Tercera comunicación sobre lo mismo, (9 de Abril de 1896.)

Excmo. Sr.: Al recorrer recientemente en visita pastoral la provincia de

la Pampanga, tuve ocasión de comprobar la exactitud de los informes que

de antes había adquirido acerca de la propagación de la Masonería por la

referida provincia. Sobre este particular, algunos antecedentes hube de

elevar, en fecha no lejana, á ese Gobierno general; y, desgraciadamente,

me obligan á insistir sobre el mismo tema el desarrollo que la

reprobable Asociación va tomando y los deplorables resultados que son de

temer para tiempo no lejano si no se pone coto á sus osadías, haciendo

comprender á esos propagandistas que no es lícito, ni se consentirá, el

que impunemente trabajen en la obra de desmoralización de estos pueblos.

La relación que se acompaña (documento núm. 1) pone de manifiesto el

incremento que la Masonería va tomando en la Pampanga, pues debo

advertir que no expresa el número total de afiliados, sino los más

conocidos, que no se recatan de la procedencia sectaria, y casi

públicamente trabajan en reclutar adeptos.

Por el documento núm. 2, verá también V. E. la dependencia que las

logias pampangas tienen del Centro Regional que llaman, establecido en

Manila, formado por individuos que no son desconocidos, y que se

permiten ejercitar el celo sectario en la forma que causa la _plancha_

conminatoria pasada al arrepentido M. Gutiérrez.[3]

Cualquiera que sea la opinión que sobre la sociedad de la Masonería

filipina se forme y la transcendencia futura de sus trabajos, son hechos

que merecen registrarse los siguientes: 1.º En los pueblos en que

existe Logia ó en que la Masonería cuenta con adeptos, resalta desde

luego la animosidad contra el Párroco, y la guerra, más ó menos

ostensible, contra todo lo que el Párroco representa. Así, entre otros

aspectos que presenta esta lucha, hemos visto cómo se trata de hacer el

vacío alrededor del Párroco, aislándole de sus feligreses, y, lo que

todavía es más grave apartando del templo á las masas, empleando al

efecto, no sólo predicaciones envenenadas, sino hasta la amenaza y otros

géneros de coacción.

Y por tal procedimiento, logran los apóstoles de la secta transformar en

poco tiempo la fisonomía religiosa de los pueblos, hasta el punto de

hacer imposible al Párroco el cumplimiento de la misión que en ellas

desempeña. Ejemplo de ello son los de Malolos y Taal.

A primera vista, parece difícil de explicar el fenómeno, pues no cabe

suponer que pueblos de religiosidad probada aparezcan de súbito

volviendo la espalda á la Iglesia, y huyendo del Párroco, como si las

relaciones con él pudieran acarrearles daños graves. No es difícil, sin

embargo, dar la razón de esta anomalía, teniendo en cuenta las artes de

sugestión que emplea la Masonería, y la condición pusilánime de la

mayoría de estos indígenas; no se necesita ahondar en otras filosofías

para explicar cómo pueblos hasta hoy religiosos, sin dejar de serlo en

la casi universalidad, presentan al exterior la forma de descreídos y

olvidados de la Religión por sola la representación y auge que en ellos

se conquistan unos cuantos embaucadores.

Estos embaucadores, que obran hoy bajo la dirección de la Masonería,

obtienen, con ser tan pocos, los prontos resultados que tocamos, merced

á la influencia social que ejercen sobre la masa indígena, viniéndoles

esa influencia, ora de la mayor ilustración, que los eleva sobra sus

congéneres, ora del cargo oficial, ora de la posición que tienen por sus

riquezas. Sea cualquiera de estas tres la base en que se apoya su

influencia, es bastante para que el indio plebeyo se deje conducir por

donde quiera y á donde quiera llevarle cualquiera de esos caciques. Y

conocedores ellos de la credulidad del indio plebeyo y del temor que les

infunde cualquiera que les hable desde arriba, ó sea desde un puesto en

que se puedan cometer tropelías, venganzas y todo género de extorsiones,

explotan á las mil maravillas la situación, y por uno ú otro camino

torcido llegan á tiranizar á los pueblos, sometiéndolos en todo á su

capricho. Por eso ha sido posible que en pueblos como Malolos y Taal

lograsen por la amenaza fraguada en el Municipio, y que en varios casos

tuvo cumplimiento, que las gentes sencillas no se atrevieran á concurrir

al templo, ni á oir Misa, ni á recibir los Sacramentos, y que algunos

más fervorosos tuvieran que hacerlo á horas desusadas y de noche,

huyendo del espionaje perseguidor, como si en Filipinas el Estado

hubiera decretado la persecución de los cristianos. Son posibles estas

situaciones anómalas en los pueblos filipinos, porque conservan estos

pueblos la propensión heredada á dejarse avasallar por un caciquismo

especial que remeda bastante, si no en sus títulos, en sus

procedimientos, al que actuaba en los tiempos anteriores á Legazpi. Lo

cierto es que, por efecto de esta propensión indígena á adorar ó temer

al que entre ellos se eleva sobre el común nivel, son imponderables los

estragos que en la vida pacífica de estos pueblos causa la propaganda

irreligiosa de la Masonería, ejercida, como vemos que se ejerce, por

sujetos de mayor ó menor influencia, desde las oficinas de Juzgados ó

Gobiernos, y aun de los Municipios, como también desde la altura de

profesión ó estado social á que vaya aneja influencia.

Y debemos denunciar una maniobra de eficaces resultados que vemos

empleada por los seductores: es ésta la de hacer creer ó divulgar entre

el pueblo que la Masonería es cosa inocente, y que como tal está

permitida por las Autoridades. Y llegan á más todavía en su descaro, que

es asegurar que las mismas Autoridades, sin excluir la Superior del

Archipiélago, pertenecen á la secta.

Esto, que parece inocente, no lo es, pues dado el carácter receloso y

tímido del indio, no se dejaría arrastrar por los embaucadores, á no

afianzársele antes de que por ello no incurriría en el desagrado de la

Autoridad. Por ello creemos que la actitud resuelta de las Autoridades

contra la Masonería es el medio más eficaz para impedir que ésta

arraigue y se propague entre los indios.

Fijándonos ahora en la Pampanga, que es de las provincias de Luzón donde

acaso ha tomado más auge la Masonería, no creemos empresa difícil

cortarle los bríos, pues bastaría con que se hiciese algún escarmiento

ejemplar entre los corifeos más conspicuos. Y creemos también que si á

esos corifeos se les sujetase á expediente gubernativo en que se oyese á

la Guardia civil y á los Párrocos, resultarían méritos bastantes, aparte

de los masónicos, para decretar contra ellos medidas de rigor. De los

que constan en la relación adjunta, me permito señalar de una manera

especial al Tiburcio Hilario, de Bacolor; al Cecilio Hilario, de San

Fernando; al Ruperto Lacsamana, de Mabalacat; y á Pedro Malig, de

Bacolor, que se han distinguido y distinguen por el furor propagandista.

Dios, etc., 9 de Abril de 1896.==Excmo. Sr. Gobernador General, Vice

Real Patrono de estas Islas.

La plancha aludida es del tenor siguiente:

«Sr. Dn. M. Gutiérrez:

Defensa obligada contra acusaciones gratuitas · 第 11 / 33 题