¡Oh España, de sin par ejecutoria,
que a tu cabeza unciste el Universo:
del sol de tu poder radiante y terso
hoy sólo queda pálida memoria!
Más, ya hundida la torre de tu historia
bajo las olas de un olvido adverso,
aún repica sonora como el verso
la campana gloriosa de tal gloria.
En el templo ideal del alma humana
es tu lenguaje esa inmortal campana;
y es de su voz el eco soberano
la virtud de cien pueblos diferentes,
para avanzar, seguros y valientes,
por la ancha vía del progreso humano...