PROLOGO

No te alebres, lector, al afrontar el título de este volumen,

imaginando que van a servirte versos escritos en todas o algunas de

las treinta y tantas lenguas vernáculas del Archipiélago Filipino. Ni

yo sabría aderezar ese manjar, ni tú cómo catarle. Sobre que tal

poesía es parva, "difícil de exponer", según el ilustrado erudito de

allá Don Epifanio de los Santos Cristóbal, y con la antinomia de ser

sus cultivadores, tanto o más que los autóctonos, misioneros

españoles, en rimas "a lo divino", enderezadas a inyectar la fe de

Cristo en los corazones isleños.

Los poetas son filipinos, pero los versos castellanos.

Por los dedos pueden contarse los vates indígenas en nuestro romance

durante los tres siglos y pico de dominación hispánica. W.E. Retana[1]

nota tres hasta 1896: Atayde, Paterno y Rizal. Hubo algunos más: Seva,

quejumbrón cantor de Charing (que aquí diríamos Rosarito); Manolo

Rávago, en números de pura ortodoxia; Juan Caro y Mora, Hermógenes

Marcó, Isabelo de los Reyes, etcétera, y ciertos bardos de ocasión

aspirantes a la láurea en los certámenes patrióticos y religiosos,

mocerío casi siempre adoctrinado en el "Ateneo" de la Compañía. Hasta

1898, año límite de nuestro señorío, fué meñique la falange

versificadora, ¿Motivos? Retana aduce dos: la censura de imprenta y el

desconocimiento del castellano literario por la mayor parte de los

filipinos netos. Con la primera,--ejercida por funcionarios a tono con

el ambiente, de patriotismo anquilosado, dignos de las covachuelas de

Fernando VII,--sobra para justificar la inanidad del Arte egregio que

no admite trabas ni menoscabos, sólo germinante en la gleba arada con

reja de libertad y de justicia.

[Nota 1: De la evolución de la Literatura Castellana en

Filipinas.--Los Poetas.--Madrid, 1909.]

Cuanto a la propagación del castellano, prueba Retana,

documentalmente, cómo la coercieron los frailes--excepción los

jesuítas--contrariando espíritu y letra de sucesivas reales cédulas

metropolitanas. Cuán poco valió la treta lo demuestra no haber finado

1898 sin que vieran la luz pública composiciones de los más altos

metrificadores tagalos, Cecilio Apóstol, Fernando M.ª Guerrero y José

Palma, seguramente florecidas en aquellos retirados cenáculos donde se

hacía literatura y revolución.

¿Están todos los que son y son todos los que están? Creemos

sinceramente que sí. De los "inolvidables" no debe de faltar ninguno.

Si se advierte llenura en la selección, entiéndase que el editor tiene

sus exigencias y que este volumen ha de contar predeterminado número

de páginas. Por añadidura, tratándose de exhumar una literatura

inédita para muchedumbre de españoles, pide la discreción entregar al

lector los mayores elementos de juicio en cantidad y calidad.

Poetas se hallarán capaces de medirse con los consagrados nuestros:

tales Guerrero y Apóstol. Rizal, Bernabé, Recto, Palma, Balmori, Pérez

Tuells, Victoriano, Torres, Marfori, muéstranse también versificadores

de inspiración y enjundia, sin desdeñar a los otros, ni a ninguno,

como explícitamente demuestra la recolección de su cosecha pimplea.

Pero no queremos trocar en índice lo que es prólogo. Además, bueno es

dejar un margen al leyente para que, con su propia solercia, espigue

en el FLORILEGIO lo bello y lo galano.

La poesía filipina, por la época de su gestación, brota--¡en

castellano!--algo hostil a la Metrópoli exdominadora. No pudiéndose

evitar el idioma, esquívanse los únicos razonables modelos, nuestros

clásicos y nuestros modernos, yendo los bardos a beber las castalias

aguas en los "parnasianos" y simbolistas franceses y en los

modernistas hispano-americanos. En éstos, singularmente. El _azul_ y

los lirios y rosas líricos de Rubén coloran y perfuman la nueva poesía

ultramarina. Chispea el

"anillo de oro hecho pedazos,

que ya no es anillo, pero siempre es oro",

de Santos Chocano. ¡Y cuán equivocados los neo-versificadores, si así

creyeron librarse de hispanismo! ¡El autor de la _Sonatina_ es poeta

excelso porque hay muchos, muchos clásicos españoles en su educación

literaria; y Mallarmé, por sólo citar un ejemplo, es chozno de

Góngora!...

