A RIZAL

(EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE SU FUSILAMIENTO)

¡Héroe inmortal, coloso legendario,

emerge del abismo del osario

en que duermes el sueño de la gloria!

Ven. Nuestro amor, que tu recuerdo inflama,

de la sombrosa eternidad te llama

para ceñir de flores tu memoria.

Esta es la fecha, el día funerario

en el cual el tirano sanguinario

te hizo sufrir el último tormento,

cual, si al romper el ánfora de tierra,

la esencia que en el ánfora se encierra

no hubiera, acaso, de impregnar el viento.

¡Cuánto te debe el pueblo! En tu calvario

eras ayer el astro solitario

que alumbraba los campos de batalla,

la dulce aparición, rizo del cielo,

que infundía a los mártires consuelo,

valor al héroe y miedo a la canalla.

¿Quién no sintió huídas sus congojas

repasando tu libro[3] en cuyas hojas

la popular execración estalla?

Hermanando la mofa y el lamento,

vibra, encarnado en su robusto acento,

el silbo agudo de candente tralla.

[Nota 3: José Rizal, _Noli me tangere._]

Quizás en tu ostracismo voluntario

juzgabas que era un sueño temerario

manumitir nuestra oprimida raza;

mírala hoy: es virgen arrogante

que, con la augusta libertad, tu amante,

en un amplexo fraternal se enlaza.

Caíste como fruta ya amarilla,

pero cayó contigo la semilla.

Ya es una planta vigorosa; el germen

ha medrado en el surco de la senda,

y libres ya de la mortal contienda

bajo su sombra tus hermanos duermen.

¡Duerme en paz en las sombras de la nada,

redentor de una patria esclavizada!

¡No llores, de la tumba en el misterio,

del español el triunfo momentáneo,

que si una bala destrozó tu cráneo,

también tu idea destrozó un imperio!

¡Gloria a Rizal! Su nombre sacrosanto,

que con incendios de Thabor llamea,

en la mente del sabio es luz de idea,

vida en el mármol y en el arpa canto.

El enjugó de nuestra patria el llanto;

su verbo fué la vengadora tea

que encendió, en el fragor de la pelea,

los laureles de Otumba y de Lepanto.

Reverénciale, ¡oh pueblo redimido!

Llanto del corazón vierte afligido

por el amargo fin del gran patriota.

Y hoy que en los aires la tormenta zumba,

¡no salga ni un quejido de su tumba

al verte, oh pueblo, nuevamente ilota!

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 7 / 368 题