XI.

Then tempt not thou Fate's angry arms,

By cruel frown, or icy taunt;

But let thy perfect deeds and charms

To poets' harps, Divinest, grant

Themes worthy their immortal vaunt;

Else must our weeping strings presume

To celebrate in strains of woe,

The justice of some signal blow,

That strikes thee to the tomb."

We have no room to multiply passages, and with this ode must conclude

our specimens. Garcilaso is a happy type of a Spanish poet; and when we

think that such men were the children of the old liberty of Spain, how

deeply we must regret the worse than iron rule that blasted the race;

while we view in any attempt to regain her ancient freedom, a promise of

a new people, to adorn the annals of mankind with all the virtues of

heroism and all the elevation of genius.

[Footnote 14: This anecdote is usually told as appertaining to the

father of the poet; but the name was assumed by the family at an earlier

date. There is a _romance_ introduced in the Guerras Civiles de Granada,

commemorating this action. Sedano and Wiffen are the authorities on

which this biography is grounded. Bouterwek tells only what Sedano had

done before him; in the earlier portion of his work, Sissingularymondi is

scarcely more than a rifacciamento of Bouterwek.]

[Footnote 15: "Temperate, when winter waves its snowy wing,

Is the sweet water of this sylvan spring;

And when the heats of summer scorch the grass,

More cold than snow: in your clear looking-glass,

Fair waves! the memory of that day returns,

With which my soul still shivers, melts, and burns;

Gazing on your clear depth and lustre pure,

My peace grows troubled and my joys obscure.

* * * *

This lucid fount, whose murmurs fill the mind,

The verdant forests waving with the wind,

The odours wafted from the mead, the flowers

In which the wild bee sits and sings for hours,

These might the moodiest misanthrope employ,

Make sound the sick, and turn distress to joy."]

[Footnote 16: Wiffen.]

[Footnote 17: Wiffen.]

[Footnote 18: "Por tí el silencio de la selva umbrosa,

por tí la esquividad y apartamiento

del solitario monte me agradava:

por tí la verde hierba, el fresco viento,

el blanco lirio y colorada rosa

y dulce primavera deseaba.

¡ Ay quanto me engañaba!

¡ Ay quan diferente era,

y quan de otra manera

lo que en tu falso pecho escondia!

bien claro con su voz me lo decia

la siniestra corneja, repitiendo

la desventura mia.

Salid sin duelo lágrimas corriendo.

¡ Quantas veces durmiendo en la floresta

(reputandolo yo por desvarío)

ví mi mal entre sueños desdichado!

Soñaba, que en el tiempo del estio

llevaba, por pasar alli la siesta,

á bever en el Tajo mi ganado;

y despues de llegado,

sin saber de quál arte,

por desusada parte

y por nuevo camino el agua se iba.

Ardiendo yo con la calor estiva,

el curso enagenado iba siguiendo

del agua fugitiva.

Salid sin duelo lágrimas corriendo.

¿ Tu dulce habla en cuya oreja suena?

¿ Tus claros ojos á quien los volviste?

¿ Por quien tan sin respeto me trocaste?

¿ Tu quebrantada fé dó la pusiste?

¿ Quál es el cuello, que como en cadena

de tus hermosos brazos añudaste?

No hay corazón que baste,

aunque fuese de piedra,

viendo mí amada yedra,

de mi arrancada, en otro muro asida,

y mi parra en otro olmo entretegida,

que no se esté con llanto deshaciendo

hasta acabar la vida.

Salid sin duelo lágrimas corriendo.

* * *

Con mi llorar las piedras enternecen

su natural dureza, y la quebrantan:

los arboles parece que se inclinan:

las aves, que me escuchan, quando cantan,

con diferente voz se condolecen,

y mi morir cantando me adivinan:

las fieras, que reclinan

in cuerpo fatigado,

dejan el sosegado

sueño por escuchar mi llanto triste.

Tu sola contra mí te endurciste,

los ojos aun siquiera no volviendo

á lo que tú hiciste.

Salid sin duelos lágrimas corriendo."]

[Footnote 19: "Mas ya que á soccorrerme aqui no vienes,

no dejes el lugar que tanto amaste;

que bien podrás venir de mí segura

yo dexaré el lugar dó me dejaste:

ven, si por solo este le detienes.

Ves aqui un prado lleno de verdura,

ves aqui una espesura,

ves aqui una agua clara,

en otro tiempo cara,

á quien de tí con lágrimas me quejo,

quiza aqui hallarás, pues yo me al ejo,

al que todo mi bien quitarme puede:

que pues el bien le dejo,

no es mucho que el lugar también le quede.

Corrientes aguas, puras, cristalinas:

árboles, que os estais mirando en ellas:

verde prado, de fresca sombra lleno:

aves, que aqui sembrais vuestras querellas:

yedra, que por los árboles caminas,

torciendo el paso por su verde seno;

yo me ví tan ageno

del grave mal que siento,

que de puro contento

con vuestra soledad me recreaba,

donde con dulce sueño reposaba:

ó con el pensamiento discurria,

por donde no hallaba

sino memorias llenas de alegria.

