_En que se trata de la fundación de Granada, y los reyes que hubo en
ella, con otras muchas cosas tocantes a la Historia._
La ínclita y famosa ciudad de Granada fue fundada por una muy hermosa
doncella, hija o sobrina del rey Hispán. Fue su fundación en una bella
y espaciosa vega, junto de una sierra llamada Elvira, porque tomó el
nombre de la fundadora Infanta, la cual se llamaba Liberia, dos leguas
de donde ahora está, junto de un lugar que se llamaba Arbuler, que en
arábigo se decía Arbulut.
Después de pasados algunos años, les pareció a los fundadores de ella
que no estaban allí bien por ciertas causas, y fundaron la ciudad en la
parte donde ahora está, junto a Sierra-Nevada, en medio de dos hermosos
ríos, llamado el uno Genil y el otro Darro, los cuales son de la nieve
que se derrite en la sierra. De Darro se coge oro muy fino, de Genil
plata; y no es fábula, que yo el autor de esta relación lo he visto
coger.
Fundose aquí esta insigne ciudad encima de tres cerros, como hoy se
parece, adonde se fundaron tres castillos: el uno está a la vista de la
hermosa Vega y el río Genil, la cual Vega tiene ocho leguas de largo y
cuatro de ancho, y por ella atraviesan otros dos ríos, aunque no muy
grandes: el uno se dice Veiro y el otro Monachil.
Comiénzase la Vega desde la falda de la Sierra-Nevada, y va hasta la
fuente del Pino, y pasa más adelante de un gran soto, que se llama el
Soto de Roma, y esta fuerza se nombra Torres-Bermejas. Hízose allí una
gran población llamada el Antequeruela.
La otra fuerza o castillo está en otro cerro junto a este, un poco más
alto, la cual se llamó la Alhambra, casa muy fuerte, y aquí hicieron
los reyes su Casa Real.
La otra fuerza se hizo en otro cerro, no lejos del Alhambra, y llamose
Albaicín, donde se hizo gran población. Entre el Albaicín y el Alhambra
pasa por lo hondo el río Darro, haciendo una ribera de árboles
agradables.
A esta fundación no la llamaron los moradores de ella Iliberia como
la otra, sino Granata, respecto a que en una cueva junto al Darro fue
hallada una hermosa doncella que se decía Granata, y por eso se llamó
la ciudad así; y después de corrompido el vocablo se llamó Granada.
Otros dicen, que por la muchedumbre de las casas, y la espesura que
había en ellas, que estaban juntas como los granos de la granada, y la
nombraron así.
Hízose esta ciudad famosa, rica y populosa, hasta el infeliz tiempo
en que el rey D. Rodrigo perdió a España, lo cual no se declara por
no ser a propósito de nuestra historia: solo diremos, como después de
perdida España hasta las Asturias y confines de Vizcaya, siendo toda
ella ocupada de moros, traídos por aquellos dos bravos caudillos y
generales, el uno llamado el Tarif, y el otro Muza; asimismo quedó la
famosa Granada ocupada de moros, y llena de gente de África.
Mas hállase una cosa: que de todas las naciones moras que vinieron
a España, los caballeros mejores y principales, y los más señalados
de aquellos que siguieron al general Muza, se quedaron en Granada, y
la causa fue su hermosura y fertilidad, pareciéndoles bien su gran
riqueza, asiento y fundación; aunque el capitán Tarif estuvo muy bien
con la ciudad de Córdoba, y su hijo Balagís con Sevilla, de donde fue
rey, como dice la crónica del rey D. Rodrigo.
Mas yo no he hallado que en la ocupación de Córdoba, de Toledo,
Sevilla, Valencia, Murcia, ni otras ciudades poblasen tan nobles ni tan
principales caballeros, ni tan buenos linajes de moros como en Granada;
para lo cual es menester nombrar algunos de estos linajes, y de donde
fueron naturales, aunque no se digan ni declaren todos, por no ser
prolijo.
Poblada Granada de las gentes mejores del África, no por eso dejó la
insigne ciudad de pasar adelante con sus muy grandes y soberbios
edificios, porque siendo gobernada de reyes de valor y muy curiosos que
en ella reinaron, se hicieron grandes mezquitas y muy ricas cercas,
fuertes muros y torres, porque los cristianos no la tornasen a ganar;
y hicieron muy fuertes castillos, y los reedificaron fuera de las
murallas como hoy día parecen.
