_Informe de D. Basilio Villarino, Piloto de la Real Armada, sobre los
puertos de la costa Patagónica_.
=OFICIO DEL SUPER-INTENDENTE=.
Como ninguno de cuantos sugetos hay en este establecimiento han
trabajado como Vd., en los reconocimientos de la costa del mar, puertos,
rios y terrenos, ni tienen tan general inteligencia en estas materias,
me informará Vd. si por la dificultad que se experimenta en la
navegacion de este rio, y la barra de su boca, que no permite paso para
mas embarcaciones que pequeñas, está imposibilitada y defendida por
naturaleza la comunicacion que puede temerse de los enemigos de la
corona: teniendo presente en este informe los puertos de San José y San
Antonio, como todo aquello que Vd. advierta y pueda conducir sobre los
frutos que ofrecen estos terrenos, aguas, indios, y demas que hay en
cuanto á reconocido, y noticias que ha adquirido.
Dios guarde á Vd. muchos años. Fuerte del Carmen, Rio Negro, 19 de Abril
de 1782.
=FRANCISCO DE VIEDMA=.
Señor D. Basilio Villarino.
_=Respuesta=_.
Muy Señor mio:--En cumplimiento de la órden de Vd., en que me manda en
primer lugar, le informe si por la dificultad que se experimenta en la
navegacion de este rio y la barra de su boca, que no permite paso para
mas embarcacion que pequeña, está imposibilitada y defendida por
naturaleza la comunicacion que puede temerse de los enemigos de la
corona, teniendo presente los puertos de San José y San Antonio; debo
decir á Vd., que no solo no está defendida é imposibilitada por
naturaleza la expresada comunicacion de los enemigos de la corona, sino
que la naturaleza misma tiene franqueada y facilitada la entrada por la
barra de este rio, con cuantas embarcaciones, municiones y pertrechos
quiera conducir á él cualquiera enemigo: probaremos esta verdad á fin de
no dejar lugar á la duda. Es evidente que la naturaleza formó el pueblo
de San José, tan limpio él y su entrada, que cualquier escuadra sin
práctico alguno, puede entrar y fondearse dentro con toda seguridad; y
en todo esto está la facilidad y franqueza con que la naturaleza tiene
proporcionada la entrada de la barra de este rio: porque ¿qué dificultad
puede haber en que venga una escuadra enemiga al puerto de San José, y
con ella un número suficiente de embarcaciones del porte de las con que
navegamos este rio, y desde dicho puerto, vengan estas con los
transportes y pertrechos necesarios, y entren por la barra como nosotros
diariamente lo estarnas haciendo? Cierto que ninguna, y mas cuando es
una navegacion con tiempo hecho tan corta, que se puede hacer de 12 ó 14
horas, y no solo con embarcaciones de porte de las que en el dia
navegamos, sino con chalupas como las que en el dia entran sirviendo en
este rio para conducir paja: como se les ponga cubierta, se puede
barquear desde el puerto de San José á este rio, y al contrario. Y para
inteligencia de esta corta navegacion y seguridad del puerto de San
José, tengan el plano por mí levantado de esta costa y dicho puerto á la
vista, por si hubiere alguno que quisiera contradecir este informe.
En las embarcaciones que están entrando y saliendo en este rio, y
navegan desde él á Buenos Aires, no tengo yo la menor dificultad en
navegar con ellas á Europa y á cualquiera parte del globo, pues son
suficientes para ello. Del mismo modo, embarcaciones de igual porte
pueden venir de cualquiera parte del globo al puerto de San José,
conducidas por los enemigos: y viniendo estas acompañadas de algunos
navios, que traigan lo necesario para lo que quieran intentar al puerto
de San José, de allí con muchísima facilidad pueden venir á este rio con
las embarcaciones menores, dejando los navios asegurados en dicho
puerto; y aun en las mismas lanchas de los navios, previniéndoles
falcas, pueden venir al Rio Negro.
