LUCES DE ÁNIMAS

I

--En borrico de justicia

le sacan con un pregón,

hizo mamola al verdugo

al revestirle el jopón,

y al Cristo que le presentan,

una seña de masón.

En la Recámara Verde, iluminada con altarete de luces aceiteras y

cerillos, atendía, apagando un cuchicheo, la pareja encuerada del

pecado. Llegaba el romance prendido al son de la guitarra. En el

altarete, las mariposas de aceite cuchicheaban y los amantes en el

cabezal. La daifa:

--¡Era bien ruin!

El coime:

--¡Ateo!

--En la noche de hoy, ese canto de verdugos y ajusticiados, parece más

negro que un catafalco.

--¡Vida alegre, muerte triste!

--¡Abrenuncio! ¡Qué voz de corneja sacaste! ¿Veguillas, tú, vista la

hora final, confesarías como cristiano?

--¡Yo no niego la vida del alma!

--¡Nachito, somos espíritu y materia! ¡Donde me ves con estas carnes,

pues una romántica! De no haber estado tan bruja, hubiera guardado este

día. ¡Pero es mucho el empeño con el ama! Nachito, ¿tú sabes de persona

viviente que no tenga sus muertos? Los hospicianos, y aun esos porque

no los conocen. Este aniversario merecía ser de los más guardados:

¡Trae muchos recuerdos! Tú, si fueses propiamente romántico, ahora

tenías un escrúpulo: Me pagabas el estipendio y te caminabas.

--¿Y caminarme sin aflojar la plata?

--También. ¡Yo soy muy romántica! Ya te digo que de no hallarme tan en

deuda con la madrota...

--¿Quieres que yo te cancele el crédito?

--Pon eso claro.

--¿Si quieres que yo te pague la deuda?

--No me veas chuela, Nachito.

--¿Debes mucho?

--¡Treinta Manfredos! ¡Me niega quince que le entregué por las Flores

de Mayo! ¡Como tú te hicieses cargo de la deuda y me pusieses en un

pupilaje, ibas a ver una fiel esclava!

--¡Siento no ser negrero!

La daifa quedose abstraída mirando las luces de sus falsos anillos.

Hacía memoria. Por la boca pintada corría un rezo:

--Esta conversación, pasó otra vez de la misma manera: ¿Te acuerdas,

Veguillas? Pasó con iguales palabras y prosopopeyas.

--Pudiera.

La moza del pecado, entrándose en sí misma, quedó abismada, siempre los

ojos en las piedras de sus anillos.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 62 / 179 题