Es poeta elegante y lapidario Cecilio Apóstol, en cuyos números campa

serenidad clásica. Bebió el licor ático en búcaro francés, posibles

divinos "alfareros" Moreas o Heredia, no nacidos en Francia.

Otro vate plenamente logrado es Fernando María Guerrero, "príncipe de

los líricos filipinos". En nuestra opinión desautorizada es el

exponente etnológico, el poeta malayo por excelencia, el que más

hondamente siente su raza. En _Ilang-ilang, El Kundiman, A Filipinas,

Bajo las cañas_... vibra aquel alma tagala tan incomprendida, psiquis

sin complicaciones ni morbosidades, primitiva, melancólica, paciente,

siempre opresa y nostálgica de libertad, nervea y con arrestos en las

ocasiones altas.

Trasciende en Bernabé, con muy gallardas estrofas en su obra, la

preparación latina e hispano-clásica. También en Pacífico Victoriano y

en Ramón J. Torres, poetas vigorosos.

Recto--discípulo de Guerrero como Marfori--luce amplio léxico, rico de

color. Es lírico verdadero. ¡Si no se repitiera!

Palma, de estro enfermizo, fué delicado, noble y correcto.

Balmori es desigual. Tiene temperamento. Sabe decir muy bellamente...,

cuando quiere.

Pérez Tuells ha de cuajarse. Ya da mucho. Más promete.

En la lira femenina el cordaje más melodioso pertenece a Adelina

Gurrea, toda sentimiento y emoción.

Y asombrárase el leyente de que no haya aparecido todavía el nombre

del doctor Rizal, cuya soberana poesía _Ultimo Adiós_ ha recorrido el

orbe. Sí, Rizal fué poeta; pero secundariamente. Su rasgo

característico, bastante a obscurecer otras modalidades de su

mentalidad, fué el de revolucionario: dentro de este amplio círculo

están insertos el científico, el literato y el políglota. Cultivó

todas las artes bellas, pero siempre disfrazada de musa la obsesión de

manumitir y dignificar a su patria. Como poeta, le superan Guerrero y

Apóstol.

En toda esa labor apolinea, aun sin cumplir--prescindiendo de los

precursores--el cuarto de siglo de existencia, abundan inspiraciones

gemelas: cantos a la patria, a la nacionalidad y la independencia, a

los héroes epónimos--Rizal, Mabini, Jacinto, Bonifacio--loanzas de lo

aborigen... A las veces--¡ay! con demasiada frecuencia,--y asombrados

de discurrir sobre aquel bravío paisaje, surgen "Mimí", los violines

de Versalles y el tacón rojo. Aun la metrificación suele ser exótica.

Pero hay ternuras como la de Guerrero, tejiendo su canto _A Hispania_

en el romance rotundo de los abuelos peninsulares.

Los poetas de este PARNASO, por lo general, no parecen descubrir en su

solar motivos de inspiración. Porque los encuentra, elogia Guerrero a

Marfori en el proemio de _Aromas de ensueño_. Ni el paisaje, tan

sugeridor, les tienta, de lo que se duele el ya citado erudito de los

Santos Cristóbal en el prólogo a _Palomicas de mi palomar_, de Felipe

A. de la Cámara. Acaso lamentos tales obraron como nervino sobre

algunas idiosincrasias, pues Apóstol, Recto, Valdés, Marfori, en

composiciones recientes, plasman sensaciones de aquella prodigiosa

Naturaleza.

Recapitulación de tildes. Es frecuente en los filipinos, aun los

ilustrados, el sesear, defecto emergente de carecer del fonetismo de

la _ce_ sus lenguas vernáculas. De ahí el aconsonantar _besos_ con

_rezos_ y _sonrisa_ con _sinfoniza_. Otro vate consuena _jazmín_ con

_jardín_, lo que es menos explicable. Un tercero, queriendo decirle

"rimador" a Rueda le dice _rimero_, cosa bien distinta... Pero no

desmenucemos. En la construcción, es anomalía reiterada la de emplear

los varios modos de los verbos cual si tuvieran igual valor en el

tiempo.

Atañe este tema de los poetas filipinos pronunciándose por el

castellano, a otro de transcendencia nacional: la perdurabilidad de

nuestro idioma en el lejano Oriente.