Despues de haber llegado al puerto de San José al principio de la
expedicion, y despues de haberse abandonado la entrada de este por el
capitan graduado D. Pedro Garcia, y el primer piloto de la real armada
D. Manuel Bruñel, se me mandó á mí á dicha comision con el bergantin que
hoy tengo á mi cargo. Salí del puerto de San José, y conseguí su
entrada; y despues de mi regreso á dicho puerto, dispuso Vd. venir á
este rio con el expresado bergantin de mi cargo, y la zumaca San Antonio
la Olivera, y hemos entrado en él con la facilidad y felicidad sabida.
Pues ¿porqué no podrán egecutar esto mismo los enemigos de la corona?
¿No son hombres como nosotros, Y nada menos peritos en la navegacion? ¿Y
últimamente no estamos entrando y saliendo diariamente en el rio? ¿No le
consta á Vd. que yo he entrado y salido de noche y de dia con vientos
contrarios, y aun ahora entré con vientos enteramente opuestos á la
entrada, como lo pueden certificar los tres capitanes, D. José Ignacio
de Merlos, D. Nicolas Garcia y D. Pedro Garcia, sin que el viento ni la
naturaleza me lo hayan estorbado? Pues ¿porqué esta ha de defender la
entrada en este rio á los enemigos de la corona, y á nosotros se nos ha
de demostrar tan propicia, que ni la barra, ni los vientos contrarios,
ni las noches, dejan de franqueárnosla? ¡Y es posible que caigamos en
tal error!
Me parece que dejo suficientemente probado, que la naturaleza tiene
auxiliado con el puerto de San José la entrada de este rio á todos
cuantos quieran venir á él, y que no está defendida por ella: antes bien
soy de sentir, y se evidencia de las razones expuestas (omitiendo otras
muchas por no abultar este informe) que el arte debe intervenir para
defenderla por medio de la fortificacion.
Asimismo dejo á parte el puerto de San Antonio, pues con el de San José
tienen bastante auxilio los enemigos de la corona para venir á este rio,
y para egecutar desde él todas las operaciones á que los conduzcan sus
ideas. Para cuya inteligencia tocaré aquí algo sobre los males que se
nos podrian originar en caso de que los enemigos llegasen á fijarse en
el puerto de San José, Rio Negro ó Colorado.
En el puerto de San José puede muy bien permanecer considerable tiempo
cualquiera escuadra llevando víveres, respecto de que tiene agua dicho
puerto, aunque retirada muy cerca de cuatro leguas de la playa; pues
solo en la media circunferencia de una salina tiene mas de 30
manantiales de agua corriente: en cuyo supuesto, llevando carretas y
animales para conducirla, ya puede permanecer: pero mas fácil en
embarcaciones menores se puede conducir de este rio á dicho puerto.
Fijados que fuesen en este rio y puerto de San José los enemigos, ya
estaban en proporcion de invadir á Buenos Aires, Córdoba, Mendoza,
Valdivia, Valparaiso y otros muchos pueblos; pues aunados con los indios
que habitan estos vastos paises, seria dificultosísimo hacerlos
retroceder.
La guardia que Vd. ha proyectado en el Choelechel, debe Vd. tener
presente que, ademas de ser útil para contener los indios, lo mas
importante de ella, y por donde en mi juicio se hace absolutamente
necesaria, es porque sirve para tener los indios retirados de las
orillas del mar, que en ellas nos pueden ser tan perjudiciales en caso
de ser invadida esta costa por los enemigos de la corona, con quienes se
podrian unir por su propio interes: y convendria mucho tener siempre los
indios retirados de los puertos, para en caso de que sucediese lo que
llevo dicho, no tuviesen la facilidad de hallarse con ellos, ni aun que
los indios tuviesen ni pudiesen adquirir tal noticia.
