Es por vez primera que asisto á las sesiones de vuestro período
legislativo en este año.
He debatido con los señores representantes, en años anteriores, altas
cuestiones de interés público, habiéndose mantenido siempre el debate
á la altura que la dignidad de este cuerpo lo exigia y puedo declarar
con la mas íntima satisfaccion que la Provincia de Buenos Aires, de la
que ejerceis los poderes delegados, debe estar con vuestras decisiones,
porque ellas revelan estudio, competencia, ilustracion y patriotismo.
El Gobernador somete ahora á vuestro elevado criterio uno de los puntos
esenciales de su programa de principios, de ese programa que mereció y
encarnó la voluntad y los deseos de la mayoría de la Provincia en los
sufragios del 5 de Diciembre de 1887.
La cuestion que vamos á debatir, es una cuestion de importancia, de
trascendencia política y social.
No se me oculta, señor Presidente, la idea fundamental que encierra
el proyecto que estamos discutiendo. Afecta principios y doctrinas
que en el órden de las instituciones han pasado ya á la categoría de
axiomas elementales y de conclusion indiscutibles. Cimentadas esas
doctrinas en los Estados Unidos, han tomado carta de ciudadanía entre
nosotros por diversas decisiones del congreso argentino, a la par de
las muy grandes y las muy nobles instituciones y principios políticos y
sociales de la gran República del Norte.
Es, sobre todo, bajo el punto de vista doctrinario que quisiera ser
comprendido por este ilustrado cuerpo, si me cupiera la dicha de que
mis argumentos, despojados de los brillos oratorios que por desgracia
no destellan en mi mente, pudiera, por lo ménos, ser intérprete de
los grandes pensadores que han alcanzado para el mundo el ideal de
la organización social, es decir, la libertad irradiando a todas las
esferas y haciendo del gobierno el mas mínimo resorte del mecanismo
social, sin influencias indebidas, separado de toda concurrencia y
dejando al capital y a la iniciativa particular lo que les corresponde
en la explotacion de las artes, de las industrias y del comercio.
Y digo sobre todo bajo el punto de vista doctrinario, porque el señor
Senador Benitez, que es el único que hasta ahora ha combatido el
proyecto del P. E., no ha tratado la cuestion bajo esta faz, usando de
un ardid parlamentario que no ha de haber pasado desapercibido para los
señores Senadores que han estudiado este punto.
El nos decia desde su alto asiento, _ex-cátedra_, el P. E. pide la
enagenacion de los Ferro-carriles fundado en la mala administracion de
esa empresa. Y sobre este tópico con frases de un efecto maravilloso,
con imprecaciones, con imploraciones, que han de haber subido, estoy
seguro, hasta las puertas del cielo, lo hemos oido en dos sesiones
consecutivas despues de las cuales podemos decir, como los emigrados
franceses en vísperas de la restauracion: «Nada hemos olvidado; nada
hemos aprendido».
Esta circunstancia me obliga á distraer mas de lo que pensaba la
atencion de la Cámara, pues prefiero creer que el P. E. no se ha
explicado suficientemente en el mensaje, antes que decir que el señor
Senador no lo ha comprendido.
Señor Presidente: toda sociedad, todo pueblo, toda nacion, constituye
una comunidad de intereses ejercidos mas ó ménos libremente al amparo
de un poder, de una entidad, de un mecanismo, llámese como se quiera,
que desempeña las funciones de gobierno.
Este organismo social es mas perfecto siempre que, destinadas
perfectamente las atribuciones del pueblo y del gobierno, aquél no
intervenga en los poderes delegados ni éste no ejerza las funciones que
á éste por su naturaleza correspondan el ciudadano ó al capital privado.
Si una sociedad pudiera armonizar tácitamente y sin discrepancias sus
ideas, sus intereses, sus tendencias, no necesitaríamos gobierno. Si
cada uno comprendiera cual es el límite de sus derechos y hasta donde
alcanza el cumplimiento de su deber, sería inútil la accion de los
tribunales; las leyes naturales sustituirían á las civiles y habríamos
llegado al ideal, al desideratum de la perfeccion humana. Pero como
esto es imposible, nuestro espíritu debe inclinarse á acercarse en lo
posible á ello, así como, en lo moral, el hombre debe tender siempre á
la perfeccion, aún en la seguridad de nunca alcanzarla.
Tal es la teoría spenceriana, que hace pesar sobre el pueblo el mínimum
de gobierno, acordándole el máximum de libertad: libertad política,
social, industrial y comercial.
De aquí pues, señor Presidente, que toda intervencion del Gobierno
en los resortes que no le son indispensables para el ejercicio de
los poderes delegados, es un atentado contra la perfeccion de las
instituciones, contra la libertad individual.
Convertir el estado político en una entidad industrial, en concurrencia
con el capital privado, es un absurdo que no resiste la más débil
crítica.
Mantener como hasta ahora el Gobierno atado al régimen del mundo
industrial, concurrencia, es ponerlo en pugna con los individuos, con
el capital privado, haciendo odiosa hasta la misma institucion del
gobierno.
Esta teoría, señor Presidente, la sostuvo tambien uno de los escritores
mas distinguidos y modernos. Leon Say, que luchó en Francia palmo á
palmo contra la intervencion del Gobierno en la explotacion de los
ferro-carriles.
La explotacion de los ferro-carriles por el Estado dijo, en un célebre
artículo publicado en 1881 á propósito de la expropiacion de las líneas
en Orleans, es un absurdo, es una falta grave y mas que una falta es
un crímen, porque en materia política las faltas se convierten en
crímenes, es un atentado contra la fortuna pública.--Tales son las
palabras de este sábio estadista.
En efecto, poner valores industriales, pues tales son los empréstitos
que tienen un fin especulativo, hechos por el ferro-carril, al lado
de los valores que forman el crédito de la nacion, es distraer,
es desnaturalizar, es poner una rueda inútil en el mecanismo del
presupuesto.
Muy contrariamente á lo que nos decia el señor Senador Benitez, he de
apoyar mi tésis en la opinion de distinguidísimos autores modernos que
han tratado esta materia.
A él no le convenia buscar este apoyo, porque la numerosa mayoría de
los escritores que han tratado la cuestion relativa á la explotacion
de los ferro-carriles por el Estado, condena ese principio temerario.
Pero en una cuestion de esta naturaleza aún cuando pueda herir
alguna susceptibilidad, prefiero antes que presentarme solo en la
arena del debate, como lo ha hecho el Senador Benitez, compartir
la responsabilidad de la gloria de ese hecho con Herbert Spencer,
con los Say, con Duverger, con el ilustre Hadley, con el eminente y
distinguidísimo economista Leroy-Beaulieu, y con mil escritores que
podría citar en este momento, que el señor Senador ha de tener en su
biblioteca y que tambien ha de haber consultado. Estoy seguro de ello.
Yo no he de decir como el señor Senador, que nada tienen que hacer en
este asunto las opiniones de las eminencias del siglo.