Hicieron el castillo de Bibatambién, fuerte con su cava y puente
levadiza. Hicieron las torres de la puerta Elvira, y las del Alcazaba
y plaza de Vibalbulut, y famosa torre del Aceituno, que está camino de
Guadix, y otras muchas cosas dignas de memoria, como se dirá en nuestro
discurso.
Bien pudiera traer aquí los nombres de todos los reyes moros que
gobernaron y reinaron en esta insigne ciudad, y los califas, y aun los
de toda España; mas por no gastar tiempo, no diré sino de los reyes
moros que por su orden la gobernaron, y fueron conocidos por reyes de
ella, dejando aparte los califas pasados y señores que hubo, siguiendo
a Esteban Garibay y a Camaloa.
El 1.er rey moro que Granada tuvo se llamó Mahomad Alhamar: este reinó
en ella veinte y nueve años y más meses; acabó año de 1262.
El 2.º rey de Granada se llamó, así como su padre, Mahomad Mir
Almuzmelín. Este labró el castillo del Alhambra, muy rico y fuerte,
como hoy se parece; reinó treinta y seis años, y murió año de 1302.
El 3.º rey de Granada se llamó Mahomad Abenhalamar: a este le quitó
el reino un hermano suyo, y le puso en prisión, habiendo reinado siete
años: acabó año de 1309.
El 4.º rey de Granada fue llamado Mahomad Abenázar: a este le quitó el
reino un sobrino suyo llamado Ismael, año de 1315: reinó seis años.
El 5.º rey de Granada se llamó Ismael: a este mataron sus deudos y
vasallos, mas fueron degollados los homicidas: reinó nueve años, y
acabó año de 1324.
El 6.º rey de Granada se llamó Mahomad: a este también le mataron los
suyos a traición; reinó diez años, y acabó año de 1334.
El 7.º rey de Granada se llamó Iusef Abenhamet: también fue muerto a
traición: reinó once años, y acabó año de 1345.
El 8.º rey de Granada fue llamado Mahomad Lagús: a este le despojaron
del reino después de haber reinado doce años, y acabó año de 1357, por
aquella vez que reinó.
El 9.º rey de Granada se llamó Mahomad Abenhámar, VII de este nombre:
a este le mató el rey D. Pedro en Sevilla, sin culpa, habiendo ido
a pedirle amistad y favor: matole el mismo rey D. Pedro por su mano
con una lanza, y mandó matar a otros que iban con este rey: habiendo
reinado dos años, acabó año de 1359. Fue enviada su cabeza en forma
de presente a la ciudad de Granada. Tornó a reinar Mahomad Lagús en
Granada, y reinó en las dos veces veinte y nueve años: la primera vez
doce, y la segunda diez y siete: acabó año 1376.
El 10 rey de Granada se llamó Mahomad Ovadiz, y reinó tres años
pacífico, y acabó año de 1379.
El 11 rey de Granada se llamó Iusef, II de este nombre, el cual murió
con veneno que el rey de Fez le envió puesto en una aljaba o marlota de
brocado: reinó tres años, y acabó año de 1382.
El 12 rey de Granada fue llamado Mahomad Abenhámar: reinó once años,
acabó año de 1394. Su muerte fue de una camisa que se puso emponzoñada
con veneno.
El 13 rey de Granada fue llamado Iusef, III de este nombre: reinó
quince años: murió año de 1409.
El 14 rey de Granada fue llamado Mahomad Abenázar, el Izquierdo.
Habiendo reinado este cuatro años, le desposeyeron del reino año de
1413.
El 15 rey de Granada fue llamado Mahomad, el Pequeño; a este le cortó
la cabeza Abenázar el Izquierdo, arriba dicho, porque le tornó a quitar
el reino por orden de Mahomad Catraz, caballero Abencerraje: reinó este
Mahomad el Pequeño dos años, y acabó año de 1415.
Tornó a reinar Abenámar el Izquierdo, el cual fue otra vez despojado
del reino por Iusef Abenalmo, su sobrino: reinó este rey tres años la
última vez, y acabó año de 1418.
El 17 rey de Granada se llamó Abenocín, el Cojo. En tiempo de este
sucedió aquella sangrienta batalla de los Alporchones, reinando D. Juan
el II. Y pues nos viene a cuento, trataremos de esta batalla, antes de
pasar adelante con la cuenta de los reyes moros de Granada.