Dejo otras ventajas que nos proporcionaria la ocupacion de aquel puerto:
como son, el tener mucho avanzado para la comunicacion de Mendoza; (que
de allí la considero cerca) lo que se adelantaria para la descubierta de
este rio y camino de Valdivia, que podria descubrirse, pues no
considero, desde el Choelechel á aquel presidio, mas de 100 leguas de
distancia en línea recta, poco mas ó menos. Ténganse para esta
inteligencia á la vista las cartas geográficas, y las ventajosas tierras
que tiene este rio, segun contestan todos los indios, en las que hay
maderas muy altas y muy derechas, y montes de manzanas, que la
naturaleza ha producido, cuyas señales parece que indican ser un terreno
fértil. Pero si no vemos, si no andamos, sino descubrimos, siempre
estaremos metidos en nuestra ignorancia, y talvez algun tiempo nos
enseñarán los extrangeros nuestras propias tierras, y lo que nosotros
debiamos saber: pues no puedo ver que un ingles como Falkner nos está
enseñando, y dándonos noticias individuales de los rincones de nuestra
casa, que nosotros ignoramos.
Suspendo hacer la descripcion del Choelechel, por cuanto con bastante
difusion lo tengo manifestado á Vd. antecedentemente. Tampoco quiero
hablar de las numerosas indiadas que precisamente los obliga á transitar
por este paso, y los estragos que causan á Buenos Aires, porque de todo
ello tiene Vd. muy largas noticias y conocimiento. Voy solo á hacerme
cargo de cuanto pudiere impedir á los enemigos de la corona la ocupacion
de este sitio: pues impidiéndoles por medio del fuerte ó guardia que Vd.
tiene proyectado, el tránsito á las costas del mar, no pueden auxiliarse
de los enemigos de la corona, y en esto es á donde me parece que se debe
poner el mayor empeño, porque el doméstico es el peor.
Dicen muchos (yo lo he oido diferentes veces), ¿de qué nos puede servir
la costa patagónica? ¿Qué hemos de sacar de ella?--Y esto por sugetos
que talvez no saben otra cosa que disfrutar sueldos, sin que puedan
formar la mas mínima idea de lo que es la costa patagónica, ni aun
entender el plano mas sencillo. Temerario arrojo, ¡que hombres de tales
circunstancias quieran penetrar los arcanos del Soberano! Pero para que
me canso, si vá cerca de tres siglos que se formó la colonia de Buenos
Aires, y todavia no se sabe si hay ó nó Cabo de San Antonio, estando
como suele decirse detras de la puerta, y está causando una mala
navegacion su incertidumbre; siendo cierto que en la longitud en que las
costas lo figuran, no hay tal cabo; pues yo lo he pasado diversas veces
por encima, sin que le haya visto, y de seguro en la longitud de
Montevideo, ó navegando desde dicho puerto al S, no se halla tierra
alguna; y últimamente, si no hubiera sido por el empeño tan fuerte que
Vd. ha tenido en que se descubra por tierra el camino por tierra para
Buenos Aires, ¿no se estaria en el concepto de que este tránsito era
imposible, como en realidad se creia? Pues habiéndome yo ofrecido á
hacer esta descubierta, y á conducir ganados para este establecimiento,
en una Junta que se hizo, se me pusieron una multitud de dificultades, y
entre ellas era la una que estaba el camino lleno de tantos
tembladerales que era imposible el transitarle. Y sin embargo de haberme
esforzado de tal suerte, que no quedaba que dudar que eran apócrifas
todas aquellas dificultades y noticias, nos hemos quedado como al
principio hasta ahora, que ha conseguido la eficacia de Vd. patentizar
el desengaño.
La llanura ó valle, por donde baja este rio en las 60 ó 70 leguas que yo
anduve, tiene bellisimos retazos de tierras dispersas, ó separados unos
de otros, y son aquellos parages que logran el beneficio del riego, que
frecuentemente les prestan las crecientes del rio. Desde el Chuelechel
para abajo, esto es, siguiendo el rio aguas abajo hasta su desague, se
pueden establecer muchas familias, ó hacer muchas chicas poblaciones
dispersas ó separadas unas de otras, en la misma conformidad que están
los buenos terrenos; pero esto tiene el grave inconveniente de la mala
vecindad de los indios, por cuyo motivo enterado Vd. de estas
circunstancias en resulta de los expresados reconocimientos, premeditó
Vd. el citado proyecto. A cuyos fundamentos debe agregarse la utilidad
que resultaria al Estado, ocupando este parage con respecto á los
enemigos de la corona.
