FLOR IDEAL

El rocío de nubes blanquecinas

Eterniza la _flor de las colinas_,

Esa flor que en su cáliz peregrino

Encierra el ósculo del amor divino,

Llevado allí por las sublimes notas

Del eterno cantar de los patriotas.

Blanca flor de montañas

Que en el azul empíreo se mece,

Cuando surgen patrióticas hazañas

Se multiplica y por doquier florece;

Pero diz que se oculta y desparece,

O se demuda roja,

Cuando patria postrada se sonroja,

Y vagan por las nubes sus raíces

Lloradas por las musas infelices.

En tanto llega el día

En que, unido el valor a la hidalguía,

Surje en la excelsa cumbre

La cálida ambrosía

Que, a la ignición de misteriosa lumbre,

La planta vitaliza

Y el amor de las musas fecundiza.

Sus hojas transparentes,

que guarnecen flexibles enramadas,

Irradian luces mil, resplandecientes

En medio de penumbras, azuladas,

Y esparcen, difundidos en su brillo,

Los campestres olores del tomillo

Refrescados por niveas sampaguitas,

Burlonas de las cuitas.

Del filipino céfiro amoroso,

Que atrae candencioso

Mil íntimas fruiciones infinitas...

Vértigo voluptuoso

De sonrisas, caricias y murmullo

Que vibran de una flor en el capullo.

El tronco de esa planta legendaria

Viste el tul que en la selva solitaria

La quietud simboliza

Y el frío del olvido cristaliza.

Mas, en lo alto, los vientos con sus marchas

Pasan para engarzar vivas escarchas

En derredor del cristalino encaje

Que en excelso ropaje

El tronco viste... ¡signo de grandezas!

Bajo una blanca trama de finezas.

Misterioso tamiz de las virtudes

Que alcanzan a divinas altitudes,

y parece una espléndida bandera

Que cubre un mástil de genial quimera.

Veste reticular a cuyas mallas

Llega el eco triunfal de las batallas,

Velo quizás de nupcias redentoras

Que a la patria querida

Viene anunciando bendecidas horas

De una raza indomable redimida.

Y ¡lo que más asombra!...

Sus raices nunca, yacen en la sombra.

Se adaptan en graníticas fisuras,

Desafiando el rigor de las alturas.

Forman telas de mimbre,

De finísima, urdimbre,

Sobre cálido erial o entre los hielos...

Sólidas, al amparo de los cielos,

Y a la vista del sol y las estrellas,

Bajo el fluído vital de las centellas.

Y, hasta en sus pequeñeces,

No puede la soberbia planta humana

Hollar con altiveces

La raiz soberana,

Que en la cúspide siempre se coloca

De acantilada roca,

Por cortantes aristas defendida...

Y es necesario despreciar la vida

Para llegar al pie de la meseta

Donde marca la flor dificil meta...

Pináculo oriental de lo sublime

Al que el astro solar su beso imprime.

Genio inmortal que velas noche y día

Por la ventura de la patria mía:

¿Cuando hallarás la _flor de los colinas_

En las altas montañas filipinas?

"RIZAL ARTISTA"

En sus juegos de niño,

Al descender ufano

Del tronco envejecido de un manzano,

Miraba con cariño

El fruto más hermoso,

Que a mí me regalaba generoso,

Y muy sério decía:

"Es pequeña, redonda,

Y parece una cara de muñeca

Sonrosada y moronda...

Y yo, en vez de comerla, le pondría

Ojitos".--Y, apesar de alguna mueca,

Convertía aquel fruto

En busto de cupido diminuto.

Lector; si crées invención galana

La escultura pueril de la manzana,

Admite estos detalles,

Y prueba por tí mismo,

(Siempre que iguales elementos halles

Para el escultural idealismo),

Hacer de aquella fruta

Una muñeca fresca y diminuta.

Manzana filipina,

Sonrosada, aromosa, pequeñina,

Y para dar una cabal idea,

De la infantil presea,

Te diré los coloquios que en la infancia

Sostuve con Rizal, en una estancia.

Parece que lo veo:

Con un carbón muy negro y puntiagudo

Le puso cejas y ojos... lo que pudo.

--¿Sin narices? le dije, ¡oh que feo...!

--"Estate quieto, espera,

ya le pondremos la nariz de cera,

Una nariz pequeña, filipina,

Nariz de la modestia, simple y fina."

--Pero dime, ¿y la boca?

--"Eso aquí, muy pequeña, se coloca

Sobre este hueco, ¡hoyuelo de bellezas!

Expresión de inocentes gentilezas.

Con dos más, forman una maravilla

En cualquier sitio de infantil mejilla".

--¿Queda sin cabellera?

--Sí. Sólo una gorrita

Con una blanca y grande _sampaguita_[18].

