Then tempt not thou Fate's angry arms,
By cruel frown, or icy taunt;
But let thy perfect deeds and charms
To poets' harps, Divinest, grant
Themes worthy their immortal vaunt;
Else must our weeping strings presume
To celebrate in strains of woe,
The justice of some signal blow,
That strikes thee to the tomb."
We have no room to multiply passages, and with this ode must conclude
our specimens. Garcilaso is a happy type of a Spanish poet; and when we
think that such men were the children of the old liberty of Spain, how
deeply we must regret the worse than iron rule that blasted the race;
while we view in any attempt to regain her ancient freedom, a promise of
a new people, to adorn the annals of mankind with all the virtues of
heroism and all the elevation of genius.
[Footnote 14: This anecdote is usually told as appertaining to the
father of the poet; but the name was assumed by the family at an earlier
date. There is a _romance_ introduced in the Guerras Civiles de Granada,
commemorating this action. Sedano and Wiffen are the authorities on
which this biography is grounded. Bouterwek tells only what Sedano had
done before him; in the earlier portion of his work, Sissingularymondi is
scarcely more than a rifacciamento of Bouterwek.]
[Footnote 15: "Temperate, when winter waves its snowy wing,
Is the sweet water of this sylvan spring;
And when the heats of summer scorch the grass,
More cold than snow: in your clear looking-glass,
Fair waves! the memory of that day returns,
With which my soul still shivers, melts, and burns;
Gazing on your clear depth and lustre pure,
My peace grows troubled and my joys obscure.
* * * *
This lucid fount, whose murmurs fill the mind,
The verdant forests waving with the wind,
The odours wafted from the mead, the flowers
In which the wild bee sits and sings for hours,
These might the moodiest misanthrope employ,
Make sound the sick, and turn distress to joy."]
[Footnote 16: Wiffen.]
[Footnote 17: Wiffen.]
[Footnote 18: "Por tí el silencio de la selva umbrosa,
por tí la esquividad y apartamiento
del solitario monte me agradava:
por tí la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
¡ Ay quanto me engañaba!
¡ Ay quan diferente era,
y quan de otra manera
lo que en tu falso pecho escondia!
bien claro con su voz me lo decia
la siniestra corneja, repitiendo
la desventura mia.
Salid sin duelo lágrimas corriendo.
¡ Quantas veces durmiendo en la floresta
(reputandolo yo por desvarío)
ví mi mal entre sueños desdichado!
Soñaba, que en el tiempo del estio
llevaba, por pasar alli la siesta,
á bever en el Tajo mi ganado;
y despues de llegado,
sin saber de quál arte,
por desusada parte
y por nuevo camino el agua se iba.
Ardiendo yo con la calor estiva,
el curso enagenado iba siguiendo
del agua fugitiva.
Salid sin duelo lágrimas corriendo.
¿ Tu dulce habla en cuya oreja suena?
¿ Tus claros ojos á quien los volviste?
¿ Por quien tan sin respeto me trocaste?
¿ Tu quebrantada fé dó la pusiste?
¿ Quál es el cuello, que como en cadena
de tus hermosos brazos añudaste?
No hay corazón que baste,
aunque fuese de piedra,
viendo mí amada yedra,
de mi arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretegida,
que no se esté con llanto deshaciendo
hasta acabar la vida.
Salid sin duelo lágrimas corriendo.
* * *
Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza, y la quebrantan:
los arboles parece que se inclinan:
las aves, que me escuchan, quando cantan,
con diferente voz se condolecen,
y mi morir cantando me adivinan:
las fieras, que reclinan
in cuerpo fatigado,
dejan el sosegado
sueño por escuchar mi llanto triste.
Tu sola contra mí te endurciste,
los ojos aun siquiera no volviendo
á lo que tú hiciste.
Salid sin duelos lágrimas corriendo."]
[Footnote 19: "Mas ya que á soccorrerme aqui no vienes,
no dejes el lugar que tanto amaste;
que bien podrás venir de mí segura
yo dexaré el lugar dó me dejaste:
ven, si por solo este le detienes.
Ves aqui un prado lleno de verdura,
ves aqui una espesura,
ves aqui una agua clara,
en otro tiempo cara,
á quien de tí con lágrimas me quejo,
quiza aqui hallarás, pues yo me al ejo,
al que todo mi bien quitarme puede:
que pues el bien le dejo,
no es mucho que el lugar también le quede.
Corrientes aguas, puras, cristalinas:
árboles, que os estais mirando en ellas:
verde prado, de fresca sombra lleno:
aves, que aqui sembrais vuestras querellas:
yedra, que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno;
yo me ví tan ageno
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba:
ó con el pensamiento discurria,
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegria.