Sr. Presidente: el pensamiento no tiene mas pátria que el cerebro de
los sábios y de los ilustres, sea cualquiera el clima ó el sol bajo el
cual hayan nacido.
Para no fatigar demasiado la atencion de la Cámara con la lectura de
las opiniones de los distinguidos economistas que tengo á la mano en
el «Journal des Economistes», voy á leer simplemente la conclusión a
que arribó Leroy-Beaulieu apropósito de esta cuestion, y de un estudio
comparativo de los ferro-carriles en los Estados Unidos y Europa.
Traduzco del francés, y tal como lo dice Leroy-Beaulieu:
«En cuanto á los proyectos de explotacion de ferro-carriles por el
Estado, son tales niñerías, que los que piensan de esta manera dan la
prueba mas completa de su incapacidad financiera y administrativa.
«Hemos viajado en ferro-carriles en gran parte de la Europa, en Estados
Unidos y en el Canadá y hemos podido constatar que es precisamente en
los países donde el gobierno se ha ocupado ménos de ferro-carriles,
donde se ha podido establecer mas ó ménos libremente, sin subvencion
y sin un mínimum de reglamentacion, donde se han multiplicado mas
rápidamente donde se viaja de la manera mas confortable y donde reina
una tarifa mas baja».
Refiriéndose á los ferro-carriles franceses con relacion de los
americanos dice:
«Su material es incómodo, transporta generalmente los viajeros de
tercera clase en wagones que los americanos no quieren para sus
bestias. En cuanto á los departamentos reservados, destinados á los
privilegiados, quedan generalmente vacíos, mientras que la generalidad
de los viajeros se colocan en los demás compartimentos.
«Hemos visto funcionar en los Estados Unidos la concurrencia en materia
de ferro-carriles y á pesar de todo lo malo que hemos oido decir.....
en Francia no nos han dado la prueba de la incapacidad financiera y
administrativa de los americanos».
Y bien, señor Presidente, esta teoría aceptada por todos los estadistas
modernos, ha sido seguida tambien en todas las naciones civilizadas del
mundo, y voy á demostrarlo.
Los Estados Unidos, con mas de ciento sesenta mil millas de
ferro-carril, es decir, una suma total que excede a todos los
ferro-carriles de Europa, con los cuales podría ponérsele una cintura
al mundo de ocho líneas paralelas, no tienen un solo kilómetro que
pertenezca al Estado, y llega á tanto el respeto que se tiene por
la libertad industrial, que los dos partidos que se disputan el
predominio de la opinion, el partido republicano y el democrático,
han llegado á ponerse de acuerdo respecto á esta cuestión. Como se vé,
allí, es una cuestion de doctrina, es un principio respetado por todos
los partidos y por el espíritu eminentemente liberal de la nacion.
El partido republicano, en los veinticinco años transcurridos hasta
la presidencia de Cleveland, jamás consintió que se extendiera en el
territorio americano una línea férrea del Estado, y Cleveland mismo
declaró ante el Congreso, en 1888, que aunque tenia un superavit de
ciento cuarenta millones en el presupuesto, no se atrevia á emprender
obras como ferro-carriles y canales que fueran á hacer competencia ó
concurrencia á intereses privados.
En una fecha mas reciente, Harrison, representante del partido
republicano que acaba de subir al poder, ha declarado que ese superavit
alcanza hoy á trescientos millones y hacen sin embargo la misma
manifestacion:--que no se atreve á emprender la construccion de obras
de ferro-carriles ó de canales, que puedan de alguna manera hacer
competencia al capital privado.
La Inglaterra, la ilustre Inglaterra, separada del continente,
conservando su poder marítimo, no necesita de los ferro-carriles como
elementos de guerra, y ha rechazado, por una inmensa mayoría, una
proposicion presentada á la Cámara de los comunes, tendente á expropiar
las líneas férreas pertenecientes á particulares.
Pero lo mas noble de esta decision, es que esta campaña gloriosa se
la disputan conservadores y liberales, los _whigs_ y los _torys_,
Gladstone y Salisbury, es decir, la vida y el pensamiento de la nacion
inglesa.
Hay entre nosotros tambien un dato que ofrecer, dato que hace apenas
media hora me acaba de comunicar un Diputado al Congreso de la Nacion
y que voy á invocar, bajo la fé de su responsabilidad,--el Diputado
Portela;--el Senado de la Nacion acaba de adoptar por unanimidad de
votos, sin discrepancia, el informe presentado por el Dr. Zavalia
referente á la cláusula que establece que á los 99 años pasará un
ferro-carril á ser propiedad del Estado, conforme en el cual este
orador decia: esa cláusula debe rechazarse porque ya es indiscutible
en el mundo civilizado que el Estado no debe ser empresario de
ferro-carriles.
Francia y España han seguido la misma teoría y solo en algunos
estados europeos se acaparan las líneas férreas, sometiéndolas á la
ley marcial, porque las necesitan como elementos de guerra para el
transporte de sus divisiones en un momento dado. Es lo que sucede
en Alemania, puesta bajo el pié de guerra. Los empleados de los
ferro-carriles alemanes son jefes y oficiales del ejército que gozan
del sueldo y de la categoría de tales jefes y oficiales.
¿Pero acaso nuestras instituciones son como las instituciones alemanas?
¿Acaso nuestra institucion requiere este aparato belicoso?
Segun las teorías alemanas, justo fuera, señor, que armáramos un
ejército permanente y que distrajéramos todos nuestros recursos en el
presupuesto de guerra.
Pero lo que en Alemania es aplicable por una situacion de actualidad
política, anormal, entre nosotros es simplemente absurdo, como es
absurdo en los Estados Unidos, en donde con una poblacion de mas de
sesenta millones de habitantes no hay un solo kilómetro de vía férrea
perteneciente al Estado,--y el ejército permanente apenas alcanza á
25,000 hombres.
Lo que en Alemania puede considerarse como política del canciller
de hierro, que pretende encerrar el Estado en esa fórmula estrecha
del predominio de sus emperadores en la Europa, entre nosotros es la
libertad dentro de la democracia mas pura, abriéndoles horizontes á
todos los que quieran contribuir de cualquier manera al desarrollo y
engrandecimiento de la Provincia y de la Nacion.
Está, pues, el Senado, en presencia de dos doctrinas completamente
opuestas, la una doctrina de absorcion, la otra doctrina de libertad,
una que ha hecho gran camino en el mundo, otra que se ha reducido allí,
á los límites de la Alemania.
La teoría alemana con sus tendencias absolutistas, pretende arrojar
á los piés de la corona todo lo que importa la vida y el alma de la
Nacion, fuerza, riqueza, poderío, industrias, todo, absolutamente
todo está encarnado en la casa reinante, sin que se cite, sin que se
mencione ni se tome en cuenta la libertad para nada.
Todo está militarizado; un soldado para cada ciudadano, una fortaleza
para cada pueblo: las industrias oficializadas, un plan de estratégia
y astúcia diplomática para el gabinete y otro plan de campaña para el
dominio del continente.