Un pámpano escotado por pechera,

Y en el cuello... así... o como se quiera

Por corbata _ilang-ilang_ o _champacas_[19]

O las verdes hojuelas de albahacas;

Por faldillas las rojas _gumamelas_[20]

Y dos partidos mondos cacahuetes

Por piés, con dos corolas por chinelas,

Ocultas por ribetes

Formados en minúsculos estambres,

Y verdosos pistilos,

Que ensartan dos alambres

O metálicos hilos,

A simular el oropel y encantos

Que dan la majestad a regios mantos.

[Nota 18: Aromosas flores del Archipiélago.]

[Nota 19: Flor roja, silvestre, parecida a nuestra amapola.]

[Nota 20: Hibiscos (Tagalog).]

"¡Es niño filipino!",--me decía,--

"Le visto con suprema gallardía."

Pasaron sin quebrantos

Esos días de juegos infantiles;

Vinieron los Abriles,

Con todos sus encantos

Haciendo palpitar los corazones.

Y Rizal ya tallaba

Machetes y cañones,

Y siempre preparaba,--

¡Manera singular de sus hazañas!--

Contra el cañón el triunfo de las cañas.

Y esto es verdad, mi buen lector mundano,

Porque él, con catapultas de cañizo,

Con frecuencia deshizo

El rico armón de mi cañón prusiano.

¡Del arte militar, el horizonte

Que ve un Napoleón o un Jenofonte...!

Mas tarde, siempre vencedor en tierra,

Piensa en barcos de guerra filipinos...

Y ya cansado un día

De la dificultad que siempre encierra

El triunfo en mar bravía,

¡Buscó en lo sobrehumano los destinos...!

Se puso con empeño

A esculpir en un leño

El frío simbolismo de algún santo...

Y el arte místico feliz nacía

Con religioso encanto

Al modelar su culta idolatría.

Ya es preciso cruzar los anchos mares.

Los genios tutelares

Nos señalan el triunfo muy lejano.

Allende el Océano

Veremos a Rizal en Barcelona

Sobre una mesa del "Café Pelayo"

Mirarnos de soslayo,

y con, medida artística segura

y sonrisa burlona,

En el mármol hermoso, muy pulido,

Una caricatura

Haciendo, pronto, igual y de corrido.

y allí nos señalaba,

Con rayas y con puntos

Cada uno y todos juntos,

Y caracterizaba

Nuestras tendencias siempre juveniles

En el loco correr de los Abriles.

Do quiera, hasta en los días de algaradas

Era Rizal artista en las veladas.

Siempre sus poesías

Eran una escultura,

O luciente pintura,

De sublimes, vibrantes melodías

Que por los mares y hasta por los aires

Transportaba, en patrióticos donaires,

Su artístico altar de estro divino,

Del suelo filipino

Amor de sus amores,

Búcaro inmenso de orientales flores.

Recuerdo que una tarde del Otoño,

En la Villa del oso y del madroño,

En casa de Paterno,

De filipinas glorias

Recolector eterno

Y pensador de idílicas historias,

Se hallaban literatos,

Ministros, periodistas,

Músicos y pintores,

Y todos los artistas,

En raros pugilatos,

A conquistar aplausos o bellezas

Exhibiendo primores

En cultas gentilezas...

Rizal, con tino singular y austero,

Me señaló en un rico musiquero

La colección de músicas tagalas,

Diciénidome sincero:

"Mi corazón palpita

Cuando a la luz de filipinas galas

La música infinita

De un canto lastimero

Despierta el alma mía

Al _kundiman_ de suave melodía..."

Y me habló de la insólita guitarra

Y me dijo galante:

"Yo siempre pintaría al estudiante

Con libro, con laúd y cimitarra".

Y mientras la alegría fermentaba

En aquellos espléndidos salones,

De los ricos plafones

Donde el genio ideal seleccionaba

Filipinas pinturas,

Y salacots y bolos...

Mil bellas esculturas

Y hasta los chirimbolos

De igorrotes y aetas

Y mandobles y cotas

De ignorados atletas

En regiones remotas,

Y juventud allí rivalizaba...

Y entre música y flores se libaba,

En copa de abundancias,

Amistad y elegancias.

Rizal siente volar en el ambiente

Las cadencias aladas

Que allí llegaban desde Extremo Oriente

Por aires filipinos transportadas...

¡Melancólica música sonriente,

por el artístico ideal rimadas!

Y siguiendo el relato

De aquellas expansiones

Que enaltecen patrióticas reuniones,

Donde el ameno trato

De jóvenes diplómatas noveles

Para la Patria conquistó laureles;

He de nombrar la femenil belleza,

Ornada de modestas galanuras

De filipina alteza,

Con sus alegres castas timideces,

Conjunto de hermosuras

Mezcladas con ingenuas altiveces.

