III

Un mes después se daba una gran fiesta en palacio en celebración del

restablecimiento de doña Francisca.

La virtud febrífuga de la cascarilla quedaba descubierta.

Atacado de fiebres un indio de Loja llamado Pedro de Leyva bebió, para

calmar los ardores de la sed, del agua de un remanso, en cuyas orillas

crecían algunos árboles de _quina_. Salvado así, hizo la experiencia de

dar de beber a otros enfermos del mismo mal cántaros de agua, en los que

depositaba raíces de cascarilla. Con su descubrimiento vino a Lima y lo

comunicó a un jesuíta, el que, realizando la feliz curación de la

virreina, prestó a la humanidad mayor servicio que el fraile que inventó

la pólvora.

Los jesuítas guardaron por algunos años el secreto, y a ellos acudía

todo el que era atacado de terciana. Por eso, durante mucho tiempo, los

polvos de la corteza de quina se conocieron con el nombre de _polvos de

los jesuítas_.

El doctor Scrivener dice que un médico inglés, Mr. Talbot, curó con la

quinina al príncipe de Condé, al delfín, a Colbert y otros personajes,

vendiendo el secreto al gobierno francés por una suma considerable y una

pensión vitalicia.

Linneo, tributando en ello un homenaje a la virreina condesa de

Chinchón, señala a la quina el nombre que hoy le da la ciencia:

_Chinchona_.

Mendiburu dice que, al principio, encontró el uso de la quina fuerte

oposición en Europa, y que en Salamanca se sostuvo que caía en pecado

mortal el médico que la recetaba, pues sus virtudes eran debidas a pacto

de dos peruanos con el diablo.

En cuanto al pueblo de Lima, hasta hace pocos años conocía los polvos de

la corteza de este árbol maravilloso con el nombre de _polvos de la

condesa_.[1]

[Nota 1: La primera esposa del conde de Chinchón llamóse doña Ana de

Osorio, y por muchos se ha creído que fué ella la salvada por las

virtudes de la quina. Un interesante estudio histórico publicado por don

Félix Cipriano Zegarra en la _Revista Peruana_, en 1879, nos ha

convencido de que la virreina que estuvo en Lima se llamó doña Francisca

Henríquez de Ribera. Rectificamos, pues, con esta nota la grave

equivocación en que habíamos incurrido.]

Tradiciones peruanas · 第 12 / 96 题