La conquista es el fin--y los medios..... los medios allí se maquinan
en el cerebro del canciller de hierro, que domina la Nacion alemana
bajo la presion de sus dedos en el boton eléctrico del Ministerio del
Estado.
Y en cuanto á la otra teoría, ha echado raíces profundas, ha
desparramado los bienes á manos llenas: los Estados Unidos la
consagraron, porque ellos fueron tambien los que consagraron la
libertad moderna.
Allí el pueblo es todo: la riqueza es patrimonio á que pueden aspirar
todos; la libertad es de todos y la gloria se comparte con igualdad.
En la República americana no se vé al gobernante, se vé al ciudadano:
máximum de libertad, mínimum de gobierno. La fuerza es para defender
las instituciones, para defender el equilibrio y la autonomía de
América, de acuerdo á la teoría de Monroe, y la gloria americana es
gloria universal porque se refiere á las creencias, á las artes, á las
industrias y á la literatura.
En política se llama Washington, se llama Jefferson, Lincoln, etc., en
la ciencia se llama Franklin ó Edison, y en la literatura Edgar Poe,
Longfellow, Parker, Cooper y Emerson.
El trabajo libre, el capital libre, las industrias y el comercio
libres, esto es lo que mantiene las instituciones y el poderío
americano.
He aquí el secreto de lo que es la democracia triunfante, que con tanto
caudal de datos nos ha explicado el eminente escritor inglés Carnegie.
¡A cuantas consideraciones no se presta esta teoría absorbente que se
pretende establecer en la Provincia de Buenos Aires, para que el poder
público sea el administrador de todas las actividades dejando á un lado
la concurrencia del capital privado!
Y hoy es el Gobernador de la Provincia el que viene á deciros: «tengo
en mis manos una rueda inútil en el mecanismo de la administracion
pública. Este elemento de accion, puesto al servicio de propósitos
bastardos, ha hecho peligrar muchas veces las libertades individuales.»
Es el gobernante honrado el que viene á declarar: «renuncio á esta suma
de atribuciones y de poderes que se me dá y que en muchas ocasiones ha
servido para sofocar las libres manifestaciones de la opinion pública.»
Eso lo conoceis vosotros, lo conoce el Gobernador de la Provincia, lo
conoce todo el pueblo de Buenos Aires; no hay necesidad de repetirlo.
Los opositores al proyecto del P. E. apoyaron su opinion primeramente
en la doctrina y en el ejemplo de las demás naciones civilizadas.
Se les demostró que la teoría y el ejemplo abonaban en favor de la
enagenacion.
Francia, Inglaterra, Estados Unidos y España, han hecho jurisprudencia
sobre la materia.
Parapetados despues dentro de la teoría absurda de la Alemania, no
consideran que eso responde á planes militares, y que lo que es
aplicable en Alemania, es perfectamente exótico en todos los países
libres de América.
Estrechando mas todavia la demostracion, pretenden rechazar la doctrina
y el ejemplo de las demás naciones y sostienen que la Provincia de
Buenos Aires no es Estado!
Esa herejía constitucional y jurídica está consignada ahí, en una
circular presentada á la Cámara y leida en la sesion pasada, por los
que sostienen el tanto por ciento de la diferencia de tarifas en contra
de una cuestion que es de doctrina, de administracion, de principios y
de libertad.
Decir que la Provincia de Buenos Aires no es Estado, es ignorar los
rudimentos del derecho.
Recorra, el que eso ha escrito, las páginas del Código Civil, y
encontrará en muchísimas ocasiones la denominacion que dé tanto á la
Nación como á las Provincias.
¿Qué es lo que tratamos de enagenar?
Son los ferro-carriles del Estado.--Y ¿á qué Estado se refiere, sinó á
la Provincia de Buenos Aires?
No necesito argumentar mas sobre este punto.
Pero los que pretenden que doctrinariamente el Estado debe explotar los
ferro-carriles, deben empezar por presentar un proyecto estableciendo
que todas las líneas pertenezcan al Estado.
Deberían decir que la línea del Sud, la de la Ensenada, la del Norte y
todas las que cruzan el territorio pertenecieran tambien al Estado, y
fueran administradas por él.
¿Qué criterio habría en este Senado, en la Cámara de Diputados, en la
Legislatura y el P. E. que han acordado, durante este año y el pasado,
mas de seis mil kilómetros de línea férrea á empresas particulares: es
decir, mas de tres veces la extension de las líneas que actualmente
existen en explotacion incluyendo las líneas férreas del Estado?
Y siguiendo este órden de consideraciones, porque debemos llevar hasta
el extremo las consecuencias del argumento: ¿porqué no se establece
tambien que las municipalidades expropien los tramways, pues que
son elementos de transporte y están en las mismas condiciones con
relacion á las municipalidades que los ferro-carriles con relacion
al Estado de Buenos Aires? y siguiendo siempre en ese mismo órden de
ideas llegariamos hasta este absurdo: que el Estado está en mejores
condiciones de poder ofrecer á todos los ciudadanos de la Provincia,
por iguales partes, la ropa, el alimento, etc., es decir la competencia
en todas las industrias, en todos los ramos del comercio.
Yo siento tener que decirlo, señor Presidente, pero no puedo eximirme
de ello; los directorios de los Ferro-carriles han sido una rémora
completa para el desarrollo y para el progreso del país.
Bastaba que una línea fuera pedida en concurrencia con el capital de
la empresa, de la que ellos llamaban Ferro-carril del Estado, para
que se opusieran tenazmente, llevando su oposicion á tal extremo, que
el Gabinete tenia que rechazarla en muchos casos y hasta la Cámara
tambien, por no hacer competencias, deteniéndose con ésto los progresos
y el desarrollo de una zona enorme de la Provincia.
Felizmente reaccionará con la política liberal del señor Gobernador de
la Provincia apoyado por el Senado y Cámara de Diputados que ha de dar
fecundos resultados para la Provincia.
Nada seria si una ejemplar administracion en los Ferro-carriles
del Estado pudiera cubrir todos los inconvenientes que presenta la
explotacion oficial.
Pero, es bien sabido que entre nosotros como en Inglaterra, como en
todas partes del mundo, la administracion _industrial_ del Estado, es
administracion mala, es administracion pésima, y para concretarme á lo
que son los ferro-carriles, me basta deciros que desde hace treinta
años no se ha levantado un plano siquiera entre nosotros que determine
cuales son las propiedades del Ferro-carril, que el señor Director
Arias, uno de los mas distinguidos colaboradores en la administracion
de la Provincia, se ha empeñado sobre manera para obtener y terminar
esta obra tan necesitada y que en dos años, no ha podido terminarla,
porque no hay datos y porque no hay un rastro dejado por las
administraciones anteriores.
Me bastaria deciros que no se conoce todavia cual es el capital móvil
del Ferro-carril; me bastaria deciros que hay un número de empleados
inútiles é inconvenientes y que esta falta no procede del Director, ni
del directorio, sinó de todos nosotros, pues todos debemos asumir esa
responsabilidad; ella viene desde el directorio, desde el P. E. y hasta
desde las mismas Cámaras que han aumentado los sueldos en muchos casos.