* * *
¿ Dó están agora aquellos claros ojos,
que lleveban tras sí como colgada
mi anima, dó quier que se volvian?
¿ Dó está la blanca mano delicada,
llena de vencimientos y despojos
que de mí mis sentidos la ofrecian?
Los cabellos, que vian
con gran desprecio al oro,
como á menor tesoro.
¿ Adonde están? ¿ Adonde el blanco pecho?
dó la coluna, que el dorado techo
con presunción graciosa sostenia?
aquesto todo agora ya se encierra
por desventura mia,
en la fria desierta y dura tierra.
* * *
Una parte guardé de tus cabellos,
Elisa, envueltos en un blanco paño,
que nunca de mi seno se me apartan:
descojolos, y de un dolor tamaño
enternecerme siento, que sobre ellos
nunca mis ojos de llorar se hartan.
Sin que alli se partan
con suspiros calientes,
mas que la llama ardentes,
los enjugo del llanto, ye de consuno
casi los paso, y cuento uno á uno:
juntándolos con un cordon los ato:
tras esto el importuno
dolor me deja descansar un rato."]
[Footnote 20: "A LA FLOR DI GNIDO.
Si de mi baja Lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento,
y el furia del mar, y el movimiento:
y en ásperas montañas,
con el suave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los arboles moviese,
y al son confusamente los truxese:
No pienses que cantando
seria de mí, hermosa Flor de Gnido.
el fiero Marte ayrado,
á muerte convertido,
de polvo, y sangre, y de sudor teñido:
ni aquellos capitanes,
en la sublime rueda colocados,
por quen los Alamanes
el fiero cuello atados,
y los Franceses van domesticados.
Mas solamente aquella
fuerza de tu beldad seria cantada,
y alguna vez con ella
tambien seria notada
el aspereza de que estas armada.
Y como pro tí sola
y por tu gran valor, y hermosura,
convertida in viola,
llora su desventura
el miserable amante en tu figura.
Hablo de aquel cautivo
de quien tener se deve mas cuidado,
que está muriendo vivo
al remo condenado,
en la concha de Venus amarrado.
Por ti como, solia,
del aspero caballo no corrige
la furia y gallardia
ni con freno le rige,
ni con vivas espuelas ya le aflige.
Por tí, con diestra mano,
no revuelve la espada presurosa,
y en el dudoso llano
huye la polvorosa
palestra, come sierpe ponzoñosa.
Por tí su blanda Musa,
en lugar de la cítara sonante,
tristes querellas usa,
que con llanto abundante
hacen bañar el rostro del amante.
Por tí el mayor amigo
to es importuno, grave, y enojoso;
y puedo ser testigo
que ya del peligroso
naufragio fui su puerto, y su reposo.
Y agora en tal manera
vence el dolor á la razon perdída
que ponzoñosa fiera
nuca fue aborrecida
tanto como yo dél, ni tan temida.
No fuiste tu engendrada,
ni producida de la dura tierra:
no debe ser notada,
que ingratamente yerra
quien todo el otro error de sí destierra.
Hagate temerosa
El caso de Anaxárete, y cobarde,
que de ser desdeñosa
se arrepintió muy tarde,
y asi su alma con su marmol arde.
Estabase alegrando
del mal ageno el pecho empedernido,
quando abajo mirando,
el cuerpo muerto vido
del miserable amante alli tendido,
y al cuello el lazo atado,
con que desenlazó de la cadena
el corazón cuitado,
que con su breve pena
compió la eterna punición agena.
Sintió alli convertirse
en piedad amorosa el aspereza.
¡ O tarde arrepentirse!
¡ O, ultima terneza!
¿ como te sucedió mayor dureza?
Los ojos se enclavaron
en el tendido cuerpo, que alli vieron,
los huesos se tornaron
mas duros, y crecieron,
y en sí toda la carne convirtieron.
Las entrañas eladas
tornaron poco á poco en piedra dura:
por las venas cuitadas
la sangre, su figura
iba desconociendo, y su natura.
Hasta que, finalmente
en duro marmol vuelta, y transformada,
hizo de sí la gente
no tan maravillada,
quanto de aquella ingratitud vengada.
No quieras tu, Señora,
de Némesis ayrada las saetas
probar por Dios agora;
baste que tus perfetas
obras, y hermosura a los Poetas
den inmortal materia,
sin que también en verso lamentable
celebren la miseria
de algun caso notable,
que por tí pase triste y miserable."]