Norte-América hizo, hace y hará lo posible por desarraigarle. Es un

hecho que desde 1911 el lenguaje oficial obligatorio de las islas es

el inglés; pero otro que dos años antes, o sea a los once de férula

"yankee", se publicaban en el Archipiélago 79 periódicos, de los que

29 estaban redactados en castellano, 15 en lenguas vernáculas, 16 en

castellano y lenguas vernáculas, 11 en inglés, 1 en castellano, inglés

y lengua vernácula y 7 en castellano e inglés[2]. Ahora mismo, "La

Vanguardia" y "El Debate", los diarios filipinos de mayor autoridad y

circulación, en castellano se imprimen. Es también un hecho que de los

40 poetas insulares catalogados en esta ANTOLOGÍA poseen el inglés

cuantos moran en las islas; pero otro que todos escriben ¡y sienten!

sus composiciones en castellano. Y así, cuando vemos como título de

una el _Awake_ britano en lugar del español, _Despierta_, nos sentimos

sorprendidos, como defraudados...

[Nota 2: _El idioma castellano en Filipinas_.--Artículo de Antonio

Medrano en la revista "Cultura Filipina". n.º I, Abril de 1***]

No parece próxima la concesión al solar rizalino de la independencia

que ansía. Tanto peor para el idioma inglés. Porque el nacionalismo,

henchido de brillantes poetas y prosistas, por dar en rostro al

detentador, más ahincadamente empleará y propagará nuestro romance.

Y arribada la independencia, que al fin ha de llegar, insuficientes

las lenguas vernáculas para las relaciones exteriores, así como el

Japón, en trance parigual, escogió el inglés, el nuevo estado, si cae

del lado del corazón, elegirá el castellano. Al fin, el área de los

países de habla hispana es superior al área de los territorios de

habla inglesa, y como idioma internacional el imperio del castellano

será creciente, por lo prolífico de la raza, por el desarrollo de las

jóvenes repúblicas de América, por haber sustituído su enseñanza a la

del inglés y francés en las naciones que cuando la gran guerra

lucharon frente a la _Entente_, y por extenderse el cultivo en las de

ésta misma, con vistas a los mercados del Nuevo Mundo.

¡Sean los bardos tagalos paladines en su dorada Malasia del idioma

colonizador!

Que "en Flandes se puso el sol"; pero para la lengua castellana no se

ha puesto todavía...

Algunas líneas para justificar la incorporación al PARNASO de la

sección consagrada a los _Poetas españoles en Filipinas_.

Apenas esgrimiendo el plectro, durante nuestra dominación, los

nativos, por las razones apuntadas, ¿era posible que una robusta

colonia de españoles alentara sin ejercitar el noble arte de la

Poesía? No, por cierto. Siempre hubo poetas, pero más desde que la

prensa fuése extendiendo. El culto estuvo reservado a una minoría de

peninsulares, que, sin entrar de lleno en el país, estimándose

transeúntes, no recibieron la sugestión de aquellas almas ni de

aquella Naturaleza. A que la inspiración poética volara rastrera

contribuyeron el medio y la censura de imprenta, también aplicada a la

raza dominadora. Era de mal tono loanzar al país sin muchas reservas y

alguna ironía; y quien con perennidad lo hiciera, corría el riesgo de

que le apellidaran filibustero...

Aquellos metrificadores hispanos fueron, por lo común, "poetas de

'Madrid Cómico', fabricantes de versitos festivos, sin pretensiones"

ni transcendencia. De los que merecieron dictado de poetas se han

recogido muestras. Hay entre ellos dos, Manuel Romero de Aquino y José

García Collado, sobre cuya obra requerimos la atención del lector.

Peninsulares ambos; pero emigrantes en edad moza al Archipiélago, allí

besaron las pimpleides su frente de elegidos. Allí murieron,

desconocidos de la tierra del abolorio. Mostráronse vates verdaderos,

aun bajo el yugo de la censura, y habrían lucido como tales en los

senos de cualquier mundo literario.

No sin esfuerzo hanse juntado los materiales del presente FLORILEGIO.

Para seleccionar lo moderno, la enorme distancia entre aquende y

allende y la inveterada pereza--por poetas y por filipinos--de los

vates luego arracimados, nos amontonaron dificultades. Por suerte,

hanos acorrido la sacra amistad, personificada en Adelina Gurrea,

gentil poetisa insular, morante ahora en España, y en dos ilustres

directores de periódico, que son algo más que periodistas: José María

Romero Salas, de "El Mercantil", de Manila en esta oceánica ciudad

conocido, entre literatos, por "El Maestro", y Joaquín Pellicena

Camacho, eximio periodista en España. Con generosidad ejemplar de

artistas enamorados de la Belleza y del Bien, nos han franqueado

libros y papeles donde el alma malaya dejó su emoción lírica...

Váyales nuestra gratitud, que no es una palabra más, sino un cordial

latido del corazón.

Ahora, lector, déjame, porque yo te dejo. Tú vas ganando. Avanza la

procesión de poetas...

Parnaso Filipino Antología de Poetas del Archipelago Magellanico · 第 4 / 368 题