Me bastaria decir al Senado que actualmente el Ferro-carril tiene un
excedente enorme de material que está vendiéndolo y esto es debido á
los directorios anteriores que lo han acumulado sin tener en cuenta
cuales eran las necesidades del Ferro-carril.
Me bastaria decir al Senado que apesar de todo este excedente de
material que tiene el Ferro-carril, recibo quejas á cada momento en el
Ministerio, respecto al retardo no solo en la entrega de wagones sinó
en la entrega de mercaderias, y muy apesar de lo que decia el señor
Senador Benitez de que el pueblo paga y se calla: apesar de estos
inconvenientes yo debo recordar al señor Senador Benitez que si bien él
paga, no se calla nunca, porque él es el que mas se me ha quejado en
materia de mala administracion de Ferro-carriles.
Me bastaria deciros que esta línea debe producir mas de un 30 por
ciento sobre su capital medio explotado, en relacion al producido que
dá el Ferro-carril del Sud, y en relacion á los transportes que tiene
que hacer en la proporción de tres á uno, y solo produce el 3-1/2 por
ciento apesar de lo que decia el señor Benitez que producia el 7 y pico
por ciento.
Y para esto me fundo en que el señor Senador Benitez ha tomado como
base el balance de los Ferro-carriles del Estado; no tomando en cuenta
que ese balance viene equivocado desde treinta años atrás.
Esos 27 millones se han de convertir dentro de poco en mas de 60
millones, porque el capital del Ferro-carril excede de esa suma.
Tengo entre mis datos que antes del año 82 los Ferro-carriles de la
Provincia tenian un capital real de 11 millones, y desde entónces hasta
la fecha, se han hecho tres empréstitos que ascienden á 25 millones
oro, lo que hace un total de 36 millones: sé por último, que el capital
real del Ferro-carril pasa de 43 millones seiscientos mil pesos, sin
contar los dos millones que vale el terreno donde está establecida la
estacion de La Plata y que está calculado en el balance en mil pesos,
sin contar el costo de los terrenos de Tolosa y sin contar con mas de
tres millones de nacionales, valor de las tierras que está ocupando el
Ferro-carril de propiedad de particulares y que tarde ó temprano tendrá
que pagar; es decir, mas de 50 millones de nacionales.
Me bastaria deciros que para que el Ferro-carril cese de llamarse la
montaña rusa, como lo ha calificado la opinion pública, en su trayecto
desde Buenos Aires á Merlo, será preciso expropiar una faja de tierra
al lado de la línea en quintas valiosísimas, pues que en las líneas
actuales no es posible mejorarla, desde que los trenes la recorren
cada cuarto de hora y el levantamiento de un solo riel importaria un
entorpecimiento.
Haciéndose esta obra que es necesaria, los intereses que produciria el
Ferro-carril alcanzarian á 1% escaso.
Podria deciros tal vez, si me animara á decirlo.... pero no me animo
é ello porque creo no debo decirlo en el H. Senado en sesion pública.
Lo he manifestado todo en el seno de las Comisiones de Hacienda y
Legislacion y estoy dispuesto á manifestarlo aquí si el Senado entra
en sesion secreta; pero creo que la prudencia y el patriotismo me
aconsejan callar todo lo que se refiere á la parte financiera de los
Ferro-carriles del Estado.
El señor Senador Benitez, miembro informante de la minoría de las
Comisiones, empezaba su discurso con una referencia histórica de los
Ferro-carriles de la Provincia.
Acepto sus datos pues son rigurosamente exactos, pero para deducir
conclusiones completamente distintas de aquellas á que arribaba el
señor Senador Benitez.
El, nos decia, invocando la autorizada opinion del Dr. Basavilbaso,
hace quince años, que lo que convenia no era la enagenacion de los
Ferro-carriles, sinó una buena administracion.
Aquel directorio á que aludia de distinguidísimas personas
representantes del saber, como representantes del comercio,
representantes de la alta banca, no han de ser ni mas honorables, ni
mas patriotas que muchos de los directorios que les han sucedido, y
sin embargo, ni entónces, ni despues, ni en la época presente, hemos
llegado á esa fórmula que con tanto entusiasmo, que con tanta decision
proclamaba de tan buena fé el ilustrado Dr. Basavilbaso.
Y no hemos llegado ni llegaremos mientras subsista el pecado original,
es decir, el Ferro-carril en manos de los poderes públicos.
Pero me equivoco, hemos adelantado desde quince años á esta parte.
El mismo señor Senador Benitez se encargaba de revelarnos un secreto
que de hoy en mas pasará á la historia de los Ferro-carriles de la
Provincia.
Un señor don Pio Aguirre, si mal no recuerdo, se ha tomado la molestia
de hacer competencia al Ferro-carril con sus carretas, desde el
Pergamino á San Nicolás, y lo ha conseguido con ventaja, segun el señor
Senador Benitez.
No necesitaba yo mas argumento: ni el defensor mas obstinado del
proyecto del P. E. podia ofrecer un dato tan abrumador, que hiere de
muerte á los opositores y que demuestra toda la mala administracion del
Ferro-carril del Oeste.
Mientras en Francia, en Inglaterra, en Estados Unidos, en España, en
todas partes del mundo civilizado se busca con ahinco la manera de
viajar con mayor rapidez, con mayor seguridad y con mayor comodidad,
en globo, si fuera posible conseguir la direccion, aquí un señor Pio
Aguirre se halla en camino de introducir las tortugas para hacer
competencia á nuestras ricas máquinas _Compound_ manejadas por las
inespertas manos del Estado.
¡Qué cuadro de bellas perspectivas para la Provincia, de esperanzas que
no estaban en mis datos ni en mis libros!
Esas carretas á que se refiere el señor Senador, bien pueden pasar á
los escaparates del museo platense, tan rico en ejemplares de la época
terciaria.
Pero yo le daré otros datos, y es que hace mas de once años, en 1877,
otro señor, don Agustin Martinez, le hacia competencia á ese señor
Aguirre: ese señor hacia competencia al Ferro-carril del Oeste, desde
Buenos Aires á Mercedes.
_Sr. Benitez_--Si me permite.--No es don Pio Aguirre quien hace
competencia al Ferro-carril, don Pio Aguirre, utiliza esa competencia
que le hacen los cargadores en razon de estar momentáneamente mal
administrado el Ferro-carril.
_Sr. Ministro_--No momentáneamente, no señor, porque acabo de decirle
que hace once años, en 1877, habia otro señor que hacia lo mismo.
_Sr. Benitez_--Don Pio Aguirre no es empresario de transportes, con
carretas; él solamente las utiliza.
_Sr. Ministro_--Perfectamente, cambio la forma de la frase; cambio el
nombre del empresario y es lo mismo.