* * *

¿ Dó están agora aquellos claros ojos,

que lleveban tras sí como colgada

mi anima, dó quier que se volvian?

¿ Dó está la blanca mano delicada,

llena de vencimientos y despojos

que de mí mis sentidos la ofrecian?

Los cabellos, que vian

con gran desprecio al oro,

como á menor tesoro.

¿ Adonde están? ¿ Adonde el blanco pecho?

dó la coluna, que el dorado techo

con presunción graciosa sostenia?

aquesto todo agora ya se encierra

por desventura mia,

en la fria desierta y dura tierra.

* * *

Una parte guardé de tus cabellos,

Elisa, envueltos en un blanco paño,

que nunca de mi seno se me apartan:

descojolos, y de un dolor tamaño

enternecerme siento, que sobre ellos

nunca mis ojos de llorar se hartan.

Sin que alli se partan

con suspiros calientes,

mas que la llama ardentes,

los enjugo del llanto, ye de consuno

casi los paso, y cuento uno á uno:

juntándolos con un cordon los ato:

tras esto el importuno

dolor me deja descansar un rato."]

[Footnote 20: "A LA FLOR DI GNIDO.

Si de mi baja Lira

tanto pudiese el son, que en un momento

aplacase la ira

del animoso viento,

y el furia del mar, y el movimiento:

y en ásperas montañas,

con el suave canto enterneciese

las fieras alimañas,

los arboles moviese,

y al son confusamente los truxese:

No pienses que cantando

seria de mí, hermosa Flor de Gnido.

el fiero Marte ayrado,

á muerte convertido,

de polvo, y sangre, y de sudor teñido:

ni aquellos capitanes,

en la sublime rueda colocados,

por quen los Alamanes

el fiero cuello atados,

y los Franceses van domesticados.

Mas solamente aquella

fuerza de tu beldad seria cantada,

y alguna vez con ella

tambien seria notada

el aspereza de que estas armada.

Y como pro tí sola

y por tu gran valor, y hermosura,

convertida in viola,

llora su desventura

el miserable amante en tu figura.

Hablo de aquel cautivo

de quien tener se deve mas cuidado,

que está muriendo vivo

al remo condenado,

en la concha de Venus amarrado.

Por ti como, solia,

del aspero caballo no corrige

la furia y gallardia

ni con freno le rige,

ni con vivas espuelas ya le aflige.

Por tí, con diestra mano,

no revuelve la espada presurosa,

y en el dudoso llano

huye la polvorosa

palestra, come sierpe ponzoñosa.

Por tí su blanda Musa,

en lugar de la cítara sonante,

tristes querellas usa,

que con llanto abundante

hacen bañar el rostro del amante.

Por tí el mayor amigo

to es importuno, grave, y enojoso;

y puedo ser testigo

que ya del peligroso

naufragio fui su puerto, y su reposo.

Y agora en tal manera

vence el dolor á la razon perdída

que ponzoñosa fiera

nuca fue aborrecida

tanto como yo dél, ni tan temida.

No fuiste tu engendrada,

ni producida de la dura tierra:

no debe ser notada,

que ingratamente yerra

quien todo el otro error de sí destierra.

Hagate temerosa

El caso de Anaxárete, y cobarde,

que de ser desdeñosa

se arrepintió muy tarde,

y asi su alma con su marmol arde.

Estabase alegrando

del mal ageno el pecho empedernido,

quando abajo mirando,

el cuerpo muerto vido

del miserable amante alli tendido,

y al cuello el lazo atado,

con que desenlazó de la cadena

el corazón cuitado,

que con su breve pena

compió la eterna punición agena.

Sintió alli convertirse

en piedad amorosa el aspereza.

¡ O tarde arrepentirse!

¡ O, ultima terneza!

¿ como te sucedió mayor dureza?

Los ojos se enclavaron

en el tendido cuerpo, que alli vieron,

los huesos se tornaron

mas duros, y crecieron,

y en sí toda la carne convirtieron.

Las entrañas eladas

tornaron poco á poco en piedra dura:

por las venas cuitadas

la sangre, su figura

iba desconociendo, y su natura.

Hasta que, finalmente

en duro marmol vuelta, y transformada,

hizo de sí la gente

no tan maravillada,

quanto de aquella ingratitud vengada.

No quieras tu, Señora,

de Némesis ayrada las saetas

probar por Dios agora;

baste que tus perfetas

obras, y hermosura a los Poetas

den inmortal materia,

sin que también en verso lamentable

celebren la miseria

de algun caso notable,

que por tí pase triste y miserable."]

Eminent literary and scientific men of Italy, Spain, and Portugal. Vol. 3 (of 3) · 第 99 / 153 题