Muy Señor mio. Segun lo resuelto por S.M. en la real órden que V.E. me
comunicó con fecha de 15 de Julio de 1781, acordé con el Intendente lo
que podian minorarse los gastos de los establecimientos patagónicos,
atendidas las urgencias del real erario por la guerra y sucesos del
Perú, reduciéndose á conservar lo poblado, y no intentando por ahora
ocupar otros puntos que San Julian y Rio Negro. Esto no obstante, no
salvaria yo el escrúpulo que me queda, si no hiciese presente á V.E. lo
que me ocurre en cuanto á la utilidad ó perjuicio de dichas poblaciones,
á fin de que, instruido el real ánimo, pueda resolverse lo mas
conveniente.
Sin embargo de la continua observacion que he estado haciendo, por las
noticias é informes de varios sugetos imparciales que habian examinado
aquellos terrenos, y eran inteligentes en las entradas de los puertos,
fondeaderos y demas circunstancias, he estado combinando estas mismas
especies con la correspondencia de los Super-intendentes, y observando
singularmente en el del Rio Negro, las grandes dificultades que se les
presentan, pues las unas confesadas en sus oficios, y las otras en las
resultas, me iban confirmando en el dictámen, de que S.M. expendia una
gran parte de su erario, sin fruto ni utilidad conocida á su servicio, y
sin seguridad de su dominio en esta parte.
Bien conocí desde los principios, que el poblar la costa patagónica,
tenia por objeto acreditar mejor la posesion de ella, y evitar que otras
naciones se colocasen en algun punto de la misma, por donde pudiesen
introducirse á los reinos del Perú y Chile: pero esto parece difícil,
por la calidad de sus terrenos, por falta de buenos puertos, por las
excesivas mareas, por lo rigoroso del clima y otras causas.
Para asegurarme mas del concepto formado en el asunto, quise recoger los
dictámenes de los pilotos y sugetos que navegan á la referida costa,
con el ánimo de instruir á V.E. completamente, así del estado de las
poblaciones, como de todo lo demas perteneciente a la utilidad de ellas.
Y tratando de la Bahía de San Julian, donde se halla el Comisario
Super-intendente D. Antonio de Viedma, incluyo los dictámenes números 1,
2, 3, 4 y 5, que dan conocimiento de aquel parage, calidad de su
terreno, aguas, temperamento, leñas, maderas y puerto: extendiéndose los
de los número 3 y 4 á dar noticia de los demas puntos de la costa que se
han reconocido; á que agrego la representacion número 6 del poblador
Santiago Moran, á nombre de los demas de su clase, quedándose aplicados
los remedios que han sido posibles para sus alivios. Pero como sufren
tantas incomodidades, y ven perecer á sus compañeros frecuentemente,
aquellos, y los que están aun en esta provincia, se han intimidado hasta
lo sumo, refiriéndome yo á lo que dichos papeles expresan, porque
conviene puntualmente con los demas informes que omito, por no hacer mas
difusa nuestra exposicion.
En cuanto al Rio Negro, Puerto de San José y San Antonio, expresan sus
calidades los informes número 1 y 3 citados, como tambien los
comprendidos bajo el 7, 8 y 9, á que agrego el de los colonos de dicho
Rio Negro, número 10, para dar cabal idea de sus clamores por las
circunstancias del país, que sin duda es el menos malo de la costa
patagónica, y en donde á fuerza de muchos gastos se conseguirá la
poblacion, como ya lo tengo insinuado á V.E. Pero vengamos á la utilidad
de esto y los demas.
Es principio indubitable que los puertos de arribadas deben ser seguros
y de fácil entrada, donde los navegantes se acojan impelidos de las
borrascas, de necesidad de víveres ó de la incomodidad de la navegacion,
para procurarse seguridad, descanso, refresco ó habilitacion del buque;
y no pudiéndose encontrar ninguno de estos alivios en los puertos de la
costa patagónica, ya se vé por esta parte que no son de utilidad alguna:
consideracion que se extiende á que tampoco lo son para las demas
naciones, fuera de que en puertos de mareas tan variables y excesivas,
nadie querrá arrojarse á la arribada, temiendo le fuese mas perjudicial
que la borrasca. Esta misma circunstancia, aunque por otro término,
concurre en el Rio Negro, pues ademas de ser peligrosísima su entrada,
no la permite la barra sino á embarcaciones menores, como bergantines,
zumacas ó lanchas que calan muy poca agua, y este es el parage en que se
encuentran tierras que cultivar, pero tan corta que es solo la que baña
el rio en sus mareas: y aunque no obstante esto pudiera continuarse la
poblacion, sin embargo de las incomodidades y riesgo de los indios, que
atrae el haber de hacer las siembras á la parte del sud, como lo explica
D. Basilio Villarino en su informe número 8, no veo utilidad en su
aumento, por no ser puerto capaz de embarcaciones mayores, por la falta
de comercio con esta provincia: pues por tierra median muchas naciones
de indios infieles en la dilatada pampa, desde aquel rio hasta Buenos
Aires, y por mar, es preciso esperar la estacion del verano, porque la
navegacion del rio arriba ofrece grandes dificultades en sus corrientes
y tornos. De modo que parece imposible que ninguna nacion intente esta
empresa, aun cuando dicho rio se extienda è introduzca en la
jurisdiccion de Mendoza, lo que aun no se ha podido averiguar en los
reconocimientos, y se está actualmente haciendo el último esfuerzo para
aclararlo.
