Juventud, flor divina de mi tierra,
el horizonte se abre a tu camino...
Mira las cumbres... Tu progreso encierra
el ideal del pueblo filipino.
Es verdad que jamás falta en la ruta
de ía existencia, un negro precipicio...
Pero ¿qué importa? Tu alma no se inmuta
y está dispuesta siempre al sacrificio.
Animosa prosigue tu jornada...
Bajo el beso del hada de la Historia,
tu naciste con alma destinada
a ser conquistadora de la gloria!
Con un amor ardiente e infinito,
enarbola la enseña de la ciencia...
En las hojas del libro allí está escrito
el poema inmortal: la independencia!
Juventud estudiosa del Oriente,
las libertades nacen en la guerra,
pero tú, de la paz bajo el ambiente,
con tu saber libertarás mi tierra.
Que no haya ni un pequeño desaliento,
a la luz de tu espíritu sublime...
Con la labor constante y el talento,
así una raza toda se redime.
Mañana, cuando llegues, afanosa,
con tus frescos laureles, a las cumbres,
te abrazará una patria venturosa,
ante una aurora de gloriosas lumbres...
Te rendirán la vida y el misterio,
del porvenir los prados ideales,
y las musas, en todo el hemisferio,
te cantarán con trovas inmortales.
Juventud, esperanza de mi tierra,
es grandioso y sublime tu destino...
Sigue avanzando... ¡Tu progreso encierra
la redención del pueblo filipino!...
1920.