Arbol coloso de verdor florido
que há tres centurias crece y exubera,
es en mi patria la cultura ibera
que la escuadra inmortal nos ha traído.
Nativos ruiseñores hacen nido
en sus frondas de eterna primavera,
y aunque enfurece la ventisca fiera,
en la arada social seguirá erguido.
En vano ilusos de intelecto oscuro,
que miran su grandeza con inquina,
clavan las hachas en su tronco duro.
¡Por virtud de sus mismas cicatrices
no hay un trozo de tierra filipina
que no abarquen sus cívicas raíces!