Santa Reina del amor:
tú sabes que noche y día
te rezo la letanía
y la salve del dolor.
Tú sabes que es el deleite
de mi alma sentimental
llenar de fragante aceite
tu lámpara de cristal,
y con mano temblorosa
mi luz votiva encender,
y enflorar con una rosa
tus leves pies de mujer.
Señora: por la belleza
de toda melancolía;
por la vesperal tristeza
de mi ruta; por la fría
cerrazón de mis mañanas;
por las rosas que en Abril
mueren solas y tempranas;
por toda brisa sutil
que besó flores amargas;
por toda negra visión
y por las horas ¡tan largas!
en que espera el corazón;
por los escollos adversos
donde se estrella mi esquife;
por mis lágrimas y versos
y por el mismo arrecife,
libértame del delito
de hablarte a veces en prosa;
libértame, y pues contrito
estoy de mi culpa odiosa,
guárdame en tu corazón
y en tu memoria también,
y dame tu bendición
por siempre jamás. Amén.