La acumulación primitiva se ha efectuado por la fuerza. -- Régimen
colonial, deudas públicas, sistema proteccionista.
_La acumulación primitiva se ha efectuado por la fuerza._
No es dudoso que muchos jefes de gremios, artesanos independientes, y
aun obreros asalariados, se hayan hecho desde luego capitalistas en
pequeño y que, poco a poco, merced a una explotación siempre creciente
de trabajo asalariado seguida de una acumulación correspondiente, hayan
por fin salido de su concha transformados en capitalistas de la cabeza
hasta los pies.
Sin embargo, esta transformación lenta del capital no respondía
en manera alguna a las necesidades comerciales del nuevo mercado
universal, creado por los grandes descubrimientos del siglo XV.
Pero la Edad Media había legado dos especies de capital que prosperan
bajo los más diversos regímenes de economía social, y que, antes de
la época moderna, ocupan por sí solos la categoría de capital. Tales
son el _capital usurario_ y el _capital comercial_. Ahora bien, la
constitución feudal de los campos y la organización corporativa de las
ciudades, barreras que impedían al capital-dinero, formado por el doble
camino de la usura y del comercio, transformarse en capital industrial,
concluyeron por desaparecer.
El descubrimiento de las minas de oro y plata de América, la sepultura
en ellas de sus habitantes reducidos a la esclavitud o al exterminio,
los amagos de conquista y de saqueo en las Indias orientales, la
transformación de África en territorio de caza para la captura de
negros, tales fueron los procedimientos suaves de acumulación primitiva
con que se señaló en su aurora la era capitalista. Inmediatamente
después estalla la guerra mercantil, que llega a tener el mundo entero
por teatro. Empezando por la rebelión de Holanda contra España,
adquiere proporciones gigantescas en la cruzada de Inglaterra contra la
Revolución francesa, y se prolonga hasta nuestros días en expediciones
de piratas como las famosas _guerras de opio_ contra China.
Algunos de los diferentes métodos de acumulación primitiva, como
régimen colonial, deudas públicas, hacienda moderna, sistema
proteccionista, etc., descansan en el empleo de la fuerza; pero todos,
sin excepción, explotan el poder del Estado, la fuerza concentrada y
organizada de la sociedad, a fin de precipitar violentamente el paso
del orden económico feudal al orden económico capitalista, y abreviar
los periodos de transición. En efecto, la fuerza es la partera de toda
sociedad en vías de alumbramiento; la fuerza es un agente económico.
_Régimen colonial, deudas públicas, sistema proteccionista._
El régimen colonial dio un gran impulso a la navegación y al comercio,
y produjo las sociedades mercantiles, a las que los gobiernos
concedieron monopolios y privilegios, medios poderosos para efectuar la
concentración de los capitales. Dicho régimen proporcionaba mercados
a las nacientes manufacturas, cuya facilidad de acumulación se
duplicó merced al monopolio del mercado en las colonias. Los tesoros
directamente usurpados, fuera de Europa, por el trabajo forzoso de
los indígenas reducidos a la esclavitud por el robo y el asesinato,
volvían a la madre patria para funcionar allí como capitales. En
nuestros días, la superioridad industrial indica la superioridad
comercial; pero, en la época manufacturera propiamente dicha, la
superioridad comercial es la que da la superioridad industrial. De aquí
proviene el importante papel que desempeñó en aquella época el régimen
colonial.
El sistema de las deudas públicas, cuya aplicación iniciaron en la
Edad Media Venecia y Génova, invadió definitivamente a Europa durante
la época manufacturera. La deuda pública, o, en otros términos, la
enajenación del Estado, ya sea este despótico, constitucional o
republicano, es la que da carácter a la era capitalista. La única parte
de la llamada riqueza nacional que entra efectivamente en la posesión
colectiva de los pueblos modernos, es su deuda pública.
La deuda pública obra como uno de los agentes más enérgicos de la
acumulación primitiva. Con facilidad mágica dota al dinero improductivo
de la virtud procreadora, transformándolo así en capital, y sin que por
esto se halle expuesto a sufrir los riesgos inseparables de su empleo
industrial y aun de la usura privada.
A decir verdad, los que prestan al Estado no dan nada, pues su capital,
transformado en efectos públicos de fácil circulación, continúa
funcionando entre sus manos como si fuese numerario. Mas, dejando a un
lado la clase de rentistas ociosos así creada y la fortuna improvisada
de los hacendistas intermediarios entre el gobierno y la nación,
la deuda pública ha dado impulso a las sociedades por acciones, al
comercio de toda clase de papeles negociables, a las operaciones
dudosas, al agiotaje, en suma, a los juegos de Bolsa y a la soberanía
moderna de la banca.
Desde su creación, los grandes bancos engalanados de títulos
nacionales, no son más que asociaciones de especuladores privados que
se establecen al lado de los gobiernos y que, merced a los privilegios
que estos les conceden, llegan a prestarle aun el dinero del público.
Como la deuda pública está basada sobre la renta pública, la cual tiene
que satisfacer los intereses anuales de aquella, el sistema moderno
de las contribuciones era la consecuencia obligada de los empréstitos
nacionales. Los empréstitos, que permiten a los gobiernos atender a los
gastos extraordinarios sin que los contribuyentes se resientan de ellos
inmediatamente, producen al cabo una elevación en las contribuciones;
por otra parte, el recargo de impuestos, causado por la acumulación de
las deudas sucesivamente contraídas, obliga a los gobiernos, en caso
de nuevos gastos extraordinarios, a recurrir a nuevos empréstitos. El
sistema fiscal moderno, que descansa ante todo sobre la contribución
de los artículos de primera necesidad, y produce, por consecuencia,
la elevación de su precio, se ve arrastrado por su propio mecanismo
a hacerse cada vez más pesado e insoportable. El recargo excesivo de
las cuotas es el principio, no un incidente de dicho sistema, el cual
ejerce una acción expropiadora sobre el labrador, el artesano y demás
elementos de la clase media.
La gran parte que toca a la deuda pública y al sistema fiscal
correspondiente en la capitalización de la riqueza y en la expropiación
de las masas, ha llevado a multitud de escritores a ver en este hecho
la causa primordial de la miseria de los pueblos modernos.
El sistema proteccionista, con ayuda de los derechos protectores, de
las primas de exportación, de los monopolios de venta en el interior,
etc., fue un medio artificial de crear fabricantes, de expropiar
trabajadores independientes, de transformar en capital los instrumentos
y condiciones materiales del trabajo, de abreviar a viva fuerza el paso
del antiguo sistema de producción al sistema moderno. El procedimiento
de fabricación de fabricantes se simplificó aún en ciertos países
donde Colbert había formado escuela: la fuente misteriosa de donde el
capital primitivo llegaba directamente a los especuladores, en forma de
adelanto y aun de donativo, fue a menudo el tesoro público.
Régimen colonial, deudas públicas, dilapidaciones fiscales, protección
industrial, guerras comerciales, etc., adquirieron un desarrollo
gigantesco durante la primera juventud de la grande industria.
* * * * *
En resumen, así es como el trabajador se ha divorciado de las
condiciones del trabajo, y como estas se han transformado en capital y
la masa del pueblo en asalariados. El capital viene al mundo sudando
sangre y cieno por todos sus poros.