TEORÍA MODERNA DE LA COLONIZACIÓN

La necesidad de las condiciones que hemos reconocido como

indispensables a la explotación capitalista, aparece claramente en las

colonias. -- Confesiones de la Economía política.

_La necesidad de las condiciones que hemos reconocido como

indispensables a la explotación capitalista, aparece claramente en las

colonias._

La Economía política burguesa no se detiene a examinar si tal o cual

hecho es cierto, sino si es beneficioso o nocivo al capital. Por tanto,

trata de mantener una confusión sumamente cómoda entre dos géneros de

propiedad privada completamente distintos: entre la propiedad privada

basada en el trabajo personal y la propiedad capitalista basada en el

trabajo ajeno, y olvida intencionadamente que esta última no crece sino

sobre la tumba de la primera.

En nuestros países, en la Europa occidental, la acumulación primitiva,

es decir, la expropiación de los trabajadores, se halla en parte

terminada, bien porque el régimen capitalista se ha apoderado de toda

la producción nacional, o bien porque, allí donde las condiciones

económicas están menos adelantadas, obra, por lo menos indirectamente,

sobre las formas sociales que persisten a su lado, pero que caen poco

a poco juntamente con el modo de producción atrasado que representan.

En las colonias, o donde quiera que se encuentre un suelo virgen

colonizado por emigrantes libres, ocurre todo lo contrario.

El modo de producción y de apropiación capitalista tropieza allí con la

propiedad fruto del trabajo personal, con el productor que, disponiendo

de las condiciones exteriores del trabajo, consigue enriquecerse en

vez de enriquecer al capitalista. La pugna entre estos dos modos

de apropiación, que la Economía política niega entre nosotros, se

demuestra allí con los hechos, con la lucha.

Cuando se trata de las colonias, el economista entra en el terreno de

las confesiones y asegura que, o hay que renunciar al desarrollo de

las potencias colectivas del trabajo, a la cooperación, a la división

manufacturera, al empleo en gran escala de las máquinas, etc., o buscar

algún expediente para lograr que los trabajadores, privados de los

medios de trabajo, se vean obligados a venderse, por supuesto en las

condiciones de dependencia indispensables; en una palabra, que hay que

hallar un medio de fabricar asalariados.

El economista descubre entonces que el capital no es una cosa, sino

una relación social entre las personas, relación que se establece por

mediación de las cosas. Un negro es un negro; solo en determinadas

condiciones se convierte en esclavo. Esta máquina, por ejemplo, no es

más que una máquina de hilar algodón, y solo en ciertas condiciones se

convierte en capital. Fuera de estas condiciones, no es más capital que

el oro por sí mismo es moneda; el capital es una relación social de

producción.

Descubre además el economista que la posesión de dinero, subsistencias,

máquinas y otros medios de producción, no hace de un hombre un

capitalista, si no dispone del complemento, que es el asalariado, es

decir, de otro hombre que se ve obligado a venderse voluntariamente:

los medios de producción y de subsistencia no se transforman en capital

mientras no se utilicen como medios de explotar y dominar el trabajo.

El carácter esencial de toda colonia libre es el de que cada colono

puede apropiarse una parte de la tierra que le sirve de medio de

producción individual, sin que esto impida que hagan otro tanto los

colonos que lleguen después que él. Allí donde todos los hombres son

libres y donde cada cual puede adquirir un trozo de terreno, es difícil

encontrar un trabajador, y si se encuentra, es a precio muy subido.

Cuando el trabajador puede acumular para sí mismo, y puede hacerlo

mientras es propietario de sus medios de producción, la acumulación y

la apropiación capitalistas son imposibles, pues les falta la clase

asalariada, de la cual no pueden prescindir.

La perfección suprema de la producción capitalista consiste, no

solamente en que reproduce sin cesar al asalariado como tal asalariado,

sino en que crea asalariados supernumerarios, merced a los cuales

mantiene la ley de la oferta y de la demanda del trabajo en el cauce

conveniente, hace que las oscilaciones del mercado tengan lugar dentro

de los límites más favorables a la explotación, que la sumisión tan

indispensable del trabajador al capitalista esté garantizada, y por

último, perpetúa la relación de dependencia absoluta que, en Europa, el

economista farsante disfraza, engalanándola enfáticamente con el nombre

de libre contrato entre dos mercaderes igualmente independientes, o

sea uno que vende la mercancía capital y otro la mercancía trabajo. En

las colonias se desvanece el dulce error economista. Desde el momento

en que un asalariado llega a ser artesano o labrador independiente,

la oferta de trabajo no es ni regular ni suficiente. Esta continua

transformación de asalariados en productores libres, que trabajan

por su cuenta propia y no por la del capital, que se enriquecen en

vez de enriquecer a los señores capitalistas, influye, en efecto, de

una manera funesta sobre el estado del mercado del trabajo, y por

consecuencia, sobre el tipo del salario.

_Confesiones de la Economía política._

En estas circunstancias, el grado de explotación no solo baja de una

manera ruinosa, sino que el asalariado pierde además, juntamente

con la dependencia real, todo sentimiento de docilidad respecto del

capitalista. Así, el economista Merivale declara que «esta dependencia

debe crearse en las colonias por medios artificiales».

Por otro lado, M. de Molinari, librecambista rabioso, dice: «En las

colonias donde la esclavitud ha sido abolida sin que el trabajo forzoso

haya sido reemplazado con una cantidad equivalente de trabajo libre,

se ha operado _la inversa del hecho que se realiza diariamente entre

nosotros. Se ha visto a los simples trabajadores explotar a su vez

a los empresarios industriales_, y exigir de ellos salarios que no

estaban en proporción con la parte legítima que les correspondía en el

producto.»

¡Cómo! ¿Y la ley sagrada de la oferta y la demanda? Si el empresario

cercena en Europa al obrero su parte legítima, ¿por qué este, en las

colonias, favoreciéndole las circunstancias, en vez de perjudicarle, no

ha de cercenar también la parte del empresario? Vamos, préstese un poco

de ayuda gubernamental a esa pobre ley de la oferta y la demanda, que

algunos se permiten hacer funcionar libremente.

El secreto que la economía política del antiguo mundo ha descubierto

en el nuevo, secreto inocentemente descubierto por sus elucubraciones

sobre las colonias, es que el sistema de producción y de acumulación

capitalista, y por consiguiente la propiedad privada capitalista,

supone el aniquilamiento de la propiedad privada basada en el trabajo

personal, y que su base es la expropiación del trabajador, pues no

puede disponerse de los asalariados indispensables, sometidos y

disciplinados, sino cuando estos no pueden trabajar para sí mismos,

cuando no poseen los medios de producción.

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 126 / 134 题