EL ACTOR AL LECTOR

Doctrina es del apostol sant Pablo, y escriuelo a

Timoteo, que vendra vn tiempo en que no se esperará el

consejo sano, e será estimado el maestro que halagare

a las orejas de los malos, e que apartados los oydos

de la doctrina de verdad se conuertiran los hombres a

oyr las fabulas e fictiones. Considerando yo que esta

prophecia apostolica del todo en nuestros tiempos con

nuestras maldades se va cumpliendo, e que a causa de

la malicia tan encastillada en el mundo, la caridad

está muy resfriada, acordé, no tanto por faborescer la

opinion[499] de los malos quanto por seguir el exercicio

de algunos escriptores buenos, ocuparme en componer

esta escriptura: con la qual, aunque debaxo de algun

color ridiculo, tomen auiso los malos mançebos de los

desastres que el amor encubre con el çeuo del deleyte

mundano. Verdad es que todo lo que en este caso yo

puedo dezir, está tan dicho e por tan graues varones

tan repetido, que paresce demasiado y aun malgastado

el tiempo en que yo me he desuelado buscando nueuas

inuenciones de auisar. Pero si mi principal intento

caresciesse de buen fructo, a lo menos conseguire lo

segundo, que será gozar de algun tiempo recogido e

libertarme del nombre de ocioso. Agradóme esta manera de

escreuir, ansi porque conozco estar açepta en el vulgo,

como por estar alabada por antiguos Poetas e oradores,

e por Horatio en su arte de poesia no menos autorizada

por estas palabras: _Omne tullit punctum qui miscuit

vtile dulci. Lectorem delectando pariterque monendo_.

Las quales palabras tienen esta sentencia: aquel dió en

el blanco e lleuó el nombre de bien escreuir e de tal

manera mezcló lo prouechoso con lo dulce que juntamente

dió auiso e deleytó las orejas del oyente. Pues aunque en

esta mi obra no falten palabras graciosas, e apazibles

donayres, tampoco la hallarán tan desnuda de erudicion

que si para mientes el auisado Lector no halle tocados en

ella los sobresaltos, las angustias, las affrentas, los

sinsabores, las poquedades, los abatimientos, los gastos

e prodigalidades, e finalmente el total perdimiento de

los professores del amor. Los quales con su caliginosa

enfermedad biuen tan çiegos, que todo el mundo los

escarnesce, e los murmura, e los engaña e finalmente anda

con ellos en assechanças, e nunca los malauenturados

llegan a ver su abatimiento hasta que como çiegos sin

guia dan de ojos en el hoyo de vergonçosa pobreza[500]

en esta vida y en el lago de eterna condenacion en la

otra. Quál de los hombres si no está desanimado, no teme

aquel Diabolico embeuescimiento, e aquel no comer de dia,

e velar de noche, e aquel esperar de ventana con aquel

si sale, no sale, cata que assoma, escondete que viene

su padre, o su marido, daca el manto para la alcahueta y

el dote para su hija, aquel poco concierto en la casa,

e menos cuenta con la conciencia; aquel no poderse

arrepentir de su afficion, e aquel continuo mentir en

confession. De lo qual se viene a hazer en el hombre vn

habito tan endurescido, que viene el tiempo de la vejez,

y avn el dia de la no esperada muerte, e ansi como acá

fueron martyres del diablo, por justa sentencia seran

coronados de eterno fuego en el infierno. Pues si en

alguna manera para alumbrar a los amadores del mundo de

vna çeguedad tan notable esta mi obra fuesse prouechosa,

paresce me que antes se deue tener por saludable pildora

embuelta y engastada en oro apazible, que por çaraça

mortifera con pan blanco dissimulada. E si alguno con su

parescer, mi obra quisiesse condenar por sospechosa, a lo

menos no me puede negar ser mi voluntad virtuosa. Pues

en el processo de mi escriptura no solamente he huydo

toda palabra torpe, pero avn he euitado las razones que

puedan engendrar desonesta ymaginacion, porque ni mi

condicion jamas se agradó de colloquios suzios ni avn mi

profession de tractos dissolutos. Si alguna cosa aqui se

hallare digna de algun mundano loor, suplico al discreto

Lector no lo atribuya a mi, que soy tal que de mi cosecha

no tengo sino todo mal, saluo aquel que es la fuente

manantial de todo el bien. E si algo paresciere que a

los oydos del honesto e casto Lector haga offensa, crea

de mí que no lo digo con animo desonesto, sino porque el

phrasis e decor de la obra no se peruierta. Vale.

Orígenes de la novela, Tomo III · 第 74 / 502 题