¡Manitas, las dulces
manos de mi nena!
Las manos mimosas,
rosadas, sedeñas;
las manos, divinas
como dos camelias,
que al acariciarme
parece que besan.
Manos adoradas,
juguetonas, tiernas,
como satinadas
manos de muñeca;
con la delicada
pura transparencia
que tienen las suaves
hojas de gardenia...
Manos adoradas,
como dos inquietas
diminutas brujas
locas y traviesas,
que lo mismo rompen
todo lo que encuentran,
que se unen pidiendo
perdón, cuando pecan...
¡Que sean las dulces
manos de mi nena,
las que cierren mis ojos
cuando yo me muera!