IV. _Formas diversas del sobrante relativo de población._

Por más que el sobrante relativo de población presenta matices que

varían hasta lo infinito, distínguense en él, sin embargo, algunas

grandes categorías, algunas diferencias de forma muy marcadas: la forma

flotante, la forma oculta y la forma permanente.

Los centros de la industria moderna, talleres mecánicos, manufacturas,

fundiciones, minas, etc., no cesan de atraer y de rechazar

alternativamente a los trabajadores; pero, en general, concluyen por

atraer más que rechazan, de suerte que el número de obreros explotados

va aumentando en ellos, aunque disminuye proporcionalmente en la escala

de la producción. El sobrante de población existe allí en estado

flotante.

Las fábricas, la mayor parte de las grandes manufacturas, solo emplean

a los obreros varones hasta la edad de su madurez. Pasado este término,

conservan únicamente una escasa minoría y despiden casi siempre a los

restantes. Este elemento del sobrante de población aumenta a medida que

se extiende la grande industria; el capital necesita una proporción

mayor de mujeres, de niños y de jóvenes, que de hombres adultos. Por

otra parte, es tal la explotación de la fuerza obrera por el capital,

que el trabajador se encuentra aniquilado a la mitad de su carrera.

Al llegar a la edad madura, debe dejar su puesto a una fuerza más

joven y descender un peldaño de la escala social, y dichoso él si no

se ve relegado definitivamente entre los supernumerarios. Además, el

término medio más corto de la vida se halla entre los obreros de la

grande industria. Dadas estas condiciones, las filas de esta fracción

del proletariado solo pueden engrosar cambiando frecuentemente de

elementos individuales. Es necesario, pues, que las generaciones se

renueven frecuentemente, cuya necesidad social queda satisfecha por

medio de matrimonios precoces y gracias a la prima que la explotación

de los niños asegura a su producción.

En seguida que la producción capitalista se apodera de la agricultura

e introduce en ella el empleo de las máquinas, la demanda de trabajo

disminuye efectivamente a medida que el capital se acumula en ese

ramo; una parte de la población agrícola se halla siempre a punto

de transformarse en población urbana y manufacturera. Para que la

población de los campos se dirija, como lo hace, a las ciudades, es

preciso que, en los campos mismos, haya un sobrante de población

oculto, cuya extensión no se echa de ver sino en el momento en que la

emigración de los campos a las ciudades tiene lugar en grande escala.

Por consiguiente, el obrero agrícola se halla reducido al mínimum de

salario y tiene ya un pie en el fango del pauperismo.

Por otra parte, a pesar de este sobrante relativo de población, los

campos quedan al mismo tiempo insuficientemente poblados. Esto se deja

sentir no solo de una manera local en los puntos donde se opera un

rápido tránsito de hombres hacia las ciudades, minas, ferrocarriles,

etc., sino generalmente en la primavera, en verano y en otoño, épocas

en que la agricultura tiene necesidad de un suplemento de brazos.

Aunque hay demasiados obreros para las necesidades ordinarias, hay

escasez de ellos para las necesidades excepcionales y temporales de la

agricultura.

La tercera categoría del sobrante relativo de población, la permanente,

pertenece al ejército industrial activo, pero, al mismo tiempo, la

extremada irregularidad de sus ocupaciones hace de él un depósito

inagotable de fuerzas disponibles. Acostumbrado a la miseria crónica,

a condiciones de existencia completamente inseguras y vergonzosamente

inferiores al nivel ordinario de la clase obrera, se convierte en

extensa base de ramos especiales de explotación en los cuales el tiempo

de trabajo llega a su máximum y el tipo del salario a su mínimum.

El llamado trabajo a domicilio nos ofrece un ejemplo espantoso de

esta categoría. Esta capa social, que se recluta sin cesar entre

los supernumerarios de la grande industria y de la agricultura,

se reproduce en escala creciente. Si las defunciones son en ella

numerosas, el número de los nacimientos es, en cambio, muy elevado.

Semejante fenómeno trae a la memoria la reproducción extraordinaria de

ciertas especies animales débiles y constantemente perseguidas. «La

pobreza --dice Adam Smith-- parece favorable a la generación».

Finalmente, el último residuo del sobrante relativo de población habita

el infierno del pauperismo. Sin contar los vagabundos, los criminales,

las prostitutas, los mendigos, y todo ese mundo que llaman «clases

peligrosas», esta capa social se compone de tres categorías.

La primera comprende los obreros aptos para trabajar; su masa, que

engrosa a cada crisis, disminuye cuando los negocios recobran su

actividad. La segunda comprende los niños de los pobres socorridos

y los huérfanos. Estos son otros tantos candidatos de la reserva

industrial, los cuales, en las épocas de mayor prosperidad, entran

en masa en el servicio activo. La tercera categoría comprende los

más miserables; en primer lugar los obreros y obreras a quienes el

desarrollo social ha, por decirlo así, desmonetizado, al suprimir la

obra de detalle que, por la división del trabajo, era su único recurso;

después los que, por desgracia, han pasado de la edad productiva

del asalariado, y por último, las víctimas directas de la industria,

enfermos, mutilados, viudas, etc., cuyo número se eleva con el de las

máquinas peligrosas, las minas, las manufacturas químicas, etc.

_El pauperismo es la consecuencia fatal del sistema capitalista._

El pauperismo es el cuartel de inválidos del ejército del trabajo. Su

producción está comprendida en la del sobrante relativo de población,

su necesidad en la necesidad de este, y forma con él una condición de

existencia de la riqueza capitalista.

Las mismas causas que desarrollan con la potencia productiva del

trabajo la acumulación del capital, creando la facilidad de disponer

de la fuerza obrera, hacen que aumente la reserva industrial con los

resortes materiales de la riqueza. Pero cuanto más aumenta la reserva,

comparativamente al ejército del trabajo, más aumenta también el

pauperismo oficial. He ahí la ley general, absoluta, de la acumulación

capitalista. La acción de esta ley, como la de cualquiera otra, está

naturalmente sujeta a las modificaciones de circunstancias particulares.

El análisis de la supervalía relativa (sección cuarta) nos ha conducido

al siguiente resultado: que en el sistema capitalista, en que los

medios de producción no están al servicio del trabajador, sino el

trabajador al servicio de los medios de producción, todos los métodos

para multiplicar los recursos y la potencia del trabajo colectivo

se practican a expensas del trabajador individual; todos los medios

de desarrollar la producción se transforman en medios de dominar y

explotar al productor; hacen de él un hombre truncado, parcelario,

o el accesorio de una máquina; le oponen, como otros tantos poderes

enemigos, las potencias científicas de la producción; sustituyen el

trabajo atractivo por el trabajo forzado; hacen cada vez más penosas

las condiciones en que se efectúa el trabajo, y someten al obrero

durante su servicio a un despotismo tan mezquino como ilimitado;

transforman su vida entera en tiempo de trabajo y encierran a su mujer

y a sus hijos en los presidios capitalistas.

Pero todos los métodos que ayudan a la producción de la supervalía,

favorecen igualmente la acumulación, y toda extensión de esta necesita

a su vez de aquellos. De lo cual resulta que, cualquiera que sea

el tipo de los salarios, alto o bajo, la condición del trabajador

debe empeorar a medida que el capital se acumula; de tal suerte,

que acumulación de riqueza por un lado, significa acumulación igual

de pobreza, de sufrimiento, de ignorancia, de embrutecimiento, de

degradación física y moral, de esclavitud por otro, o sea del lado de

la clase que produce el capital mismo.

El capital: Resumido y acompañado de un estudio sobre el Socialismo científico · 第 115 / 134 题