Muerta la llevan al soto,
la han enterrado en la umbría;
por más tierra que la echaban,
la mano no se cubría:
la mano donde un anillo
que le dió el conde tenía.
De noche sobre la tumba
diz que el viento repetía:
_¡Mal haya quien en promesas_
_de hombre fía!_
Apenas el cantor había terminado la última estrofa, cuando rompiendo
el muro de curiosos que se apartaban con respeto al reconocerle, el
conde llegó adonde se encontraba el romero, y cogiéndole con fuerza
del brazo, le preguntó en voz baja y convulsa:
--¿De qué tierra eres?
--De tierra de Soria--le respondió éste sin alterarse.
--¿Y dónde has aprendido ese romance? ¿Á quién se refiere la historia
que cuentas?--volvió á exclamar su interlocutor, cada vez con
muestras de emoción más profunda.
--Señor--dijo el romero clavando sus ojos en los del conde con una
fijeza imperturbable:--esta cantiga la repiten de unos en otros
los aldeanos del campo de Gómara, y se refiere á una desdichada
cruelmente ofendida por un poderoso. Altos juicios de Dios han
permitido que al enterrarla quedase siempre fuera de la sepultura la
mano en que su amante le puso un anillo al hacerle una promesa. Vos
sabréis quizá á quién toca cumplirla.
V
En un lugarejo miserable y que se encuentra á un lado del camino
que conduce á Gómara, he visto no hace mucho el sitio en donde se
asegura tuvo lugar la extraña ceremonia del casamiento del conde.
Después que éste, arrodillado sobre la humilde fosa, estrechó en la
suya la mano de Margarita, y un sacerdote autorizado por el Papa
bendijo la lúgubre unión, es fama que cesó el prodigio, y _la mano
muerta_ se hundió para siempre.
Al pie de unos árboles añosos y corpulentos hay un pedacito de prado,
que al llegar la primavera se cubre espontáneamente de flores.
La gente del país dice que allí está enterrada Margarita.
[Ilustración]
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