Terminado el informe que reasume toda su argumentacion, el Senador
Benitez procede á una especie de diseccion anatómica del mensaje del P.
E.
Tendió el cadáver en el anfiteatro. Abrió su cartera y hundió el
escalpelo sin fijarse que el cadáver tenia aún vida suficiente para
levantarse--y demostrar al habilísimo operador que habia errado el
camino.
Tócame á mi el turno de empuñar el escalpelo aunque no con tanta
habilidad como el señor Senador,--y si hago incisiones algo profundas
es solo para demostrar que la enfermedad es crónica--y que al enfermo
le esperan resultados funestos.
Nos decia el señor Senador que el Gobierno era propietario ó ejercia
actos de propietario; fundado en las disposiciones del código civil y
que todas las leyes de la Nacion y de la Provincia le amparaban en ese
derecho.
Si efectivamente es cierto que el Gobierno hace actos de propietario
al explotar los Ferro-carriles Provinciales, no es ménos cierto que
ese derecho afecta los intereses generales y que está en pugna con los
principios institucionales del Gobierno.
¿Qué es el derecho?
El derecho positivo, bien lo sabe el señor Benitez, es el que se deriva
de la ley.
Pero es indiscutible que si la ley consagra la dictadura, la
monarquia,--el dictador, el monarca, ejercerian el derecho, sin que de
eso se diga que ese derecho está justificado ante los sanos principios
que rigen la doctrina.
Lo que debatimos aquí no es un hecho; ya sabemos que el Ferro-carril
pertenece al Estado.
Con eso el señor Senador no nos ha dicho una novedad.
Lo que debemos averiguar es si ese derecho es justo, si el Estado
tiene derecho de intervenir en el campo de accion que corresponde
á los particulares, si está en las conveniencias sociales que el
Gobierno, apesar de todas las necesidades que vienen atrás: se mantenga
ejerciendo la industria de empresario de transportes de toda la zona
Oeste de la Provincia.
Creo señor, haberlo demostrado con las opiniones de todos los autores
que he citado, con el ejemplo de todas las naciones del mundo que la
han seguido.
Estas opiniones arraigadas en el P. E. que han dado motivo, de paso, á
una crítica acerba de parte del señor Senador, las ha manifestado solo
como demostracion de mayor estudio, porque pudiendo haber presentado
este proyecto á la consideracion de la Legislatura el año pasado, ha
preferido postergarlo á fin de que se haga la discusion ámplia en toda
su extension.
De estas opiniones se deduce que hay rodajes inútiles en la
administracion; y el señor Senador ha creido ver en estos rodajes
inútiles, empleados, jefes de reparticion y hasta reparticiones
obstruccionistas.
No es ese el pensamiento del P. E.
Pise mas alto el señor Senador.
Pise en el campo de la doctrina y verá que lo malo, que lo inútil,
que lo inconveniente es el Ferro-carril en manos del Estado; el
Ferro-carril que no avanza, que vá en contra de la doctrina y de los
principios de libertad; porque es atentatorio á los derechos del
ciudadano.
Sí señor Presidente, atentatorio, porque atenta contra la igualdad
de los derechos de los ciudadanos, desde el momento que acuerda
beneficios en las tarifas que no pueden compartir por igual todos los
habitantes de la Provincia.
Y en esta balanza de la distribucion de los beneficios hace 30 años que
el Estado hace pesar su poder y su influencia sobre la zona Oeste;--y
hoy que el P. E. levanta la bandera simpática de la igualdad, que es la
razon, la justicia de todas las democracias, se pretende impresionar
á la Cámara so pretexto de un mal entendido patriotismo, de una
preocupacion inconcebible!
Hace mucho tiempo que ha debido dictar la Legislatura la ley de
uniformidad de tarifas para todos los ferro-carriles; y ese proyecto
que está en la carpeta del Senado, si felizmente se convierte en ley,
ha de terminar de una vez con todos los privilegios odiosos, con todos
esos beneficios, en favor de algunos, en oposicion con la democracia
que proclama la igualdad.
¿Qué derecho tienen los productores del Oeste sobre los del Sud para
que el Estado les ofrezca disminucion de fletes y les ponga en mejores
condiciones para competir en los mercados de consumo?
¿Y con qué derecho se acuerdan esos privilegios?
No se ha invocado razon alguna para esa excepcion.
El señor Senador Benitez hablaba tambien de la ley de centros
agrícolas. Si el P. E. tiene alguna pasion, esa pasion es por el
progreso, por el engrandecimiento, por el desarrollo de la Provincia de
Buenos Aires.
De esa pasion ha nacido la ley de centros agrícolas, esa ley tan
combatida al principio y que está dando y dará resultados tan fecundos,
porque ha de contribuir á equilibrar en lo posible la importacion con
la exportacion.
Y bien, el P. E. ha obtenido de todas las líneas férreas de empresas
particulares que se han acogido á los beneficios de esa ley, la
disminucion en los transportes de los productos que pertenecen á sus
centros.
El señor Senador Benitez nos decia que esos beneficios habian sido
acordados exclusivamente por los Ferro-carriles del Estado, y yo le
digo que los Ferro-carriles del Estado han quedado atrás en relacion á
los particulares, como voy á demostrarlo.
Casualmente ha caido en mis manos un aviso que voy á leer, que
demuestra hasta donde puede ir la iniciativa privada en favor de los
intereses generales.
«F. C. del Sud--Aviso: En vista de la concesion acordada á los
agricultores á quienes alcanzan los beneficios de la ley de centros
agrícolas, la empresa resuelve hacer la misma rebaja del 25% extensiva
ó los cultivos agrícolas producidos en la zona servida por este
Ferro-carril, por agricultores que no estén comprendidos en aquella
ley».
Es decir, que mientras el Estado acuerda la rebaja de 25 por ciento
para los centros agrícolas, las empresas particulares lo acuerdan para
los centros agrícolas y para los que no son centros agrícolas tambien.
¿En qué queda entónces el argumento del señor Senador Benitez?
El señor Senador nos daba un consejo tambien, reprochando la actitud
del P. E. que habia declarado en el mensaje que el Estado era mal
administrador. Le agradezco, por mi parte el consejo; pero debo
declarar que seguramente no lo he de aprovechar, porque tengo por
costumbre, como la tiene el P. E., decir honradamente la verdad, y
siempre la verdad en todas las ocasiones y circunstancias de la vida,
sean cuales fueren los intereses que resulten heridos.
¡Cómo he de decir que el Estado es buen administrador!
Todos los señores Senadores conocen la obra de uno de los mas
distinguidos escritores ingleses, Herbért Spencer: _La Ciencia
Social_, que ha sido escrita expresamente para demostrar todos los
inconvenientes que la administracion pública trae consigo y todas las
ventajas que tiene la administracion cuando está entregada al interés
privado.
