Dirán que los grandes trastornos políticos no sirven para nada.
¡Mentira!, ¡atroz mentira! Del choque de las cosas y de las opiniones
nace la verdad. De dos días de discusión nace un principio nuevo
y luminoso. ¿Saben ustedes lo que se ha descubierto en España, en
Madrid, ahora, hace poco, hace dos días no más? Se ha descubierto,
se ha decidido, se ha determinado que _la ley protege y asegura la
libertad individual_. Cosa recóndita, de nadie sabida, ni nunca
sospechada. Han sido precisos todos los sucesos de la Granja, la caída
de tres ministerios, una amnistía, la vuelta de todos los emigrados,
la rebelión de un mal aconsejado príncipe, una cuádruple alianza, una
guerra en Vizcaya, un jura, una proclamación, un estatuto, unas leyes
fundamentales resucitadas en traje de Próceres, una representación
nacional, dos estamentos, dos discusiones, una corrección ministerial,
un empate y la reserva de un voto importante, que no hacía falta, para
sacar del fondo del arca política la gran verdad de que la ley protege
y asegura la libertad individual. Pero ahora ya lo sabemos. _Girolamo,
lo sappiamo_, responderá alguno. _Sappete_ un!!! Ahora es, y no antes,
cuando verdaderamente lo sabemos, y ya nunca se nos olvidará.
¡Que nos quiten esa ventaja! Á un dos por tres descubrió Copérnico
que la tierra es la que gira; en un abrir y cerrar de ojos descubrió
Gassendi la gravedad de los cuerpos; Newton halló su prisma en un
mal vidrio; Linneo encontró los sexos de las plantas entre rama y
rama. Pero han sido necesarios siglos de opresión y una corrección
ministerial para descubrir que la ley protege y asegura algo. He
aquí la diferencia que hay de las verdades físicas á las verdades
políticas: aquéllas suelen encontrarse detrás de una mata: éstas
están siglos enteros agazapadas detrás de una corrección ministerial.
Ábrase la discusión, discútase el punto, pronúnciese la modificación
ministerial, _et voilà la vérité_, que salta como un chorro, y salpica
á los circunstantes. ¡¡¡¡Uff!!!! _La ley protege y asegura la libertad
individual._ Luego que esto esté escrito y sancionado, ya quisiera yo
saber quién es el que no anda derecho. ¿Qué ladrón vuelve á robar, qué
asesino mata, qué facción vuelve á levantar la cabeza, y qué carlista,
en fin, no se apea de su destino? La discusión, la discusión; he aquí
el secreto. _La ley protege_, es decir, que la ley no es cosa mala,
como se había creído hasta ahora; la ley por último, he aquí la gran
verdad escondida. Loor á la revolución, loor á las discusiones largas y
peliagudas, loor á las correcciones ministeriales, y loor en fin, para
siempre, y más loor á la gran verdad descubierta.