Saliendo a Jarote Quemado con una tropilla de mayorales, arrendó su
montura el patrón y a la luz de una linterna pasó lista:
--Manuel Romero.
--¡Presente!
--Acércate. No más que recomendarte precaución con ponerte briago.
La primera campanada de las doce será la señal. Llevas sobre ti la
responsabilidad de muchas vidas, y no te digo más. Dame la mano.
--Mi jefesito en estas bolucas somos baqueanos.
El patrón repasó el listín:
--Benito San Juan.
--¡Presente!
--¿Chino Viejo te habrá puesto al tanto de tu consigna?
--Chino Viejo no más me ha significado meterme con alguna caballada
por los rumbos de la feria y tirarlo todo patas al aire. Soltar
algún balazo y no dejar títere sano. La consigna no aparenta mayores
dificultades.
--¡A las doce!
--Con la primera campanada. Me acantonaré bajo el reloj de Catedral.
--Hay que proceder de matute y hasta lo último aparentar ser pacíficos
feriantes.
--Eso seremos.
--A cumplir bien. Dame la mano.
Y puesto el papel en el cono luminoso de la linterna, aplicó los ojos
el patrón:
--Atilio Palmieri.
--¡Presente!
Atilio Palmieri era primo de la niña ranchera: Rubio, chaparro,
petulante. El ranchero se tiraba de las barbas caprinas:
--Atilio, tengo para ti una misión muy comprometida.
--Te lo agradezco, pariente.
--Estudia el mejor modo de meter fuego en un convento de monjas, y a
toda la comunidad, en camisa, ponerla en la calle escandalizando. Esa
es tu misión. Si hallas alguna monja de tu gusto, cierra los ojos. A
la gente, que no se tome de la bebida. Hay que operar violento, con
la cabeza despejada. ¡Atilio, buena suerte! Procura desenvolver tu
actuación sobre los límites de media noche.
--Conformo, Filomeno, que saldré avante.
--Así lo espero: Zacarías San José.
--¡Presente!
--Para ti ninguna misión especial. A tus luces dejo lo que más
convenga. ¿Qué bolichada harías tú esta noche metiéndote, con algunos
hombres, por Santa Fe? ¿Cuál sería tu bolichada?
--Con solamente otro compañero dispuesto, revoluciono la feria: Vuelco
la barraca de las Ceras y abro las jaulas. ¿Qué dice el patrón? ¿No se
armaría buena? Con cinco valientes pongo fuego a todos los abarrotes de
gachupines. Con veinticinco copo la guardia de los Mostenses.
--¿No más que eso prometes?
--Y muy confiado de darle una sangría a Tirano Banderas. Mi jefesito,
en este alforjín que cargo en el arzón van los restos de mi chamaco.
¡Me lo han devorado los chanchos en la ciénaga! No más cargando estos
restos, gané en los albures para feriar guaco, y tiré a un gachupín
la mangana y escapé ileso de la balasera de los gendarmes. Esta noche
saldré bien en todos los empeños.
--Cruzado, toma la gente que precises y realiza ese lindo programa. Nos
vemos. Dame la mano. Y pasada esta noche sepulta esos restos. En la
guerra el ánimo y la inventiva son los mejores amuletos. Dame la mano.
--¡Mi jefesito, estas ferias van a ser señaladas!
--Eso espero: Crisanto Roa.
--¡Presente!
Era el último de la lista y sopló la linterna el patrón. Las peonadas
habían renovado su marcha bajo la luna.