TOTA PULCHRA ES MARIA

"_El Señor me poseyó desde el principio"_

(PROV. VIII, 23).

Dadme canoras aves la armonía

que en cascada sonora

surge del fondo de la selva umbría,

cuando el naciente día

fresco rocío en las campiñas llora.

Dame, arroyuelo cristalino y manso,

el suave murmurar de tu corriente,

de espuma matizada en el remanso.

Préstame inquieto mar tu voz potente,

vosotras auras el susurro ledo

que vibra en los cristales de la fuente.

La fe su inspiración hija del cielo;

las cuerdas del laud su melodía,

la cristiana oración su grato anhelo

y sus cantos la hermosa poesía

que busca a Dios, cuando remonta el vuelo.

Fanales suspendidos en la altura,

alborada magnífica de Mayo

rival eterna de la noche obscura,

préstame de tu luz vívido rayo.

Envuelta en densa bruma

no sabe a donde va la mente inquieta;

dale tu luz al alma del poeta,

tus tintas a su pluma.

Cantar quiero a María Inmaculada,

aquel primer momento

en que al surgir de la impalpable nada,

tuvo lugar el sin igual portento.

Del pasado primero el vaho aleve,

no empañó un solo instante su pureza

semejante a la nieve

que del Alpe se posa en la cabeza.

¡Mirad! Allá en su frente,

la alborada riente

de sus tintas los haces amontona,

ciñéndola esplendente

y sin rival magnífica corona.

¡Ved!... a sus bellos ojos

asoma el rosicler de la mañana

y son sus labios rojos

envidia de la grana.

Las clavellinas que de ingente roca

nacen en la hendidura,

envidian los perfumes de su boca,

y el marfil de sus dientes la blancura.

De su albo cuello en el contorno vago

algo incorpóreo, inmaterial se extiende...

¡Es el cisne del lago!

¡Es la paloma que el espacio hiende!

Es María, la cándida doncella,

orgullo de Sión, la que escogida

fué del Señor para encarnar en ella,

La que de Sol vestida

con sus divinos pies los astros huella.

La matrona valiente

que de la astuta y pérfida serpiente

quebrantó la cabeza con su planta,

es la Madre de un Dios omnipotente

a quien absorto el Universo canta.

Es María, la egida y el amparo

del que en la tierra infortunado llora;

y es en el mar el encendido faro

enmedio de tormenta aterradora.

La que invoca el marino en sus azares,

cuando el azote de huracán violento,

las olas de los mares,

amenazan trepar al firmamento.

Entonces ¡ay! es ella

quien al revuelto mar dice:--¡Detente!

la que apaga el rumor del oleaje

y hace que el Sol magnífico, esplendente,

rompa del nubarrón el denso encaje.

Es ella, quien a raya

pone al viento y amansa sus rigores;

aliento del que mísero desmaya

y quien conduce a la distante playa

las barcas de los pobres pescadores.

Con labio balbuciente y vivo anhelo

"¡Dios te salve, María!"

en la cuna te dice el pequeñuelo:

salúdate el anciano

que harto ya de luchar con el destino,

apoyo busca en tu segura mano.

¿Mas que mucho, Señora,

que el hombre de quien eres bienhechora

su gratitud te ofrezca y, sus amores...?

también del Sol los mágicos fulgores

te rinden homenaje

y te saluda el mar con sus rumores,

con su aroma las flores,

las aves con su canto en el follaje.

La Creación entera a ti rendida

himnos en tu loor, creyente, lanza,

que eres, al par que aliento de su vida,

el puerto en lo inmortal de su esperanza.

¡Dios te salve, María!

lirio de Nazaret, blanca azucena,

bendito imán de la esperanza mía!

Escucha la plegaria del poeta

que a cantar se atrevió tu gran Misterio,

que antes cantara el arpa del profeta,

del ángel el salterio...

Mas disculpa, Señora, mi osadía

si me atreví a llegar a tu grandeza.

¡Qué madre no perdona una flaqueza...!

¡Perdona, Madre mía!

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 324 / 368 题