Que preparó en su casa la velada,

Do emulación despierta en dulce calma

A filipina juventud mimada

En amores artísticos del alma;

La admirable Consuelo Ortiga y Rey,

Que amó en Madrid la filipina grey.

Allí Rizal "Me piden versos[21]" dijo

En su patriótico amor siempre prolijo...

Y aquella niña, sin igual hermosa,

Divisó en lontananza alguna cosa

Que faltaba en aquel rico concierto,

En donde gracias, músicas y flores

Esparcían fulgores,

Pues Rizal se sentía _en un desierto_

Recordando a su Patria encadenada.

La huérfana gentil cerró sus ojos,

Y hasta arrugó su frente iluminada

Por mil destellos rojos,

Al pensar en su madre idolatrada...

¡Así Rizal llenó de pensamientos

Aquella hora de luz y arrobamientos!...

[Nota 21: Cópiase esta composición entre las del Dr. Rizal.]

Es arte el de decir hondas tristezas,

Revestidas de fuego y de bellezas.

De Luna e Hidalgo es el cantor sublime.

Del "Spoliarium" a mujer llorosa,

Y de "Las Vírgenes" a voz que gime

En cristiana actitud de fé radiosa,

Cuando pinta con vívida hermosura

La expresión de simbólica pintura

En un brindis genial "A los pintores"

Que a la patria llenaron de esplendores.

Allí comienza el prólogo infinito

De su pasión creciente

Y patriotismo ardiente,

En el _Noli me tángere_ descrito,

Con al arte de hacer a los patriotas

En las batallas de candentes notas.

Clarividente y singular atleta

Ya era Rizal el escultor profeta.

En Leitmeritz he visto un esqueleto

Que me llenó de asombro,

Y cual un amuleto

Me conmovió por su expresión macabra:

Sobre cualquier escombro

Puesta de pié, famélica osamenta

Cubierta por sayal que apenas se abra.

En el cuello un rosario.

Y mujer macilenta,

Forcejeando en ánsias ya mortales,

Contra el lúbrico abrazo del falsario

En sus horribles crápulas letales...

Con sus órbitas huecas

De carcomido sátiro en lujuria

Que arranca, atroz, horripilantes muecas

En la tragedia de bestial injuria.

Así lanza Rizal su primer reto

Al amor monacal en esqueleto...

Y ya a Dámaso Ponce le vengaba

Y a su historia infeliz se anticipaba.

Borremos esa escena

Do el arte lucha en la mortal gangrena.

Otra rica escultura,

En "La ciencia que triunfa en la muerte"

Me enseñó Blumentritt con galanura,

Por venturosa suerte

Oí de aquellos labios

La incomparable explicación de sabios.

Un joven decidido y vigoroso

En lo alto, con indómita energía,

Cual bandera que ondea

En terrible porfía,

Ya blande victorioso

Antorcha que flamea

Para destruir el germen venenoso...

Bajo los pies, la calavera chata

En que ignorancia o muerte se retrata.

Esas dos creaciones

O esculturas que admiran las naciones,

A Blumentritt le fueron regaladas

Por el mismo Rizal, cuando, talladas,

Buscó el depositario

Que comprenda y explique

Al pueblo filipino

Aquel plan legendario

Que opondrá eterno dique

A la ruda invasión de un adversario

En el duro camino

Para alcanzar la justa independencia...

¡Expresión soberana de arte y ciencia!

Blumentritt, en sus fúlgidos salones

De filipino ambiente,

Do laten filipinos corazones,

Sincero y elocuente

En aquel sitio mismo

¡Qué parece el dosel del patriotismo!

Donde Rizal y él, solos conversaron...

Y de su patria con amor trataron

Me dijo conmovido:

"Ah... esas dos hermosas obras de arte

A solas, serán parte

A preparar santuario indefinido

Para un altar futuro

Cuando el género humano,

En su criterio puro,

Y amor cosmopolita

Del mundo, soberano,

Viva doquier con libertad bendita,

Y transforme del todo el fanatismo

En virtud, ciencias, artes y civismo".

Sí. De un templo en las gradas

Fundó Rizal sus obras celebradas,

!Texto o arquitectura

De un amor infinito, legendario,

Que revela en artística hermosura

Su noble corazón humanitario.

Y, por Rizal os juro,

Al entregar el último retazo

De este papel en que sus artes trazo,

Que es preciso que "Euterpe" siempre viva

En el amor más puro

De aquella iniciativa.

Y _creciente_ este círculo del arte,

Con severa constancia

Y oriental arrogancia,

Levante inmaculado el estandarte

Do brillarán los astros de la gloria

Del libro artístico de nuestra historia.

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 68 / 368 题