Propiedad del trabajo de conservar valor creando valor. -- Valor
simplemente conservado y valor reproducido y aumentado.
_Propiedad del trabajo de conservar valor creando valor._
Los diversos elementos que contribuyen a la ejecución del trabajo
tienen una parte diferente en la formación del valor de los productos.
El obrero añade un valor nuevo al objeto del trabajo por la adición de
nuevas dosis de trabajo, cualquiera que sea el género de utilidad de
este. Por otra parte, hallamos en el valor del producto el valor de los
medios de producción consumidos, por ejemplo, el valor del algodón y de
las brocas en el de los hilados. El valor de los medios de producción
se conserva, pues, y se trasmite al producto por medio del trabajo.
Pero ¿de qué modo?
El obrero no trabaja una vez para añadir nuevo valor al algodón y otra
vez para conservar el antiguo, o lo que es lo mismo, para trasmitir
a los hilados el valor de las brocas que desgasta y del algodón que
elabora. Por la simple adición de valor conserva el antiguo. Mas como
el hecho de añadir valor nuevo al objeto de trabajo y conservar el
valor antiguo en el producto, son dos resultados enteramente distintos
que el obrero obtiene en el mismo espacio de tiempo, este doble efecto
no puede resultar indudablemente sino del doble carácter de su
trabajo. Este debe en el mismo momento crear valor en virtud de una
propiedad y conservar o trasmitir valor en virtud de otra.
El hilador añade valor hilando, el tejedor tejiendo, el forjador
forjando, etc., y esta forma de hilanza, de tejido, etc., en otros
términos, la forma productiva especial en que se emplea el trabajo, es
causa de que los medios de producción, tales como algodón y brocas,
hilo y telar, hierro y yunque, den origen a un nuevo producto. Ahora
bien, ya hemos visto que el tiempo de trabajo necesario para crear los
medios de producción consumidos entra en cuenta en el producto nuevo;
por consecuencia, el trabajador conserva el valor de los medios de
producción consumidos y lo trasmite al producto como parte constitutiva
de su valor por la forma útil especial del trabajo añadido.
Si el trabajo productivo especial del obrero no fuese la hilanza, por
ejemplo, no haría hilados y no trasmitiría a su producto los valores
de las brocas y del algodón empleado en la hilanza. Pero si nuestro
hilador cambia de oficio por un día de trabajo, y se hace, por ejemplo,
carpintero, añadirá como antes un valor a las materias. Añade, pues,
este valor por su trabajo, no considerado como trabajo de hilador o de
carpintero, sino como trabajo en general, como gasto de fuerza humana;
y añade cierta cantidad de valor, no porque su trabajo tenga tal o
cual forma útil particular, sino porque ha durado cierto tiempo. Así,
una cantidad nueva de trabajo añade nuevo valor, y por la calidad del
trabajo añadido los antiguos valores de los medios de producción se
conservan en el producto.
Este doble efecto del mismo trabajo aparece claramente en una multitud
de circunstancias. Supongamos que una invención cualquiera permite al
obrero hilar en seis horas tanto algodón como antes en dieciocho. Como
actividad productiva, la potencia de su trabajo ha triplicado y su
producto es tres veces mayor: 15 kilogramos en lugar de 5. La cantidad
de valor añadida por las seis horas de hilanza al algodón sigue siendo
la misma; solamente que esta cantidad recaía antes sobre 5 kilogramos y
ahora recae sobre 15, siendo, por lo tanto, tres veces menor. Por otra
parte, siendo ahora empleados 15 kilogramos de algodón en lugar de 5,
el producto de seis horas de trabajo contiene un valor seis veces mayor
de algodón. Así, en seis horas de hilanza, un valor tres veces mayor
de materia primera se conserva y trasmite al producto, aunque el valor
añadido a esta misma materia sea tres veces más pequeño. Esto muestra
que la propiedad en cuya virtud el trabajo conserva el valor, es
esencialmente distinta de la propiedad por la que crea el valor durante
la misma operación.
El medio de producción solo trasmite al producto el valor que él
pierde, perdiendo su utilidad primitiva; pero en este concepto, los
elementos materiales del trabajo se comportan de diferente modo.
