Cuando llegue la noche del olvido
nadie tendrá noción de lo pasado,
y al encontrarlo todo transformado
alguien creerá que nada se ha perdido.
De Urdaneta y Legazpi el apellido
será, acaso, de todos olvidado,
y de mi patria el nombre venerado
ni evocado será, ni enaltecido.
Acaso alguien recuerde, como en sueños,
un pasado de encantos más risueños,
que en su eterna canción digan las olas;
pero aun cuando en placer se trueque el llanto
¡No tendrán ya estas islas el encanto
de las dulces mestizas españolas!
¡La mestiza española...! La que auna
la sangre de dos razas, la admiraba
de Norte a Sur; la ninfa elaborada
por los rayos de plata de la luna;
la mujer amorosa cual ninguna,
del malayo pensil flor delicada,
no volverá a lucir, ni la templada
brisa de Oriente arrullará su cuna.
No más la languidez de su semblante,
ni su busto arrogante,
en sus espejos copiarán los ríos;
Ni la verán ciñendo su alba frente
de sampagas, al brillo refulgente
de sus ojos obscuros y sombríos.
Bella mujer, que en los felices días,
como la flor que aroma los vergeles,
endulzaras la vida con las mieles
de tus eternas y mansas alegrías;
Dieron solaz las dulces melodías
de tu garganta a los proscriptos fieles,
y gozó la fragancia de claveles
que de tu dulce cuerpo despedías.
Acaso tu recuerdo pronto muera;
pero tu tumba de mi patria amada
seguirá cobijando la bandera,
mientras luzca en lugar tranquilo y quieto,
a merced de los vientos desplegada,
la leyenda triunfal de mi soneto.