Dice Herbért Spencer refiriéndose á los que pretenden que deben
comprarse los ferro-carriles: «_El Estado deberia comprar los
ferro-carriles_, dicen con toda seguridad las personas que leen
todas las mañanas en su diario, que el caos reina en el almirantazgo
y el desórden en nuestros arsenales, que nuestro ejército está
mal organizado, que nuestros diplomáticos cometen inconveniencias
comprometiendo la paz, ó que paralizamos la accion de la justicia por
deficiencias de formas, por gastos y por dilaciones».
Y yo podria decir tambien: El Estado deberia comprar los
ferro-carriles, dicen con toda seguridad las personas que ven todos
los inconvenientes de los ferro-carriles, todos los inconvenientes que
existen en nuestra marina y todos los inconvenientes que proclaman los
diarios constantemente con relacion á las proveedurias y á todos los
negocios en que interviene el Gobierno.
Este libro extensísimo, que me guardaré muy bien de leerlo á la Cámara,
trae sin embargo datos que me es forzoso ponérselos á la vista.
Refiriéndose á los males que ha traido siempre el almirantazgo inglés
y la intervencion del poder público en la administracion, despues de
citar los casos de pérdida de muchos vapores del almirantazgo, por
causas que jamás hubieran dado lugar á la destruccion de un solo buque
de la marina mercante dice: «Se ha visto esto cuando el descubrimiento
del estado de corrosion de las placas de Glatton ha venido á probar que
el almirantazgo no habia adoptado para sus blindados el procedimiento
de que los armadores se servian desde hace mucho tiempo con éxito.
«Se ha visto, despues de la pérdida de los marinos del «Ariadna», que
ha venido á enseñar, por una parte, que una fragata de veintiseis
cañones poseia ménos canoas de salvataje que las que el reglamento
impone á las naves de cuatrocientas toneladas, destinadas á recibir
pasajeros, y por otra parte, que al poner esas naves á la mar no tenian
á bordo ni aparatos Kynaston ni el aparato Clifford, bien superiores y
tantas veces puestos á prueba por la marina mercante.
«Se ha visto tambien por la no adopcion del regulador Silverg para las
máquinas de buques á vapor. Hacia mucho tiempo que los buques que no
pertenecian al Estado estaban provistos de ese regulador que previene
los inconvenientes de las máquinas. La marina real acaba de emplearlo
cuando ha visto que sus máquinas estaban destruidas. Esta incapacidad
relativa de la administracion se hace mucho mas notable cuando se
remonta muchos años atrás».
Herbért Spencer lo demuestra en muchos casos, y para no citarle á la
Cámara mas que dos, voy á decirle cuales son:
«En 1593 se descubrió que el jugo de limon era conveniente para curar
el escorbuto, es decir, esa enfermedad que tanto abunda entre los
marinos. En ese año el señor Hawkins y varios otros curaron á las
tripulaciones con el jugo de limon, y en todos los años subsiguientes
el comodoro Lancaster y otras personas que aquí se citan, escribieron
sobre este importante descubrimiento. El almirantazgo inglés jamás se
habia preocupado de suministrar el jugo de limon para combatir esta
enfermedad.
«En 1780 hubo dos mil cuatrocientos casos de escorbuto en la flota de
la Mancha; en 1795 la epidemia fué tan violenta que comprometió la
seguridad de la misma escuadra. Recien entónces el Gobierno inglés
aplicó el jugo de limon al escorbuto en la escuadra, es decir, dos
siglos despues, porque habiéndose inventado en 1593 recien se aplicó en
1795.
Esto mismo sucede con mil otros descubrimientos, como en el caso de la
hipecacuana, descubierta en 1648, que recien hace dos ó tres años el
Gobierno inglés ha mandado hacer cultivo de ella en la India.
Podria citar todos estos casos, porque este es un libro completo, que
trata de la mala administracion del Gobierno. Y no solo sucede esto en
Inglaterra, sinó en todas las partes del mundo sin excepcion.
Decir que el poder público es buen administrador es contrariar todos
los hechos, todos los antecedentes históricos, toda la verdad y todos
los ejemplos que vemos continuamente en todos los países del mundo.
Esto puede servir para una moraleja, para un cuento de niños; pero
lo que es á la razon severa del legislador no es posible traer este
argumento sin demostrarlo plenamente con hechos y antecedentes.
Uno de los puntos, creo, en que mas se ha detenido el señor Senador
Benitez, era el relativo á la Ley Orgánica de los Ferro-carriles del
Estado. El nos decia que esa ley es mala, que es inconveniente.
Es muy fácil decirlo. Lo que es difícil y lo que no ha hecho el señor
Senador es probarlo.
¿Dónde está su demostracion? Yo podría decirle lo que un geómetra
célebre que asistia á la representacion de Phedra, esa obra del ingenio
de Racine.
Mientras todos los concurrentes se lamentaban y lloraban en los pasages
patéticos, él preguntaba:--Pero esto ¿qué demuestra? Esto no demuestra
ninguna ecuacion; esto no demuestra ni siquiera que el cuadrado de la
hipotenusa es igual á la suma del cuadrado de los catetos!
Y bien, yo podría decir despues del discurso del señor Senador:
--Muy poético! pero ¿qué es lo que ha demostrado?
Para demostrar la consistencia del argumento á que me referia hace un
momento, me basta decir que el señor Senador era miembro de esta Cámara
cuando se discutió la Ley Orgánica de los Ferro-carriles.
¿Por qué no sostuvo entónces estas ideas? ¿Por qué no las hizo triunfar
en esta Cámara?
Yo lo creo muy capaz al señor Senador Benitez de hacer algo muy bueno,
porque lo creo capaz de muchas cosas buenas. Pero lo que debo decir,
lo que no debo ocultar es que es mucho mas difícil crear que criticar,
y que para bien de la Provincia yo le cederia mi puesto pudiendo así
hacer prácticas sus ideas y yo tomaria el puesto de censor, posicion
mucho mas cómoda y en la que se conquista, parece, aplausos y simpatías
de un eco unánime.
He leido, señor Presidente, y he releido todo el discurso del señor
Senador, pronunciado en la última sesion, y debo declarar con toda
franqueza, que apesar de toda la buena voluntad que he puesto para
comprenderlo, he encontrado un vacío absoluto, algo de metafísico,
mucho caudal de lectura que no hacia al caso; mucha retórica, sí mucha
retórica: el ombú solitario, el triste gaucho con la guitarra al
hombro, atravesando el desierto, y hasta el centauro aparece allí.
Apesar de esto no debo dejar pasar desapercibidas las frases que he
deseado y deseo explicarme todavia porque no las comprendo.
Decia el señor Senador como epílogo de su discurso:
«No se puede pasar por todo y entrar en todas partes con el talisman
de la época con el «ábrete sésamo» de nuestros dias; no se llega
á todo al amparo único de las ideas que llevan como divisa los
mercaderes, _iniciativas particulares eficaces_--_habilidades de
sindicatos_--_prevision de accionistas_, etc. La Cámara de los pares
de Buenos Aires no es una bolsa de comercio, no es una reunion de
traficantes apurados á hacer oro de todo»
* * * * *
«El recinto de la Legislatura de Buenos Aires, tiene á su puerta «el
ángel de la guarda de la pátria» dispuesto á sacrificar por la pátria
toda idea tendente á sacrificar, por dinero, haciéndola materia de
negocio, esa cosa sagrada que se llama los Ferro-carriles de Buenos
Aires.... etc.»