El puerto de San José no tiene inconveniente alguno para que deje de ser
puerto de arribadas, y puedan refrescar las embarcaciones que allí
arriben: allí pueden tenerse 2,000 y mas cabezas de ganado vacuno, se
pueden tener caballos y ganado lanar sin recelo que los indios lo roben.
Habiendo ganado, se le puede conducir agua de las fuentes, y ya tenemos
los principales renglones que le puede faltar á la embarcacion ó
embarcaciones que allí arribasen. Por medio de cualquiera embarcacion se
pueden conducir á aquel puerto de este rio los refrescos de que allí se
carezca. Por tierra cuando no haya allí embarcacion se puede traer allí
la noticia á caballo, que es viage de dos dias y medio hasta el rio; y
hasta este establecimiento se pueden tardar cuando mucho cuatro dias, y
de aquí se puede socorrer con lo que necesite, y allí no haya.
El agua de las fuentes del puerto de San José no es tan fina como la de
este rio, que es muy superior á aquella, aunque algo gruesa: es agua
potable y muy sana; esto lo acredita la experiencia, pues al principio
de la expedicion, habiendo asaltado el escorbuto á nuestra gente, todos
los que entraban en el hospital no salian sino para la sepultura. En
vista de esto se mandaron á lo último todos los enfermos á las fuentes,
y sin otra medicina que beber de aquella agua, todos convalecieron y
volvieron sanos: y esto comiendo carne salada, por falta de dietas, y
pan de pestilente harina. Luego parece que aquella agua es sumamente
sana y el mejor antídoto del escorbuto.
Por todas estas circunstancias, por la facilidad y limpieza de este y su
entrada, por ser su fondo de buena tenazon, y por la proporcionada
altura ó situacion en que se halla, me parece muy propio para que sirva
de puerto de arribadas á las embarcaciones que navegan á la mar del sur.
He dejado correr la pluma, movido del fervoroso celo al servicio del Rey
y á la nacion; pues no quisiera que ninguna extrangera en ningun tiempo
tuviese la gloria de enseñarnos lo que nosotros debiamos saber, haciendo
ver al mundo nuestra ignorancia y pereza, cuando esto sucediese.
Asimismo me he dejado arrebatar al acordarme de ver en Buenos Aires
aquel raciocinio general sobre si puede ó nó importar al Estado la costa
patagónica, haciendo la descripcion de sus terrenos, aguas,
temperamentos, frutas que produce y que puede producir, sin que la hayan
visto ni pintada, ni entiendan su pintura: entre los cuales representan
un gran papel aquellos que han estado aquí, ó en San José, sin que hayan
visto que terrenos son estos; pues su inaplicacion, pereza, cobardia é
ineptitud no les ha dado lugar á que se separen talvez cuatrocientos
pasos de la orilla del agua ó habitacion: y estos tienen en toda
asamblea voto decisivo, y como están unidos con su pereza y aborrecen el
trabajo, son los mas empeñados en formar corrillos contra estos
establecimientos. Pero si el fervoroso amor al servicio del Rey y á
nuestra nacion y deseo de trabajar, ha sido la causa de excederme,
espero de la benignidad de Vd., respecto á que sabe y tiene
experimentado mi procedimiento, modo de pensar y amor al trabajo,
separará todo lo superfluo de este informe, ó lo olvidará todo junto,
sino tuviere nada útil, á fin de que mi ignorancia se quede en el seno
del olvido.
Dios guarde á Vd. muchos años.
A bordo del bergantin _Nuestra Señora del Carmen y Animas_,
Rio Negro, y Abril 24 de 1782.
B.L.M. de Vd. su mas atento servidor,