Las materias primeras y materias auxiliares pierden su aspecto al
servir para la ejecución de un trabajo. Distinta cosa ocurre con
los instrumentos propiamente dichos, que duran más o menos tiempo
y funcionan en mayor o menor número de operaciones. Se sabe por
experiencia la duración media de un instrumento de trabajo, y se
puede, por consiguiente, calcular su desgaste cotidiano y lo que cada
día trasmite de su propio valor al producto; pero el instrumento de
trabajo, por ejemplo, una máquina, aunque trasmite diariamente una
parte de su valor a su producto diario, funciona todos los días entera
durante la ejecución del trabajo.
Por consiguiente, aun cuando un elemento de trabajo entre todo entero
en la producción de un objeto de utilidad, de un valor de uso, no entra
más que en parte en la formación del valor. Al contrario, un medio de
producción puede entrar entero en la formación del valor, y solo en
parte en la producción de un valor de uso. Supongamos que en la hilanza
de 115 kilogramos de algodón haya 15 de desecho. Si esta pérdida del
15 por 100 es inevitable por término medio en la fabricación, el valor
de los 15 kilogramos de algodón que no se transforman en hilados entra
todo también en el valor de los hilados, como el de los 100 kilogramos
que forman parto de su sustancia. Desde el momento que esta pérdida
es una condición de la producción, el algodón perdido trasmite a los
hilados su valor.
No trasmitiendo los medios de producción al nuevo producto más que el
valor que pierden bajo su antigua forma, solo pueden añadirle valor
si ellos mismos lo poseen. Su valor se halla determinado, no por el
trabajo en que entran como medios de producción, sino por el trabajo de
donde se derivan como productos.
_Valor simplemente conservado y valor reproducido y aumentado._
La fuerza de trabajo en actividad, el trabajo viviente, tiene, pues,
la propiedad de conservar el valor añadiendo valor. Si esta propiedad
no cuesta nada al trabajador, produce mucho al capitalista, que le
debe la conservación del valor actual de su capital. Lo echa de ver
perfectamente en el momento de las crisis, de las interrupciones de
trabajo, en que tiene que soportar los gastos de deterioro de los
medios de producción de que se compone su capital: primeras materias,
instrumentos, etc., que permanecen inactivos.
Decíamos que el valor de los medios de producción se conserva y no se
reproduce, porque los objetos en los cuales existe en un principio no
desaparecen sino para revestir nueva forma útil, y el valor persiste
bajo los cambios de forma. Lo producido es un nuevo objeto de utilidad
en que continúa apareciendo el valor antiguo.
En tanto que el trabajo conserva y trasmite al producto el valor de los
medios de producción, crea a cada instante un valor nuevo. Supongamos
que la producción cesara cuando el trabajador ha creado de este modo el
equivalente del valor diario de su propia fuerza, cuando ha añadido al
producto, por medio de un trabajo de seis horas, un valor de 4 pesetas.
Este valor reemplaza el dinero que el capitalista anticipa para la
compra de la fuerza de trabajo y que el obrero invierte en seguida en
subsistencias. Pero este valor, al contrario de lo que hemos sentado
respecto del valor de los medios de producción, ha sido producido en
realidad; si un valor reemplaza a otro, es merced a una nueva creación.
Sabemos ya, sin embargo, que la duración del trabajo traspasa el límite
en que el equivalente del valor de la fuerza de trabajo se hallaría
reproducido y añadido al objeto trabajado. En lugar de seis horas que
suponemos bastarían para esto, la operación dura doce horas o más. La
fuerza de trabajo en movimiento no reproduce solo su propio valor, sino
que produce también valor de más. Esta supervalía forma el excedente
del valor del producto sobre el de sus elementos constitutivos: los
medios de producción y la fuerza de trabajo. Así, pues, en una
producción, la parte del capital que se transforma en medios de
producción, es decir, en primeras materias, materias auxiliares o
instrumentos de trabajo, no cambia en el acto de la producción la
magnitud de su valor. Por esto la denominamos parte constante del
capital o simplemente _capital constante_.
Al contrario, la parte del capital transformada en fuerza de trabajo,
cambia el valor en una nueva producción y por el hecho mismo de esta
producción. Reproduce primero su propio valor y además produce un
excedente, una supervalía mayor o menor. Esta parte del capital,
de magnitud alterable, la denominamos parte variable del capital o
simplemente _capital variable_.