Muy bien, señor Presidente; estas dos frases parecen á primera vista
que encarnan un cargo directo al P. E. que ha presentado estas ideas á
la consideracion de la Cámara; están en contradiccion con declaraciones
hechas anteriormente por el señor Senador relativas á la intachable
honradez, patriotismo reconocido del señor Gobernador de la Provincia.
No necesitaba el Gobernador este bautismo con que lo ha unjido el señor
Senador.
Pero si esto importara un cargo, yo me encargaria de que no quedara en
pié; porque representante del P. E. no puedo consentir al señor Senador
ni á nadie que pretenda so pretexto de producir efecto en el auditorio,
deprimir la alta autoridad del P. E.
Entónces he dicho, señor Presidente: ¿Qué significa esta frase:
_mercaderes apurados, Cámara de pares convertida en bolsa de comercio_,
etc? Y entónces veo que es una frase sin sentido que no tiene
aplicacion alguna en este caso.
Se ha discutido en la Cámara de Diputados y vendrá pronto al Senado el
asunto relativo á la conversion de la deuda, y entónces lo veremos al
señor Senador Benitez en la oposicion cerrando su discurso con estas
palabras:
«No se puede pasar por todo y entrar en todas partes con el talisman de
la época, con el «ábrete sésamo» de nuestros dias, no se llega á todo
al amparo único de las ideas que llevan como divisa los mercaderes:
_iniciativas particulares eficaces, habilidades de sindicatos,
prevision de accionistas y compensaciones de dividendos, etc._ La
Cámara de los pares de Buenos Aires, no es una bolsa de comercio, no es
una reunion de traficantes apurados, etc.,» porque tanta explicacion
tiene esto ahora como despues.
Vendrán despues las leyes en que se pedirá autorizacion para vender la
tierra pública, las tierras del puerto, para vender la escuela de Santa
Catalina, la escuela de Artes y Oficios, para levantar los edificios
suntuosos que se han de edificar en esta Capital; vendrá todo eso y las
opiniones del señor Senador que declarará apesar de haber votado en
oportunidad, porque debieran venderse los terrenos del Ferro-carril,
que se vendieron al señor Bengolea por nueve mil pesos y que despues
segun él mismo se revendieron en ciento cincuenta mil--porque el señor
Senador parece que cree que el Estado no ha debido vender tierras desde
Garay hasta la fecha, vendrá el señor Senador en medio de su oposicion
y nos dirá: «no se puede pasar por todo y entrar en todas partes con
el talisman de la época, con él «ábrete sésamo» de nuestros dias, no
se llega á todo al amparo único de la idea que llevan como divisa
los mercaderes; _iniciativas particulares eficaces_, _habilidades de
sindicatos_, _precision de accionistas_, _compensacion de dividendos_,
etcétera.
Yo bien sé, señor Presidente, que tengo que luchar con una preocupacion
que ha invadido el espíritu de muchos, pero que vá cambiándose ante la
demostracion incontestable: sin embargo, la preocupacion, es un arma
terrible y muy difícil de vencer.
Y si en lugar de lanzarse en las suaves corrientes de la que hoy
se dice que es la opinion pública, posicion sumamente cómoda
para el que no tiene la responsabilidad directa y personal de la
administracion, tiene el P. E. el coraje de detenerse y avanzar en
contra de la corriente, para demostrar lo que él cree que es el bien
de la Provincia, la verdad de las instituciones, no hace con esto
ni ejercitará otra virtud que la entereza, el patriotismo en sus
convicciones y la honradez de su procedimiento, siempre reconocida.
No quisiera, señor Presidente, extenderme mas; pero ántes de terminar
séame permitido analizar lo que es la opinion pública tan mentada por
todo el mundo y hasta por el mismo señor Senador Benitez, que nos decia
que el pueblo hablaba por su boca, sin recordar que hay un artículo en
la Constitucion que dice, que quien toma la representacion é invoca el
derecho del pueblo, comete delito de sedicion.
Aquí no hay mas representante del pueblo que el Senado y la Cámara de
Diputados.
¿Pero que es la opinion pública?
La opinion pública ¿es la opinión de mucha gente?
Y bien, la opinion pública está con el P. E., por que á recibido
muchísimas manifestaciones de adhesion al pensamiento.
¿Es la opinion pública la Cámara de Senadores como debo suponerlo?
Pues bien, señor, la Cámara dará su fallo dentro de un momento.
¿Es la opinion pública los comicios del 5 de Diciembre de
1887?--Entónces el pueblo está con el Poder Ejecutivo.
¿Es la opinion pública la prensa? Aquí está la prensa señor Presidente,
y no quiero combatir los argumentos del señor Senador sinó con
argumentos del mismo señor Senador.
El señor Senador nos ha leido _La Nacion_ y yo tambien tengo que leerle
la opinion de la prensa, empezando por _La Nacion_ misma.
Permítame la Cámara que distraiga tanto su atencion, pero necesito
antes de terminar, agregar algunas consideraciones que no habia
manifestado expresamente y que me las dá este diario, y que me han de
servir de mucho para fundar el proyecto del P. E.
* * * * *
Largas consideraciones siguen á este respecto que podria leer á la
Honorable Cámara; pero hay unos puntos que son muy esenciales y que
me he olvidado en el discurso, y que deseo que consten porque son
oposiciones mias tambien.
(El Sr. Gonnet leyó algunos párrafos de _La Nacion_ del 26 de Enero de
1887 en que se manifiesta favorable á la venta de los Ferro-carriles).
«Anúnciase como cosa segura que el Gobernador electo de Buenos Aires
Sr. Paz, se propone enagenar los Ferro-carriles de la Provincia,
obedeciendo á ideas y principios fundamentales respecto al papel del
Estado en el desenvolvimiento económico de las sociedades.
«El nuevo Gobernador tiene un propósito plausible, y si las condiciones
en que despues se verifique la enagenacion son convenientes, habrá
realizado una buena obra.
«La Provincia en el estado actual de desenvolvimiento á que ha llegado,
no necesita de Ferro-carriles, construidos y explotados por su cuenta,
sinó de los hechos y administrados por empresas particulares con sus
propios capitales.
«La experiencia ha venido á demostrar de una manera indiscutible
la verdad y á la vez la bondad de los principios que condenan el
sistema que tiene por objeto la construccion y explotacion de los
Ferro-carriles por el Estado.
«Así, el Gobierno de la Nacion ha procedido bien al vender el Andino, y
el nuevo Gobernador piensa del mismo modo al proponerse enagenar los de
la Provincia.
* * * * *
«La Bélgica tiene 2,500 kilómetros de ferro-carril del Estado; Alemania
17,000; Austria Hungría 2,300--En Inglaterra y Estados Unidos no hay un
metro de vara férrea que pertenezca al Estado.
