Supresión, por la propiedad capitalista, de la propiedad privada
basada en el trabajo personal. -- La transformación de la propiedad
capitalista en propiedad social.
_Supresión, por la propiedad capitalista, de la propiedad privada
basada en el trabajo personal._
Por lo ya expuesto, se advierte que lo que hay en el fondo de la
acumulación primitiva, y en el de su formación histórica, es la
expropiación del productor inmediato, la desaparición de la propiedad
fundada en el trabajo personal de su poseedor.
La propiedad privada, como oposición a la propiedad colectiva, solo
existe allí donde los instrumentos y demás condiciones exteriores
del trabajo pertenecen a particulares; pero, según que sean estos
trabajadores o no trabajadores, la propiedad privada cambia de aspecto.
La propiedad privada del trabajador que posee los medios para poner
en ejercicio su actividad productiva, acompaña a la pequeña industria
agrícola o manufacturera, que es la escuela donde se adquieren la
habilidad manual, la destreza ingeniosa y la libre individualidad del
trabajador. Es cierto que este modo de producción se encuentra en medio
de la esclavitud, de la servidumbre y otros estados de dependencia;
pero no prospera, ni despliega toda su energía, ni reviste su forma
completa y clásica sino donde el trabajador es propietario libre de
las condiciones de trabajo que él mismo pone en ejercicio, el labrador
del suelo que cultiva y el artesano de la herramienta que maneja, como
el artista lo es de su instrumento de trabajo.
Semejante régimen industrial de pequeños productores independientes,
que trabajan por cuenta propia, supone la división de la tierra y
el fraccionamiento de los demás medios de producción. Como excluye
la concentración de estos medios, excluye también la cooperación en
gran escala, la división del trabajo en el taller y en el campo, el
maquinismo, el dominio inteligente del hombre sobre la naturaleza, el
libre desarrollo de las potencias sociales del trabajo y el concierto y
la unidad en el fin, en los medios y en los esfuerzos de la actividad
colectiva; siendo solo compatible con un estado restringido y mezquino
de la producción y de la sociedad. El perpetuar semejante régimen,
si fuera posible, equivaldría --como dice Pecqueur perfectamente-- a
«decretar la medianía en todo».
Mas en cuanto llega a cierto grado, él mismo comienza a engendrar los
agentes materiales de su disolución. A partir de este momento, las
fuerzas y pasiones que comprime, empiezan a agitarse en el seno de
la sociedad. Está condenado a ser, y será, en efecto, aniquilado. Su
movimiento de eliminación, que consiste en transformar los medios de
producción individuales y dispersos en medios de producción socialmente
concentrados, y en convertir la diminuta propiedad de la mayor parte en
propiedad colosal de unos cuantos, por medio de la dolorosa y terrible
expropiación del pueblo trabajador, he ahí cuáles son los orígenes
del capital, que entrañan toda una serie de procedimientos violentos,
de los que solo hemos mencionado los más notables al investigar los
métodos de acumulación primitiva.
La expropiación de los productores inmediatos se lleva a cabo con un
cinismo implacable, aguijoneado por los móviles más infames, por las
pasiones más sórdidas y más aborrecibles en medio de su pequeñez.
La propiedad privada, basada en el trabajo personal, esa propiedad
que adhiere, por decirlo así, al trabajador aislado y autónomo a las
condiciones exteriores del trabajo, ha sido suplantada por la propiedad
privada capitalista, fundada en la explotación del trabajo ajeno, en el
régimen del salario.
_La transformación de la propiedad capitalista en propiedad social._
Desde que este movimiento de transformación ha descompuesto de arriba
abajo la vieja sociedad; desde que los productores se han convertido en
proletarios, y sus medios de trabajo en capital; desde que el régimen
capitalista se sostiene por la sola fuerza económica de las cosas, la
socialización futura del trabajo, así como la transformación progresiva
de la tierra y de los demás medios de producción en instrumentos
socialmente explotados, comunes, en una palabra, la eliminación futura
de las propiedades privadas, va a revestir una nueva forma. No es al
trabajador independiente a quien hay que expropiar ahora, sino al
capitalista, al jefe de un ejército o de una escuadra de asalariados.
Esta expropiación tiene lugar por la acción de las leyes de la misma
producción capitalista, las cuales tienden a la concentración de
los capitales. Al mismo tiempo que la centralización --que es la
expropiación de la mayoría de los capitalistas por la minoría-- se
desarrollan, cada vez en mayor escala, la aplicación de la ciencia a
la industria, la explotación de la tierra con método y en conjunto la
transformación de la herramienta en instrumentos poderosos, solo por el
uso común, y por consecuencia la economía de los medios de producción
y las relaciones de todos los pueblos en el mercado universal; de
donde procede el carácter internacional que lleva impreso el régimen
capitalista.
A medida que disminuye el número de los potentados del capital
que usurpan y monopolizan todos los beneficios de este periodo de
evolución social, aumentan la miseria, la opresión, la esclavitud, la
degradación, la explotación, pero también aumenta la resistencia de
la clase obrera, cada vez más numerosa y mejor disciplinada, unida y
organizada por el propio mecanismo de la producción capitalista. El
monopolio del capital ha llegado a ser un obstáculo para el sistema
actual de producción, que ha crecido y prosperado con él y gracias a
él. La socialización del trabajo y la centralización de sus resortes
materiales han llegado a un punto en que no pueden ya contenerse en
la envoltura capitalista. Esta envoltura está próxima a romperse: la
hora postrera de la propiedad capitalista ha sonado ya; a su vez, los
expropiadores van a ser expropiados.
La apropiación capitalista, conforme al modo de producción capitalista
también, constituye la primera negación de la propiedad privada
resultante del trabajo independiente e individual. Pero la producción
capitalista misma engendra su propia negación con la fatalidad que
preside a las evoluciones de la naturaleza. Esa producción tiende
a restablecer, no la propiedad privada del trabajador, sino la
propiedad del mismo fundada en los progresos realizados por el periodo
capitalista, en la cooperación y posesión común de todos los medios
de producción, incluida la tierra. Lo que la burguesía capitalista
produce, ante todo, a medida que la gran industria se desarrolla, son
sus propios sepultureros; la eliminación de aquella y el triunfo del
proletariado son igualmente inevitables.
Naturalmente, para transformar la propiedad privada y fraccionada,
objeto del trabajo individual, en propiedad capitalista, se ha
necesitado tiempo, esfuerzos y penas, que no serán precisos para
transformar en propiedad social la propiedad capitalista, la cual
descansa ya de hecho en un sistema de producción colectivo.
En el primer caso, se trataba de la expropiación de la masa por algunos
usurpadores; en el segundo, trátase de la expropiación de unos cuantos
usurpadores por la masa.