Para corroborar el concepto de este establecimiento, me ha parecido
tambien incluir á V.E. un oficio del Comisario Super-intendente, D.
Francisco de Viedma, bajo el número 11, porque en él se reconoce que,
despues de establecido tanto tiempo en el Rio Negro, donde se ha
consumido ingente caudal, intentaba la poblacion principal en el
Colorado, figurando en la Bahía de Todos Santos, y la Anegada, donde
desagua dicho rio, todas las utilidades que pueden desearse: pero, aun
dado el caso de que sean parages seguros, se necesita otro fuerte,
poblacion, grandes gastos por consiguiente, y mucha tropa para contener
la indiada que allí concurre, que inquietaria continuamente los
pobladores, robaria el ganado, é impediria siempre la comunicacion con
Buenos Aires.
El Rio Colorado está reconocido hasta 25 leguas por su orilla, y se ha
visto que carece de leña, pues solo hay unos pequeños sauces muy
torcidos: la mas inmediata se halla á 10 leguas de la márgen del rio. Su
terreno puede llamarse infecundo, porque, segun las señales y las
noticias de los indios, las grandes mareas lo inundan; y aunque parece
frondoso, lo causan estas inundaciones que dejan pantanos
intransitables, á lo menos en las cuatro primeras leguas de su boca. Es
rio que se vadea por muchas partes y no permite la entrada de otras
embarcaciones que pequeños bergantines, varando infinitas veces: así se
ve en el diario número 12, y en el plano que D. Basilio Villarino hizo
cuando fué al descubrimiento de dicho rio. La Bahía de Todos Santos y la
Anegada son enteramente inútiles, pues ademas de ser su terreno de muy
mala calidad, no tiene agua sino en unas pequeñas lagunitas que se
forman de las lluvias: por esto el citado Villarino se vió en la
precision, cuando salió del Colorado, de dejar seis pipas ó cuarterolas
llenas de agua cerca de la costa, por si se le ofrecia volver por
semejantes parages. Contribuye tambien para su inutilidad el no haberse
hasta ahora reconocido canal para llegar á dichas bahías, mas que por
una infinidad de bajos y la costa, la que se supone ser buena. Viniendo
de mar afuera no está reconocida, y se supone con fundamento que los
bajos se extienden mas de tres leguas de la costa por la reventazon que
se vé, lo que hará siempre á dichas bahías inútiles para los fines
propuestos.
Ya V.E. está enterado de las calidades de los demas puertos que se han
reconocido en toda la costa: mas no obstante conviene hacer memoria de
aquellos en que se ha detenido mas tiempo la inspeccion de los
comisionados y de otros sugetos. El Puerto Deseado es muy angosto en el
espacio de media legua, la velocidad de la corriente en el flujo y
reflujo es de siete á ocho millas por hora, y una gran parte del fondo
está sembrada de bancos y piedras: sus campañas están cubiertas de
arena, de modo que no se encuentra en ellas un arbusto: no hay en todo
aquel terreno, manantial de agua dulce, ni los pozos ó cazimbas que se
han abierto en la playa, pueden dar la cantidad suficiente para el gasto
diario de las embarcaciones, y para llenar la vasijeria de la bodega. La
entrada y salida del puerto es sumamente peligrosa, y muy pocas veces
puede conseguirse la primera sin fondear antes sobre la costa, en cuyos
casos los vientos de travesía (que por desgracia son frecuentes en estas
mares) ponen á las embarcaciones en riesgo de un naufragio.
En un puerto de esta naturaleza no puede subsistir mucho tiempo una
colonia, á menos que esta fuese socorrida desde el Rio de la Plata con
todos aquellos víveres que se juzgan de primera necesidad: pero aun en
este caso, no podria servir de escala á las embarcaciones españolas que
navegan á la mar del sud, por las razones que quedan expuestas. Los
ingleses, ú otros cualesquiera enemigos de la España que naveguen á
estas costas, solo podrán hallar en el Puerto Deseado un asilo contra
los temporales que se experimentan por el invierno á lo largo de la
sonda de la costa patagónica, pero, de ningun modo formar desde allí
expedicion alguna contra los establecimientos que tenemos en la América
Meridional; porque en el caso de que intentaren venir hácia el norte, y
entrar en las provincias del Rio de la Plata, se verian precisados á
atravesar unos vastísimos desiertos, en los cuales pereceria
infaliblemente la mayor parte de ellos: y si intentasen penetrar hasta
la costa del sud, no podrian conseguirlo sin pasar por la cresta de los
Andes, que se dirigen ò proyectan de norte á sud á lo largo de esta
América hasta la orilla septentrional del estrecho de Magallanes: y
siendo esta empresa tan difícil y peligrosa que casi raya en lo
imposible, parece que nada debemos temer por esta parte de nuestros
enemigos.
