FILIPINAS

¡Cantara yo la espléndida techumbre

que tu suelo cobija y hermosea

como un manto tejido de alma lumbre;

ese sol que en tus cimas centellea

y en los torrentes vívidos te inunda

que su carro de luz relampaguea!

Cantara yo tu tierra floribunda,

donde en raudales inexhaustos mana.

Primavera su plétora fecunda;

esa vegetación rica y lozana

que te baña en color y poesía

como en rayos el sol a la mañana!

¡Cantara yo tu mar, tu mar bravía

que, al romper en tus plantas sus cristales

te arrulla con su bárbara armonía;

Cantara, en fin, tus brisas matinales

tus crepúsculos plácidos y hermosos,

tus magníficas noches tropicales...!

¡Cuál entonces mis versos sonorosos

como el limpio cristal de una cascada

fluyesen inspirados y armoniosos!

Como entonces mi musa arrebatada,

hasta donde tu cielo reverbera,

desde allí como alondra enamorada,

en divinas estrofas prorrumpiera

cantando de tus dones el tesoro

con ritmos de perenne primavera!

Pero los días son más bien de lloro,

no de adularte ¡oh pueblo filipino!

a los ecos de cántico sonoro.

Mientras, tal desatado torbellino

surque tu faz, el rayo de la guerra

alfombrando de escombros su camino;

mientras del llano a la escarpada sierra,

el acero traidor rompa tu entraña

y en sangre inunde tu bendita tierra:

mientras no enfrenes esa impía saña

que hoy ceba sus instintos destructores

en tantos hijos de la madre España;

mientras al Dios del Sinaí no implores

que tienda un velo a tu reciente historia,

nunca esperes ni aplausos ni loores.

¿Porqué engreirte con la vana gloria

de ver a tu Metrópoli vencida

ciñéndote el laurel de la victoria?

Aquí España cayó como el suicida

a quien del goce lúbrico el veneno

poco a poco arrancando fué la vida.

No surgió un sólo ánimo sereno,

que al presentir tu arrollador embate

se lanzase a morir honrado y bueno.

¡Sí; bien lo sabes tú! No hubo combate

en que el león ibero haya lucido

el bélico furor que en su alma late.

Por viles redes de traición perdido,

en tus manos cayó, como el cordero

en los mercados públicos vendido.

No fué el atleta histórico, el guerrero

que cae en medio de la lid sangrienta

herido al golpe de mortal acero.

¡Me estremece de horror la vil afrenta!

Espurios hijos para quienes nada

es todo el odio que en el mundo alienta,

traición hicieron a mi patria amada,

mancillando su honor, que aun esplendía

con vivos resplandores de alborada.

¡Ah! si pudiese con la sangre mía

borrar ese baldón de tu memoria...

¡Hasta la última gota vertería!

¡No! No brotó en los campos de la gloria

el árbol de tu triste independencia:

nació como un aborto de la historia,

surgió como un hedor de pestilencia,

como el miasma mefítico de un lago,

como el mal de una pútrida conciencia.

No espere nunca el lisonjero halago

de inmarchito laurel tu saña impía,

nacida para el luto y el estrago.

Ni sueñes que la gloria te sonría;

que la revolución es el castigo

que Dios a un pueblo delincuente envía.

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La fiebre de odios que tu pecho agita

ya es más que fiebre vértigo iracundo,

cráter que horrores sin cesar vomita.

¿Porqué, porqué, escandalizando al mundo,

se ensaña hasta en el mismo sacerdote

tu rencor despiadado y furibundo?

¿No temes, dí, que el exterminio brote

del seno impuro de nequicia tanta

y con sus alas de huracán te azote?

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No seas, no, como la débil hoja

que arranca a su merced el cierzo frío

que en Otoño los árboles despoja.

Sé cual la _narra_[43] de tu bosque umbrío

que, al ascender por el azul sereno,

lanza al baguio valiente desafío.

No desarraigues nunca de tu seno

el árbol santo que hoy tu furia ataca,

ni en tu ser inocules más veneno.

[Nota 43: Arbol leguminoso, maderable, muy empleado en la

construcción de moblaje.]

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El pájaro que vuela de su nido,

cuando aun el vuelo remontar no sabe,

cae por sus propias alas oprimido.

No sea símil de tu historia el ave.

No, al sacudir tu cuello una coyunda,

otra más dura y más senil lo grave.

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Truene a lucir el templo sacrosanto,

vuelve a adorar su redentor emblema

¡o reinen por doquier luto y espanto

y flagele tu rostro al anatema!

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 334 / 368 题