«Es que la administracion de los Ferro-carriles del Estado, permite
ménos facilidades al público, ménos seguridad, ménos comodidad que la
explotacion privada.
Hay por esto una razon verdaderamente fundamental.
«El interés individual dá eficaz y poderoso impulso á las empresas
privadas y falta á las del Estado.
«La industria particular busca naturalmente todas las combinaciones que
puedan facilitar los transportes y aumentar el tráfico mientras que el
agente del Estado no tiene ningun interés en el desarrollo del tráfico.
«La experiencia, además, ha demostrado que la administracion es
rutinera y que no siempre le muestra buena voluntad al público,
cualidad esencial tratándose de un servicio tan variado y tan complejo.
«Las empresas del Estado no tienen interés en multiplicar sus
relaciones con el público ni en resolver las dificultades que se
presentan.
«Háse hecho con este motivo una observacion llena de justicia y de
verdad,» diciéndose que las direcciones del Estado se esforzaban por
limitar la explotacion para sustraerse así á los trabajos que ella
demandaba.
Por otra parte, las empresas del Estado ofrecen al público ménos
seguridad que las otras.
* * * * *
«Esto no sucede con los Ferro-carriles del Estado, pues los reclamos
que se hacen son mal atendidos ó no escuchados, como estamos cansados
de presenciar todos los dias.
«Háse dicho ya que la explotacion hecha por el Estado era mas costosa
que la particular, y así es en efecto.
«Se contesta esto diciendo que no es necesario exijir de los
ferro-carriles rentas, sinó servicios, y que constituyendo éstos sus
funciones primordiales, su explotacion corresponderá al Estado y no á
las empresas privadas, por mas cara que fuera aquella.
«La consideracion que se pretende hacer valer carece de fuerza. No es
cuestion de renta ciertamente: pero la renta no riñe con el servicio.
Los ferro-carriles particulares prestan tan buenos ó mejores servicios
que los del Estado, y producen muy buena renta. Los Ferro-carriles del
Estado sirven mal y no dán el interés comun del capital invertido, como
lo demuestran los Ferro-carriles de la Provincia de Buenos Aires.
* * * * *
«La administracion es indolente, descuidada, desinteresada, ignorante
de las grandes cuestiones técnicas, estrecha de vistas y de ideas, lo
que no sucede cuando ella es hecha por empresas particulares.
«¿Qué ha sucedido en Bélgica, una de las naciones que han adoptado la
construccion de Ferro-carriles por el Estado?
«Segun todos los Ministros que se han sucedido en el poder, la
explotacion de esos Ferro-carriles ha sido una causa permanente de
¡embarazos financieros! y el mismo Rey en uno de sus discursos ha dicho
que la intervencion del Estado la volvia onerosa y gravitaba con exceso
sobre las finanzas públicas»
* * * * *
«En cuanto á Italia, bastará reproducir las palabras de uno de sus
Ministros, consignadas en un documento oficial, referente á la
explotacion de los Ferro-carriles por el Estado, para establecer
que ella es bajo todo concepto inconveniente. Afírmase que «las
dificultades comerciales, industriales, técnicas, financieras y
políticas que ella entraña, hánse demostrado claramente en los pocos
años transcurridos.»
«Bajo otro punto de vista, esa explotacion hace descender el nivel
moral de los individuos é inaugura el régimen de los monopolios por el
Estado, tanto mas peligrosos y funestos cuanto que se esconden tras el
pretexto del bien público para extender su dominio y convertirse en
instrumento de opresion y de explotacion vergonzosa.
* * * * *
«La administracion del Ferro-carril Andino era deficiente, hoy que
pertenece á una empresa particular, mejora sensiblemente.
«La de los Ferro-carriles de la Provincia lo es mas todavia; de
modo que su venta cortaria los escándalos denunciados, los negocios
ilícitos, el mal servicio y hasta el incendio de estaciones valiosas.»
Espero, señor Presidente, que el señor Senador Benitez me conteste
estos argumentos, que tambien los hago valer en mi discurso.
Pero la prensa no es _La Nacion_, solamente _La Prensa_ misma ha
publicado una série de artículos, _La Prensa_ que tiene entereza, que
tiene carácter, que defiende la doctrina bajo una forma sólida, bajo
una argumentacion indiscutible, ha publicado una série de artículos que
escuso leer á la Cámara porque supongo que ella ya los habrá leido.
Ahora si es la opinion pública la opinion del partido dominante en la
Provincia, ahí está _El Censor_ que representa la opinion del partido
y que ha demostrado que la explotacion de los Ferro-carriles por el
Estado es una iniquidad.
Los demás diarios, los demás periódicos de la Capital Federal
independientes y de algún valer, no han manifestado opinion hasta este
momento, esperando el debate de la Cámara para opinar en uno ú otro
sentido.
¿Es la opinión pública la mayoria de los diarios de esta Capital?
Pues la mayoria de los diarios de esta Capital sostiene que el Estado
no debe ser empresario de ferro-carriles.
¿Es la opinión pública los diarios de la campaña de Buenos Aires?
Ahí está _El Oeste_, que representa los intereses de esa zona de
la Provincia, que sostiene con energía que el Estado no debe ser
empresario; y si es en la zona Sud está _La Patria_ de Dolores, que
representa tambien los intereses de esa parte de la Provincia.
¿Qué es la opinion pública, entónces?
He analizado lo que es la opinion pública y creo haber demostrado
que ella está con el P. E. y no con los que gritan en contra de la
enagenacion de los Ferro-carriles.
Pero voy á terminar, señor Presidente, porque estoy algo fatigado.
El señor Senador Benitez, nos decia en dos ocasiones de su discurso,
que la doctrina, la historia y hasta las consideraciones de órden
político estaban con él, en contra de la enagenacion de los
Ferro-carriles.
Permítame que le diga que sin haber citado opinion ninguna, ejemplo
ninguno de la historia y habiendo citado yo la opinion de los
distinguidos escritores que me acompañan en este debate, y el ejemplo
de todas las naciones civilizadas del mundo, permítame que le diga,
y no lo tome á mal: el señor Senador ha calumniado á la historia, ha
falseado la verdad de la doctrina, y hasta las consideraciones del
órden político no le han detenido en este errado camino.
Permítame tambien que le felicite á mi vez porque apesar de todo esto
ha encontrado su senda cubierta de flores y el tiempo le ha sido
insuficiente para contestar las felicitaciones que ha recibido de los
suyos y de los desconocidos.
Despues de esto podria decir al señor Senador como Pirro, despues de la
batalla de Asculum: «con otra victoria como esta, está perdido el señor
Senador.»
Toca ahora al Honorable Senado con su razon justiciera, con su criterio
sereno, decidir sobre este punto tan esencial, sobre este punto que,
como he dicho al principio, forma la base inquebrantable del Gobernador
de la Provincia, cuya representacion tengo en este momento.
He dicho.