Mas, al despertar ligero
de las dichas de mi sueño,
y abandonar el beleño
de aquel cuadro lisonjero;
sólo escucho el lastimero
movimiento de las aguas
y el ruido de las piraguas
que surcan río cercano,
perdiéndose por el llano
a impulsos de hábil remero.
X
Dije mal; no se ha perdido
la impresión de mi memoria.
Y en la accidentada historia
de lo poco que he vivido,
evocaré enternecido
los gentiles surtidores
que, blandos y arrulladores
cual la brisa del desierto,
me hacían soñar despierto
con mi recuerdo querido.