IV

El patrón, con solo cincuenta hombres, caminó por marismas y manglares

hasta dar vista a un pailebote abordado para la descarga en el muelle

de un aserradero. Filomeno ordenó al piloto que pusiese velas al

viento para recalar en Punta Serpientes. El sarillo luminoso de un

faro giraba en el horizonte. Embarcada la gente, zarpó el pailebote

con silenciosa maniobra. Navegó la luna sobre la obra muerta de babor,

bella la mar, el barco marinero. Levantaba la proa surtidores de plata

y en la sombra del foque un negro juntaba rueda de oyentes: Declamaba

versos con lírico entusiasmo, fluente de ceceles. Repartidos en ranchos

los hombres de la partida, tiraban del naipe: Aceitosos farolillos

discernían los rumbos de juguetas por escotillones y sollados. Y en

la sombra del foque abría su lírico floripondio de ceceles el negro

catedrático:

Navega velelo mío

Sin temol,

Que ni enemigo navío,

Ni tolmenta, ni bonanza,

A tolcel tu lumbo alcanza,

Ni a sujetal tu valol.

Tirano Banderas: Novela de tierra caliente · 第 10 / 179 题