LO QUE HA DE SER EL PERIODISTA

Gran cosa dijo el primero que anunció este proverbio, hoy tan trillado.

Si hay proverbios que envejecen y caducan, éste toma por el contrario

más fuerza cada día. Yo por mi parte confieso que á haber tenido la

desgracia de nacer pagano, sería ese proverbio una de las cosas que más

me retraerían de adoptar la existencia de muchos dioses; porque soy de

mío tan indómito é independiente, que me asustaría la idea de proponer

yo, y de que dispusiesen de mis propósitos millares de dioses, ya que

desdichadamente ha de ser hombre un periodista, y, lo que es peor,

hombre débil y quebradizo. Ello no se puede negar que un periodista es

un ser bien criado, si se atiende á que no tiene voluntad propia; pues

sobre ser bien criado, debe participar también de calidades de los más

de los seres existentes: ha menester, si ha de ser bueno y de dura, la

pasta del asno y su seguridad en el pisar, para caminar sin caer en un

sendero estrecho, y como de esas veces fofo y mal seguro; y agachar

como él las orejas cuando zumba en derredor de ellas el garrote.

Necesita saberse pasar sin alimento semanas enteras como el camello,

y caminar la frente erguida por medio del desierto. Ha de tener la

velocidad del gamo en el huir para un apuro, para un día en que Dios

disponga lo que él no haya puesto. Ha de tener del perro el olfato,

para oler con tiempo dónde está la fiera, y el ladrar á los pobres; y

ha de saber dónde hace presa, y dónde quiere Dios que hinque el diente.

Le es indispensable la vista perspicaz del lince para conocer en la

cara del que ha de disponer, lo que él debe poner; el oído del jabalí

para barruntar el run run de la asonada; se ha de hacer, como el topo,

el mortecino, mientras pasa la tormenta; ha de saber andar cuando va

delante con el paso de la tortuga, tan menudo y lento que nadie se lo

note, que no hay cosa que más espante que el ver andar al periodista;

ha de saber, como el cangrejo, desandar lo andado, cuando lo ha andado

de más, y cómo de esas veces ha de irse sesgando por entre las matas

á guisa de serpiente; ha de mudar camisa en tiempo y lugar como la

culebra; ha de tener cabeza fuerte como el buey, y cierta amable

inconsecuencia como la mujer; ha de estar en continua atalaya como el

ciervo, y dispuesto como la sanguijuela á recibir el tijeretazo del

mismo á quien salva la vida; ha de ser, como el músico, inteligente en

las fugas, y no ha de cantar de contralto más que escriba con trabajo;

y á todo, en fin, ha de poner cara de risa como la mona. Esto con

respecto al reino animal.

Con respecto al vegetal parécese el periodista á las plantas en acabar

con ellas un huracán sin servirles de mérito el fruto que hayan dado

anteriormente: como la caña ha de doblar la cerviz al viento, pero sin

murmurar como ella; ha de medrar como el junco y la espadaña en el

pantano; ha de dejarse podar como y cuando Dios disponga, y tomar la

dirección que le dé el jardinero; ha de pinchar como el espino y la

zarza los pies de los caminantes desvalidos, dejándose hollar de la

rueda del poderoso; en días oscuros ha de cerrar el cáliz y no dejar

coger sus pistilos como la flor del azafrán; ha de tomar color según le

den los rayos del sol; ha de hacer sombra, en ocasiones dañina, como el

nogal; ha de volver la cara al astro que más calienta como el girasol,

y es planta muerta si no; seméjase á las palmas en que mueren las

compañeras empezando á morir una; así ha de servir para comer como para

quemar, á guisa de piña; ha de oler á rosa para los altos, y á espliego

para los bajos; ha de matar halagando como la hiedra.

Por lo que hace al mineral, parece el periodista á la piedra en que no

hay picapedrero que no le quite una esquirla y que no le dé un porrazo;

ha de tener tantos colores como el jaspe, si ha de parecer bien á

todos; ha de ser frío como el mármol debajo del pie del magnate; ha de

ser dúctil como el oro: de plata no ha de tener ni aun el hablar en

ella; ha de tener los pies de plomo; ha de servir como el bronce para

inmortalizar hasta los dislates de los próceres; lo ha de soldar todo

como el estaño; ha de tener más vetas que una mina, y más virtudes que

un agua termal. Y después de tanto trabajo y de tantas calidades ha de

saltar, por fin, como el acero en dando con cosa dura.

En una palabra, ha de ser el periodista un imposible: no ha de contar

sobre todo jamás con el día de mañana: ¡dichoso el que puede contar con

el de ayer! No debe por consiguiente decir nunca como _el Universal_:

«Este periódico sale todos los días excepto los lunes»; sino decir: «De

este periódico sólo se sabe de cierto que no sale los lunes». Porque el

hombre pone y Dios dispone.

VIDAS DE ESPAÑOLES CÉLEBRES

POR DON JOSÉ QUINTANA

Obras completas de Fígaro, Tomo 2 · 第 35 / 75 题