Es a saber, que según se halla en las crónicas antiguas, así
castellanas como arábigas, este rey Abenocín tenía en su corte mucha y
muy honrada caballería de moros, porque en Granada había treinta y dos
linajes de caballeros, como eran Gomeles, Mazas, Zegríes, Venegas y
Abencerrajes; estos eran de muy claro linaje: otros Maliques Alabeces,
descendientes de los reyes de Fez y Marruecos, caballeros valerosos,
de quien los reyes de Granada siempre hicieron mucha cuenta; porque
estos Maliques eran alcaides en el reino de Granada, por tener de ellos
mucha confianza, y así servían en las fronteras y partes de mayor
peligro, como eran en Vera, el alcaide Malique Alabez, bravo y valeroso
caballero; en Vélez el Blanco estaba un hermano suyo, llamado Mahomad
Malique Alabez; en Vélez el Rubio había otro hermano de estos alcaides
muy valiente, y amigo de los cristianos; otro Alabez había alcaide
de Jimena, y otro en Tirieza, frontera de Lorca, y cercana de Orce y
Cuéllar, Benamaviel, Castilleja y Caniles, y en otros lugares del
reino.
Estos Maliques Alabeces eran alcaides, por ser todos, como hemos dicho,
caballeros de estima. Sin estos había otros caballeros en Granada muy
principales, de quien los reyes de ella hacían grande cuenta, entre
los cuales había un caballero llamado Abidbar, del linaje de Gomeles,
caballero valeroso y capitán de la gente de guerra; y no hallándose
sino en batallas contra cristianos, le dijo un día al rey:
--Señor, holgaría que tu alteza me diese licencia para entrar en
tierra de cristianos, en los campos de Lorca, Murcia y Cartagena, que
confianza tengo de venir con ricos despojos y cautivos.
El rey dijo:
--Conocido tengo tu valor, y te otorgo licencia como lo pides; pero
temo mal suceso, porque son muy soldados los cristianos de esas tierras
que quieres correr.
Respondió Abidbar:
--No tema vuestra alteza peligro, que yo llevaré conmigo tal gente y
tales alcaides, que sin temor ninguno ose entrar, no digo en el campo
de Lorca y Murcia, mas aun hasta Valencia me atreviera a entrar.
--Pues si ese es tu parecer, sigue tu voluntad, que mi licencia tienes.
Abidbar le besó las manos por ello, y fue a su casa y mandó tocar sus
añafiles y trompetas de guerra, al cual bélico son se juntó grande
copia de gente bien armada para saber de aquel rebato. Abidbar cuando
vio tanta gente junta y tan bien armada, holgó mucho de ella, y les
dijo:
--Sabed, buenos amigos, que hemos de entrar en el reino de Murcia, de
donde, placiendo al santo Alá, vendremos ricos: por tanto cada cual con
ánimo siga mis banderas.
Todos respondieron, que eran contentos; y así Abidbar salió de Granada
con mucha gente de a caballo y peones; fue a Guadix, y habló al moro
Almoradí, alcaide de aquella ciudad, el cual ofreció su compañía con
mucha gente de a caballo y de a pie. También vino el alcaide de
Almería, llamado Malique Alabez, con mucha gente muy diestra en la
guerra.
De allí pasaron a Baza, donde estaba por alcaide Benariz, el cual
también le ofreció su ayuda. En Baza se juntaron once alcaides de
aquellos lugares a la fama de esta entrada del campo de Lorca y Murcia,
y con aquella gente se fue el capitán Abidbar hasta la ciudad de Vera,
donde era alcaide el bravo Alabez Malique, adonde se acabó de juntar
todo el ejército de los moros y alcaides que aquí se nombrarán.
El general Abidbar; Abenáriz, capitán de Baza; su hermano Abenáriz,
capitán de la Vega de Granada; el Malique Alabez, de Vera; Alabez,
alcaide de Vélez el Blanco; Alabez, alcaide de Vélez el Rubio; Alabez,
alcaide de Almería; Alabez, alcaide de Cuéllar; otro alcaide de
Huéscar; Alabez, alcaide de Orce; Alabez, alcaide de Purchena; Alabez,
alcaide de Jimena; Alabez, alcaide de Tirieza: Alabez, alcaide de
Caniles.
Todos estos Alabeces Maliques eran parientes, como ya es dicho; se
juntaron en Vera, cada uno llevando la gente que pudo.
También se juntaron otros tres alcaides, el de Mojácar, el de Sorbas, y
el de Lubrín: todos ya juntos se hizo reseña de la gente que se había
juntado, y se hallaron seiscientos de a caballo, aunque otros dicen que
fueron ochocientos, y mil y quinientos peones: otros dicen, que dos mil.