Finalmente, no podemos prometernos que en este Puerto Deseado se
establezca algun ramo de comercio, porque tiendo aquel terreno arido y
seco por naturaleza, no puede haber comercio, ni aquella especie de
industria, con la cual se mantiene un gran número de artistas en los
paises civilizados.
Debe concluirse, pues, que cualquier establecimiento que se forme en
Puerto Deseado, es muy gravoso al erario del Rey, y enteramente inútil
para las miras políticas del Gobierno.
La Bahía de San Julian no ofrece ventajas para nuestra navegacion y
comercio: tiene la única circunstancia de ser abrigada y de buen
tenedero, todo lo demas es muy malo; en primer lugar es puerto de barra,
y para la entrada y salida se necesita esperar la marea, y que entonces
haya un viento fresco favorable: la rapidéz de su corriente puede
regularse de cinco millas por hora: la barra queda con solos dos pies de
agua en la vaciante, y en la creciente tiene hasta 36, de lo que resulta
que entre el flujo y reflujo no puede haber un momento de reposo, cuya
circunstancia es poco favorable para las entradas y salidas. Ademas de
esto, hay el gran riesgo de acercarse á la costa, ó dar fondo sobre ella
para esperar á que cresca el agua, pues entretanto puede soplar el
viento de travesía, y naufragar cualquiera embarcacion.
Las demas circunstancias de este puerto le hacen absolutamente
despreciable, pues concuerdan los informes en que no hay arbustos para
leña, ni árboles para hacer madera en todas aquellas inmediaciones.
Concuerdan tambien en que el agua es salobre, y en que la única de que
pudiera hacerse uso, está á dos leguas de la poblacion; y concuerdan por
último, en que las semillas de las legumbres de Europa no nacen ó no
crecen, y que el trigo y cebada fructifica muy poco: lo cual no debe
extrañare, porque el excesivo frio que se experimenta en esta parte de
la costa, el desarreglo de las estaciones, lo salitroso y arenisco del
terreno, su aridez y desolacion, (sobre que concuerdan todos los
informes) anuncian que serán infructuosos los trabajos de los colonos;
que estos nunca podrian subsistir con los frutos del país, y que las
embarcaciones españolas que naveguen á la mar del sud, nunca hallarán en
San Julian cosa alguna de las que puedan necesitar para su viage; que es
lo mismo que decir que el puerto es inútil, y que sus pobladores
perecerían si no fuesen socorridos de estas provincias.
Lo últimamente reconocido, mas al sud de San Julian en el Rio de Santa
Cruz, segun lo demuestra el plano levantado por el pilotin José de la
Peña, se puede hacer formal juicio de su inutilidad por todos términos.
Este es en substancia el concepto que tengo formado de los
establecimientos de la costa patagónica, en los cuales lleva S.M.
gastados hasta el mes de Mayo del año pasado de 1782, 1,024,051 pesos y
3 reares, segun las relaciones que me ha pasado el Intendente para
instruir este informe: y por mucho que se minoren los gastos, segun se
está practicando, será siempre considerable suma la que se emplee, pues
no puede esperarse que el establecimiento de San Julian dé para
sostenerse, ni que el del Rio Negro pueda darlo en el todo en este año,
ni aun en el venidero.
A vista de esto, parecia como preciso el abandonar el establecimiento de
la Bahía de San Julian, dejando en él una columna ó pilastra que
contuviese las reales armas, y una inscripcion que acreditase la
pertenencia de aquel terreno, el cual fuese reconocido todos los años,
al mismo tiempo que lo es Puerto Egmond en las Islas Falkland, pudiendo
entonces egecutarse tambien al Deseado. Que subsistiese el
establecimiento de Rio Negro por lo mucho que se ha gastado en él, y
porque puede de allí conducirse sal: pero reducido al Fuerte, y á la
cortísima poblacion que buenamente se pudiese mantener á su abrigo;
porque mas distante es imposible conseguir que resida pacificamente:
debiendo asegurar á V.E. que aun en el Rio Negro, las cortas siembras
que se han hecho, y ganado que se ha adquirido, ha sido á fuerza de
dinero empleado en aguardiente y bujerías con que á los indios se les ha
ido agradando; y con todo ha habido robos de caballadas: siendo preciso
que cesen cuanto antes estos gastos, que son de mucho gravámen al
erario.
Tambien deberá abandonarse el puerto en la Bahía de San José, dejando la
misma señal, pues los gravísimos costos que tiene la saca y conduccion
de la sal, sobre su desabrigo y aridez del terreno, hacen inútiles los
que se impenden en sostenerlos, y pudiera ser reconocido anualmente
desde el Rio Negro. En tal caso puede este tenerse al cuidado de un
Gobernador ó Comandante, con menor sueldo que el que hoy goza el
Comisario Super-intendente, y podrá encontrarse aquí sugeto á propósito
y benemérito para el encargo. Todo lo expuesto me ha parecido de mi
obligacion representar á V.E., para que, instruido S.M., se digne
resolver lo que estime mas conveniente.
Dios guarde á V.E. muchos años.
Montevideo, 22 de Febrero de 1783.