LA TUMBAGA

I

EMPEÑITOS DE QUINTÍN PEREDA. -- La chinita se detuvo ante el

escaparate, luciente de arracadas, fistoles y mancuernas, guarnecido de

pistolas y puñales, colgado de ñandutís y zarapes: Se estuvo a mirar

un buen espacio: Cargaba al crío sobre la cadera, suspenso del rebozo,

como en hamaca: Con la mano barríase el sudor de la frente: Parejo

recogía y atusaba la greña: Se metió por la puerta con humilde salmodia:

--¡Salucita, mi jefe! Pues aquí estamos, no más, para que el patroncito

se gane un buen premio. ¡Lo merece, que es muy valedor y muy cabal

gente! ¡Vea qué alhajita de mérito!

Jugaba sobre el mostrador la mano prieta, sin sacarse el anillo.

Quintín Pereda, el honrado gachupín, declinó en las rodillas el

periódico que estaba leyendo y se puso las antiparras en la calva:

--¿Qué se ofrece?

--Su tasa. Es una tumbaga muy chulita. Mi jefecito, vea no más los

resplandores que tiene.

--¡No querrás que te la precie puesta en el dedo!

--¡Pues sí que el patroncito no es baqueano!

--¡Hay que tocar el aro con el agua fuerte y calibrar la piedra!

La chinita se quitó el anillo, y, con un mohín reverente, lo puso en

las uñas del gachupín:

--Señor Peredita, usted me ordena.

Agazapada al canto del mostrador, quedó atenta a la acción del usurero,

que, puesto en la luz, examinaba la sortija con una lente:

--Creo conocer esta prenda.

Se avizoró la chinita:

--No soy su dueña. Vengo mandada de una familia que se ve en apuro.

El empeñista tornaba al examen, modulando una risa de falso teclado:

--Esta alhajita estuvo aquí otras veces. Tú la tienes de la uña, muy

posiblemente.

--¡Mi jefecito, no me encuelgue tan mala fama!

El usurero se bajaba los espejuelos de la calva, recalcando la risa de

Judas:

--Los libros dirán a qué nombre estuvo otras veces pignorada.

Tomó un cartapacio del estante y se puso a hojearlo. Era un viejales

maligno, que al hablar entreveraba insidias y mieles, con falsedades y

reservas. Había salido mocín de su tierra, y al rejo nativo juntaba las

suspicacias de su arte y la dulzaina criolla de los mameyes: Levantó la

cabeza y volvió a ponerse en la frente los espejuelos:

--El Coronel Gandarita pignoró este solitario el pasado agosto... Lo

retiró el 7 de octubre. Te daré cinco soles.

Salmodió la chinita, con una mano sobre la boca:

--¿En cuánto estuvo? Eso mismo me dará el patroncito.

--¡No te apendejes! Te daré cinco soles, por hacerte algún beneficio. A

bien ser, mi obligación era llamar horita a los gendarmes.

--¡Qué chance!

--Esta prenda no te pertenece. Yo, posiblemente, perderé los cinco

soles, y tendré que devolvérsela a su dueño, si formula una reclamación

judicial. Puedo fregarme por hacerte un servicio que no agradeces. Te

daré tres soles y con ellos tomas viento fresco.

--¡Mi jefecito, usted me ve chuela!

El empeñista se apoyó en el mostrador con sorna y recalma:

--Puedo mandarte presa.

La chinita se rebotó, mirándole aguda, con el crío sobre el anca y las

manos en la greña:

--¡La Guadalupita me valga! Denantes le antepuse que no es mía la

prenda. Vengo mandada del Coronelito.

--Tendrás que justificarlo. Recibe los tres soles y no te metas en la

galera.

--Patroncito, vuélvame el anillo.

--Ni lo sueñes. Te llevas los tres soles, y si hay engaño en mis

sospechas, que venga a cerrar trato el legítimo propietario. Esta

alhajita se queda aquí depositada. Mi casa es muy suficientemente

garante. Recoge la plata y camínate luego luego.

--¡Señor Peredita, es un escarnio el que me hace!

--¡Si debías ir a la galera!

--Señor Peredita, no me denigre, que va equivocado. El Coronelito está

en un apuro y queda no más esperando la plata. Si recela hacer trato,

vuélvame la tumbaguita. Ándele, mi jefecito, y no me sea horita malo,

que siempre ha sido para mi muy buena reata.

--No me sitúes en el caso de cumplir con la ley. Si te dilatas en

recoger la moneda y ponerte en la banqueta, llamo a los gendarmes.

La chinita se revolvió amendigada y rebelde:

--¡No desmentís el ser gachupín!

--¡A mucha honra! Un gachupín no ampara el robo.

--¡Pero lo ejerce!

--¡Tú te buscas algo bueno!

--¡Mala casta!

--¡Voy a solfearte la cochina cuera!

--De mala tierra venís, para tener conciencia.

--¡No me toques a la patria, porque me ciego!

El empeñista se agacha bajo el mostrador y se incorpora blandiendo un

rebenque.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 85 / 179 题