Finalmente, se juntó grande poder de gente de guerra; y
determinadamente a doce o catorce de mayo, año de mil cuatrocientos
treinta y cinco, entraron en los términos de Lorca, y por la marina
llegaron al campo de Cartagena, y lo corrieron todo hasta el rincón de
S. Ginés y Pinatar, haciendo grandes daños.
Cautivaron mucha gente y ahogaron mucho ganado, y con esta presa
se volvían muy ufanos; y en llegando al Puntarón de la Sierra de
Aguaderas, entraron en consejo sobre si vendrían por la marina por
donde habían ido, o si pasarían por la vega de Lorca.
Sobre esto hubo diferencia, y muchos afirmaban que fuesen por la
marina, por ser más seguro. Otros dijeron, que sería grande cobardía,
si no pasaban por la vega de Lorca a pesar de sus banderas. De este
parecer fue Malique Alabez, y con él todos los alcaides que eran sus
parientes.
Pues visto por los moros que aquellos valerosos capitanes estaban
determinados de pasar por la vega, no contradijeron cosa alguna; y así
las banderas enarboladas, y la presa en medio del escuadrón, comenzaron
a marchar la vuelta de Lorca, arrimados a la sierra de Aguaderas.
Los de Lorca tenían ya noticia de la gente que había entrado en sus
tierras. D. Alonso Fajardo, alcaide de Lorca, había escrito lo que
pasaba a Diego de Ribera, corregidor de Murcia, que luego viniese
con la más gente que pudiese. El corregidor no fue perezoso, que con
brevedad salió de Murcia con setenta caballos y quinientos peones, toda
gente de valeroso ánimo y esfuerzo; y juntose con la gente de Lorca,
donde había doscientos caballos, y mil y quinientos peones, gente muy
valerosa.
También se halló con ellos Alonso de Lisón, caballero del hábito de
Santiago, que era a la sazón castellano en el castillo y fuerza de
Aledo. Llevó consigo nueve caballos y catorce peones, que del castillo
no se pudieron sacar más.
En este tiempo los moros caminaron a gran priesa, y llegando enfrente
de Lorca, cautivaron un caballero llamado Quiñonero, que había salido a
requerir el campo; y como ya la gente de Lorca y Murcia venían a priesa
y los moros los vieron, se maravillaron viendo junta tanta caballería,
y no podían creer que en solo Lorca hubiese tanta lucida gente.
Y Malique Alabez, capitán y alcaide de Vera, le preguntó a Quiñonero,
habiéndole quitado el caballo y armas, esta pregunta:
_Alabez._
Anda, cristiano cautivo,
tu fortuna no te asombre,
y dinos luego tu nombre
sin temor de daño esquivo;
Que aunque seas prisionero,
con el rescate, y dinero,
si nos dices la verdad,
tendrás luego libertad.
_Quiñonero._
Es mi nombre Quiñonero:
soy de Lorca natural,
caballero principal;
y aunque me sigue fortuna,
no tengo pena ninguna,
ni se me hace de mal:
Que la guerra es condición,
que hoy soy tuyo, y ya confío
mañana podrás ser mío,
y sujeto a mi prisión.
Por tanto pregunta, y pide,
porque en toda tu pregunta
satisfaré sin repunta,
pues el temor no me impide.
_Alabez._
Trompetas se oyen sonar,
y descubrimos pendones,
y caballos, y peones
junto de aquel olivar:
Y quería, Quiñonero,
saber de ti por entero,
qué pendones, y qué gente
es la que aquí está presente,
con ánimo bravo y fiero.
_Quiñonero._
Aquel pendón colorado,
con las seis coronas de oro,
muy bien muestra su decoro
ser de Lorca, y es nombrado;
Y el otro que tiene un rey
armado por gran blasón,
es de Murcia, y es pendón
que le conoce su rey.
Traen gente belicosa,
con gana de pelear;
si quieres más preguntar,
no siento de esto otra cosa.
Apercíbete al combate,
porque vienen a gran priesa
para quitarte la presa,
y dar fin en tu remate.
_Alabez._
Pues por priesa que se den,
ya querrá nuestro Alcorán,
la Rambla no pasarán,
porque no les irá bien;
Y si con valor extraño
la Rambla pueden romper,
muy bien se puede entender,
que ha de ser por nuestro daño.
Pues al arma, que ellos vienen,
y en nada no se detienen:
tóquese el son y la zambra,
porque lleguen a la Alhambra
nuestras famas, y resuenen.