VIII

Tosca y esquiva, aguzados los ojos como montés alimaña, penetró, dando

gritos, una mujer encamisada y pelona. Por la sala pasó un silencio, y

los coloquios quedaron en el aire. Tirano Banderas, tras una espantada,

se recobró batiendo el pie con ira y denuesto. Temerosos del castigo,

se arrestaron la recamarera y el mucamo, que acudieron a la captura de

la encamisada. Fulminó el Tirano:

--¡Chingada, guarda tenés de la niña! ¡Hi de tal, la tenés bien

guardada!

Las dos figuras parejas se recogían, susurrantes en el quicio de la

puerta: Eran, sobre el hueco profundo de sombra, oscuros bultos de

borroso realce. Tirano Banderas se acercó a la encamisada, que con

el gesto obstinado de los locos, hundía las uñas en la greña y se

agazapaba en un rincón aullando:

--Manolita, vos serés bien mandada. Andate no más para la recámara.

Aquella pelona encamisada era la hija de Tirano Banderas: Joven,

lozana, de pulido bronce, casi una niña, con la expresión inmóvil,

sellaba un enigma cruel su máscara de ídolo: Huidiza y doblada, se

recogió al amparo de la recamarera y el mucamo, arrestados en la

puerta. Se la llevaron con amonestaciones, y en la oscuridad se

perdieron. Tirano Banderas, con un monólogo tartajoso, comenzó a dar

paseos: Al cabo, resolviéndose, hizo una cortesía de estantigua, y

comenzó a subir la escalera.

--Al macaneador de mi compadre, será prudente arrestarlo esta noche,

Mayor del Valle.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 53 / 179 题