Estos hechos son desgraciadamente de una autenticidad indiscutible, y
estos hechos ¡ay! acusan un desórden crónico y profundo que podria
llegar á ser incurable, porque no hiere sólo al alma, hiere tambien la
economía social y lleva inevitables y crueles perturbaciones al seno de
las familias.
Este cuadro de delicias y de locos gastos, dibujados por mi débil pluma
en las más altas regiones de la sociedad, tiene sus copias cada dia más
numerosas en la clase media; el mal lo invade todo, y de él nace esa
sed de especulaciones temerarias, esa fiebre de agiotaje, que es
tambien uno de los rasgos característicos de la época: hay necesidad de
improvisar recursos y de encontrar en la especulacion el dinero que no
da ni el patrimonio, ni tampoco el trabajo; ese otro patrimonio de la
honradez y del decoro.
Mas ¡ay! la fortuna ciega suele recoger lo que ha dado, y despues de
haber dejado saborear las alegrías peligrosas de una riqueza ficticia,
hace parecer más amarga la pena de una ruina demasiado positiva.
Una sola cosa puede traer al mundo social una reaccion provechosa; el
amor, es decir, la mujer. Tenemos en la naturaleza un tipo encantador:
la jóven, la hija de familia; ella trae á la existencia real su
frescura nativa, su dulce brillo, su gracia inocente; el corazon se
dilata á la vista de esa primavera de la vida. Cuando se aproxima, se
serenan como por encanto las tormentas del alma; los ménos buenos temen
turbar la atmósfera de calma y de serenidad que rodea su inocencia;
cada uno se vuelve mejor cuando está á su lado.
¡Jóvenes amigas mias! Á vosotras, y sólo á vosotras, toca traer el
remedio con vuestras inocentes manos para esta llaga inmensa; casaos
con el alma enamorada y no por cálculo ó por interes; y si amais de
véras á vuestros esposos, no les pediréis un lujo desenfrenado y loco;
os avergonzaréis de esa lucha con las demas mujeres y de esas
exigencias que se tragan el sosiego y se pueden tragar el honor de la
familia.
El desenfreno de que Francia ha dado tan largo y triste ejemplo ha sido
su ruina. ¡Escarmentemos al recordar la nueva Nínive, abrasada por la
justicia celeste!