bien,

con palabras claras y con láminas finas. Les vamos a decir cómo está

hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres

hasta ahora.

Para eso se publica _La Edad de Oro_: para que los niños americanos

sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás

tierras; y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las

máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que

cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la

piedra, y qué quiere decir cada color; para que el niño conozca los

libros famosos donde se cuentan las batallas y las religiones de los

pueblos antiguos. Les hablaremos de todo lo que se hace en los talleres,

donde suceden cosas más raras e interesantes que en los cuentos de

magia, y son magia de verdad, más linda que la otra: y les diremos lo

que se sabe del cielo, y de lo hondo del mar y de la tierra: y les

contaremos cuentos de risa y novelas de niños, para cuando hayan

estudiado mucho, o jugado mucho, y quieran descansar. Para los niños

trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños

son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como

cosa de su corazón.

Cuando un niño quiera saber algo que no esté en _La Edad de Oro_,

escríbanos como si nos hubiera conocido siempre, que nosotros le

contestaremos. No importa que la carta venga con faltas de ortografía.

Lo que importa es que el niño quiera saber. Y si la carta está bien

escrita, la publicaremos en nuestro correo con la firma al pie, para que

se sepa que es niño que vale. Los niños saben más de lo que parece, y si

les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que

escribirían. Por eso _La Edad de Oro_ va a tener cada seis meses una

competencia, y el niño que le mande el trabajo mejor, que se conozca de

veras que es suyo, recibirá un buen premio de libros, y diez ejemplares

del número de _La Edad de Oro_ en que se publique su composición, que

será sobre cosas de su edad, para que puedan escribirla bien, porque

para escribir bien de una cosa hay que saber de ella mucho. Así queremos

que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo

digan bien: hombres elocuentes y sinceros.

Las niñas deben saber lo mismo que los niños, para poder hablar con

ellos como amigos cuando vayan creciendo; como que es una pena que el

hombre tenga que salir de su casa a buscar con quien hablar, porque las

mujeres de la casa no sepan contarle más que de diversiones y de modas.

Pero hay cosas muy delicadas y tiernas que las niñas entienden mejor, y

para ellas las escribiremos de modo que les gusten; porque _La Edad de

Oro_ tiene su mago en la casa, que le cuenta que en las almas de las

niñas sucede algo parecido a lo que ven los colibríes cuando andan

curioseando por entre las flores. Les diremos cosas así, como para que

las leyesen los colibríes, si supiesen leer. Y les diremos cómo se hace

una hebra de hilo, cómo nace una violeta, cómo se fabrica una aguja,

cómo tejen las viejecitas de Italia los encajes. Las niñas también

pueden escribirnos sus cartas, y preguntarnos cuanto quieran saber, y

mandarnos sus composiciones para la competencia de cada seis meses. ¡De

seguro que van a ganar las niñas!

Lo que queremos es que los niños sean felices, como los hermanitos de

nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América

por el mundo nos apriete mucho la mano, como a un amigo viejo, y diga

donde todo el mundo lo oiga: «¡Este hombre de _La Edad de Oro_ fue mi

amigo!»

La Edad de Oro: publicación mensual de recreo e instrucción dedicada a los niños de América. · 第 2 / 25 题